Traicionada
Diecisiete
Mientras se apresuraba en su cuarto, extendiendo la ropa sobre su cama y vistiéndose, Caitlin se entusiasmaba cada vez más. La luz del atardecer entraba por su ventana y, cuando se dio cuenta de lo tarde que se hacía, se empezó a apurar. Polly llegaría en cualquier momento y no podía llegar tarde al concierto. Pero no podía decidirse. No sabía qué ponerse.
Extendida sobre la cama había dos trajes que Polly había encontrado para ella. Ambos eran negros, pero eran muy diferentes. Uno era un vestido ajustado de un material que Caitlin no lograba reconocer — fuera lo que fuera, tenía un brillo y parecía cuero. El otro era más tenue. Eran unos pantalones de jean negros, ajustados, y un suéter negro ligero con cuello de tortuga, y lo acompañaba unas chatitas negras. Caitlin no podía decidirse si debía vestir algo más sutil, o si debería elegir el brillo con un look más dramático.
Alguien tocó en la puerta. Era Polly.
Caitlin saltó rápidamente a la acción y se decidió por el traje más tenue. Era más su estilo.
"Caitlin!" se escuchó la voz.
Antes de que Caitlin pudiera responder, Polly entró. Caitlin terminó de ponerse el suéter, sacó su cabello y ya estaba vestida.
Polly la miró de arriba hacia abajo. "Wow," dijo Polly, "te queda mucho mejor que a mí. Te ves hermosa."
"¿En serio?" Caitlin dijo esperanzada.
"Ojalá tuviéramos un espejo que funcionara para mostrártelo", dijo Polly.
"Uno de los riesgos de ser una chica vampiro."
El día anterior, Caitlin había encontrado en la isla un pedazo de metal gastado y lo había llevado a su habitación, lo había frotado y pulido.
"Problema resuelto", dijo Caitlin.
Lo tenía en un rincón y, cuando se acercó, logró alcanzar a ver un poco de su reflejo.
Los ojos de Polly se abrieron de deleite, y corrió para pararse a un lado y también poder verse en el metal.
"¡Dios mío, esto es increíble!" exclamó Polly. "¿Cómo hiciste? Es genial verte a ti misma."
Por primera vez desde que tenía memoria, a Caitlin le gustó cómo se veía.
Este traje le quedaba bien y sintió como si estuviera empezando a ser ella misma y descubrir cuál era su estilo.
"Tus mejillas están brillando, también," dijo Polly, "están llenas de color. Te ves muy saludable."
Cuando Caitlin se vio, se dio cuenta que Polly tenía razón. Nunca antes se había visto así. ¿Era porque ahora ella era un vampiro completo? Se veía más madura. Menos como una niña y más como una mujer. Le gustó.
Caitlin miró a Polly. Llevaba el traje de Lily Pulitzer, le quedaba bien. Se veía radiante.
"Tú también te ves hermosa," dijo Caitlin.
"¿En serio?" Polly preguntó. Se volvió a la izquierda y a la derecha para verse, "Espero que a Patrick le guste. Nunca antes me ha visto así. Estoy tan emocionada. Es nuestra primera cita oficial."
Caitlin sintió otra punzada de ansiedad cuando se acordó que todo el mundo tendría una pareja salvo ella. Y Blake. Los dos llamarían la atención. Era mucha presión. Y no era algo con lo que Caitlin deseaba lidiar ahora.
Pero, por otro lado, le gustaban sus compañeros y estaba emocionada con el concierto. Tan solo tendría que lidiar con eso.
Estaba maravillada cómo se sentía la vida normal. Si no fuera porque estaba en una isla y en un castillo, podría sentir como si estuviera de regreso en su casa, en su dormitorio, saliendo con sus amigos, preparándose para salir por la noche. Realmente sentía que, finalmente, se estaba estabilizando y regresaba a la normalidad. Se sentía verdaderamente en casa aquí y estaba muy agradecida por ello. Deseaba que las cosas nunca fueran a cambiar.
De pronto Polly se asomó por la ventana y su cara se encendió de preocupación.
