Beso
Capítulo 30
Shauna se quedó bastante sorprendida cuando el personal de seguridad le permitió entrar en la casa a través de la cocina. Tal vez Patrice no estuviera. O Trent hubiera mantenido su promesa de hablar con Patrice para que terminase con el bloqueo… antes de su desencuentro.
La mujer se separó de ella en el vestíbulo de ladrillo rojo. Khai apretó la mano de Shauna.
—No tengas miedo —dijo ella—. Dios está contigo.
El sentimiento la cogió fuera de guardia.
—Mi madre solía decirme eso. ¿Es de la Biblia?
Khai asintió.
—Para aquellos que creen en él.
—Ella también decía: «Nada puede separarte del amor de Dios, Shauna». ¿Eso está también en la Biblia? ¿O no es más que una bonita idea?
La boca de Khai se abrió con una amplia sonrisa.
—Es del libro de Romanos. «Ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni el presente, ni el futuro»…
A duras penas Shauna escuchó el resto. Ni el presente ni el futuro.
—«… nos podrán separar del amor de Dios».
Shauna sintió cómo se le erizaba el vello de los brazos.
—Si Wayne nos encuentra, tú no estarás a salvo —dijo Shauna, preocupada por la mujer que tan desinteresadamente la había ayudado tantas veces.
—No tengo miedo. Tomo un permiso esta tarde para visitar a mi hermano.
—Espero que esto sea… un tiempo memorable para los dos —dijo Shauna.
—No podría ser de otra manera. —Khai le dio un fuerte abrazo.
Shauna la vio marcharse, mientras se preguntaba si sería posible que aquel amor de Dios, como el de su madre, no la hubiera abandonado nunca, o si ella había simplemente dejado de buscarlo en su vida.
Un ruido en la cocina sacó a Shauna de golpe fuera de su ensimismamiento. Pensó en el lugar donde Landon solía pasar las tardes, si solo tenía una hora o dos. El gimnasio, tal vez. El estudio de su padre estaba en el otro lado de la casa, con un largo patio en medio. Se acercó a la ventana más cercana.
No estaba en la piscina. Era un frío 24 de octubre para aquella época del año, demasiado frío para estar afuera, incluso en Texas. Tomando el pasillo redondo que llevaba al ala trasera de la casa, pasó por los dormitorios, y echó un ojo a ver si estaba Rudy, a quien quería abrazar, y Patrice, a quien había planeado evitar. No vio a nadie.
Yendo hacia el ala donde estaban los despachos, giró a la derecha y se paró para escuchar antes de ser vista por alguien. Oyó voces. Patrice, en el teléfono de su despacho, con la puerta abierta. Y Landon, teniendo una conversación desigual con alguien de su oficina, probablemente también al teléfono. Pilló una mención a una votación. Se deslizó hasta una posición donde pudiera, esperaba, mirar dentro de su despacho sin ser vista.
El tono de voz de Landon la atrajo hacia él. Era una voz que no había escuchado desde… no podía decir desde cuándo, relajada, sin verse afectada por la expectación pública. Era una voz que había escuchado más a menudo de niña, mucho antes de la muerte de su madre, y si le hubieran preguntado un momento antes, habría dicho que ya no la recordaba. Pero ahí estaba. Paciente, suave como un pastel de calabaza, y cálida como el sol en un día de invierno.
No era la voz en tensión de un hombre que estaba a pocos días de unas elecciones presidenciales. ¿Con quién estaría hablando? Se atrevió a mirar.
Las cortinas del despacho de Landon estaban echadas sobre la luz del mediodía, y dos abultadas librerías iluminadas por unas luces interiores eran la iluminación principal. Landon estaba sentado en su escritorio dándole la espalda a la puerta, inclinado hacia atrás en el asiento de cuero tanto como daba de sí, con los pies sin zapatos sobre el secante de tinta, con el pulgar del pie de color verde bajo la sombra color esmeralda de la lámpara de banco. Rodeaba con sus manos un vaso con hielo a punto de derretirse y se reía de su propia broma.
