Aprender a estudiar

Ana Villacorta · Capítulo 31 de 55

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Aprender a estudiar

Ayuda

Consideraremos ayuda a toda persona que nos prestará apoyo durante el proyecto que vamos a llevar a cabo.

A la ayuda habría que dedicarle casi un libro entero porque es algo básico que apenas usamos.

Estamos acostumbrados a buscar ayuda solo cuando las cosas nos van muy mal y a veces ni eso. Y es que, por lo general, nos cuesta mucho pedir ayuda, quizá por vergüenza, quizá por miedo a parecer inferiores o quizá por simple orgullo. ¿Quién no ha conocido a alguien que, con tal de no preguntar por una calle que no encuentra, se pasa horas dando vueltas con el coche?

Piensa en aquellos que sacan sus estudios sobradamente, todos tienen algún punto de apoyo (padre, madre, hermano mayor…) y buscan ayuda en profesores o tutores, no tienen inconveniente en preguntar. Los deportistas buscan continuamente ayuda para mejorar su rendimiento. ¡Buscar ayuda es de sabios!

Vamos a diferenciar los dos tipos de ayuda que necesitaremos:

Apoyo-motivación: serán personas con las que tienes mucha confianza y te conocen bien (familia, amigos, pareja). No es necesario que tengan relación con los estudios, pero sí que valoren y apoyen el cambio que has decidido dar. Elige a alguien a quien mantengas informado de todos tus logros y fracasos, al que vayas contando tus avances y tus crisis.

Guía: serán personas que pertenezcan al mundo académico (profesores o compañeros de clase). No es necesario que tengas especial confianza en ellos ni que te conozcan bien, solo que sepas que están dispuestos a ayudarte y guiarte con tus estudios, y de los que te fíes para preguntarles dudas o pedirles consejo.

Ambos tipos de ayuda se complementan, por lo tanto, ambos son imprescindibles. Busca, al menos, una persona de cada tipo, las necesitarás.

Contar con ayuda aumenta nuestra confianza y nuestra motivación. Si sabemos elegir bien a estas personas, serán capaces de animarnos en los momentos más difíciles y de mantener la confianza en nosotros a pesar de los malos resultados (que son muy normales al principio). Nos orientarán para facilitar las cosas y ofrecernos soluciones cuando estemos bloqueados. Contar con ayuda nos da seguridad para seguir avanzando en un terreno que para muchos será nuevo.

Coloca en la pizarra aquello que tienes o que a priori crees que necesitas para lograr ganar «tu partido», para lograr tus objetivos.

Tiempo muerto: TM

No hay dos personas iguales que se encuentren en situaciones iguales, por lo tanto, llegamos a un punto del método en el necesitas pedir tiempo muerto. Paras el partido y miras a ver cómo va. Miras tus objetivos y el análisis que has hecho del momento de «partido». Es un tiempo para reorganizarte, para elegir las jugadas o hacer cambios, para encontrar soluciones.

En el tiempo muerto definirás tu forma de enfrentarte a las dificultades, descubrirás ese estilo propio del que hablábamos. En el tiempo muerto identificarás aquello que te está ayudando y aquello que no para «ganar el partido».

Se trata de que respondas a unas preguntas muy sencillas. Para cada punto de tu análisis responde:

¿Esto me ayuda?

¿Esto no me ayuda?

A partir de la respuesta inmediata sacamos las primeras conclusiones:

¿Esto me ayuda? Pues seguimos.

¿Esto no me ayuda? Pues buscamos otra cosa.

Se podría decir que es un método universal, sirve para todo y se puede aplicar en cualquier etapa de la vida: potenciar aquello que te ayuda y dosificar aquello que te entorpece.

¿Cómo algo tan sencillo puede orientarte tanto para encontrar tu estilo propio?

