Umbilical
Capítulo 86
Mi guarida de hotel no me responde cuando toco la puerta. Nuestras primeras horas en ciudades distintas han cambiado las reglas del espacio: más lejos que este brazo es un abismo.
Mi espalda se resiente del peso que le falta, voy levantando aire por ahí. Con cada llanto ajeno o exclamación aguda me vuelvo, agazapado, hacia donde no estás.
Recorro los lugares del silencio, rincones de tarea introspectiva, y tu carita brilla en las paredes, en mis párpados, en cada cachivache.
Estoy tan a mis anchas que no estoy. Hace unas cuantas noches, a esto lo llamaba libertad.