"¡Vamos a llegar tarde!" dijo. "Tenemos que irnos", dijo mientras se apresuraba fuera de la habitación.
Al momento de salir, por el rabillo del ojo atisbó la carta de Caleb. Todavía estaba allí, sobre su escritorio, sin abrir. ¿Por qué tenía que verla justo ahora? Se había estado sintiendo tan bien, la había estado apartando de su mente. La vista se la trajo de vuelta, creándole un agujero en el estómago.
Una parte de ella quería abrirla y otra parte quería romperla en pedazos.
"¡Caitlin!" Polly gritó. "¿Qué estás haciendo?"
Caitlin exhaló. Ahora no, pensó. Y con fuerza trató de sacarla de su mente.
Y con eso, se armó de fuerza y se apresuró a la puerta mientras Rose la seguía.
*
Era evidente que se trataba de una noche especial porque el camino a través del bosque estaba iluminado con antorchas. Caitlin, Polly y Rose habían caminado un trecho cuando llegaron a un gran claro iluminado con más antorchas y bordeado por pequeños muros de las ruinas. Había un gran bloque de piedra labrada en el centro de la hierba, que parecía un escenario improvisado; toda la escena le recordó a Caitlin algo de Sueño una Noche de Verano de Shakespeare. Sentía que estaba en un bosque mágico, en un antiguo teatro en miniatura.
Aunque el ambiente era casual y todos se entremezclaban en forma relajada, casi como en un cóctel, no obstante Caitlin se sintió cohibida al entrar.
Estaba feliz de tener a Polly a su lado. Pero tan pronto como entraron, Patrick se apresuró junto a Polly quien se iluminó de emoción y lo tomó del brazo; los dos se dirigieron al otro extremo del claro. Caitlin se quedó sola.
Miró a su alrededor: todo el mundo estaba en parejas. Se sintió aún más cohibida, como si todos la estuvieran mirando. Sabía que no era así, pero de todos modos lo sintió.
"Caitlin", le llegó una voz.
Caitlin se volvió, era Cain.
Desde aquel primer día, Caín no perdía una oportunidad para disculparse.
Al principio, lo había apreciado pero ya se estaba poniendo molesto. Sólo deseaba que la dejara en paz. Ella había aceptado sus disculpas un millón de veces y parecía que nunca acabaría.
"Quiero que conozcas a Barbara", dijo.
Junto a él estaba Barbara, una vampiro muy alta y delgada, más alta que Cain, con pequeños ojos negros, cabello lacio y negro y una cara estrecha y alargada. Sus ojos parecían estar medio cerrados, como si estuviera durmiendo. Parecía muy relajada o muy apática. Se movió lentamente mientras extendía una mano larga y pálida a Caitlin.
"Encantada, estoy segura", dijo Barbara lentamente con una voz profunda.
Caitlin le dio la mano y sintió un escalofrío. Su mano era flexible y estaba congelada.
"Gusto en conocerte", dijo Caitlin.
Cuando los dos se alejaron, Caitlin pensó que eran una extraña pareja. Pero al menos eran una pareja. Ahí ella estaba llamativamente sola, sintiéndose peor que nunca. En ese momento, extrañaba desesperadamente a Caleb.
Habría dado cualquier cosa para tenerlo ahora a su lado. Era lo único que falta en la foto, el único que le impedía gozar de una completa felicidad.
Caitlin divisó a un lado, lo que parecía un bar improvisado encima de una de las ruinas desmoronadas. Había todo tipo de copas exóticas y cálices —
incrustados con joyas, oro, plata- y entre ellas había varias jarras de vidrio con un líquido rojo y fruta flotando.
Se preguntó qué habría adentro. ¿Era alcohol? Por un momento se preguntó si se les estaba permitido beber alcohol. Supongo que sí, pensó Caitlin.
¿Por qué no? Después de todo, la mayoría de estos vampiros, aun cuando parecía tener 18 años, había estado viviendo durante miles de años. Si no tenían la edad legal para beber, entonces ¿quiénes?
"Es nuestra sangría especial," le llegó una voz.
