Beso

Ted Dekker · Capítulo 37 de 47

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Beso

Capítulo 35

Landon McAllister se había acostumbrado a las noches en vela en las dos décadas que habían pasado desde su primer cargo político. Desde que había anunciado su candidatura a la presidencia, sin embargo, raramente dormía más de cinco horas cada noche y había llegado a sacar provecho de esta forma de vida. Las horas sin interrupción de reflexión y estrategia mientras el resto del mundo dormía le habían dado su ventaja.

Aquella noche, él podía haber dormido siete horas, un lujo que de vez en cuando se permitía. En vez de eso, a medianoche se encontraba despierto en casa, en la cabecera de la cama de Rudy, consciente a medias de que no podría haber dormido aunque lo hubiera querido.

Rudy dormía despreocupado.

La casa estaba en silencio, vacía excepto por el personal de seguridad que Landon había encontrado la manera de ignorar. Patrice se había ido después de la cena, se había marchado a Houston para una aparición pública en un hospital pediátrico a primera hora de la mañana.

Ella le había dado un beso de despedida en el garaje.

—Pareces distraído esta noche —observó ella.

—Estaba pensando en algunas cosas que Shauna dijo.

Patrice puso un pequeño bolso de viaje en el maletero de su coche, y después volvió junto a Landon, que aún sostenía su bolso y su abrigo.

—¿Todavía no sabes cómo evitar que esa chica te mantenga despierto por la noche?

—Sí. De hecho me he vuelto bastante bueno en eso. —Él la ayudó con la chaqueta—. Quizá desgraciadamente bueno.

Patrice se puso frente a él.

—Bueno, intenta dormir un poco esta noche.

—Tú haz lo mismo. Te necesitaré las próximas dos semanas.

Ella sonrió y le acarició suavemente el brazo con la mano.

—No estoy planeando dormir en absoluto en los próximos cuatro años.

Él la besó en la nariz.

—Entonces malgastaré mis horas en vela esta noche planeando cómo hacer del insomnio una realidad para ti.

Ella movió sus cejas ante el juego de palabras y le besó una vez más antes de marcharse.

En vez de consagrar su mente a las elecciones, los pensamientos de Landon volvieron a su hija.

Su hija era tan parecida a su madre (guapa y apasionada y cabezota) que a veces a Landon le resultaba doloroso mirarla. Shauna le recordaba una vida que había perdido hacía mucho tiempo, una pérdida a la que había tenido que dar la espalda para poder sobrevivir. Las distracciones de la política y el desinterés de su perspicaz esposa, Patrice, que había hecho todo lo posible para ayudar con la educación de Shauna, lo había hecho posible de alguna manera. Rudy, sin embargo, era el corazón de la nueva vida que Landon se había creado.

Shauna, por otro lado, se comportaba como un miembro gangrenoso que quería ser amputado.

Su continua insistencia en el dinero de la campaña lo molestaba. ¿No habían dicho los doctores que había perdido medio año de recuerdos? Esos detalles quedaron enterrados bajo las cuestiones más apremiantes. Incluso así, ¿cómo había recordado su discusión, y por qué tenía esa fijación con aquel asunto? Nunca había mostrado interés en sus negocios o en sus asuntos políticos. Se había separado de él hacía años.

Siempre había pensado que sus continuas disputas con Patrice y su ruidosa aversión al mundo político eran un medio de llamar la atención.

Si era sincero, sin embargo, tenía que admitir que Shauna no era más propensa a mentir que su madre. Xamina… Landon suspiró. Xamina, la belleza guatemalteca con un nombre tan exótico como un perfume lujoso, nunca le había fallado a la hora de decirle la verdad con una rotunda franqueza. Shauna, como hija, se había comportado siempre así.

Puestos a pensarlo de nuevo, no podía acordarse de ninguna ocasión en la que ella hubiera dejado de ser tan directa y optimista como su madre.

Si es lo suficientemente grande como para matar por ello, es suficientemente grande para destruir todo por lo que alguna vez hayas luchado.

