Epidemiocracia

Javier Padilla · Capítulo 2 de 21

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Epidemiocracia

Introducción. Sobre el pueblo (etimología de epidemia

Introducción

 

Sobre el pueblo

 

«En 1854, mientras Londres se desangra por el culo, John Snow dibuja líneas sobre un mapa

hasta aislar una fuente, desgajando lo que hasta entonces significaba Cólera y enterrando para

siempre las miles de horas dedicadas al estudio de los miasmas. Seis años antes, en 1848,

Virchow comprende que el brote de tifus de la Alta Silesia al que se enfrenta desde hace semanas

no podrá detenerse con acciones individuales, ni farmacológicas ni depurativas, mientras no se

adopten soluciones radicales destinadas a que la población entera mejore sus condiciones de vida.

Que eso solo se conseguirá con «democracia completa e ilimitada, educación, libertad y

prosperidad». En 1893 muere Concepción Arenal sin haber terminado su estudio sobre el

pauperismo, que sin embargo marcará la forma de entender la desigualdad social en España y

cimentará el sueño de un sistema penitenciario centrado en la reinserción y no en el castigo. En

1968, Franco y Franca Basaglia publican La institución negada basándose en la revolución que

han iniciado en el manicomio de Gorizia, que desmantelan para convertir en una red de salud

mental comunitaria, transformando la psiquiatría para siempre. En 1978, Marmot y Rose espetan

que la hasta entonces conocida como enfermedad de la riqueza, el infarto, es más común en las

clases trabajadoras, siguiendo un perfecto gradiente social inverso. En 2002, un antiguo

periodista, David Simon, lanza un retrato de los engranajes de la desigualdad a muchos años y

kilómetros de todos los anteriores. Pese a la lejanía espacio-temporal, The Wire, como mucha otra

ficción, desgrana cómo la desigualdad continúa aferrada a nuestra especie, no importa el aumento

de lente con la que miremos»[3].

Así empieza el texto en el que el Colectivo Silesia, del que formamos parte, se autodefine. Hoy añadiríamos que, en 2018, Ryan Murphy estrena Pose, y con ello da una vuelta de tuerca a la mirada de The Wire, dotándola de un punto más de interseccionalidad (mujeres, trans, racializadas, pobres) y colocando la epidemia del VIH como un acompañante contextualizador de la serie.

El nombre de la epidemiología nace inseparablemente unido a la figura de John Snow, quien supo ver que para desentrañar las incógnitas del cólera tenía que mirar los mapas y los datos agregados; hoy, su casi homónimo Jon Snow, protagonista de Juego de tronos, nos muestra que la vigilancia desde un privilegiado lugar de observación, durante día y noche, tiene fuertes raíces y consecuencias políticas y sociales. Los Jo(h)n Snow transitando de la realidad a la ficción, de lo microbiológico a los mapas, y de ahí a la política y la vigilancia.

Cuando uno oye hablar de una epidemia, lo primero que le evoca es un microorganismo, cuando, en realidad, debería ser una persona o un grupo de ellas; no en vano, la etimología de «epidemia» proviene de epi (sobre) y demos (pueblo). Las epidemias han acompañado y performado nuestra realidad social y política desde hace siglos, constituyendo un lugar privilegiado desde el que analizar la intersección entre la medicina, la política y la economía. Un lugar donde el autoritarismo de las instituciones, la preeminencia del mercado, la dificultad de generar conocimiento bajo la necesidad impuesta por una crisis de salud pública o el encaje de los cuidados se entrelazan construyendo equilibrios que suelen ser diferentes a los existentes en épocas de calma.

En muchas ocasiones a lo largo de la historia, se ha dado a las epidemias una justificación divina o mística, como si fueran la forma que tienen algún dios o la naturaleza de mandar un mensaje a los seres humanos. Como escribió Susan Sontag, «nada es más punitivo que darle a una enfermedad un

significado, siendo ese significado invariablemente moralista»[4]. La peste no fue un castigo de Dios ante los pecados del ser humano; el VIH no es un castigo a la población homosexual; el Zika no responde a ninguna afrenta divina a las mujeres en edad fértil; el COVID-19 no es la madre naturaleza llamando a nuestra puerta diciéndonos que la estamos destruyendo.

