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Francis Bacon · Capítulo 39 de 62

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35 De las profecías

35

DE LAS PROFECÍAS

(1625)

No me refiero a las profecías divinas ni a los oráculos paganos ni a las predicciones naturales sino sólo a las profecías que han tenido cierta fama y proceden de causas ocultas. Dice la pitonisa a Saúl: Mañana tú y tus hijos estaréis conmigo. Virgilio toma estos versos de Homero: At domus Aeneae

cunctis dominabitur oris,/ et nati natorum, et qui nascentur ab illis[1]. Una profecía, según parece, acerca del imperio romano. Séneca, el trágico, tiene estos versos:

Venient annis

saecula seris, quibus Oceanus

vincula rerum laxet, and ingens

pateat Tellus, Tiphysque novos

dategat orbes; nec sit terris

ultima Thule[2].

Es una profecía del descubrimiento de América. La hija de Policrates soñó que su padre era bañado por Júpiter y que Apolo le ungía; y ocurrió que fue crucificado en lugar abierto donde el sol hacía que el sudor le corriera por el

cuerpo y la lluvia le mojó[3]. Filipo de Macedonia soñó que sellaba el vientre de su mujer, con lo cual, según explicaba, pretendía que su mujer quedara estéril; pero Aristander, el adivino, le dijo que su mujer estaba embarazada

porque nadie sella una vasija que esté vacía[4]. Un fantasma que se le apareció

a M. Bruto en su tienda de campaña le dijo: [5] Philippis iterum me videbis.

Tiberio dijo a Galba: [6] Degustabis imperium. En tiempos de Vespasiano hubo una profecía en Oriente acerca de que quienes sobrepasaran la Judea reinarían en todo el mundo; la cual, aunque pudiera referirse a nuestro

Salvador, Tácito se la aplica a Vespasiano[7]. Domiciano soñó, la noche anterior al día en que fue asesinado, que le salía de la nuca una cabeza de

oro[8]; y, en efecto, sus sucesores, durante muchos años, crearon una edad de oro. Enrique VI de Inglaterra dijo de Enrique VII, cuando éste era un chico y le escanciaba agua: Éste es el chico que disfrutará la corona por la que nosotros forcejeamos. Cuando estuve en Francia, oí a un tal doctor Pena que

la reina madre[9], que era aficionada a las artes adivinatorias, fue causa de un mal cálculo del horóscopo del rey, su esposo; los astrólogos dijeron que el rey moriría en duelo; la reina se rió al oír eso, pensando que su esposo estaba libre de desafíos y duelos; pero fue muerto durante un torneo al entrarle una astilla de la lanza de Montgomery por la visera del casco. La profecía trivial que oí cuando era niño, y la reina Isabel estaba en la flor de su edad, fue ésta:

When hempe is spunne;

England’s done.

(Cuando el cáñamo esté hilado

Inglaterra estará acabada),

de lo que generalmente se deducía que después de los príncipes que habían reinado, cuyas letras iniciales eran las de la palabra hempe (cáñamo) (es decir, Henry, Edward, Mary, Philip y Elizabeth) Inglaterra estaría sumida en total confusión; lo cual, gracias a Dios, sólo se ha realizado en el cambio del

nombre; porque el título del rey ya no es de Inglaterra sino de Britania[10].

Hubo otra profecía, anterior al año ochenta y ocho[11], que no he entendido bien.

Algún día se verá

entre el Baugh y el May

la negra flota de Norway.

Cuando eso venga y se vaya

Inglaterra hará casas de cal y canto

porque después de las guerras no habrá ninguna.

Se creía que eso aludía a la armada española que vino en el ochenta y ocho; pues el sobrenombre del rey de España, decían, es Norway. La predicción del

Regiomontano, [12] Octogesimus octavus mirabilis annus, también se dice que se cumplió con el envío de dicha armada, la mayor en poderío, aunque no en número, de todas las que hasta entonces hubieran surcado los mares. En

cuanto al sueño de Cleón[13], creo que era una broma; se trataba de que soñó que le devoraba un enorme dragón a causa de un salchichero que le molestaba muchísimo. Hay muchas de esa clase, especialmente si se incluyen los sueños y predicciones de astrología; pero sólo he citado como ejemplo unos cuantos que merecen cierto crédito. Mi opinión es que todas deben desdeñarse y que sólo sirven como tema de charla junto al fuego en el invierno; aunque, al decir desdeñarse, me refiero a su creencia; pues, por otra parte, su propagación o publicación, en modo alguno debe desdeñarse, pues han producido mucho daño y veo la necesidad de leyes severas para suprimirlas. El que se les haya concedido aceptación y cierto crédito se debe a tres cosas: primera, que los hombres dan en el blanco cuando aciertan el golpe, pero jamás cuando lo yerran; así sucede por lo general a los sueños. Segunda, que las conjeturas probables o tradiciones oscuras, muchas veces se toman en profecías, mientras la naturaleza humana, que engloba la adivinación, no ve peligro en predecir lo que realmente se infiere, como sucede en los versos de Séneca, pues aunque entonces estuviera por demostrar que el globo terráqueo tuviera partes más allá del Atlántico, era posible concebir que no todo fuese mar; agregándole a esto la tradición platoniana del Timeo, y la de la “Atlántida”, animan a considerarlo una predicción. Tercera, y última (la más importante), es que casi todas ellas, siendo de número infinito, han sido imposturas amañadas y forjadas por cerebros ociosos y hábiles después de haber ocurrido el acontecimiento.