Buffettología

Mary Buffett · Capítulo 13 de 53

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11. Qué podemos aprender del arma secreta de Warren: la magia del interés compuesto

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Qué podemos aprender del arma secreta de

Warren: la magia del interés compuesto

 

Entender tanto el poder de la rentabilidad compuesta como la dificultad de conseguirla, es la clave para entender muchas cosas.

 

CHARLIE MUNGER.

Forbes, 22 de enero, 1996.

 

Antes de seguir más adelante, me gustaría explicar cómo encaja la magia de las sumas compuestas en la filosofía de Warren y cómo a menudo quienes intentan entender sus estrategias la pasan por alto.

Quizás cuando era niño le dijeron que si tenía un centavo y lo doblaba en un año, tendría dos centavos. Si tenía dos centavos en el año 2 y los doblaba de nuevo, tendría cuatro centavos. Si seguía este proceso durante un periodo de 27 años convertiría el centavo del año 1 en 1,3 millones de dólares al final del vigésimo séptimo año. Suena a magia financiera, ¿verdad? Estamos ante una acumulación compuesta de dinero a un ritmo del 100% al año.

Durante los primeros años de la sociedad inversora de Warren, él era muy entusiasta en sus cartas a sus pocos socios acerca de las virtudes de las sumas compuestas de dinero. El motivo es que la capitalización es una de las maravillas del mundo y Warren la ha utilizado con efectos espectaculares consiguiendo que el valor de sus inversiones creciera a un ritmo extraordinario. Pero el truco verdadero es conseguir una tasa de rentabilidad compuesta anual que no esté sujeta a los impuestos por ingresos personales. Éste es probablemente su mayor secreto y se le escapa a la mayoría de estudiantes de Buffettología. Volveremos a este aspecto brillante de la Buffettología más adelante, pero por ahora centrémonos en las bases de la capitalización.

 

Componer

 

Lo que Warren busca de una inversión es la mayor tasa de rentabilidad compuesta anual después de impuestos posible. Warren cree que la capitalización es el secreto para convertirse en rico de verdad. Veamos por qué y cómo la capitalización puede hacerle rico.

A continuación mostramos qué valor tendrán 100 000 u. m. en diez, veinte y treinta años con una tasa compuesta anual libre de impuestos del 5, 10, 15 y 20%.

 

5% 10% 15% 20%

10 años 162 889 259 374 404 555 619 173

20 años 265 329 672 749 1 636 653 3 833 759

30 años 432 194 1 744 940 6 621 177 23 737 631

 

Es asombroso, ¿verdad? Una diferencia solamente del 5 al 10 por ciento puede tener un efecto enorme en las ganancias totales. Sus 100 000 u. m. capitalizándose anualmente, libres de impuestos, a una tasa de rentabilidad del 10% valdrían 259 374 u. m. al cabo de diez años. Aumente la tasa de rentabilidad hasta un 20% y las 100 000 u. m. se capitalizan, libres de impuestos, en diez años hasta sumar 619 173 u. m. Al cabo de veinte años, suman 3 833 759 u. m. Pero capitalizar las 100 000 u. m. a una tasa de rentabilidad anual del 20% libre de impuestos durante treinta años generaría 23 737 631 u. m., una cifra mucho más elevada.

La diferencia que pueden significar unos pocos puntos porcentuales durante un largo periodo es asombrosa. Sus 100 000 u. m., capitalizándose anualmente, libres de impuestos, a una tasa de rentabilidad del 5% valdrán en treinta años 432 194 u. m. Pero salte al 10%, y en treinta años las 100 000 u. m. valdrán 1 744 940 u. m. Añada 5 puntos porcentuales más, para capitalizar al 15% durante treinta años, y las 100 000 u. m. crecerán hasta 6 621 177 u. m. Pase del 15 al 20% y verá cómo las 100 000 u. m. se capitalizan anualmente al 20% y crecen hasta convertirse en 23 737 631 u. m. en treinta años.

Aquí está lo que valdrán las 100 000 u. m. en treinta años, componiéndose a una tasa anual del 5, 10, 15 y 20%.

 

5% 10% 15% 20%

30 años 432 194 1 744 940 6 621 177 23 737 631

 

Warren busca obtener la mayor tasa de rentabilidad compuesta anual posible durante el mayor tiempo posible. En Berkshire Hathaway, Warren ha sido capaz de incrementar el valor neto subyacente de su empresa a una tasa media compuesta anual del 23,8% durante los últimos 32 años, lo cual es extraordinario.

