Traicionada

Morgan Rice · Capítulo 18 de 25

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Traicionada

Diecinueve

Miró hacia atrás a Caitlin, preguntándose cómo había podido traicionarlo de esa manera, cómo había permitido que Kyle se hubiese acercado a hurtadillas y lo hubiese capturado.

Pero cuando miró a Caitlin, vio que cambiaba ante sus ojos, transformandose en su hermano Sam.

Caleb estaba en shock. No era Caitlin. Había sido un truco. Era Sam. Debía tener la habilidad para cambiar de forma.

Y ese fue el último pensamiento lúcido de Caleb porque docenas y docenas de vampiros se abalanzaron sobre él, lo agarraron y lo arrastraron hacia la profundidad de la turba. Lo último que alcanzó a escuchar fueron los gritos de sus hermanos, mientras Kyle, blandiendo la Espada, los masacraba a todos.

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DIECINUEVE

Caitlin corría por un campo de espinas. Las espinas le arrancaban pedazos a su izquierda y derecha, y el dolor era insoportable mientras el campo se cerraba más y más sobre ella. Pero algo le decía que tenía que seguir corriendo porque era su única salida.

En el horizonte había un sol enorme, de color rojo sangre, y pudo ver la silueta de su padre delineado. Ella corría y corría, tratando de llegar hasta él. Pero, de repente, el sol se puso muy rápidamente y el cielo se volvió negro. En su lugar, se levantó una luna grande, roja de sangre que cubrió el cielo entero y las espinas se hicieron más gruesos, cortando a Caitlin más profundamente. Sabía que si lograba alcanzar a su padre, todo estaría bien.

Su padre estaba cada vez más y más cerca y, en cuestión de segundos, ella estaba frente a él.

Pero cuando miró hacia arriba y vio su cara, ya no era su padre. Era Caleb. Las espinas se cerraban sobre él también y se enredaban alrededor de sus piernas, su cintura, sus brazos, y lo jalaban. Luego, se arrastraron por detrás y envolvieron su cara, mientras lo arañaban y le quitaban pedazos. Sangre corría por sus mejillas, de su frente, y ella podía notar su angustia. Alargó la mano para tratar de salvarlo, pero las espinas no se lo permitieron.

Él sacó una mano y gritó: "¡Caitlin, ayúdame!"

De pronto, la tierra se abrió debajo de él, y las espinas lo arrastraron hacia abajo, como si fueran arenas movedizas, hacia el interior de la tierra.

Ella luchaba con lo que tenía, las espinas la desgarraban hasta que pudo caer de rodillas y extender una mano.

Él la agarró mientras se hundía. Sus manos se encontraron, las espinas los presionaban uno junto al otro, y el dolor era enloquecedor.

Pero Caitlin se sostenía con todas sus fuerzas.

Sin embargo, no era suficiente. Caleb gritaba mientras la tierra lo succionaba hacia su interior. Por más que lo intentó, ella no pudo jalarlo de regreso.

"Caitlin!" él gritó.

Un segundo después, había sido completamente absorbido por la tierra, sus gritos sofocados por el polvo.

"¡Caleb!"

Caitlin estaba sentada sobre la cama con el rostro cubierto de sudor, gritando el nombre de Caleb.

Miró a su alrededor, buscándolo, pero mientras jadeaba allí sentada, empezó a darse cuenta de que era sólo un sueño.

Le había parecido tan vívido. Tan real. Nunca había tenido un sueño así.

Sintió que era un mensaje.

Caitlin saltó de la cama y empezó a caminar en su habitación, la luz del día entraba a través de la ventana. Estaba cubierta de sudor y secó su frente nuevamente. Se sentía muy angustiada, muy ansiosa, no sabía qué hacer.

Sentía en cada poro de su cuerpo que Caleb estaba en dificultades, que la necesitaba. De alguna manera, sabía que había sido más que un sueño. Y a pesar de lo que había hecho, a pesar de haberla traicionado con Sera, un fuego dentro de ella ardía por ayudarle.

Rose debió intuir su agitación porque caminaba junto a ella en la pequeña habitación.

Caitlin se sacó el pelo de la cara, respiro hondo y trató de poner en orden sus pensamientos. ¿Estaba Caleb realmente en peligro? ¿Realmente la necesitaba?

Por un lado, se dirigía a una guerra entre vampiros pero tenía el apoyo de toda esta comunidad, ella suponía. Tendría miles de soldados a su lado.

¿Cómo podría ayudarlo su presencia?

Sin embargo, algo le remordía. No podía explicarlo pero sabía que estaba en peligro. ¿O solo lo estaba imaginando? ¿O era su esperanza de que él pudiera necesitarla, y así quería recuperarla?