En su silla mecánica en el otro lado del escritorio estaba sentado Rudy.
Shauna fue hasta el marco de la puerta y se apoyó sobre él, sonriéndole a su hermano. Los horribles moratones de alrededor de sus ojos habían perdido intensidad. O quizá era la luz. Tenía buena pinta. Mejor, de todos modos.
Landon debió notar un cambio en los ojos de Rudy, porque sus risas fueron disminuyendo, puso los pies en el suelo y echó hacia delante la silla para ver quien estaba de pie junto a la puerta. Tuvo la entereza de girar el anillo de su mano derecha para ocultar los diamantes en su palma.
Él levantó su vaso vacío hacia ella, un brindis sin sentido ofrecido con un encogimiento de hombros.
—Shauna. Rudy y yo nos estábamos poniendo al día.
Aún resonaba la tensión de su último encuentro.
—Hola, Landon. —Ella dio un tímido paso hacia la habitación, y después rodeó el escritorio y paró para plantarle un beso en la frente a Rudy—. Hola Rudy. No quería interrumpiros.
Se sentó junto a su hermano. Landon la miraba, silencioso, como si ella no esperara entrar en la conversación que estaba teniendo con Rudy y aún así no pudieran continuarla.
—Eso que tienes ahí es un buen ojo morado —dijo él, levantando su vaso aunque no quedaba nada en él para beber. Shauna echó un vistazo hacia el bar en la parte de atrás de la habitación.
—¿Puedo traerte algo más? —dijo ella.
Él la invitó a hacerlo con la mano.
—El día es joven. Las células grises todavía tienen un largo camino por delante. Rudy y yo estábamos celebrando la aprobación de una pequeña propuesta mía hoy.
Shauna se dio cuenta por primera vez de que un vaso idéntico, lleno hasta la tercera parte de un licor cremoso sobre el hielo, descansaba delante de Rudy.
—Felicidades.
—Estamos un poco propensos a los accidentes estos días, ¿verdad? —Su mirada volvió a caer sobre su pómulo hinchado.
—Aparentemente. —Ella miró a Rudy, agradecida por su presencia—. Landon, necesito hablar contigo sobre… un asunto sensible. ¿Tienes unos minutos?
—La campaña va bien. Gracias por preguntar. Vamos a la cabeza de los sondeos con un quince por ciento y subiendo, siempre y cuando no reduzca la velocidad y Anderson no cometa otro error garrafal delante de la prensa.
Landon se refería al subdirector de la campaña electoral que había reemplazado a Rudy y que se volvía loco ante la presencia de una cámara.
Ella sabía que tendría que esperar, dejar que él tuviera el control de la conversación.
—Siento que haya sido como un dolor de cabeza.
—Bueno, puedo tolerar un dolor sordo siempre y cuando me lleve adonde necesito estar. Aquí Rudy, sin embargo, se lleva todo el mérito del trabajo pesado. Anderson no tuvo que hacer nada más que continuar con los planes en marcha de Rudy. Hiciste un trabajo fantástico, hijo.
Shauna sintió un nuevo dolor por lo que había perdido en Rudy. El dolor, se dio cuenta, era todo lo que la conectaba ya con su padre. La pérdida de su madre y la pérdida de Rudy pesaban demasiado sobre ellos dos, pero desde diferentes ángulos. Se preguntó si fue el dolor, con el tiempo, lo que cortó sus delgadas ataduras.
Tal vez. Si Landon continuaba culpándola por el accidente.
—¿Irá Rudy a la Casa Blanca contigo? —preguntó ella.
—Quizá. Me gustaría tenerlo allí. Pero su terapia está aquí. Tendremos que esperar y ver, darle tiempo.
Su boca se movía por esas palabras como si alguien se las hubiera dictado. Patrice, sin duda. La practicidad no podía esconder la pasión subyacente. Si fuera por Landon, ellos dos nunca estarían separados.
Shauna se arriesgó.
—Me gustaría ayudar a Rudy. Aquí. Siempre que lo necesite. Si me das la confianza para hacerlo.
—Pam está haciendo un buen trabajo.
—No quería decir…
—¿Qué era tan importante para interrumpir nuestra pequeña reunión?
De frente a la oportunidad que ella había insistido que era tan trascendental, se dio cuenta de que no sabía dónde estaba la entrada principal. ¿Cómo comenzar esa conversación? Estaba la directa: ¿Qué papel juegas en el sistema de blanqueo que está financiando tu campaña? Estaba la oblicua: ¿Podrías contarme algo de la estructura de reparto de beneficios de MMV, por qué cambió hace unos años? Estaba la reticente: He oído este rumor, no puedo creer que sea verdad. Y estaba la desesperada, la fundamental: Wayne intentó matarme, y necesito saber que no eres un criminal a punto de tomar la Casa Blanca; necesito saber que tú no estabas detrás de esto; necesito saber que me quieres demasiado para eso.
En un segundo cerró la puerta para cada una de esas opciones, viendo intuitivamente qué tan lejos la llevarían, y cómo de rápido. Esas preguntas podrían fallar para llevarla más cerca tanto de su padre como de la verdad. ¿Tendría alguna manera de tener ambas, intimidad y honestidad? ¿O eran mutuamente excluyentes cuando se trataba de Landon?
Cuando su padre se levantó del asiento como si fuera a terminar la conversación, ella se quitó de encima el peso de su duda y pronunció las siguientes palabras sin pensarlas demasiado.
—Tú y yo nos peleamos justo antes del accidente.
—No estoy seguro de que una disculpa sirva de mucho ahora mismo.
—No estaba… eso no era lo que quería hacer.
—Por supuesto que no.
Shauna tomó aire.
Landon dijo:
—Rudy no tendría que haber vuelto contigo si no hubieras estado hecha una furia.
—Dime sobre qué nos peleamos.
Landon se dejó caer en su asiento.
—¿No es irónico? Ni siquiera puedes recordar.
—Dímelo.
—Tenías la loca idea en tu cabeza de que mi donación particular a la campaña era dinero sucio. Eso es ridículo, Shauna. No puedo creer que tú pensaras que yo…
—No era solo mi idea.
¡No tenía que haber dicho eso!
—No, no dudo que ese reportero del Statesman te estaba metiendo esas ideas en la cabeza, aprovechándose de tu empleo en Harper & Stone. Y quién sabe qué más.
El insulto la hizo sonrojarse. Tenía que mantener aquella conversación enfocada.
—Creo que el error que cometí fue asumir que tú estabas al tanto de cómo se habían disparado los beneficios de MMV. Asumí que tú lo habías urdido. Ella esperaba que él no lo hubiera urdido. ¡Oh, cómo lo esperaba!
—¿Y cómo habría hecho eso? No he estado involucrado en sus estrategias desde hace años. Wilde asumió todo eso cuando yo entré en política y nunca la ha fastidiado. Ha tenido mucho éxito, «Éxito Wilde», lo llamamos en los mercados internacionales. Indonesia, Tailandia, incluso Camboya. ¿Qué hay de raro en eso? Te lo diré de nuevo, Shauna, como te lo dije aquella noche: puedes comprobar mis impuestos, puedes revisar mis cuentas, puedes mirar con lupa cada simple centavo que he ganado. No comprometería mi carrera o mi oficina haciendo algo tan desmesuradamente estúpido.
Shauna puso su mano sobre la rodilla de Rudy y bajó su voz a un tono aún más suave.
—Landon, estoy muy segura de que mis corazonadas eran correctas; no sobre ti, pero sí sobre el dinero. Y estoy incluso más segura de que el accidente no fue en absoluto un accidente. Alguien lo preparó.
