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Francis Bacon · Capítulo 29 de 62

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25 De la premura

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DE LA PREMURA

(1612)

La premura afectada es una de las cosas más peligrosas que puede haber en los negocios; es como lo que los médicos llaman predigestión o digestión precipitada, que con seguridad llenará el cuerpo de cosas sin digerir y de ocultas semillas de enfermedades. Por tanto, no midas la premura por la duración de las sesiones sino por el avance de los negocios; y como en las carreras, no es la longitud de los pasos, o lo que se levanten los pies, lo que produce la velocidad; así sucede con los negocios: mantenerse cerca del asunto no tomando demasiado de una vez, es lo que produce premura. Es el cuidado de algunos sólo para darse prisa, o fingir que se ocupan de los negocios lo que hace parezcan hombres diligentes: pero una cosa es abreviar actuando con eficacia y otra cortar a destiempo; y los negocios tratados en varias sesiones o reuniones, generalmente avanzan y retroceden en forma irregular. Conocí a un hombre inteligente que solía decir un adagio cuando veía que las personas se apresuraban en llegar a una conclusión: Esperad un poco, para que podamos finalizar lo más rápidamente posible.

Por otra parte, la verdadera premura es cosa valiosa; y los negocios salen caros allí donde no hay premura. Los espartanos y los españoles han sido señalados por su poca premura; Me venga la muerte de España, pues así sería seguro que tardaría en venir.

Escuchad con atención a quienes dan la primera información de los asuntos, y más bien miradles a ellos al principio que interrumpirles en el hilo de su discurso; porque al que le alteran su orden avanzará y retrocederá y será más tedioso mientras hace esperar a su memoria de lo que sería si se le deja que la dé libre curso; pues muchas veces se ve que el presidente es más engorroso que el orador.

Las repeticiones, por lo general, son pérdidas de tiempo; pero no hay ganancia alguna de tiempo reiterando con frecuencia el estado de la cuestión; pues tanto evita las intervenciones frívolas como las provoca. Los discursos largos y oscuros son tan apropiados para la premura como un sayal o manto con larga cola para una carrera.

Prefacio, transiciones, excusas y otros discursos referentes a personas son gran pérdida de tiempo; y aunque parecen dictados por la modestia, lo son por la jactancia. Mas téngase cuidado de ser demasiado materialista cuando hay algún impedimento o algún obstáculo en los deseos humanos; pues los prejuicios siempre requieren un prefacio al discurso, análogo a los fomentos para poder aplicar el ungüento.

Sobre todas las cosas, orden y distribución, elección de las partes, es lo fundamental de la premura, así como que la distribución no sea demasiado sutil; pues quien no divide, nunca se enterará bien de los asuntos; y el que divide demasiado nunca saldrá de ellos con claridad. Elegir el momento es ahorrar tiempo; y un movimiento fuera de razón no es más que dar golpes al aire. Hay tres partes en los asuntos: la preparación, el debate o examen y la ejecución. Por lo cual, si busca la premura, que lo segundo sea obra de varios, y lo primero y tercero, obra de pocos. El procedimiento, basándose en algo proyectado por escrito, facilita la premura; pues aunque sea completamente rechazado, aun así esa negativa está más preñada de estímulo que una contestación definida, así como las cenizas son más productivas que el polvo.