Caitlin trató de despejar su mente. El sueño no desaparecía y sintió que no lo haría. Tenía que hacer algo. Pero no sabía qué. ¿Había alguna forma de averiguarlo?, se preguntó. ¿Y si le enviaba un mensaje?

Entonces ella se acordó. El halcón. Su carta.

Miró hacia su escritorio y allí estaba cuidadosamente doblada.

Corrió a buscarla y la desdobló con sus manos temblorosas. Ahora tenía que leerla.

La leyó rápidamente.

Mi adorada Caitlin... no hay nada entre Sera y yo... lo siento tanto si ella te dio otra impresión... saber cuánto te amo... cuánto pienso en ti...

no puedo esperar a volver contigo... una nueva vida juntos en algún lugar lejos de aquí... tienes mi corazón en esta carta.

Mientras Caitlin leía la carta, una y otra vez, la devoró con los ojos primero, y luego la leyó una segunda y una tercera vez, diseccionando cada palabra, sintió un torrente de lágrimas caer por sus mejillas.

Había sido tan estúpida. ¿Por qué no la había leído antes? ¿Por qué no le había dado el beneficio de la duda? ¿Por qué no lo había escuchado, no le había prestado atención?

Había sido una idiota. Después de leer la carta, era obvio que no había nada entre él y Sera. Que no tenían un hijo, al menos, no por cientos de años.

Sera distorsionado todo. Caleb era completamente inocente.

¿Por qué no lo dejó explicarse?

Caitlin estaba furiosa con Sera, pero mucho más con ella misma. Estaba eb deuda con Caleb, debió dejarlo explicar y ella no se lo había permitido.

Después de todo lo que había hecho para ella. Después de que había salvado su vida y la había cuidado hasta que ella se recuperó — por tercera vez.

Ella había sido tan estrecha cerrada, tan orgullosa, tan impaciente. Se odiaba a sí misma.

Y para acabarla de regar, lo había traicionado, ordenándole que la dejara después de todo lo que había hecho por ella. Y también se había permitido tener sentimientos por alguien más. Blake. Pensó en lo que había ocurrido la noche anterior y se dio cuenta de que también lo había traicionado con Blake.

¿Qué había ocurrido en realidad?

Caitlin se sentó en el borde de la cama con la cabeza entre sus manos y desesperadamente trató de recordar. ¿Qué había pasado? Recordó la conversación entre los dos. Que caminaron sobre la arena. ¿Y después? ¿Él la había besado?

Recordó que él se acercó, acarició su rostro, su sensación de que iba a besarla ...

Pero no lo hizo. Lo recordaba ahora. Se estaban mirando profundamente en los ojos, cuando, de repente, misteriosamente, él se dio vuelta y desapareció.

Ella buscó en su bolsillo y sintió el pequeño pedazo de vidrio marino usado que él le había dado. Lo frotó y se sintió un poco aliviada.

Al menos, no había traicionado a Caleb con Blake. Aún así, pensamientos de Blake se arremolinaban dentro de ella. ¿Era eso una traición?

A medida que las emociones se arremolinaba en su interior, se odiaba a sí misma, más que nunca. ¿Por qué no podía ser más fuerte? ¿Más disciplinada? ¿Más paciente?

En ese momento, las emociones de Caitlin eran algo físico que giraba dentro de su estómago. Se sentía literalmente enferma y, de repente, corrió hacia la ventana abierta. Se asomó y vomitó, una y otra vez.

Se quedó allí, limpiando su boca y jadeando. No recordaba haber vomitando así antes, o por tanto tiempo. Y todo había sido sangre.

No se sentía bien y por un momento se preguntó si estaba enferma. La química de su cuerpo se sentía rara, aun siendo un vampiro.

Mientras estaba sentada allí, respirando, una cosa le empezó a quedar en claro: no había sido sólo un sueño. Fue un mensaje. Caleb la necesitaba, estaba segura.

Y haría todo lo que fuera necesario para salvarlo.

*

Caitlin caminaba rápidamente a través del bosque, Rose iba a su lado, y, finalmente, llegó al pequeño claro donde estaba la casa de Aiden. Se veía muy tranquila en la luz del día, y se preguntó si estaba dormido.

No lo creía. No parecía que alguna vez durmiera. Por un lado, apenas lo veía, pero, por otro lado, parecía estar presente en todos los aspectos de la isla, la mano conductora que mantenía el lugar funcionando sin problemas.

Él había dicho cuando ella recién llegó que si alguna vez necesitaba algo, no vacilará en verlo y que su puerta está siempre abierta. Ella esperaba que fuera así. No había previsto venir con él, pero ahora realmente lo necesitaba. Se detuvo un momento frente a su puerta vacilando y le preocupó su conversación con él.

