Ensayos
48 De los acompañantes y amigos
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DE LOS ACOMPAÑANTES Y AMIGOS
(1597)
No deben desearse los acompañantes costosos no sea que, por alargar la cola, se acorten las alas. Entiendo por costosos no sólo los que van a costa de la bolsa sino los que son fastidiosos e inoportunos en sus peticiones. Ordinariamente, los acompañantes no pretenden otra cosa más alta que patrocinio, recomendación y protección de los errores. Los acompañantes sediciosos son peores para que se los desee, pues acompañan no por afecto al que se unen, sino por descontento hacia otros; lo cual produce la mala incompresión que muchas veces vemos entre los grandes personajes. Análogamente, los acompañantes jactanciosos, que se convierten en pregoneros elogiosos de aquellos a quienes siguen, están llenos de inconvenientes porque corrompen los asuntos que requieren discreción; y quitan la honra a un hombre y le convierten en rencoroso. Hay una clase de acompañantes, que análogamente, resultan peligrosos, porque hacen de espías; son los que averiguan secretos de la casa y van contándolos a otros; sin embargo, tales individuos disfrutan muchas veces de gran favor porque son oficiosos y generalmente traen y llevan chismes. El acompañamiento por ciertas clases de hombres correspondientes a la profesión de un gran personaje (como los soldados con quienes se ha dedicado a la guerra y casos análogos) siempre ha sido un acto de civilidad y bien tenido incluso en las monarquías, siempre que sea sin mucha pompa o popularidad. Pero la clase más honrosa de acompañamiento es ser acompañado como uno que pretende sobrepasar en virtud y mérito a todas las demás personas; y, sin embargo, donde no hay eminentes particularidades en suficiencia, es mejor aceptar al más pasable que no al más capaz; y, además, a decir verdad, en los malos tiempos son más útiles los hombres activos que los virtuosos. Es cierto que, en el gobierno, es conveniente emplear por igual hombres de un solo rango; porque apoyar a algunos extremadamente es hacerlos insolentes y a los demás descontentos, porque pueden reclamar sus derechos; pero, contrariamente en el favor, conviene utilizar hombres con mucha diferenciación y elección, pues eso hace que las personas preferidas estén más agradecidas, y las otras más oficiosas, pues todo es de favor. Es de buena discreción no elevar demasiado a ningún hombre al principio porque resultará difícil mantener esa proporción. Estar dominado, como podríamos decir, por uno no es seguro porque eso indica blandura y da libertad al escándalo y el descrédito; porque quienes no censurarían o hablarían mal de nadie inmediatamente, hablarán con mayor desenvoltura de aquellos que se muestran tan grandes con ellos, hiriendo de ese modo su honor; sin embargo, estar absorbido por muchos es peor porque hace que las personas se dejen arrastrar por la última impresión y acepten todo cambio. Aconsejarse de unos pocos amigos es siempre más honroso; porque los espectadores, muchas veces ven más que los tahúres y el valle descubre mejor el monte. Hay poca amistad en el mundo, y donde menos, entre iguales, que es la que se acostumbra ensalzar. Suele haber más entre superior e inferior en que la fortuna del uno está comprendida en la del otro.