Estamos bombardeados continuamente con «lo que se debería hacer», con «lo que se lleva ahora», con «sigue los nuevos estilos» y hemos perdido esa capacidad de encontrar nuestro estilo propio, la capacidad de valorar si lo que se debería hacer, lo que se lleva o ese nuevo estilo nos ayuda o no a conseguir lo que queremos. A veces cuesta creer que preguntas tan sencillas puedan servirnos para encontrar esa forma tan personal de afrontar los estudios y toda nuestra vida en general. Pero no existe más misterio que este: se trata de ir descubriendo qué es lo que te está ayudando y qué es lo que no te está ayudando, a ti y solo a ti, para lograr lo que necesitas o quieres, para seguir mejorando y creciendo.

Pedir un tiempo muerto en los momentos de decisión te ayudará a ir aprendiendo a utilizar todo aquello que te rodea. De esta forma ganarás un mayor control de tu vida y podrás ir tomando decisiones cada vez más importantes con mayor seguridad.

Pablo iba a todas partes con un destornillador que le había regalado un «colega». Decía que siempre debía tenerlo encima. Cuando estudiaba lo ponía en la mesa porque le hacía sentir su sitio de estudio menos frío y más «suyo». Lo paseaba de una mano a otra. Había desarrollado una técnica de lanzamiento para luego cogerlo al vuelo que dejaría boquiabierto al mejor de los malabaristas.

Además, cuando venían los momentos de crisis en los que no «podía estudiar» lo utilizaba para desmontar la lámpara, la calculadora o el despertador. Sin insistir mucho en el destornillador, fuimos trabajando rutinas de estudio. Un día, después de un rato, me di cuenta de que no estaba el destornillador. Entonces le pregunté y me dijo: «Hoy lo he dejado en casa. Tengo que concentrarme mucho, que llevo el examen de mañana muy muy mal».

Se trata de ir tomando pequeñas decisiones en lo más rutinario de tu día a día. Al pedir tiempo muerto identificarás aquello que no te está ayudando para cambiarlo por otra cosa que a priori pienses que sí te ayudará. Esto no significa que tengamos que desprendernos de todas las cosas y de las personas para vivir como monjes budistas. Pablo no tiró su destornillador a la basura, solo aprendió a usarlo de forma que no lo entorpeciera para seguir avanzando (hay que decir que acabó haciendo un módulo de electricidad). Tampoco tiramos el móvil, el ordenador o la consola a la basura porque nos distrae y no estudiamos, solo aprendemos a apagarlos mientras tenemos que estar concentrados. Ni rompemos una amistad porque nos propone un plan para el día antes de un examen, solo aprendemos a decir: «Hoy no puedo, que tengo que estudiar, mañana seguro».

Pedir tiempo muerto te dará la pausa que necesitas para identificar dónde está el problema que te impide «ganar tu partido».

La acción

A partir de las respuestas extraídas del TM y de las primeras conclusiones que has sacado, establecerás cuál será tu estrategia para seguir mejorando y para conseguir tus objetivos. Recuerda que solo tú sacarás las conclusiones.

Enumera uno por uno aquello que quieres mantener para conseguir el asunto planteado o los cambios que crees que necesitas. Es el momento de decidir.

Es el momento clave de este método: pones por escrito lo que piensas hacer para conseguir aquello que has planteado, lo que necesitas o quieres conseguir.

Si descubres que algo no te está ayudando y decides que tienes que buscar otra cosa, puedes probar con algo que a otros les ha ido bien o inventar una forma diferente y propia de lograrlo. No tengas miedo a inventar. Piensa que si lo que has hecho hasta ahora no te ha servido mucho, lo natural es que tengas que encontrar algo muy diferente. En esto todo vale siempre que a ti y solo a ti te ayude.

Seguro que alguna de las decisiones que tomes en algún momento será grande e importante, pero lo normal es que no necesites hacer grandes cosas ni gestos heroicos para lograr tus objetivos, basta con que enumeres aquello que vas a hacer en tu día a día, en lo más cotidiano. Es la filosofía del deporte:

«Punto a punto», «zancada a zancada», «partido a partido».

Tenemos los objetivos y el análisis de nuestro momento de forma y de aquello que creemos que a priori necesitamos para empezar a trabajar. Ya solo nos queda identificar los pequeños pasos que tenemos que ir dando para conseguir o alcanzar nuestro objetivo. Serán como pequeños objetivos o subobjetivos que dependerán de nuestra meta y de nuestro estado de forma. Como se trata de un gran proyecto, es importante abarcar todo lo que llevamos hasta ahora sin perder de vista los objetivos que te has planteado.

