Ensayos
21 De las delaciones
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DE LAS DILACIONES
(1625)
La fortuna es como un mercado donde, muchas veces, si se puede aguardar un poco, bajará el precio; y también es a veces la oferta de la sibila que primero ofreció toda la mercancía, luego destruyó parte de ella y luego otra parte y siguió manteniendo el mismo precio; pues la ocasión (como en el dicho popular) la pintan calva después de haber presentado el flequillo y no habérselo cogido: o, al menos, echa primero mano al asa de la botella y después de la panza que es más difícil de agarrar. Seguramente no hay mayor sabiduría que coger a tiempo la iniciación y comienzo de las cosas. Los peligros no son más leves si alguna vez lo parecen; y más peligros han engañado al hombre que obligarle; y no es que fuera mejor encontrarse algunos peligros a medio camino, aunque no se acercaran mucho, que estar acechando en proximidad durante mucho tiempo; pues si una persona acecha mucho tiempo es probable que se quede dormida. Por otra parte, ser engañado por sombras demasiado alargadas (como les ha sucedido a algunos cuando la luna estaba baja y brillaba a espaldas del enemigo) y disparar antes de tiempo, o hacer que los peligros se adelanten por precipitarse sobre ellos, es otro extremo. La madurez o inmadurez de la ocasión (como hemos dicho) debe siempre ser bien sopesada; y generalmente es bueno encomendar el principio de todas las grandes acciones a Argos con su centenar de ojos y el final a Briareo con su centenar de manos, primero estar alerta y luego darse prisa; pues el yelmo de Plutón que hace al político ser invisible, es el secreto en el consejo y la celeridad en la ejecución; pues cuando las cosas se ponen en ejecución no hay secreto comparable a la celeridad; como el movimiento de una bala en el aire que vuela tan rápidamente que sobrepasa a la vista.