Las epidemias parten de un sustrato, una situación inicial que comprende las relaciones económicas, la movilidad internacional, la explotación de recursos naturales o la capacidad de los sistemas de salud para dar respuesta a las necesidades de salud de la población. Cuando se desencadena, el contagio suele dibujar un mapa de las clases sociales y las actividades laborales, que transcurre de forma paralela a la generación de dos fenómenos: I) una carrera por el desarrollo de nuevo conocimiento sobre la epidemia existente y II) la construcción estigmatizada de una otredad a la que culpar o señalar por el desarrollo de la epidemia, una especie de colectivo de alto riesgo (para ellos mismos y para los demás). El tercer elemento clave, tras el sustrato y el contagio, es el de la respuesta que se da a la epidemia: cómo los sistemas sanitarios ponen en marcha su resiliencia para hacer frente a lo desconocido, de qué modo las personas evidencian la interdependencia como forma de cuidarse entre ellas, cómo las tensiones entre la economía y la salud se hacen evidentes mientras las instituciones dan, en muchas ocasiones, respuestas más cercanas al autoritarismo que al cuidado, dentro de una línea continua entre esos dos polos; una respuesta que tiene como objetivo no verse obligados a dar protagonismo a la temida pregunta de «¿a quién vamos a dejar morir?». Por último, queda la reconstrucción, establecer el horizonte hacia el que caminar como sociedad, seleccionar el papel de lo esencial y lo accesorio, preparar la sociedad y los sistemas de salud para la próxima gran epidemia a la vez que los dotamos de capacidad para atender las necesidades cotidianas y fundamentales. Una reconstrucción para pensar lo impensable y definir nuevos derechos que surjan de necesidades antes no evidentes.

De eso habla este libro, de las epidemias como lugar de encuentro entre diferentes disciplinas y miradas, de cómo respondemos a estos fenómenos y cómo preparar a la sociedad para afrontar lo cotidiano a la vez que lo extraordinario.

Decía John Maynard Keynes que «lo inevitable rara vez sucede, es lo inesperado lo que suele ocurrir». Una gran epidemia que supusiera una cantidad no desdeñable de fallecimientos a nivel mundial en un corto periodo de tiempo era una de esas cosas que en el mundo de la epidemiología se veían como inesperadas en el paso corto e inevitables en la mirada larga. Habitualmente se hablaba de «una gripe» como forma de hacer referencia a las posibles variaciones del virus de la gripe común, alguna versión claramente más letal de lo que en 2009 fue el virus de la gripe H1N1 (gripe A), o de alguno de los muchos virus emergentes que suponen un campo crecientemente importante de la investigación en epidemiología, virología y enfermedades infecciosas. Fue el SARS-CoV-2 el que hizo que se parara el mundo y que la forma en la que se afrontan esas inesperadas epidemias cambiara de ahí en adelante.

Antes de dar paso al resto del libro, queremos detenernos en el título; ¿qué quiere decir?, ¿señala el camino hacia un sistema en el que las epidemias serán las que nos gobiernen?, ¿se verá perturbada la hegemonía de las enfermedades crónicas por la imprevisibilidad de grandes olas epidémicas de enfermedades infecciosas? El título nace a partir de un artículo ya clásico de la epidemiología social: «Epi + demos + cracy», de Beckfield y Krieger; en él explican que «los términos “epi + demos + cracia” conjuntamente señalan al estudio de cómo los sistemas y prioridades políticas dan forma a la salud de la

población y a la magnitud de las desigualdades en salud»[5]. De ese modo, el libro no nos estaría hablando de un nuevo modo de gobierno, sino de la necesidad de analizar los fenómenos de la salud de la población en base a la interacción entre los sistemas políticos y las desigualdades sociales.

Este no es un libro sobre la pandemia de COVID-19, aunque esta esté presente en muchos capítulos y haya sido el desencadenante para que nos sentáramos a escribir. Es un libro escrito en medio de una pandemia, mirando a muchas epidemias y pensando en las próximas que vendrán. Un libro escrito con la idea de que si, de acuerdo con Keynes, es lo inesperado lo que creemos que vendrá, entonces es lo impensable a lo que debemos aspirar para prepararnos frente a ello.