Es importante definirlos porque serán nuestro punto de partida y nuestro hilo conductor. Será como tu «lista de la compra», anotas aquello que necesitas y que vas a luchar por conseguir.

Las pequeñas «jugadas» tienen que cumplir unas condiciones: Que tengan coherencia con el objetivo que nos hemos marcado, es decir, que aquello que estás proponiendo vaya acercándote a tu objetivo final. Puede que necesites dar algunos «rodeos» para llegar a tu meta, pero siempre han de ser pasos que te faciliten alcanzarla.

Deben ser sencillos y que te resulten accesibles. Esto evitará que nos enfrasquemos en cosas muy complicadas olvidando el objetivo de fondo.

Que sean planteados de forma escalonada, es decir, se aconseja comenzar por los pasos más básicos.

Poco a poco nos acercaremos a nuestro objetivo.

A veces resulta difícil definir estos pasos, sobre todo si uno es muy novato en esto de estudiar: «¿Por dónde empiezo ahora?». Repasa todo lo que llevas visto hasta ahora (puntos fuertes y puntos débiles, motivaciones, objetivo, conclusiones, estado de forma…), seguro que de ahí puedes sacar algún que otro paso que dar:

Cimientos para el estudio: ¿te falta reforzar alguno?

Hábitos de sueño, alimentación, etcétera: ¿necesitas cambiar o mejorar algo?

Estado de forma, ¿por dónde empezarías?: ¿conseguir estar sentado el tiempo que te propongas?,

¿conseguir estar concentrado el tiempo de estudio?, ¿empezar por trabajar las asignaturas que más rabia te dan?

Contenido de las asignaturas: a veces nos falta la base para poder seguir las clases. ¿Necesitas mejorar tu expresión escrita?, ¿necesitas reforzar las reglas básicas de matemáticas?

Pueden ser muchos pasos, pero comienza con un máximo de diez. Esto evitará que te agobies demasiado. Quizá también puede ser un buen momento para estrenar esa ayuda-guía que has elegido para que te oriente.

Es importante que pongas toda tu atención en estos pequeños pasos, que serán los que te lleven a tu cima. No tengas demasiada prisa, recuerda que para alcanzar un «ocho mil» siempre hay que dar un primer y pequeño paso.

¡OJO! Por mucho que un equipo haya empezado la temporada con alguna carencia defensiva, la liga no para, debe seguir compitiendo mientras refuerza y trabaja para corregir esos errores defensivos. De la misma manera, como en casi todo, la vida sigue y es difícil pararla y decir al profe de matemáticas:

«Espera, no sigas avanzando que necesito entender lo del curso pasado». Estos pasos claves para

alcanzar tu objetivo debes trabajarlos de forma paralela a la actividad normal del curso. Aprovecha cada ratito de concentración, cada ratito que te ha sobrado de tu tiempo de estudio y ve dando esos pequeños pasos.

Conforme vayas avanzando y trabajando irás subiendo estos escalones y necesitarás plantear nuevos. Por tanto, revisa cada dos o tres semanas estos pequeños objetivos e identifica aquellos que aún necesitas trabajar y aquellos que ya has alcanzado. Recuerda que este no es un método estático. Se adapta a cada una de las situaciones en las que te encuentras. Por eso puede que pasado un tiempo tengas que revisar tu momento del partido, aquellas jugadas o primeros pasos o decisiones que tomaste para el asunto que querías mejorar. Sobre ellas vuelve a pedir TM y responde a la pregunta: Esto que había decidido, ¿me está ayudando?

Si descubres que aquello que inventaste no te está dando el resultado que esperabas, no pasa nada: reinventa. Busca modificar esa decisión o tomar una diferente. Nunca pierdas de vista cuál es el objetivo que has planteado en tu pizarra de estrategia, así que analízalo tantas veces como consideres necesario y quédate con aquello que te ayuda y modifica o elimina lo que no te está ayudando para conseguirlo.