¿Era posible que Trent Wilde hubiera malversado los fondos de MMV a propósito de estas elecciones? La idea le dio ardor de estómago a Landon. Le había confiado el negocio a Trent durante tanto tiempo que no podía recordar la última vez que había analizado un informe anual. Trent le había ido informando de cada junta de consejo y de cada reunión de accionistas, a las que él había asistido a veces en su lugar. MMV siempre había sido una empresa saludable. Pero los últimos años habían sido especialmente fructíferos. Habían obtenido beneficios cada año desde…

Dios mío. Cada año desde que Trent había insistido en que podía tomar la presidencia. Había empezado a hablar de ello al término de su segundo mandato senatorial. Hacía siete años.

Si el dinero era sucio…

¿Era posible que el accidente de coche no hubiera sido culpa de Shauna? ¿Que ella hubiera sido perseguida por sus preguntas sobre los fondos? ¿Que Rudy no hubiera sido más que un testigo de todo ello?

¡Sus hijos! ¿Por qué querría Trent hacerles daño? Él los quería; Landon nunca había dudado de ello.

No, si algo criminal estaba en marcha, otro que no fuera Trent debía ser el instigador. Leon Chalise, por ejemplo.

Landon acarició las sábanas extendidas sobre las piernas estiradas de Rudy y se puso de pie. Necesitaba encontrar unos pocos informes. Buscar atrás en sus correos electrónicos para ver si Shauna alguna vez le había mandado algo que ahora debiera leer con una luz diferente. Se comunicaban muy poco, no le llevaría mucho tiempo revisarlo.

Estudiaría lo que encontrase, y después llamaría a Trent cuando se pusiera en camino mañana por la mañana. Poner todo aquello a descansar. Empezar a investigar a Leon si tenía que hacerlo. Empezar con buen pie a minimizar los daños.

Volviendo al pasillo fuera de la habitación de Rudy, Landon pasó junto al revestimiento de plástico que protegía el resto de la casa de su proyecto de remodelación. Pam no exageraba cuando decía que Landon no había reparado en gastos para cuidar de Rudy. La pared entre dos dormitorios de aquel ala había sido echada abajo, creando una gran sala de terapia, con los artilugios de la más alta tecnología relacionados con las terapias de rehabilitación de Rudy. Estaba planeado que terminaran el trabajo antes de las elecciones.

Justo cuando tuviera que dejar a su hijo atrás.

Landon suspiró y giró por el pasillo que llevaba hacia su despacho. Podía hacer mucho en las próximas horas. Miró su reloj. Las once y cuarto. La noche era joven.

 

Shauna necesitaba mucho más de aquel momento único. Necesitaba saber dónde estaba Miguel, dónde había ido Wayne con él, qué le estaban haciendo. Si Frank lo sabía. Necesitaba algo que pudiera convertir a Frank en su aliado. Necesitaba muchas cosas, y ella las buscó todas.

Todo lo que vio era caos. Un revoltijo aparentemente inconexo de gente y posesiones, lugares, una historia en una pila de piezas. Los recuerdos estaban tan desorganizados que tuvo problemas para centrarse en uno solo. Buscó a Miguel, a Wayne, alguna cara conocida, y cuando empezó a dolerle la cabeza empezó a buscar el lugar del accidente, donde sabía que Frank había estado, y después, desesperada, algo de Austin. Nada ligeramente familiar.

El sonido del tictac de una bomba sonó bien alto en su cabeza.

¿Era esa la mente de un hombre distraído y desarraigado? ¿Para él no había unos recuerdos más importantes que otros, ninguno más vívido que destacase? ¿Estaba tan desligado de su propia vida que no le daba prioridad a sus propios recuerdos?

Shauna sintió cómo Frank la apartaba de él.

¡Espera! Corbin.

Allí. Vio la cara de Corbin. La agarró. Su brazo apenas lo rozó mientras la pila de caramelos empezaba a alejarse de ella.

Tocó el recuerdo, lo agarró con un puño y esperó haber cogido algo que tuviera sentido.

Y lo esperó.

Vaya si lo esperó.

Miró, y su esperanza creció, no con un solo recuerdo, sino con una cuerda entera de imágenes conectadas que salían volando de la pila intactas, una gran cuerda de caramelo de dulce éxito.

Abrió los ojos, sin aliento y feliz.

¿Feliz? No. Aquello no era felicidad, solo alivio. El tamaño y el peso de aquella cuerda de recuerdos era mucho mayor de lo que había visto al principio, una carga más pesada que cualquier otra que ella hubiera levantado hasta entonces.