Caitlin miró y vio a los gemelos, Taylor y Tyler, de pie detrás de ella.
"La preparé yo," dijo Tyler.
"Y yo le agregué el broche de oro", dijo Taylor.
"Es la típica sangría", dijo Tyler. "Un poco de vino, un poco de fruta —"
"Y algo especial", interrumpió Taylor, "para darle sabor. Es sólo para vampiros. Sangre fresca carne de venado."
Tomó la jarra y vertió un poco en un vaso grande, con joyas incrustadas.
Caitlin lo tomó y bebió. Era delicioso y rápidamente se le subió a la cabeza.
"¡ Wow!" Caitlin dijo.
Ambos son rieron y asintieron con la cabeza en aprobación.
Cuando se alejaron, lenta y discretamente, Caitlin miró alrededor del claro.
Vio a Madeline y Harrison, sentados junto a un tronco grande de árbol y a Eric y Sasha, tomados de la mano, caminaban lentamente del otro lado. Vio a Polly y a Patrick absorto en una conversación con Caín y Barbara. Se preguntó de qué podrían estar hablando.
Había otros, también, pero no lograba recordar todos sus nombres. Eran demasiadas cosas al mismo tiempo.
Pero mientras miraba, se dio cuenta de que estaba buscando a una persona en particular. A pesar de sí misma, tuvo que admitir que estaba buscando a Blake.
Y como de costumbre, él no estaba a la vista.
Era de locura. ¿Por qué gozaba de privilegios especiales? ¿Por qué no podía ser sociable como todos los demás? ¿Aiden le había dicho que era todos para uno y uno para todos?
De repente, Caitlin escuchó el tintineo de un vaso, sus compañeros de cofradía se desplazaron lentamente a los asientos en el claro. Se sentaron sobre los troncos, tocones, algunos sobre la hierba, y otros sobre rocas lisas enormes.
Todos estaban sentados de espaldas a ella, mirando con expectación el gran escenario improvisado. Aiden estaba parado a un lado, tintineando un vaso con un cuchillo.
"Esta noche", dijo en voz alta, pronunciando cada palabra, "tenemos un regalo muy especial para ustedes: las suites para violonchelo de Bach."
Sus compañeros aplaudieron, mientras Aiden descendía y una figura subía al escenario.
El corazón de Caitlin se detuvo. Era él. Blake.
Subió al escenario y, para la sorpresa de Caitlin, cargaba un violonchelo.
Ella tomó asiento sobre una piedra grande y lisa, Rose saltó y se sentó a su lado. Caitlin miraba, cautivada, mientras Blake se acomodaba sobre una silla pequeña bajo la luz de las antorchas. Se veía muy serio, aún más de lo habitual, mientras miraba hacia el piso.
Cerró los ojos, respiró profundamente, echó el arco hacia atrás y comenzó.
La música era exquisita. Caitlin nunca había escuchado nada igual. La transportó al pasado. Pensó en Jonás y su viola y su concierto en el Carnegie Hall; pensó en Caleb y la iglesia de las Ballenas y su increíble recital de piano. Pero este instrumento — sonaba diferente a los demás. Era tan suave, delicado, relajante.
Observaba a Blake mientras tocaba. Bajo la luz de las antorchas, sus rasgos eran aún más impresionantes. Era delgado y angular, llamativo. Tocaba el instrumento como un maestro, haciendo sonar cada nota a la perfección, y la música era divina. Relajaba cada poro del cuerpo de Caitlin. Mientras escuchaba, le sorprendió de que una música tan bella proviniera de una persona tan angustiada. ¿Cómo era posible?
Mientras lo observaba, pudo notar que todo tipo de emociones fluían por su cara y empezó a darse cuenta lo profundo y complejo que era Blake.
Guardaba muchas cosas en su interior pero que no podía vocalizar. ¿Por qué las contenía? ¿Qué le había pasado para que fuera así?
La hora pasó tan rápido que cuando la interpretación terminó, Caitlin no podía creer que se había acabado. Sentía como si apenas había iniciado. La profunda nota final se mantuvo en el aire del bosque, mezclándose con el sonido de las olas que lamían el Hudson. Era totalmente silenciosa, mientras sus compañeros de cofradía seguían sentados allí, sin moverse.