No exagero al calificar de fundamental el concepto de la capitalización para entender a Warren. Es simple y fácil de entender, pero por alguna extraña razón se ha subestimado su importancia en la teoría inversora. Para Warren la teoría de la capitalización reina con suprema importancia. Veamos con más detalle por qué.

 

La capitalización y los impuestos personales

 

El objetivo es comprar unas acciones que no paguen dividendos y que vayan capitalizándose durante 30 años a una tasa del 15% al año, y sólo paguen un único impuesto del 35% al final del periodo. Después de impuestos, esto supone una tasa de rentabilidad anual del 13,4%.

 

CHARLIE MUNGER.

Forbes, 22 enero de 1996.

 

La primera cosa que hay que entender es que una rentabilidad compuesta es diferente de la que normalmente se paga en las inversiones pasivas, como cualquier obligación de una empresa. Normalmente, el inversor en obligaciones deposita una cantidad fija (por ejemplo, 1000 u. m.), y la presta a la empresa que ofrece las obligaciones (por ejemplo, General Motors) durante un periodo fijo (por ejemplo, 5 años) a un tipo de interés fijo (por ejemplo, del 8%). El inversor recibe 80 u. m. al año durante cinco años, y al final del quinto año General Motors devuelve las 1000 u. m. El inversor habrá ganado un total de 400 u. m. en intereses (5 × 80 = 400 u. m.).

Desde un punto de vista fiscal, cada vez que el inversor recibe 80 u. m. de General Motors, Hacienda las considera como un ingreso y por tanto aplica un impuesto al tipo adecuado a los ingresos personales. Si el inversor es una persona con ingresos elevados, su tipo impositivo será de cerca del 31%, lo que significa que la rentabilidad después de impuestos anual del inversor será de 55,2 u. m. (80 – 31% = 55,2 u. m.). El inversor habrá ganado, después de impuestos, un total de 276 u. m. en intereses (55,2 × 5 años = 276 u. m.) durante el periodo de cinco años.

Pero piense en lo genial que sería si General Motors, en lugar de devolver el 8% al inversor sometiéndolo así a impuestos personales, lo añadiera de forma automática a la cantidad principal que el inversor depositó inicialmente en la empresa. Esto incrementaría la cantidad principal que el inversor prestaría a GM y así incrementaría también la cantidad principal sobre la cual el inversor estaría obteniendo un 8%. Es decir, que la inversión en las obligaciones de General Motors se estaría capitalizando a una tasa anual del 8%. Esto también permitiría al inversor evitar la carga de los impuestos por ingresos personales hasta el final, cuando las obligaciones vencieran y General Motors devolviera el dinero más intereses.

Por tanto, en el caso de General Motors, el inversor presta a GM 1000 u. m. y obtiene un 8%, es decir, 80 u. m., el primer año. En lugar de devolver ese dinero, GM lo conserva y compra más obligaciones para el inversor. Esto convierte el préstamo a GM del inversor en el primer día del segundo año en 1080 u. m. Durante el segundo año GM pagará al inversor un 8% de 1080, u 86 u. m. Y esas 86 u. m. serán entonces acumuladas a la cantidad principal de 1080 u. m., lo que convertirá la cantidad total invertida en 1166 u. m. en el primer día del tercer año. Este proceso sigue hasta el final del quinto año.

La siguiente tabla muestra los resultados de la capitalización libre de impuestos:

 

AÑO CANTIDAD INVERTIDA (U. M). INTERÉS GENERADO Y RETENIDO (U.M).

1 1000,00 80,00

2 1080,00 86,40

3 1166,40 93,31

4 1259,71 100,77

5 1360,48 108,83

469,31 u. m.

Al cabo de cinco años, al vencer las obligaciones, el inversor recibirá un cheque de 1469,31 u. m. Esto quiere decir que las obligaciones compuestas de General Motors le devolverán al inversor su inversión principal de 1000 u. m. más un interés total para el periodo de cinco años de 469,31 u. m. El inversor tendrá que pagar impuestos por ingresos personales sobre las 469,31 u. m., lo que reducirá sus beneficios un 31%, hasta 323,82 u. m. (469,31 – 31% = 323,82 u. m.). Esto significa que su inversión se ha capitalizado a una tasa anual antes de impuestos del 8% durante cinco años.

Parece perfecto, ¿verdad? Lástima que Hacienda no le permita al inversor salirse con la suya. En Hacienda se dieron cuenta hace tiempo de esta jugada y le enviarán al inversor una factura cada año que éste gane intereses, aunque no vea ni un cheque hasta el final del quinto año.