¿Y esa era su carga (¿verdad?), la de llevar esos recuerdos que había robado? Se le ocurrió que no había desechado ninguno de ellos, que ninguno se había desvanecido en su cerebro desde que había empezado aquel asunto robamentes.

Aquel peso acumulado, quizá más que la pérdida de su propia memoria, era el verdadero castigo por todo lo que había hecho.

Shauna abrió los ojos, con la secuencia del recuerdo bien vívido.

—Realmente tú mataste a Corbin Smith —dijo ella antes de poder pararse.

Frank puso los ojos en blanco.

—Todavía sigues con esa historia.

Por supuesto. Wayne le había contratado. El golpe al darse cuenta de que su historia fabricada había sido, de hecho real, todo excepto lo de endosarle las pruebas a Wayne, la dejó atónita.

—Aceptaste el trabajo porque necesitabas el dinero, pero aún estabas molesto porque no se te pagó por lo de mi accidente. Frank empujó a Shauna lejos de él.

—Eres una chiflada. No tengo ni idea de lo que estás hablando.

Ella permaneció en pie, comprendiendo que Frank se le acababa de escurrir de los dedos.

—Alquilaste un coche que se parecía al de Wayne, lo llevaste hasta la casa de Corbin. Te colaste dentro y… —Esto, aquí, era la grotesca verdad: ella tendría que vivir con aquel recuerdo como si fuera el suyo propio. Se sintió mareada. Reculó hacia la puerta—. Le cortaste el cuello con el cuchillo de Wayne. ¿Cómo conseguiste el cuchillo de Wayne, Frank?

Frank se rio, nervioso ahora. Se puso de pie y dio un paso hacia Shauna. La espalda de ella golpeó el pomo de la puerta, y ella llevó su mano allí para agarrarlo.

—No puedes…

—Esperaste a que Wayne y yo llegásemos allí la mañana siguiente, y entonces pusiste la cámara y el teléfono de Corbin en la parte trasera de la camioneta de Wayne. Pensaste que la policía los encontraría antes de que yo lo hiciera.

—¡Deja de meterte en mi cabeza! —gritó Frank—. Me estás hablando como si tú fueras la que lo hizo. ¿Lo hiciste? ¿Estás con Wayne pegándome esto a mí?

—La razón por la que no puedes recordar haber matado a Corbin Smith es porque no puedes recordar nada de tu vida del último domingo por la noche, ¿verdad?

La cara de Frank le confirmó sus palabras.

Shauna estaba temblando y furiosa, furiosa y disgustada con el hecho de que no hubiera descubierto nada para ayudar a encontrar a Miguel, nada que le diese una ventaja sobre Wayne. Estaba frenética porque aquellas dos últimas semanas de confusión la habían obligado a precipitarse.

Ella empezó a gritar, menos preocupada por lo que él pudiera hacerle que por la necesidad de luchar contra la injusticia de su situación.

—Sé exactamente lo que es tener un agujero en tu mente negro y vacío, y lo desesperado que te sientes para rellenarlo ¡para que este loco mundo tenga una pizca de sentido! Y sé exactamente qué clase de locura es, y qué inútil es esto, este vano esfuerzo mío de sacar alguna clase de significado de los recuerdos de otra gente. ¿Qué te parece, Frank? ¿Qué te parece saber que yo he tirado de un hilo y he desenredado seis horas enteras de tu existencia y que te haya dejado con nada?

Shauna dio un paso hacia delante y le gritó en la cara.

—¡Cómo conseguiste el cuchillo de Wayne!

Frank alzó su mano y empujó a Shauna contra la pared. Ella se giró, golpeándose la oreja contra la pared de yeso.

—Él me lo lanzó después del accidente. En el puente. No quería arriesgarse a que alguien lo encontrara con él.

Shauna al fin comprendió: aquello era el motivo por el que Frank había dejado las pruebas en el coche de Wayne después de la muerte de Corbin. Aquello era por lo que Wayne estaba tan verdaderamente sorprendido de que ella descubriera el teléfono móvil. No había contado con que Frank le devolviese un justo castigo sigilosamente en aquel trabajo.

