Umbilical
Capítulo 94
Sediento de la sangre del verano, se te llena el aliento de moras muy maduras. Me miras fijamente con los labios heridos por tu glotonería, las mejillas con huellas de tu crimen frutal. Sueltas un alarido de euforia y acidez. Roja tu risotada. Rojo el día.
Mi hijo es un vampiro de ida y vuelta. La energía que absorbe es la misma que irradia.