Pero en el caso de Warren, Hacienda olvidó un punto importante. En el mundo de Warren, comprar las acciones de una empresa (acciones ordinarias) es lo mismo que comprar su deuda. Warren concibe las acciones más o menos como un tipo de obligaciones. La única diferencia entre ellas y las obligaciones normales es que la tasa de rentabilidad en las acciones no está fijada, sino que varía cada año en relación con los beneficios de la empresa. Lo que Hacienda olvidó es que la rentabilidad de las acciones de Warren no está sujeta a los impuestos por ingresos personales a no ser que se pague como dividendo al inversor.

Tiene que entender que los beneficios netos declarados por una empresa en su informe anual son una cifra después de impuestos. Es decir, que esos beneficios ya no estarán sujetos a más impuestos a no ser que la empresa los pague como dividendos. Si la empresa paga los beneficios en forma de dividendos, entonces usted tiene que pagar impuestos por ingresos personales sobre los dividendos recibidos.

Por ejemplo, si la empresa A tiene unos beneficios después de impuestos de 10 u. m. por acción y devuelve 10 u. m. por acción a sus accionistas, éstos tienen que pagar impuestos por ingresos personales sobre esas 10 u. m., lo que les proporciona una rentabilidad después de impuestos de cerca de 7 u. m. Pero si la empresa A decidiera retener esas 10 u. m. y no pagarlas en forma de dividendos, entonces ese dinero de los accionistas se quedaría en la empresa, libre de los efectos punitivos de los impuestos por ingresos personales, y libre para multiplicarse de forma compuesta.

Warren observó que los ingresos que se conseguían con obligaciones del Estado o de empresas estaban sujetos a impuestos por ingresos personales. Esto quiere decir que si compraba estas obligaciones que pagaban un 8%, su rentabilidad después de impuestos era aproximadamente del 5,5% (8% de tasa de rentabilidad − un 31% de tipo impositivo = 5,5%).

Warren está interesado en empresas que tienen unos beneficios por acción fuertes y con tendencia creciente. Esto significa que puede comprar sus obligaciones/acciones con una tasa de rentabilidad creciente. Piénselo: la tasa de rentabilidad, en lugar de estar fijada, está creciendo. Y si la empresa no devuelve los beneficios a Warren en forma de dividendos, sino que decide retenerlos, Warren está protegido de impuestos por ingresos personales hasta que vende su inversión, lo cual podría no ocurrir nunca.

Los beneficios que la empresa retiene se capitalizan a la tasa de rentabilidad efectiva a la cual la empresa puede reinvertirlos con provecho. Beneficios compuestos y ningún impuesto por ingresos personales. A mí me parece perfecto. (Recuerde que el objetivo inversor de Warren es conseguir la mayor tasa de rentabilidad compuesta anual posible durante el tiempo más largo posible).

Como ya hemos dicho con anterioridad, durante los últimos 32 años Berkshire Hathaway ha sido capaz de obtener una tasa de rentabilidad compuesta media anual del capital invertido de aproximadamente el 23%. O sea que, si usted hubiese pagado el valor contable por las acciones de Berkshire Hathaway de principios de los años ochenta, en realidad habría comprado unas acciones que le generarían una rentabilidad compuesta después de impuestos de cerca del 23% al año. Naturalmente, Berkshire no puede enviarle el 23% de lo que usted ganó con su inversión, porque esto llevaría a Hacienda a las puertas de su casa. Además, probablemente usted no sería capaz de colocar mejor el dinero para conseguir una tasa de rentabilidad del 23%. Con lo cual es mejor dejar el dinero en Berkshire y dejar que el valor neto de Berkshire lo vea reflejado con un aumento en el precio de las acciones. En el caso de Berkshire, el precio de las acciones subió de 500 dólares la acción en 1982 a un máximo de 48 600 dólares la acción en 1997.

Como es obvio, cuando alguien vende su inversión en Berkshire, el recaudador de impuestos le pide una parte de lo que gana. Pero eso sólo sucede al final, y mientras tanto ha ido acumulando el 23% libre de impuestos durante años.