Frank puso sus dedos sobre la garganta de Shauna, y Shauna lamentó su falta de autocontrol.

Miguel, lo siento.

Vio una salida, sin embargo, una vía de escape de una pulgada de ancho. Saltó hacia ella. Lo único que tenía a su favor en ese momento era que Frank había olvidado del todo su asesinato. Sus falsas negaciones del principio, antes de su beso, ahora se habían convertido en afirmaciones verdaderas.

Si llevaba aquello de la manera adecuada, él podría creer que no había matado a nadie.

Ella empezó a reír como una loca y dijo:

—No puedo creer que te hayas creído todo eso. Tú sabes que Wayne mató a Corbin… Se ha metido contigo de verdad, ¿eh?

Frank la abofeteó. ¡Oh, aquello le dolió! Se le cortó la respiración y necesitó mucho tiempo para que sus pulmones se llenaran de aire de nuevo. Ella le devolvió la bofetada y levantó los ojos contra los de él. Dijo:

—Pero ya ves qué clase de afirmaciones puede hacer Wayne, ¿verdad?

—Es mentira.

—No es mentira que Wayne intentara contratarte para matar a Corbin.

Frank le soltó el cuello.

—Lo hizo. Me llamó. Yo le dije que lo haría, pero…

Shauna esperó, clavando sus uñas en la palma de sus manos. Frank la estudió, como si estuviera momentáneamente confuso. Él frunció el ceño y se presionó las sienes con los dedos, y finalmente dijo:

—Pero yo no lo llevé a cabo. Wayne lo hizo solo. Estoy seguro de ello.

—Por supuesto que lo hizo —canturreó, esperando que sus propias mentiras fueran más creíbles—. Pero tú sabes que él es un mentiroso. Tú me lo dijiste, ¿verdad? Estás rodeada de mentirosos. ¿No fue eso un mensaje tuyo?

Ella interpretó su silencio como un sí.

—Vosotros dos sois una mala pareja, Frank. Vosotros sacáis la… estupidez el uno del otro. Wayne ha tramado una historia muy convincente sobre ti.

Él abrió su boca, pero Shauna le interrumpió:

—Tengo una propuesta.

—No puedo pensar en ninguna razón para…

—Eso es porque necesitas pensar un poco menos en ti mismo, Frank. Tú eres la mano de obra de Wayne Spade. —Uno de sus matones, al menos. Ella se masajeó la garganta—. La gente que contrata a otros para hacer el trabajo sucio suelen estar bastante arriba en la cadena alimenticia.

—No sé en qué crees que estoy involucrado.

—Yo testificaré en tu defensa si tú me ayudas a derrocar a un pez gordo. No presentaré cargos por nada de lo que tú me hayas hecho. Hablaré con mis amigos en el departamento de policía para que te den alguna ventaja por cooperar.

—¿Cómo de grande es el pez?

—¿Cómo te suena «presidencial»?

Los ojos de Frank se abrieron de par en par.

—Y nos ocuparemos de Wayne mientras tanto. Envolveremos todos sus chanchullos con un lindo y elegante final.

—Eso me interesa más.

—Gracias a mí tú obtienes libertad bajo fianza.

—Me parece justo.

—¿Qué hora es?

Los ojos de Frank se desviaron más allá de su hombro, hasta un reloj en la pared.

—Las once y cuarenta y seis.

—Vayamos a Houston. Yo conduzco.

—Primero dime cuál es tu plan.

—Primero nos ponemos en camino. Después hablaremos.

En realidad ella no tenía un plan. Aún no. Pero ahora tenía un montón de fuerza bruta con forma de Frank. Una ventaja necesaria. Se inventaría el resto en el camino.

—¿Qué significa esto para ti? —le preguntó Frank mientras la seguía hasta la puerta—. ¿Dulce venganza? ¿Un trozo del pastel de Wayne?

Shauna no contestó inmediatamente. La pregunta era muy personal.

—Ah —suspiró Frank—. El novio. El amor verdadero.

A primera vista eso era, supuso Shauna. Pero también algo mucho más grande.

—Mi pasado —dijo ella sacando las llaves de su bolsillo—. Y mi futuro.

—Tienes grandes expectativas. Yo lo hago por un cheque. —Su estómago gruñó —. Y por un burrito.