Caitlin respiró hondo y finalmente estiró su mano para golpear, inmediatamente la puerta se abrió por sí sola. Ahí estaba Aiden, mirándola con sus ojos azul acero, inexpresivos, firmes. Era un hombre difícil de descifrar. Sus ojos brillaban bajo la luz de la mañana y, una vez más, ella se sintió como si él fuera una montaña, como si hubiera estado en este planeta durante miles de años.

En silencio, él se volvió y cruzó la habitación, dejando la puerta abierta para que ella lo siguiera. Ella entró, Rose le pisaba los talones, Caitlin cerró la puerta detrás de ellas.

Aiden ya estaba sentado detrás de su escritorio con las manos cruzadas sobre su pecho, observándola con calma. Caitlin, nerviosa, tomó el asiento frente a él.

Por supuesto, él estaba despierto. Había estado esperándola. Ella había olvidado, como siempre, los poderes psíquicos de los vampiros — y sobre todo los de Aiden. Probablemente, él ya sabía todo lo que iba a decirle. Sin embargo, tenía que decirlo. Si más no fuera para escucharse a sí misma.

Ella aclaró su garganta, estaba nerviosa.

"¿Supongo que ya sabes por qué estoy aquí?" empezó con cautela.

Él la miró de regreso, neutral. "¿Por qué no me lo dices," dijo.

"Anoche soñé con Caleb," dijo. "Él estaba en peligro. Pero sentí que era más que un sueño. Se sentía... real. "

"Los vampiros no se visitan en los sueños por casualidad," respondió Aiden. "Todo sueño es una visita. Una visita intencional. Y todo sueño lleva un mensaje. No somos como los humanos. Nosotros podemos controlar el mundo de sueños."

Los ojos de Caitlin se abrieron en preocupación.

"Entonces... ¿es verdad?" preguntó. ¿Caleb está en peligro?"

Aiden asintió con la cabeza seriamente. — Sí — respondió tajante. "En mucho peligro."

Caitlin sintió que su corazón se hundía al escuchar sus palabras y se levantó, estaba demasiado agitada para estar sentada. ¿Cómo podía decirlo de esa forma tan ligera?

"Pero — qué — yo — ¿qué quieres decir? ¿Qué sabes tú?" Caitlin preguntó.

"Tanto como tú," fue lo único que dijo.

"Entonces, sí es verdad," dijo, caminando por el cuarto, "Yo ... yo no puedo quedarme aquí. Tengo que ir con él. Tengo que ayudarlo".

"¿Por qué?"

"¿Por qué?", preguntó ella, estaba confundida. "¿Qué quiere decir, por qué?"

"¿Qué es él para ti?" preguntó con calma.

Caitlin lo miró, ahora estaba furiosa. ¿Por qué se lo preguntaría? Él sabía lo importante que Caleb era para ella. Y sabía cuánto Caleb se preocupaba por ella. Esa pregunta no podía entenderse literalmente.

No, ella se dio cuenta. Como todo lo que decía Aiden, tenía otro mensaje, una pista. Él debía estar preguntando retóricamente. Estaba intentando

persuadirla de algo, como siempre. Quería que ella lo descifrara por sí misma. Quería que le pusiera un nombre a su relación, que lo dijera en voz alta. La estaba empujando.

"Caleb es mi..." Caitlin comenzó, y se fue apagando. ¿Qué podía decir?

Novio era una palabra demasiado débil; sin embargo, esposo no era preciso.

¿Qué era exactamente? Caitlin no encontraba el término para describirla.

"Él es mi amado", dijo finalmente.

Aiden asintió, parecía satisfecho con la respuesta. "Estás segura?"

preguntó.

Nuevamente, Caitlin lo miró fijamente, sentía que él la estaba empujando para llegar a una revelación. Quería comprobar cuan segura estaba, cuan segura estaba de sus propios sentimientos. Él debió percibir que había algo más. Sí, eso era: él debió intuir alguno sentimiento entre ella y Blake. Sí.

Era un reproche. Él quería que ella hablara claro sobre sus propios sentimientos, quería que tomara una decisión, quería asegurarse de que ella se comprometería incondicionalmente.

Tenía razón, se dio cuenta. Tenía sentimientos hacia Blake. Y si Caleb era verdaderamente su amado, entonces no podía permitirse tener sentimientos por alguien más. Necesitaba disciplinar sus emociones, era lo que él le estaba exigiendo.

"Sí," Caitlin dijo finalmente, con seguridad, definitivamente. "Caleb. Y sólo Caleb.