 

$

 

Supongamos pues que usted invierte 1000 u. m. en unas acciones del tipo Warren durante diez años y que espera obtener una tasa de rentabilidad compuesta del 23% al año. En el año 10 su inversión debería valer 7925 u. m., con unos beneficios de 6925 u. m. Si a esos beneficios les resta los impuestos sobre ganancias del capital del 20% obtendrá unos beneficios después de impuestos de 5540 u. m. Esto nos da una tasa de rentabilidad compuesta anual del 20,65% durante el periodo de diez años. (En caso de que se lo esté preguntando, si la inversión es de 100 000 u. m. y se capitaliza a un 20,65% durante diez años vale 653 541 u. m. en el año 10. Extendiendo el periodo a treinta años, las 100 000 u. m. se han capitalizado hasta valer 27 913 853 u. m.)

Para obtener una tasa de rentabilidad compuesta anual después de impuestos del 20,65% con las obligaciones normales de una empresa, las cuales pagan un tipo de interés fijo, las obligaciones deberían tener una tasa de rentabilidad anual de cerca del 29,94%. (Una rentabilidad del 29,94% − impuestos por ingresos personales del 31% = 20,65%).

Si le ofreciese obligaciones de una empresa calificada AAA, a diez años, que le pagasen anualmente una tasa de rentabilidad del 29,94%, ¿las compraría? Seguro que sí. De hecho, intentaría comprar todas las que pudiese, e incluso formar una sociedad para conseguir dinero de los amigos. Podría haber hecho algo equivalente invirtiendo en Berkshire Hathaway a principio de los ochenta. De hecho, toda la gente de Wall Street podría haberlo hecho pero ¿lo hizo? Sólo unos pocos, como Mario Gabelli, Sequoia Fund y T. Rowe Price, pero nadie más. Y la gente se pregunta por qué la mayoría de clientes de Wall Street no son los propietarios de los yates.

 

La capitalización y el precio que uno paga

 

Muchos analistas inversores creen que si usted compra una excelente empresa que piensa conservar durante varios años no tiene que preocuparse mucho del precio que pague. Nada podría ser más erróneo. Considere lo siguiente: en 1987 el gigante de tabaco y alimentación Philip Morris se cotizaba a un precio entre 6,07 y 10,36 dólares la acción (ajustes debidos a escisiones). Diez años más tarde, en 1997, se cotizaba a 44 dólares la acción. Si usted hubiese pagado 6,07 dólares la acción en 1987 y vendiese por 44 dólares la acción en 1997, su tasa de rentabilidad compuesta anual antes de impuestos habría sido aproximadamente del 21%. Pero si hubiese pagado 10,36 dólares la acción en 1987 y vendiese por 44 dólares la acción en 1997, su tasa de rentabilidad compuesta anual antes de impuestos hubiese sido de cerca del 15,56%.

Si hubiese invertido 100 000 dólares en Philip Morris a 6,07 dólares la acción en 1987, se habrían capitalizado anualmente a un 21,9% y habrían crecido hasta aproximadamente 724 497,77 en 1997. Pero si hubiese invertido 100 000 dólares en Philip Morris a 10,36 dólares la acción en 1987, la cantidad se habría capitalizado anualmente a un 15,56% y habría crecido hasta aproximadamente 424 693,22 en 1997. La diferencia es de 299 804,55 dólares, ¡y eso es mucho dinero!

Para realizar la ecuación anterior en su calculadora financiera introduzca el precio de mercado de las acciones de Philip Morris en 1987 de 6,07 dólares como el valor actual (tecla PV), y luego el número de años, 10 (tecla N). Introduzca también el precio al que vendió las acciones en 1997, que era de 44 dólares, como el valor futuro (tecla FV). Entonces pulse el botón de calcular y la tecla de interés (%i). La calculadora le dirá que su tasa de rentabilidad compuesta anual durante el periodo de diez años sobre su inversión original de 6,07 dólares la acción es del 21,9%.

Una última idea sobre las maravillas de la capitalización. Warren es famoso por conducir modelos de coches viejos. Durante los primeros tiempos de su sociedad conducía un VolksWagen «Escarabajo». Quienes observaban esto lo atribuían a una falta de interés general por adquirir bienes materiales. Lo que no veían es cuánto influye la capitalización en los hábitos de compra de Warren. Un automóvil que cuesta hoy unos 20 000 dólares no valdrá nada dentro de diez años. Pero Warren sabe que puede obtener una tasa de rentabilidad compuesta anual del 23% en sus inversiones. Esto quiere decir que los 20 000 dólares invertidos hoy valdrán 158 518 dólares en diez años. En veinte, ya suman 1 256 412 dólares y en treinta, 9 958 257 dólares. Para Warren, 9 958 257 dólares es demasiado dinero para tirarlo en un coche nuevo.