La conspiración

Dan Brown · