Traicionada
Quince
Parada en la sala enorme y caótica, con miles de vampiros deambulando alrededor, Kyle sentado en su trono y Sam a su lado, Samantha repasaba cómo todo había cambiado tan rápidamente. Nunca hubiera podido prever algo así. Había imaginado que huiría con Sam, y todo esto quedaría en el pasado. Pero todo salió de una manera muy diferente.
Sabía que se había corrido un riesgo al convertir tan abruptamente a Sam, y que cualquier cosa podía llegar a suceder. No tenía tiempo suficiente y tuvo que arriesgarse. Sin embargo, no había anticipado nada así. Sam se había despertado con una furia y un poder que excedía todo lo que había visto. Él también parecía llevar una sangre de una cierta especie, algo que ella no podía reconocer. Nunca — nunca — antes había visto un vampiro joven que fuera tan poderoso. Tal vez, por ser del mismo linaje de Caitlin. Pero en él, la sangre parecía correr más oscura, más maliciosa.
No había anticipado que Sam se saldría tan fuera de control, su insistencia en beber sangre, en vengarse. La había tomado completamente por sorpresa.
Era como una criatura salvaje e indómita.
Y por esa razón, lo amaba aún más.
Tampoco había anticipado su estallido dentro de la sala, cuando mató a muchos vampiros de su cofradía. O su increíble, increíble fuerza. Se sentía honrada de que no hubiese tratado de matarla a ella también.
Tampoco había previsto que Kyle lo capturara, ni que Kyle decidiera dejarlo con vida — y convertirlo en uno de sus soldados.
Su mente daba vueltas. Los informes sobre la cofradía Marea Negra —
ahora la cofradía de Kyle — y su control sobre la ciudad llegaban desde todos los rincones de la ciudad . Toda clase de vampiros de las cofradías vecinas emergían de de todos lados para unirse a la guerra. Todo el mundo quería estar con el ganador, y el ejército de Kyle se fortalecía más y más.
Había llegado la hora para la cofradía Marea Negra. No había forma de evitarlo, ni tampoco el efecto dominó que pronto tendría en todo el mundo.
Samantha estaba empezando a reconsiderar todos sus planes. Después de todo, éste era el lugar para estar, era la sede del poder, Sam estaba vivo, seguro y convertido, y Kyle quería que fuera su soldado. Ya no estaba en peligro y tampoco lo estaba ella. Por el contrario, estaban en una posición
perfecta — en el lugar correcto en el momento adecuado, con la oportunidad de elevarse a alturas inimaginables del poder.
Después de todo, tal vez ella no debería intentar huir con Sam. Cuanto más pensaba en ello, más se daba cuenta de que no debían. A la larga, sería lo mejor para ella y para Sam, subirse a la ola y ver dónde iba. No tenía ningún sentido que los dos trataran de luchar contra todo un ejército. Y
mientras pudieran estar juntos, realmente no había ninguna diferencia. Era una superviviente, una oportunista. Estas cualidades la habían mantenido viva por miles de años. Y por ahora, al menos, parecía que el camino de menor resistencia era unirse a la guerra de Kyle.
Ella y Sam estaban parados uno junto a otro cerca del trono de Kyle. Miró a Sam en los ojos y notó que aun estaban vidriosos, todavía estaba pasando por la transición. No parecía capaz de registrar las cosas claramente, y parecía ignorar a los otros vampiros que trataban de hablar con él. Pero, por suerte, una parte de él todavía parecía escuchar a Samantha. De hecho, parecía ser el único ser que reconocía. Tal vez, porque lo había convertido.
O tal vez, de alguna manera, la recordaba. Lo que fuera, estaba agradecida por ello. Ella tomó su mano y la sostuvo firmemente. Pase lo que pase, ella lo guiaría y permanecería a su lado.
En ese momento, las enormes puertas se abrieron y un contingente de vampiros, magullados y ensangrentados, entró corriendo, se veían muy agitados. Marcharon directamente al centro de la habitación. Todos se apartaron para dejarlos pasar.
Kyle se levantó y Samantha notó la preocupación en su rostro.
Lo que fuera, no era algo bueno.
*
Kyle obsevó el contingente de guerreros que corría hacia él. No le gustó la expresión den sus caras, y podía sentir la ira brotar en su interior. Sabía que traían noticias de su primera derrota. Kyle no toleraba la derrota — no tenía ninguna tolerancia con los perdedores-, y si esa era la noticia que llevaban, lo pagarían muy caro. Si pensaron que encontrarían comprensión, se equivocaron gravemente.
El contingente de una docena o más de vampiros llegó hasta el trono de Kyle y se inclinó ante él. Se levantaron, y había miedo en el rostro del vampiro en el centro.
"Nuestro líder supremo", dijo, "traemos malas noticias. Hemos perdido a muchos de nuestros hermanos en la batalla. Varias cofradías se han aliado y están ahora en guerra contra nosotros."
Un jadeo lleno de asombro se propagó por toda la habitación.
"¡Silencio!" gritó Sergei. Golpeó su bastón varias ocasiones, hasta que la habitación se calmó.
Kyle miró hacia abajo, sintiendo como lo invadía la ira. Guerreros patéticos.
¿Por qué no podían pelear como él?
"¿Y qué cofradía se atrevería a luchar contra nosotros?" preguntó lentamente.
"Mi señor, reconocí a dos de los vampiros. Uno era Caleb y el otro, Samuel, de la cofradía Blanca."
Otro suspiro se extendió por toda la habitación.
"Pero eso no es todo", continuó el soldado, gritando por el estruendo,
"portaban armas que no reconocimos. Un bastón de marfil y un guante de oro. Poco pudimos hacer contra esas armas. Nosotros los superábamos en número, pero destruyeron a casi todos nuestros soldados."
La sala irrumpió en un fuerte murmullo.
"Peor aún!" gritó, "vimos que otras cofradías se les unieron para apoyarlos.
Sus números crecen mientras estamos aquí hablando. ¡Y se dirigen hacia nosotros!"
La sala estalló en un caos.
"¡ Silencio!" gritó Sergei varias veces, golpeando su bastón. Después de unos minutos, la sala finalmente se calmó.
Con frialdad, Kyle miró fijamente al soldado. Temblaba, hacía su mejor para contener su ira. Pero no podía.
"Entonces," comenzó, gélido frío, "traes noticias de una derrota. Traes noticias de tu derrota. Traes noticias que huyeron como cobardes."
Los ojos de los soldados se contorsionaron de temor.
"Mi señor, teníamos la obligación de informarle lo que estaba sucediendo.
Teníamos que advertirle. Tuvimos que darle — "
Kyle levantó su mano y el soldado dejó la frase a la mitad.
"Sabes muy bien que tengo una regla en mi ejército", dijo Kyle. "Nunca retirarse. Nunca."
Y con eso, Kyle repentinamente tomó la espada de su trono, saltó hacia abajo y, con un limpio golpe, cortó las cabezas de todo el grupo de soldados.
Sus cabezas rodaron por el suelo, pero los cuerpos se mantuvieron de pie por uno o dos segundos, antes que de a poco se inclinaran y se estrellaran en el suelo.
El silencio en la sala era total, excepto por el sonido de las cabezas rodando.
Kyle estaba a punto de abrir la boca y arengar a su gente para la guerra, cuando la puerta se abrió de golpe otra vez.
Entraron decenas de humanos, en traje, pavoneándose arrogantes por el centro de la sala, y caminaron directamente hacia Kyle. Kyle parpadeó dos veces, pensando que estaba imaginando todo eso. Pero no era así.
Eran ellos. Los políticos. Los que habitaban arriba, ellos imaginaban que administraban este edificio, esta ciudad. Caminaban con la arrogancia típica de su clase, pero a medida que avanzaban en la habitación, al verse rodeados por miles de vampiros y ver la sangre fresca de las cabezas que rodaban sobre el piso, su seguridad se debilitó. Dramáticamente.
Miraron a Kyle quien los observaba con desprecio, con rabia, mientras sostenía la espada chorreando sangre; ahora no parecían tan seguros de sí mismos.
"¿Se atreven a entrar en nuestra sala?" Kyle preguntó.
"Vives debajo de nuestro edificio," respondió el líder político. "Te permitimos vivir bajo esta sala. No lo olvides. Con un chasquido de dedos podríamos hacer que los militares de los Estados Unidos te hagan volar."
Kyle sonrió ampliamente. Le gustaba la arrogancia de este tipo. De hecho, le gustaba lo suficiente como para matarlo rápidamente.
"¿En serio?" Kyle preguntó.
"Durante todos estos años, te hemos tolerado porque siempre has sido funcional a nuestra agenda," continuó el político. "Pero ahora, con esta plaga que has desatado, personas inocentes están muriendo en las calles.
Nunca nos advertiste de esto y nunca te dimos nuestra aprobación.
"Tus días aquí terminaron. Empaca y te sales. Si no, traeremos a la guardia nacional, y si todavía estás aquí mañana, te liquidaremos."
Kyle sonrió nuevamente y se acercó a él, los demás vampiros lo imitaron.
Kyle estaba empezando a disfrutar esto. Si este pobre humano fuera un vampiro, Kyle podría incluso ser su amigo.
"Necesito preguntarte," Kyle comenzó lentamente, mientras se acercaba aun más y los ojos del humano empezaban a agrandarse de miedo, "para que tu ejército venga a 'acabar con nosotros', no necesitarías emitirse una orden?"
El humano dio un pequeño paso atrás. "Sí, por supuesto," dijo, ahora no sonaba tan seguro de sí mismo.
"¿Y quién podría transmitir esta orden?" Kyle preguntó.
"Yo lo haría", respondió el hombre con confianza.
Kyle sonrió más ampliamente. "Tal como pensé".
Kyle inclino la cabeza hacia Sergei, quien a su vez hizo lo mismo a los demás; un segundo más tarde las enormes puertas de roble se cerraron detrás de los políticos con un golpe.
Los políticos miraron detrás de ellos, luego el uno al otro, y nuevamente a Kyle, luego a los vampiros que los rodeaban. Ahora se veían completamente asustados.
"Entonces", dijo Kyle lentamente, "Supongo que esa orden nunca llegará,
¿verdad?"
Antes de que el humano pudiera responder, Kyle se abalanzó y blandió su espada, cortando hábilmente su cabeza.
En unos pocos segundos, cientos de vampiros se abalanzaron sobre los políticos restantes y se alimentaron para su deleite.
Kyle se volvió hecho una furia hacia Sam y Samantha. Se paró frente a ellos, se veía deslumbrante; su ira apenas había disminuido.
Al observar a Sam en los ojos, descubrió una rabia familiar brillando en ellos. Sentía en este muchacho un espíritu afín, y eso le gustó. Más importante aún, le había impresionado su poder para cambiar de forma. Era exactamente el tipo de poder que podía utilizar para lanzar a sus enemigos con la guardia baja. Este era el tipo de soldado que quería a su lado.
"Este Caleb sigue siendo una espina en el costado", le dijo a Sam. "al igual que tu hermana. Donde está uno, está el otro. Y mientras estén con vida, nunca tendremos paz," dijo. "Si quiero que se haga el trabajo, voy a tener que ir y matar a esos vampiros yo mismo. Más importante aún, necesito capturar a Caleb. Con él atrapado, sigue tu hermana. Y entonces nada más podrá interponerse en nuestro camino."
Dio un paso más cerca de Sam. "Te quiero a mi lado en la próxima batalla".
Sam miró hacia atrás, emanaba rabia si fuera algo tangible. Era curioso pero Kyle se dio cuenta que no podía leer sus pensamientos. Era evidente que este chico estaba en otra dimensión.
"Estoy listo para matar", dijo Sam, lentamente. "Sólo señálame el camino."
Kyle lo examinó. Era exactamente la respuesta que quería escuchar.
Sí, pensó, este puede ser el inicio de una bonita amistad.