Landon sacudió su cabeza y apuntó con su dedo a su hija.
—Záfate de tu responsabilidad todo lo que quieras, Shauna. Todavía es culpa tuya, no importa qué estrambóticas ideas te hayas inventado.
—Wayne y Trent y Leon están en posición de amañar las políticas de MMV de manera que les resulten beneficiosas.
Landon agarró su vaso del escritorio y se dirigió al bar.
—Esto suena a teoría a medio hacer que ese reportero te ha metido en la cabeza. ¿Cómo se llamaba? ¿Lopez?
Shauna se alegró de que su padre no la estuviera mirando. No quería sacar a Miguel aún.
—Enseñé mis cartas, le hice a Wayne las preguntas equivocadas. Él me descubrió.
—Él habría ido a Wilde, y luego Wilde habría venido a mí, y mis problemas contigo hubieran sido del todo más complicados de lo que son ahora. —Landon destapó una botella de licor y lo derramó sobre su hielo aguado.
Shauna se levantó y cruzó la habitación para ponerse junto a su padre. Necesitaba mantenerle en calma (por el bien de Rudy) y esperaba que él pudiera abrirse con ella, por el bien de la verdad. Por el bien de su relación desmoronada.
—Él fue a Wilde, pero ellos dos no vinieron a ti. ¿No tendría sentido para ellos mantenerte a oscuras? Tú obtienes una legítima negación. Cuanto menos sepas, menos culpable serás.
Él se giró para enfrentarse a ella.
—Yo no soy culpable de nada más que de tolerar tu lastimera necesidad de atención.
Shauna le rogó a él con la mirada que recordara que Rudy aún estaba en la habitación con ellos. Landon dio un sorbo.
—Por supuesto que no lo eres —dijo ella poniendo una mano sobre su brazo—. Pero Wayne… Landon, tengo pruebas de que él intentó matarme. —Señaló a Rudy —. Wayne hizo esto. El tío Trent lo hizo. No yo.
—No te creo.
Él estaba cerrado a su contacto. No estaba consiguiendo nada.
—Se suponía que Rudy no tenía que estar en el coche.
—Wilde lo habría parado.
—Pero Wayne ya había puesto la maquinaria en marcha. Papá. ¿No puedes ver lo que está pasando?
Landon explotó con el suficiente autocontrol para proteger a su hijo. Reprimió su voz y sus emociones, pero su cara estaba al rojo vivo en la tenue habitación. Dejó su bebida en la barra y se inclinó hacia Shauna.
—Si Wilde y Spade estuvieran involucrados en algo tan ilegal, y si ellos pensaran que tú ibas a sacarlo a la luz, hubieran encontrado otra docena de maneras de mantenerte callada. Habrían buscado mi consejo. Ellos viven y respiran bajo mi autoridad. Y si yo lo hubiera sabido, y si hubiera sido tan malvado que hubiera necesitado encubrirlo, me habría quitado de encima a ese loco Lopez, no a mis propios hijos.
—Wayne trató de matarle también.
Landon cerró los ojos, exasperado.
—Miguel Lopez estaba en el coche conmigo.
—¿Estuvisteis juntos en la fiesta? ¿Qué crees que dice eso de tu motivación, Shauna? ¿Y por qué no estaba en la escena? ¿Por qué no está en los informes del accidente? ¿Eres tú la única que lo vio? Supongo que Wayne puso las drogas en tu coche, además.
Shauna miró a Rudy, incapaz de seguir la conversación.
—¿Y a quién más nuestro querido Wayne Spade ha intentado llevarse por delante?
Ella sabía que no debía hablar de Corbin Smith en este punto.
—La gente no asesina por un blanqueo de dinero, chica. No matan por un simple delito de guante blanco.
