Aprender a estudiar
Paciencia
En esa época no era muy consciente de la gestión del tiempo y de lo que suponen los procesos, pero era una persona muy paciente y estudiaba poco a poco sabiendo que el final llegaría algún día.
Susana, 42 años, economista.
SEGUNDA PARTE
Tu proyecto, tu pizarra
¿QUÉ ES UN PROYECTO?
«Un proyecto es un plan de futuro o algo muy importante que quieres conseguir.»
Kirssy, 19 años.
«Son objetivos que llevas a cabo a través del esfuerzo.»
Santi, 17 años.
«Esquemas que tú tienes pensados y organizados.»
Elisabeth, 16 años.
«Un sueño que quieres cumplir a corto o largo plazo.»
Alba, 18 años.
¿HAS TENIDO O TIENES UN PROYECTO?
«En un futuro tengo pensado montar y dirigir mi propio restaurante.»
Oriol, 17 años.
«Mi proyecto era montar un centro excursionista para niños y ya está funcionando.»
Daina, 18 años.
«Hace tres años me propuse hacer deporte por primera vez y llegar a participar en una media maratón. Y lo conseguí.»
Christian, 19 años.
«Tengo un proyecto actualmente, irme un mes este verano a Brighton para estudiar inglés.»
Paula, 18 años.
Vamos a empezar a construir tu proyecto. Construiremos una pizarra que se convertirá en el método que te ayudará a establecer un plan y a tomar las decisiones necesarias para sacar adelante tu proyecto sin dejar de lado tu personalidad y tu forma de hacer las cosas. Iremos paso a paso.
¿Y tú?, ¿sabes qué es un proyecto?, ¿tienes algún proyecto en marcha?
Para alcanzar un proyecto necesitamos un método eficaz que nos facilite el camino: el método eficaz que te proponemos es el de la pizarra.
Antes de empezar vamos a ver una definición que nos puede ayudar a plantear este asunto de la pizarra.
Método: es el modo ordenado y sistemático que seguir para lograr algo.
Todos los deportes tienen su método de trabajo, su técnica, sus tácticas y estrategias bien definidas y en constante evolución. Además, se tiene muy asumido que todos estos métodos, técnicas, tácticas y estrategias tienen que adaptarse a las características del deportista o del grupo de deportistas, dejando que jueguen o compitan con su personalidad. Toman aquello que mejor se adapta a sus características y dejan o modifican aquello que no tanto, de manera que acaban consiguiendo un estilo propio de juego o de competición.
Para estudiar existen técnicas y rutinas de estudio muy establecidas también, sin embargo, la diferencia está en que pocos han contado con que esas técnicas y rutinas hay que adaptarlas a las características de cada estudiante. Todas esas técnicas de estudio tienen que adaptarse a ti, a tu forma de hacer las cosas.
La pizarra es un método. La pizarra, por tanto, propone un modo ordenado y sistemático que puedes seguir para lograr lo que te propones. Podrás utilizar la pizarra para cualquier situación en la que te encuentres, laboral o personal. Nosotros nos centraremos en esa situación académica que tienes que sacar adelante.
Este método te permitirá encontrar tu propio método de estudio. Personalizar la forma de afrontar y de reaccionar ante las distintas situaciones en que vas a ir viviendo. No se trata de un método de estudio en sí, solo es una herramienta que te ayudará a encontrar tu plan para sacar adelante una situación determinada, para encontrar tu forma o estilo propio como estudiante, de manera que puedas aprovechar estos años como estudiante para aprender, para disfrutar, para medirte y conocerte al frente de todo ello.
La clave de toda estrategia o de todo planteamiento de un partido o de un entrenamiento se puede dibujar en una pizarra.
Es el momento de construir tu pizarra. Será el marco por el que pasarán todas las decisiones que tomes y todos los resultados que obtengas. Cada vez que necesites definir la estrategia que seguir, ante cualquier decisión que tengas que tomar, podrás coger tu pizarra y sacar tus propias conclusiones.
Será como esas pizarras que tienen los entrenadores en la pista con la que explican a los jugadores la siguiente jugada, en la que escriben y borran continuamente.
Tu vida es tuya y tus estudios también. A todos les gustaría que te fuese bien, pero nadie puede vivir por ti, ni tus padres ni tus profesores, ni siquiera tus amigos. Por mucho que te impongan, te digan o te aconsejen, se trata de tu vida y de tus estudios y solo tú puedes elegir cómo vivir cada momento y situación. Por tu pizarra podrán pasar todas esas preocupaciones y necesidades que vayas teniendo, para sacar conclusiones y tomar tus propias decisiones.