Aiden asintió con la cabeza. "Bien. Muy bien,"dijo. "El amor vampiro es algo muy sagrado. No es algo que se brinda a la ligera."

"Tengo que ayudarlo", dijo Caitlin, enfáticamente. "Siento que me necesita".

"Sí, te necesita", dijo Aiden. "Pero, no podrás ayudarlo".

"¿Que quieres decir?"

"Caleb ha escogido su propia misión. Su propio destino. Eligió luchar por su cofradía, por su familia. Eligió una misión muy noble. "Pero no puede ganar. Las fuerzas de la oscuridad son demasiado fuertes, y está en desventaja. Le falta el pleno apoyo de su propio pueblo. Se dirige a una trampa. No hay salida para él. Y no hay nada — ni nadie — que pueda salvarlo."

Caitlin lo miró fijamente, estaba conmocionada, sentía como si le hubieran quitado todo el aire.

"Es una lucha que no puede ganar", él continuó. "Solo te envolverías en la oscuridad. Si trataras de ayudarlo, seguramente morirías tú también."

Sin palabras, Caitlin, sentí una lágrima correr por su mejilla. En el fondo, sintió que todo lo que Aiden decía era verdad.

"Siento decirte todo esto, pero necesitas saberlo. Tu misión es demasiado importante. Caleb tenía razón: tú eres la Elegida. Y eso significa que tú eres la única que puede conducirnos al Escudo. Sin el escudo, la espada causará destrucción a una escala que no podemos imaginar inimaginable. Te necesitamos. Toda nuestra raza te necesita. La raza humana te necesita. Esta cofradía — tu nueva familia — te necesita. Aquí es donde necesitas estar, donde debes estar. Tu misión está aquí. Debes entrenar, hacerte más fuerte y, un día, nos conducirás al Escudo. Todo esto ha sido escrito."

"Pero tengo que ir con Caleb", ella dijo.

"No. No puedo dejar que te pongas en peligro o, lo que es más importante, pongas en peligro a nuestra gente. Te prohibo ir."

Caitlin miró atrás y su tristeza comenzó a transformarse en resentimiento, y luego en ira. Ella detestaba la autoridad, detestaba que alguien le prohibiera hacer algo. La sacaba de sus casillas.

"No puedes prohibírmelo", dijo. "Soy libre de quedarme y de irme cuando quiera. Me lo dijiste cuando llegué aquí."

"Lo que te dije fue que puedes irte cuando quieras pero que si te vas sin mi permiso, nunca podrás regresar. Nunca. ¿Es ése un sacrificio que estás dispuesta a hacer?"

Caitlin estaba aturdida. No sabía qué pensar. ¿Renunciar a todo esto? ¿ A esta isla, su nuevo hogar, su nueva cofradía? ¿A todos sus amigos? ¿Para sumergirse en la oscuridad intentando salvar a Caleb, cuando Aiden insiste en que no es posible? ¿Cuando insiste en que ella moriría también?

Sabía que, lógicamente, él tenía razón. Ella necesitaba quedarse aquí.

Pero, emocionalmente, en lo profundo, no podía olvidar sus sentimientos por Caleb, se sentía comprometida. Tenía que hacer un esfuerzo por salvarlo, aun cuando fuera imposible. No podría vivir tranquila, si no lo intentaba. Y no podía aceptar que se fuera para siempre.

De repente, Caitlin sintió la enfermedad brotar en su interior otra vez y, sin avisar, corrió a la ventana, abrió las persianas y vomitó, una y otra vez. La sangre salpicó el alféizar de su ventana.

Finalmente, recobró su aliento y limpió su mejilla. La habitación daba vueltas y vueltas. No se sentía bien.

Aiden estaba ahora parado a unos metros detrás de ella y, cuando ella se dio vuelta, miró hacia abajo. Sus ojos — siempre tan tranquilos, tan en control

— de repente se abrieron en sorpresa. Nunca antes lo había visto sorprenderse.

"Oh," dijo, mirándola directamente. "Nunca había visto algo así".

Él la miró profundamente a los ojos, eso la asustó.

"Tus ojos..." él dijo,"... son amarillos."

Caitlin se asustó ante la idea. Sentía temblar su interior. ¿Había algún problema con ella?

"No me siento — bien," dijo ella, con una sensación de mareo. Sentía como si la hubieran envenenado.

"Por supuesto que no", él dijo mientras colocaba la palma de su mano sobre la frente de Caitlin. Él cerró los ojos y respiró profundamente. Finalmente, ella miró hacia abajo y asintió con la cabeza.

"Como lo sospechaba," él dijo.

"¿Qué?" ella le preguntó, nerviosa.

"Estás embarazada."

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