El hermanastro
Epílogo
Es Boletta la que me está esperando en el aeropuerto de Oslo. No nos hemos visto desde el día que la abandoné en Blåsen. Ya es mayor de lo que l egó a ser la Vieja, es como si la vida avanzara hacia atrás en el a, crece hacia abajo, ya es más baja que yo, una arruga encorvada, y huele como un fruto seco. Y, sin embargo, su mano es fuerte y tranquila cuando me toma del brazo y me l eva hasta la parada de taxis, donde inmediatamente se cuela en la fila, provocando la ira de los demás. Cae una nieve ligera, tan ligera que se derrite ya en el aire. Nos sentamos en el asiento de atrás. Boletta apoya la mejil a en mi hombro. –Ya eres un hombre entero, Barnum, señala. –¿Qué quieres decir con eso? No me contesta, y mientras el taxi sube las suaves cuestas que conducen al psiquiátrico de Gaustad, pienso que no quiero ser un hombre entero, no quiero, y le aprieto la mano a Boletta con tanta fuerza que deja escapar un gemido. El edificio de ladril o rojo emerge entre los árboles negros y desnudos, parece un castil o, un castil o de cuento con sus torres y ventanas, no un hospital psiquiátrico. –¿Por qué está él aquí?, pregunto.
Boletta paga al taxista. –Es tu madre la que está aquí, dice en voz baja. Se vuelve bruscamente, como si se hubiera acordado de algo demasiado tarde. –¿No has traído equipaje, Barnum? Niego con la cabeza. –Se perdió, digo. –¿Se perdió? –No importa –susurro–. No era más que una vieja maleta. Y entramos en el edificio. Lo primero que veo en una especie de cuarto de estar es un niño pequeño vestido con pantalones grises y jersey azul. Es la primera vez que me ve. Está sentado en una sil a demasiado alta para él. No se mueve. Es Thomas. Me detengo frente a él.
Sus ojos denotan miedo y curiosidad a la vez, como si estuviera en guardia ante todo y ante todos. No lo conozco, pero me reconozco en él.
Sé que por esos ojos, esos ojos oscuros y vulnerables, podré atravesar el fuego y el agua. Perdido y torpe, le toco la cabeza, pero el niño se asusta y me esquiva, igual que hubiera hecho yo. Vivian nos mira, y cuando me encuentro con su mirada, se sonroja de repente. Sigue l evando el anil o.
Es como si los dos necesitáramos tomar aliento. Boletta toma en brazos a Thomas. –Fred está con Vera, susurra Vivian. Atravieso un pasil o.
Fuera de la habitación espera un enfermero. Abre la puerta. Mi madre yace en la cama. Parece dormida, pero en cuanto entro, me sonríe. Un hombre flaco está de espaldas junto a la ventana. Mi madre intenta decir algo, pero su boca no emite sonidos y se echa a l orar. El hombre viejo y enjuto se vuelve. Es mi hermano. Sus ojos se han detenido. –¿Por qué has vuelto?, pregunto. Y no sé si es a mi madre o a mí a quien mira Fred cuando contesta: –Para contarte todo esto.
F I N
OceanofPDF.com
Document Outline
- EL HERMANASTRO
- –Prólogo
- El último manuscrito
- El festival
- Las mujeres
- El tendedero del desván
- El piso
- La paloma
- El anillo
- Telégrafos
- El botón
- La primavera
- El reloj
- Blåsen
- El nombre
- Una maleta llena de aplausos
- El viento
- La risa
- Barnum
- Bautizo
- El nombre del silencio
- La necrológica
- La divina comedia
- La regla de Barnum
- El lunar
- El Polo Norte
- La Academia de baile
- El árbol
- El paquete
- Desnudo
- El laberinto
- El ataúd
- El accidente
- Disco y muerte
- Entierro
- Castigo
- Hambre
- Engorde
- Guión de cine de Barnum Nilsen
- El teatro eléctrico
- La placa
- La media oscuridad
- La Divina Comedia de Barnum
- Otra mesa vacía
- La última imagen
- Fila 14, butacas 18, 19 y 20
- Piel de melocotón
- Posos
- El vikingo
- El cormorán
- Tempelhof
- EPÍLOGO
Terminaste El hermanastro
Lars Saabye Christensen