Con nuestro objetivo, análisis y los pequeños pasos que ir dando hemos terminado por definir un gran proyecto. El que será TU PROYECTO.

Usa tu pizarra tantas veces como creas, para tomar las decisiones más «tontas» o las más importantes. Ponla siempre en un lugar donde puedas verla cada día y te resulte cómodo para poder usarla cada vez que lo necesites.

Fíjate bien que en este método no se está hablando de generalidades, ni de lo que se debería hacer, ni de hacer lo que te mandan ni siquiera de hacer lo correcto. Es un método que te ayudará a encontrar lo que a ti, y solo a ti, te ayuda para conseguir aquello que quieres. Puede que lo que ha ayudado a tus padres o a tus hermanos a ti te ayude o no, puede que lo que recomiendan los profes te sirva o no, puede que lo que te dicen tus amigos sea lo que tú necesites o no. Eso solo tú podrás valorarlo. Al rellenar tu pizarra una y otra vez con aquellas decisiones que necesitas tomar irás encontrando tu forma personal y única de elegir, de seguir creciendo, aprendiendo y disfrutando.

Este método te permitirá adaptar todas las técnicas, rutinas y recomendaciones generales que hay para estudiar, a ti y tu forma de hacer las cosas, de manera que encuentres también tu estilo propio y tu personalidad como estudiante.

TERCERA PARTE

¡Organízate!

¿QUÉ PIENSAS DE LA ORGANIZACIÓN? ¿Y DE LA RUTINA?

«La rutina es importante, pero también está bien despejar la mente y hacer cosas nuevas.»

Dani, 19 años.

«La organización hace que el trabajo sea más cómodo porque sabes lo que tienes que hacer.»

Jordi, 16 años.

«Las cosas organizadas y planificadas normalmente salen mejor que las improvisadas.»

Cristina, 20 años.

«La organización te ayuda a ganar tiempo.»

Tatiana, 20 años.

«Si no hay rutina, no hay organización.»

Sandra, 18 años.

«La rutina está bien porque te ayuda a cumplir tus objetivos de una forma más sencilla.»

Sergi, 17 años.

«No sé si la rutina es importante, pero nos guste o no todos los trabajos tienen una rutina.»

Gabriel, 18 años.

«No estoy a favor de la rutina porque nos hace estar todo el día ocupados, pero es importante estar organizado, por lo menos, llevar un poco de orden en tu desorden.»

Álvaro, 18 años.

Ya tienes tu proyecto. Para ponerlo en marcha necesitas una buena organización.

La rutina siempre ha sido muy mal valorada. Algo rutinario suele asociarse a algo pesado, aburrido y triste. «Caer en la rutina» es algo a lo que nadie quiere llegar en una relación sentimental o con un trabajo y, en general, es casi siempre motivo suficiente para propiciar un cambio.

Los días de un estudiante son bastante rutinarios. Tienes un horario fijo de lunes a viernes, con actividades extraescolares programadas de septiembre a junio. Se hace pesado llegar a casa, sentarse a estudiar y continuar con una rutina.

Sin embargo, la rutina es clave para alcanzar un cierto orden en nuestro trabajo y que con este se obtengan los buenos resultados.

Ningún deportista duda de la eficacia de las rutinas de entrenamientos. Cada deporte tiene las suyas. Los ejercicios o los circuitos se repiten constantemente, consiguiendo que el trabajo que se realiza sea más eficaz. Asumir una rutina te da seguridad y confianza y poco a poco le va dando forma y orden a tu estado de forma o estilo de juego.

Tener también una rutina para tus ratos de estudio tiene muchas ventajas: La principal es que se ahorra mucha energía y no tienes que estar decidiendo y pensando cada día:

«¿Y hoy qué hago?».

Al igual que los deportistas, consigues dar poco a poco más forma y orden a tu forma o estilo de estudio, y de este modo tu trabajo será cada vez más eficaz.

Te recomiendo que hagas un último esfuerzo en el día y pongas un poco de rutina en tu tiempo de estudio. Y con esto no te estoy sugiriendo que «caigas en la rutina» del estudio, sino que fabriques tu rutina de trabajo, aquella que te dará un poco más de orden y te hará ganar un poco más de control.

