Ensayos
37 De las mascaras y triunfos
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DE LAS MASCARAS Y TRIUNFOS (1625)
Estas cosas no son más que juguetes intercalados entre temas más serios; sin embargo, puesto que los príncipes gustarán de tales cosas, es mejor que sean agraciadas con elegancia que pintarrajeadas con mucho gasto. Danzar y cantar son cosas de gran divertimiento y placer. Quiero decir el canto en coro, en voz alta, y acompañado con música instrumental, y la letra apropiada para la ocasión. La actuación del coro, especialmente en diálogos, tiene un encanto extremado; digo actuar, no danzar (pues esto es una cosa mediana y vulgar); y las voces del diálogo deben ser fuertes y viriles (un bajo y un tenor, ningún tiple) y la letra elevada y trágica, no bonita y delicada. Varios coros puestos unos frente a otros e interviniendo en su tumo en la antífona, producen gran placer. Convertir las danzas en figuras de anagrama es una ingeniosidad infantil; y, por lo general, téngase en cuenta que estas cosas que digo aquí son de verdadero mérito, y no maravillas sin importancia. Cierto que el cambio de decorados, sin barullo ni mido, son cosas de gran belleza y placer porque descansan y alivian los ojos antes de que éstos se llenen de las mismas cosas. Que los decorados sean muy luminosos, especialmente coloreados y variados; y que los figurantes o cualesquiera que tengan que descender de alguna parte de la escena, se muevan mientras aparezcan en ella antes de descender; porque eso atrae la atención de los ojos y hace desear agradablemente poder ver mejor lo que no distingue claramente. Que los cantos sean fuertes y animados, no gorjeos o vagidos; y análogamente, que la música sea neta, fuerte y bien situada. Los colores que más brillan ante las candilejas son el blanco, rojo y una especie de verde mar; y lentejuelas que, como no son de gran coste, son de mayor gloria. En cuanto a los ricos bordados son una pérdida porque no se distinguen. Que los trajes de los figurantes sean agraciados tal como son las personas cuando no tienen careta; no siguiendo siempre los ejemplos de atuendos demasiado conocidos: turcos, soldados, marineros y demás. Que los entremeses no sean largos; generalmente han sido de bufones, sátiros, monos, salvajes, graciosos, animales, espíritus, brujas, etíopes, pigmeos, enanos, ninfas, aldeanos, cupidos, estatuas movientes y demás. En cuanto a los ángeles no resultan suficientemente cómicos para sacarlos en los entremeses; y todo lo que sea horrendo, como los demonios y gigantes es, por otra parte, inadecuado; pero, principalmente, que su música sea recreativa y con ciertos cambios sorprendentes. Algunos suaves aromas, que se extiendan de repente, sin que dejen caer gotas, en ocasiones tales en que hay vapores y calor, es cosa grata y refrescante. Máscaras [representaciones] dobles, una de hombres, otra de damas, agregan dignidad y variedad; pero de poco vale todo eso si la sala no se mantiene clara y limpia. En cuanto a las justas, torneos y duelos con barrera, la gloria de ellos está principalmente en las carrozas en las que entran los contrincantes; sobre todo si vienen tiradas por animales extraños como leones, osos, camellos y otros; o en la pomposidad de su entrada, en la vistosidad de las libreas, en los buenos atalajes de los caballos y en el esplendor de las armaduras. Pero ya es suficiente de estos pasatiempos.