Finalmente, después de varios segundos de silencio, todos se pararon lentamente y empezaron a aplaudieron.
Caitlin estaba todavía en estado de shock. Le fue difícil regresar, sobreponerse a lo que había experimentado. Mientras Blake estaba parado allí, mirándola, se dio cuenta que era la única que seguía sentada y no aplaudía. No porque no la hubiera afectado la música — era porque sí la había afectado. Demasiado. Le había traído recuerdos de Jonás, de Caleb.
Y ahora, un nuevo recuerdo: de Blake. Sintió como si casi no pudiera respirar, y no sabía qué hacer con todas sus emociones.
Sintió que estaba a punto de reventar, de llorar, y no pudo soportarlo más.
No podía revelar todo ese caudal de emociones frente a esas personas. Saltó y corrió hacia el bosque, Rose la siguió. Temió por lo que podrían pensar.
Seguramente la detestarían, estaba siendo muy grosera. Pero no tenía otra opción. Era demasiado para ella.
Después de unos minutos de estar corriendo, Caitlin se encontró en una pequeña playa en un extremo alejado de la isla, respiró profundamente y se enjugó las lágrimas. Extrañaba mucho a Caleb. Y, peor aún, estaba hipnotizada por Blake. Sentía que estaba conectada con él de una manera muy especial. Pero no podía explicar cómo. Era algo oscuro y trágico y terriblemente poderoso. Este poder la asustó. Y en este momento en su vida, no quería sentir ninguna conexión con nadie con excepción de Caleb.
Caitlin caminó junto la orilla, escuchando el romper de las olas y admirando la luz de la luna, poco a poco dejó de llorar. Se forzó a respirar profundamente.
"Caitlin?" le llegó una voz. Era tan suave que casi se preguntó si realmente la había escuchado.
Se dio vuelta.
Y allí estaba él. Blake. Parado a sólo unos metros, la miraba con preocupación.
No. ¿Por qué tuvo que venir hasta aquí? ¿Por qué no la dejaba en paz?
Sentía como si la estuvieran atrapando en una telaraña de destino, y no importaba que hiciera, no podría escapar. Ya podía ver la relación entre
ellos, la vio sucediendo tan claramente como el día, y eso la llenó de terror.
Rápidamente, secó sus lágrimas, respiró profundamente y trató de hablar con seguridad.
"¿Qué estas haciendo aquí?" le preguntó.
Él dio un paso hacia ella. Ella no retrocedió.
"Te vi correr", él dijo, seriamente. "Quise ver si estabas bien?"
"Por qué?", ella contestó. "Ni siquiera querías hablar conmigo hoy."
"¿Y por eso huiste?" él preguntó. Tenía una manera de responder a sus preguntas con preguntas que era enloquecedor. "¿O toqué tan mal?"
A pesar de sí misma, se rió. Era gracioso. No esperaba eso.
"Tu ejecución fue hermosa", dijo.
Ella vio cómo se suavizaban sus rasgos. Probablemente, necesitaba escuchar eso.
"Entonces, ¿qué pasa?" preguntó.
"Yo..." Caitlin comenzó.
Pero realmente no sabía qué decir. ¿Qué podía decir? ¿Que extrañaba terriblemente a Caleb? ¿Que también estaba empezando a sentir algo por él, Blake? ¿Que sentía que los dos tenían un tipo de conexión? ¿Y que detestaba eso tanto como le encantaba?
En cambio, no dijo palabra. Se volvió y miró hacia el agua.
Blake dio varios pasos hacia ella, la alcanzó, y secó una lagrima en su mejilla con su pulgar.
Caitlin cerró los ojos mientras él lo hacía. El roce de su mano — era exquisito. Y la electrificó. Era tan suave y delicada. Se forzó a apartar la mirada, a mirar hacia cualquier otro lugar, pero no sus ojos.
Afortunadamente, de repente, él se volvió y se puso a mirar el agua.
Estaban parados allí, uno junto al otro, mirando hacia otro lado.