Debe ser sencilla, útil y dinámica.
La pizarra será tu proyecto. Puede ser un proyecto pequeño que necesitas llevar a cabo en un momento determinado de tu vida o un proyecto a largo plazo.
Para construir tu pizarra, un proyecto en general, y el nuestro académico en particular, tendremos que ir trabajando las siguientes preguntas:
¿Qué OBJETIVOS quiero conseguir?
EL PARTIDO. ¿Qué partido quiero ganar?
¿Qué MEDIOS tengo para lograrlo?
EL ANÁLISIS. ¿Qué necesito y qué recursos tengo?
¿Qué PASOS voy a dar para lograrlo?
LA ACCIÓN. ¿Qué juego voy a poner en marcha?
Al responder a estas preguntas elaboraremos, casi sin darnos cuenta, el que será nuestro proyecto académico. De igual manera pueden ser aplicadas para cualquiera de las etapas, sueños y proyectos que tengamos para nuestra vida. Respondiendo a estas tres preguntas todo lo que hacemos gana un poco más de coherencia y sentido y, con ello, conseguimos ganar un poco más de control.
Los alpinistas antes de comenzar a ascender tienen que hacerse estas tres preguntas e ir respondiéndolas meticulosamente porque su vida está en juego.
Primero se ponen un objetivo, por ejemplo, «un ocho mil».
Estudian las características de ese pico para ver qué material y equipo humano necesitan.
Por último diseñan la ruta para conocer las pequeñas cumbres o campamentos base que tienen que ir alcanzando para coronar su objetivo.
En su cabeza está siempre la cumbre y saben que caminan hacia ella, pero también saben que solo tienen que poner sus fuerzas y su empeño en cada uno de los pasos que hay que dar para alcanzar todas las pequeñas cumbres necesarias antes de coronar el pico.
Un alpinista sin objetivo claro no sabría por dónde empezar a caminar y probablemente acabaría perdido. Sin planificar y conocer lo que necesita y lo que lleva en la mochila probablemente tendría que dar la vuelta para conseguir más víveres o tendría que ir tirando equipo que le sobra por el camino. Sin conocer las pequeñas cumbres el objetivo se haría inalcanzable y probablemente abandonaría antes de empezar.
Aunque tú no eres alpinista y tu vida no corre peligro, sí que es verdad que tu vida está en juego.
Estos años determinarán tu futuro más de lo que imaginas. Cada una de estas tres preguntas y sus respuestas se hacen imprescindibles para poner en marcha el proyecto con el que soñamos.
Vamos a describir los distintos espacios en que se divide nuestra pizarra.
El partido. El objetivo
El partido que vas a salir a ganar será tu objetivo, aquello que tienes entre manos, aquello que te preocupa, sobre lo que debes tomar una decisión o que necesitas conseguir o mejorar. Será como el título que dará nombre a la pizarra y sobre lo que pensaremos para completarla.
Como decíamos, es importante definir los objetivos antes de comenzar un proyecto. Es fundamental, por tanto, llegado este momento, que decidas y marques los tuyos propios.
Elegir unos objetivos u otros nos permite elegir una estrategia determinada hacia la que dirigir todo nuestro esfuerzo. Tenerlos claros en la mente te ayuda a movilizar toda tu energía para lograrlos.
Vamos, entonces, a establecer nuestros objetivos. Para ello hay que responder a la pregunta: ¿qué quiero conseguir?
La selección femenina de hockey hierba fue invitada como anfitriona a participar en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Eran los primeros juegos a los que acudían, así que su entrenador las reunió y les preguntó: «¿Qué queréis conseguir? Podemos ir a Barcelona a disfrutar del ambiente olímpico sin preocuparnos de la clasificación, podemos ir para acceder como mínimo a cuartos de final o podemos ir a ganar el oro». Ellas tuvieron que ponerse de acuerdo para elegir una de las tres opciones, sabiendo que el trabajo, el esfuerzo y el sacrificio serían diferentes para cada uno de esos objetivos. Después de unas jornadas de reflexión establecieron su objetivo: querían ganar el oro. Y se lo hicieron saber a su entrenador, que, ya conociendo el objetivo, empezó a diseñar el plan de entrenamiento para alcanzarlo. No se habían clasificado por méritos propios (los equipos de todas las disciplinas del país anfitrión siempre son invitados a participar), no tenían experiencia y poca gente apostaba por ellas. Es bonito saber que lograron el objetivo que se marcaron y se proclamaron campeonas olímpicas de Barcelona 92.
