Beso
Capítulo 40
Con gran disgusto, a Landon le llevó más de diez minutos explicarle a su personal de seguridad que había añadido un cambio a sus planes de viaje, para después esperar a que ellos aprobaran su ruta y destino.
Ridículo, dijo él.
Imperativo, dijeron ellos, tan cerca de las elecciones.
Después de algunas peleas, accedieron a llevarle a la zona oeste de Houston: un coche, dos agentes, y punto. No era como si él quisiera conducir hasta Argentina.
Pasó las tres horas de viaje pensando en qué le había fallado a su segunda esposa y en qué no lo había hecho Trent Wilde. Nunca era solo por un suceso, supuso. En su caso, vivir quince años en un complot que él desconocía tenía que haber jugado un papel importante.
Y todo empezó cuando Wilde le presentó a Patrice. Qué profético le parecía ahora aquel pequeño detalle.
El coche pasó por el cruce de la 610 y giró hacia River Oaks Boulevard a las cuatro y cuarenta y cinco, y después entró en el acaudalado vecindario. Landon dio instrucciones al conductor para que le dejara a una manzana de la casa de Wilde, una monstruosidad para el rico divorciado, en la que vivía solo.
—Espere aquí —dijo Landon.
—Señor…
—Ya está bien. Solo estoy visitando a un amigo.
Salió del Lincoln negro y cerró la puerta, sin ganas de entrar en más discusiones.
Un coche que salía de cancela de un vecino era lo único emocionante a aquella tranquila hora. El frío mantenía incluso a los pájaros callados.
Trent no se molestaba con cancelas, sino que una impresionante entrada circular rodeaba un jardín, y un amplio tramo de escalones de ladrillo rosa llevaba hasta la entrada de dos puertas. En cuestión de segundos Landon se encontró, asombrosamente sereno, de frente a una aldaba de metal labrado.
Optó por el timbre de la puerta y lo hizo sonar tres veces antes de que Trent apareciese, anudándose el cinturón de una bata a su cintura. Su mejilla izquierda tenía la marca de las sábanas.
Los ojos de Trent reconocieron a Landon, y luego salió disparado por las escaleras hacia la puerta izquierda de la entrada.
—Bueno, esto sí que es una sorpresa inesperada. ¿Qué te trae por aquí? ¿Dónde está tu personal?
Landon pasó junto a él hacia el vestíbulo, y luego se paró en la base de las escaleras, mirando arriba. Trent cerró la puerta despacio, permaneciendo en las sombras.
—¿Dónde está mi esposa?
Trent metió la mano en uno de los bolsillos de su bata y levantó una ceja. —Por lo visto piensas que está aquí.
—¡Patrice! —gritó Landon, dirigiendo su fuerte voz hacia el piso superior. Le dio la espalda al hombre al que había llamado amigo durante muchos años—. ¿Qué problema tienes que no puedes mantenerte lejos de ella?
—Oh, creo que era al revés.
—¡No me subestimes!
Trent levantó ambas manos y dio un paso atrás, un gesto de rendición fingida burlándose de Landon.
Él subió su puño hacia la mandíbula de Trent a tal velocidad que la cabeza rizada del hombre se echó para atrás y resquebrajó el cristal del lateral de la puerta. Él parpadeó y se apoyó pesadamente sobre la pared, aturdido.
—Bueno, bueno. —Patrice apareció en lo alto de la escalera con una bata de seda azul—. No creo que esa clase de comportamiento sea muy apropiado para un futuro presidente.
—¿En serio? Hablemos sobre comportamientos apropiados.
Ella empezó a descender las escaleras.
—Me has usado para tu propio beneficio desde el primer día —dijo Landon a Patrice—. Has manipulado y mentido. Has destruido la relación con mis propios hijos, ¿y para qué? ¿Por un traidor mentiroso como él? —Miró a Trent.
Patrice se unió a los dos hombres en el suelo de baldosas, con los ojos fijos en Landon.
—¿Qué crees que hace esto por nosotros? —continuó él— ¿Un escándalo sexual antes siquiera de haber puesto el pie en la Casa Blanca? ¿Qué pasa si la historia sale a la luz antes de las elecciones?
Trent se había enderezado y ahora se frotaba la parte de atrás de su cabeza.
—Ha estado frente a tus narices durante ocho años, Landon. ¿Qué te hace pensar que alguien podría enterarse ahora, a menos que seas tú el que lo cuente?
Landon no estaba dispuesto a sostener el peso de su humillación solo. Levantó sus manos.
—¡Todos nosotros pagaremos!
—No, no lo haremos —dijo Trent—. ¿No es eso por lo que has venido aquí tú solo, a estas horas? ¿Para que nadie pudiera saberlo? ¿Para que podamos terminar lo que empezamos, sin importar cómo?
Landon negó con la cabeza y empezó a pasearse por la habitación. El sonido de sus talones sobre las baldosas hacía eco en el techo del atrio.
—¿Qué habéis hecho?
—Pregúntamelo en dos semanas y te diré: «Poner a Landon McAllister en la Casa Blanca».
Landon miró fijamente a Trent.
—¿Sobre qué está construido mi nombramiento? —preguntó él.
—Sobre dinero. —Se encogió de hombros el otro—. Como todos, ¿no?
—¿No sobre principios, idealismo? ¿Esperanza? ¿Soluciones laborables? ¿Moralidad?
—¿El sueño americano? Tú siempre fuiste un romántico, McAllister. Es por eso que la gente elige a personas como tú. De otra manera yo mismo me habría presentado como candidato y hubiera convencido a Patrice para que se divorciara. Pero es bueno que un candidato a la presidencia esté casado.
Landon gruñó de indignación.
—¿El dinero es sucio?
Patrice se rio en voz alta y se puso entre Landon y Trent.
—Si no te conociera diría que tu hija se ha metido en tu cabeza con sus ideas.
—Yo tengo mi propio cerebro, mujer.
—Landon —dijo Trent—, no hay nada ilegal en marcha. Solo grandes negocios en una época económicamente favorable para la industria médica. Te juro que cada centavo es legítimo.
—¿Por qué debería creer algo de lo que me dices, Trent? Mis empleados han recortado sus beneficios para ponerme aquí. ¿Es eso legítimo?
—Ciertamente no es ningún delito.
—¡Convénceme! Convénceme de que si sigo adelante no voy a ser manchado para siempre. Convénceme de que puedo confiar en ti, porque estoy seguro de que puedes ver que tengo todas las razones del mundo para no hacerlo.
Patrice respondió por Trent.
—Shauna es la única que no confía en nosotros.
Él la miró con desprecio, tentado de hacerle sentir el mismo dolor que él sintió por su traición. En vez de eso se controló y descargó su ira apretando los dientes.
—Nunca más.
Trent dio un paso hacia la cocina, con los ojos sobre Landon.
—Ven a sentarte un minuto. Toma una taza de café. Contestaré tus preguntas, pero, realmente, todas van a reducirse a una sola, Landon. ¿Te retirarás de la carrera, o no? Estoy casi seguro de que verás que te has exacerbado por nada más que una relación abierta. Vamos a dejar esto resuelto ahora, para que podamos seguir adelante.
Los faros de un coche por el camino circular de la entrada traspasaron la ventana, cruzando las caras de los tres adultos. Patrice se asomó por el cristal lateral de la puerta.
—Wayne está aquí —dijo ella.
—Bien. Haré que se una a nosotros, entonces. Una voz razonable más para poner toda esta locura a un lado.