"Lo siento por la forma en que actué hoy", dijo. "Debí ser más amable."
"Entonces, ¿por qué no lo fuiste?" preguntó ella, su voz sonó demasiado brusca. Inmediatamente lo lamentó. Allí estaba haciéndolo de nuevo, no sólo diciendo lo que no era su intención, pero siempre tratando de sacar ventaja cuando se sentía nerviosa.
Él respiró profundamente. "Vine a la isla," comenzó, "para unirme a esta cofradía porque necesitaba alejarme del mundo. Había una chica. Una humana. Yo la amaba mucho. Pero mi amor por ella la dañó." Se detuvo.
"Por mi culpa, terminó muerta."
Caitlin lo miró. "¿Cómo?" preguntó. "¿La convertiste?"
Él sacudió su cabeza.
"Ojalá lo hubiera hecho. Ella no me lo permitió. Y es de lo que más me arrepiento. Pero no podía contradecir sus deseos. Ella quería morir, permanecer siendo mortal. Fueron los mismos humanos quienes la mataron.
Su aldea. Descubrieron nuestra relación y la trataron como una bruja. Antes de que pudiera salvarla... murió."
Su aldea, Caitlin pensó. Quería saber más.
"¿Hace cuánto tiempo sucedió eso?" Caitlin preguntó.
"Hace 400 años," respondió Blake.
Caitlin estaba aturdida. Aquí estaba él, todavía dando vueltas después de todos estos años.
Debía sentir las cosas muy profundamente, ella pensó.
"Sabes", dijo, "siento que soy un peligro para la gente. Que le suceden cosas malas a quien está a mi alrededor. No importa cuánto trate de evitarlo.
Entonces... prefiero alejarme. Me mantengo lejos de la gente que me importa. Incluyendo a los vampiros."
"Pero, ¿y si eso no es verdad?" ella preguntó. "¿Y si solo es algo que crees? ¿Y si todo lo que sucedió en tu pasado fue sólo mala suerte?"
Él sacudió la cabeza. "No."
"Pero, ¿cómo lo sabes?" preguntó. "Quiero decir, vives aquí y no le ha pasado nada malo a tus compañeros."
"Pero la mayoría del tiempo mantengo mi distancia."
"Me resisto a creer eso," dijo Caitlin. "Estás viviendo en un exilio que te has impuesto. Pero ni siquiera sabes si es cierto lo que crees. ¿Y cómo puedes saber si les traería buena suerte a la gente? ¿Y a ti también? No puedes rendirte así nomás para siempre."
Lo observaba mientras él miraba el agua, con su frente surcada, estaba pensando. Sus ojos parecieron iluminarse con una chispa de esperanza.
"¿Y tú?" preguntó. "¿Por qué estás aquí?"
Ella no sabía cómo responder a eso. Se sentía abrumada. Ni siquiera tenía idea por dónde empezar.
"La verdad no lo sé," finalmente dijo ella con la mirada en el río.
Él asintió lentamente, también miraba hacia el agua. Un silencio se instaló entre ellos.
"Bueno, me alegro que estés aquí," él dijo y le sonrió mirándola.
Ella observó sus ojos celestes y sintió como si hubiera mirado en esos ojos miles de veces antes. Los sintió familiares y eso la sorprendió.
"Igual yo", dijo ella con voz temblorosa.
Él miró hacia abajo, estaba sosteniendo algo. "Esto era de ella", dijo simplemente.
Caitlin vio que sostenía un pequeño pedazo pequeño de vidrio marino gastado.
"Quiero que lo tengas", dijo.
Él lo puso en su mano. Era muy suave.
"No puedo aceptarlo", ella dijo.
Pero él no respondió. En cambio, deslizó suavemente el dorso de su mano por la mejilla de Caitlin. Mientras se miraban en la profundidad de los ojos, ella sintió como si él le estuviera mirando el alma. Se sintió perdida en el espacio, en el tiempo. Totalmente fuera de control.
¿Él iba a besarla?
En ese momento, ella se dio cuenta que si él la besaba, no lo podría rechazar.
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