Ensayos
26 De los que parecen sabios
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DE LOS QUE PARECEN SABIOS
(1612)
Hay quien opina que el francés es más sabio de lo que parece y que los españoles parecen más sabios de lo que son; pero sea lo que fuere respecto a esas naciones, en verdad que así sucede con los hombres; pues, como dijo el apóstol acerca de la piedad: Teniendo apariencia de piedad, mas habiendo
negado la eficacia de ella[1], así, es verdad, los hay, en punto a sabiduría y suficiencia, que no hacen nada o poco muy solemnemente; Magno conatu
nugas[2]. Es una cosa ridícula y apropiada para satirizar personas de juicio, ver qué triquiñuelas tienen esas formalidades y qué perspectivas para que las superficies parezcan cuerpos con profundidad y bulto. Algunos son tan íntimos y reservados que no mostrarán su mercancía a no ser con escasa luz y siempre parecen reservar algo; y cuando saben alguna cosa hablan de la que no saben bien, con lo cual les parecerá a los otros que saben de lo que no pueden hablar. Algunos se ayudan con expresiones del rostro y gestos, y son sabios por signos; como Cicerón dijo a Pisón, que cuando le contestó levantó una de las cejas hacia la frente y bajó la otra hacia la barbilla: Respondes, altero ad frontera sublato, altero ad mentum depresso supercilio;
crudelitatem tibi non placere[3]. Algunos creen tener sabiduría pronunciando grandes palabras y siendo dogmáticos; sigue adelante y ten sabido que ésos no pueden hacer el bien. Algunos, en cualquier cosa que esté lucra de su alcance, parecerán despreciar y referirse a ello con preguntas impertinentes o detallistas, con lo cual su ignorancia parecerá buen juicio. Otros no dejarán de expresar su disentimiento y generalmente para divertir con una sutileza inocua; de ello dijo A. Gelio: Hominem delirium, qui verborum minutiis
rerum frangit pondera[4]. De los cuales, también Platón en su Protágoras, acusa a Pródico con desprecio y hace que pronuncie un discurso que consiste en distingos desde el principio al fin. Por lo general, tales hombres, en todas las deliberaciones, encuentran fácil ponerse del lado negativo y afectar seriedad en las objeciones y en la predicción de dificultades; pues cuando se deniegan las propuestas, se terminan, pero si se aprueban, requieren nuevo trabajo; que falsa sabiduría es destruir los asuntos. Y para terminar, no hay comerciante en quiebra, o auténtico insolvente que no recurra a tantas triquiñuelas para mantener el crédito de su riqueza, como esas personas vacías hacen para mantener el crédito de su suficiencia. Los que parecen hombres sabios pueden cambiar para alcanzar consideración, pero que nadie los escoja para un empleo, pues mejor sería coger para el empleo un hombre un tanto bobo que uno superformalista.