Para crear esa rutina tienes que sentarte tranquilamente en tu sitio de estudio y comenzar a organizarte. Con tu objetivo de fondo, con tus puntos fuertes y los más flojos, tus medios y tus pequeños pasos que dar, crea un planning semanal.

Planning semanal

Es aconsejable seguirlo de forma estricta, sobre todo al principio, y aunque es personal e intransferible sí que existen recomendaciones generales que pueden ayudarte (¡recuerda pasar por tu pizarra siempre que lo necesites!):

Coge un folio DIN-A4 y divídelo verticalmente en siete columnas que corresponderán a los siete días de la semana. Horizontalmente divide las horas del día y diferencia claramente las que estás fuera de casa (clases, deporte). Resalta bien aquellas horas que tienes disponibles y las que vas a utilizar para estudiar.

Lo normal para aprobar (¡y con nota!) es que le dediques los siguientes tiempos: 1º y 2º de ESO: 1 hora.

3º y 4º de ESO: 1 hora y 30 minutos.

1º y 2º de BACH: 2 horas.

Además, hay que añadirle entre diez y quince minutos de descanso. En total, debes reservar el siguiente rato para estudiar:

1º y 2º de ESO: 1 hora y 15 minutos.

3º y 4º de ESO: 1 hora y 45 minutos.

1º y 2º de BACH: 2 horas y 15 minutos.

Piensa este tiempo de estudio en dos bloques separados por el descanso: 1ª PARTE:

Duración: 30 minutos, 45 minutos o 1 hora.

Completar los ejercicios mandados en clase.

DESCANSO: 15 minutos.

2ª PARTE:

Duración: 30 minutos, 45 minutos o 1 hora.

Elaboración de apuntes, esquemas, repaso, dudas…

Si algún día no tienes ninguna tarea que te hayan mandado, no dejes de sentarte a estudiar, haz solo la segunda parte.

El viernes será diferente y podrás eliminar la segunda parte. Además, en vez del descanso, reserva el mismo tiempo para hacer una autoevaluación; más adelante veremos en qué consiste.

Existen dos elementos importantes que no debes pasar por alto: El descanso

Hemos dicho que durará entre diez y quince minutos. Decide TÚ el tiempo que necesitas. Se recomienda cumplirlo de forma estricta, ni un minuto más ni uno menos. El descanso es casi tan importante como el tiempo de estudio.

Todos los tipos de competición están establecidos con uno o varios descansos obligatorios. Los deportistas tienen medido su descanso al milímetro cada día de su vida, pues es clave para la recuperación muscular y la recuperación psicológica. Recuerda que las neuronas, como los músculos, también lo necesitan.

A veces, cuando vamos agobiados con exámenes, creemos que no nos lo podemos permitir y continuamos. Pero sobrepasado el tiempo, el cerebro trabaja más lentamente y se pierde la concentración con más facilidad. Es importante tener la cabeza fría para tomarte un respiro porque esto te permitirá rendir mejor la segunda parte y aprovechar hasta el último minuto.

Utiliza una alarma que haga de árbitro o juez de silla, que te avise de que ha llegado tu tiempo de descanso, de esta forma evitas estar mirando el reloj todo el tiempo si andas distraído o, en el caso de que estés muy concentrado, evitas que se te pase el tiempo y no descanses.

Si estás en época de exámenes y tienes que estudiar más tiempo del que hemos marcado para el día a día, establece el descanso en tu planning diario cada cuarenta y cinco minutos, cada hora o cada hora y media de estudio.

Durante el descanso haz algo que te ayude a desconectar y que te despeje la cabeza, pero sin que te saque de tu concentración y que sepas que no va a durar más minutos de los que has decidido tomarte.

Aquí, como en todo, volvemos a pedir TM. El móvil, el ordenador, la tele o la consola son temas que tienes que valorar detenidamente. Si puedes conectarte, llamar o jugar durante varios minutos y después apagar y seguir estudiando como si nada, adelante. Pero ¡ojo!, porque está demostrado que son artilugios que enganchan incluso a los más expertos estudiosos.