Ponte manos a la obra. Haz una lista de todo aquello que quieras lograr. No hay nada imposible si es lo que realmente quieres.
Sobre cada uno de los objetivos que has sacado responde a las tres preguntas siguientes:
¿El objetivo tiene un plazo de tiempo determinado?
Los objetivos pueden establecerse a corto o largo plazo, pero deben tener fecha de caducidad. No hace falta que sea un día concreto, pero sí que tiene que ser una fecha real para evitar que se esfume con el tiempo.
¿El objetivo es concreto?
Hay que evitar las generalidades. Es importante ser explícito y llamar a cada cosa por su nombre.
Esto nos ayuda a canalizar todas nuestras fuerzas en ello sin que se dispersen en grandes pensamientos.
¿El objetivo es realista?
Es importante tener en cuenta los límites establecidos para cada cosa que elegimos, si hay nota o fecha límite, talla o edad mínima, etcétera.
Quizá con algunos ejemplos quede más claro.
Ejemplo 1:
Objetivo: «Llegar algún día a trabajar en la Fórmula 1» (Albert, 13 años).
¿Tiene plazo determinado? No, puede ser ahora o dentro de cincuenta años.
¿Es concreto? No, porque no especifica si quiere trabajar como mecánico o como analista deportivo.
¿Es realista? Puede serlo, pero sin especificar lo anterior es difícil de creer.
Al no responder a las tres preguntas no puede considerarse objetivo (aunque sí que puedes incluirlo en tu lista de motivaciones). El objetivo podría reformularse de la siguiente manera: Terminar este curso para matricularme en un módulo de mecánica.
Ejemplo 2:
Objetivo: «Terminar 2º de bachillerato para poder opositar a Policía Nacional» (Susana, 16
años).
¿Tiene plazo determinado? Aunque se puede intuir, no especifica cuando quiere terminar 2º.
¿Es concreto? Sí.
¿Es realista? Terminar 2º sí que lo sería, pero lo de entrar en la Policía depende de si se cumplen los requisitos mínimos para acceder a las pruebas.
En su caso tendría que reformularlo porque no llegaba a la talla mínima establecida para mujeres y no sería realista. Tendría que ser:
Terminar 2º de bachillerato este año.
Encontrar una profesión que me motive para cuando termine.
Ejemplo 3:
Objetivo: «Aprobar al menos cinco asignaturas en junio» (Pedro, 14 años).
¿Tiene plazo determinado? Sí.
¿Es concreto? Sí.
¿Es realista? Sí.
En este caso nuestro objetivo es bastante claro y seguiríamos adelante.
Una vez que hemos terminado puede haberte salido un objetivo o más de uno. Si tienes varios, es recomendable que elijas para no quedarte con más de tres. Tener demasiados puede hacer que nos dispersemos con más facilidad.
Algunos ejemplos de objetivos válidos:
Aprobar todas en junio.
Mejorar durante el curso mis técnicas de estudio.
Sacar de nota media en bachillerato un 7.
Aprobar al menos cinco en junio.
Aprobar el resto como máximo en septiembre.
Terminar el curso aprendiendo rutinas de estudio.
«Poco a poco te vas haciendo consciente de en qué cosas eres mejor y qué otras te cuestan más, y así vas viendo dónde puede estar tu sitio en un futuro. Por ejemplo, me gustaba la arquitectura, pero descubrí que la física no era lo mío y era mejor aceptarlo y buscar qué era lo que me iba a apasionar y se me iba a dar bien.»
María, 33 años,
ciencia y tecnología de los alimentos, jefa de producto internacional en DIA.
«Mi madre tenía un fisioterapeuta que venía a casa a hacerle rehabilitación, y yo tenía claro que quería eso. Mi objetivo lo tenía claro. Sabía que tenía que aprobar y que para pasar al siguiente escalón primero había que subir este. Quería acabar el instituto y para eso tenía que estudiar.»
Estela, 40 años,
fisioterapeuta que gestiona su propio centro de fisioterapia.
Llegado este momento, al igual que las jugadoras de hockey, tienes que dedicarle una jornada de reflexión porque, según el objetivo elegido, tendremos que dedicarle más o menos esfuerzo, trabajo y sacrificio. Tienes que ser sincero contigo mismo y decidir si estás o no dispuesto a luchar por él.
Si estás convencido, ¡adelante!
Si cuando vuelves a leer el «partido» que has elegido todavía te quedan dudas, revísalo para averiguar qué es lo que falla:
Te has equivocado al formular los objetivos: mira si es que te has quedado corto y te ves capaz de conseguir algo más o te has pasado queriendo luchar por demasiadas cosas. Vuelve a formularlos de nuevo ajustando un poco más. A veces ayuda marcarse objetivos a más corto plazo, por ejemplo, trimestrales.
Ves tus objetivos demasiado lejanos: no te preocupes, recuerda que para llegar a la cumbre hay que concentrarse en cada paso y cada pequeña cumbre. Tener el objetivo claro te permite decidir cuáles quieres que sean tus pequeños pasos para alcanzarlo. Más adelante pensaremos en «la acción».
Si lo que tienes escrito es realmente lo que quieres conseguir, no te preocupes porque poco a poco verás cómo las dudas empiezan a desaparecer.
Una vez que estés más convencido, copia tu lista en la pizarra. Son tus objetivos. Es el partido que vas a salir a ganar.
El análisis
Describirás en qué punto te encuentras respecto a los objetivos que has colocado en tu pizarra. Se trata de enumerar todo aquello que estás viviendo, tus dificultades o tus logros. Has de ser muy sincero tanto para lo malo como para lo bueno. Recuerda que nadie más va a mirar esta pizarra y, por tanto, no podrán juzgarla ni sacar conclusiones. Se trata de que seas tú el que describas la situación en la que te encuentras y que puedas descubrir cómo mejorar. Puede que al principio necesites pedir ayuda a alguien que te conozca y te quiera bien para que pueda ayudarte a describir el punto en el que te encuentras, pero se trata de que seas tú el que vaya cogiendo soltura y perdiendo el miedo a llamar las cosas por su nombre.
Sabemos qué partido queremos ganar o qué «ocho mil» queremos subir. Ahora toca preguntarnos:
¿qué necesito y de qué dispongo para ello? Es decir, con qué contamos, qué necesitamos y desde dónde partimos.
Nuestro análisis se centrará en todas aquellas personas, cosas o características propias que nos ayudarán a poner en marcha «la acción» para lograr «ganar el partido». Siempre debemos tener presente que han de ser medios que nos faciliten las cosas y no que nos obstaculicen.
Desde dónde parto:
mi estado de forma
Nos observaremos ahora a nosotros mismos para determinar el punto en el que se encuentra cada uno de nosotros antes de empezar. Será como el reconocimiento médico a los que son sometidos los futbolistas después de las vacaciones del verano. Según el estado de forma de los jugadores se prepara la pretemporada.
Repasaremos aspectos muy concretos de nuestro día a día. Esto nos ayudará a hacernos conscientes de nuestra forma de hacer las cosas y a ir trabajando poco a poco aquellas cosas que no nos han funcionado hasta ahora.
Te sugiero lo siguiente: durante una semana iremos apuntando cada uno de los aspectos que son básicos para el estudio. Anotaremos sin cambiar NADA de lo que hemos hecho hasta ahora. No tengas prisa, ya habrá tiempo para cambiar. Es importante ser muy sinceros con nosotros mismos. No te tomará más de unos minutos al día.
Al final de la semana tendrás un montón de datos que tendrás que llevar a tu pizarra. Será una herramienta más para ayudarte, por lo tanto, nadie va a juzgar lo que hayas hecho o hayas dejado de hacer. Después de pedir TM (tiempo muerto, como veremos más adelante) serás solo TÚ el que valore aquello que debes mantener y aquello que debes mejorar.
Alimentación, descanso y salud
Al igual que los músculos, las neuronas son células que precisan cubrir sus necesidades básicas, que son el descanso, la alimentación y la salud.
Con ayuda de la siguiente tabla anotaremos:
Alimentación: si hacemos todas las comidas (desayuno, almuerzo, comida, merienda, cena), cuál es más escasa y cuál es más copiosa.
Descanso: anotaremos la hora a la que nos despertamos y a la que decidimos cerrar los ojos. También si dormimos siesta y de cuánto tiempo.
Salud: si tenemos elementos que alteran nuestra salud.
La información que podemos sacar al completar esta tabla después de una semana puede ser muy útil. Lo primero que puedes advertir es si tienes rutinas básicas de sueño y alimentación y si crees que estas son las mejores para tu estudio.