—No, no lo hacen. Ellos matan por ganar la presidencia, Landon. Escúchame. Está pasando algo mucho más grande de lo que pensamos. Todavía no sé lo que es, pero te lo prometo: es lo suficientemente grande como para matar por ello, grande para destruir todo por lo que alguna vez hayas luchado.
Ella le rodeó la cara con sus manos como si él fuera el hijo.
—Papá. Solo estoy aquí porque no podría soportar ver que eso ocurre.
Según ella pronunciaba las palabras, no se sorprendió al descubrir que eran verdaderas. Sintió que el hueco entre ellos se convertía en una fina línea, como si él estuviera bajando las defensas contra ella. ¿Le daría acceso a su mente? ¿Eso era lo que ella quería?
Ella quería estar más cerca de su padre. No quería robarle.
Estaba lo suficientemente cerca para ver el horizonte de su mente, repleto de un paisaje urbano de recuerdos. Vio la calle forjada por la fraternidad entre Landon y Trent. Atravesaba los picos y los valles que pudo reconocer como el retumbante crecimiento de McAllister MediVista. Vio en el trasfondo, apenas perceptible, el pequeño mundo de su infancia. En primer término había edificios atestados de gente: colegas en los que confiaba, oponentes políticos que había llegado a odiar. Vislumbró a su madre en una mansión en el tranquilo centro y se vio tentada de regazarse allí, pero no estaba dispuesta a llevarse algo tan precioso de su padre. Vio a Patrice, su brazo enganchado en el de Landon en una fiesta de recaudación de fondos en la Universidad de Columbia, donde ella era profesora interina de economía. Shauna se vio a sí misma. Vio a Rudy.
Rudy, de hecho, estaba en todas partes.
De Rudy tenía más que de sobra.
Pero eso era todo lo cerca que podía llegar.
El paisaje se esfumó. Landon se había deshecho del toque de Shauna. Ella contuvo la respiración.
—No es posible —estaba diciendo su padre, apartándose de ella hacia la zona iluminada del despacho—. Trent Wilde nunca os pondría en peligro. Yo le confiaría mi vida.
Encontró las barreras de nuevo.
—Pero yo no. Si supieras por lo que he pasado…
Landon frunció el ceño. Aproximación equivocada.
—Mira —dijo Shauna—. No te he pedido nada en años. Necesito que me ayudes ahora. Sé que estás furioso conmigo. Sé que no me crees. ¿Pero podrás ayudarme?
—Si eso te mantendrá lejos de mí hasta el 13 de noviembre, por supuesto.
—Necesito un lugar donde quedarme. Necesito tiempo para organizar la verdad en mi propia cabeza.
—Y no es una tarea encomiable. —Patrice descansaba en el marco de la puerta. Shauna no sabía cuánto había escuchado de la conversación—. ¿De qué va el drama?
Shauna permaneció callada.
—Parece ser que mi hija está obsesionada con un problema en particular que no existe. Está planeando unas vacaciones para aclararse la mente. —Él abrió una caja fuerte en la pared y sacó un juego de llaves de barco—. Puedes quedarte en el Bayliner. Lo saqué la última vez que estuve aquí. No tienes que hacer nada para tenerlo listo.
Ella dudó en tomar aquel caballo regalado. El yate del senador no era precisamente una casa segura. Pero tal vez podría darles a Miguel y a ella una hora o dos para ordenar las cosas. Hizo un intento más para mantener la conexión con su padre y evitar tener que desenmarañarla más adelante.
—No puedo decirte el alivio que es saber que tú no estás… que no estabas… — Shauna intentó explicarse.
La expresión de Landon se suavizó, de granito a arenisca. Dejó caer las llaves en la palma de su mano, pero no dijo nada.
—Gracias. Mejor que no… Si Wayne o Trent te preguntan…
Él soltó una carcajada.
—Tendría que estar borracho para decirles algo de lo que me acabas de contar. No puedo permitirme parecer un estúpido tan cerca del día de las elecciones.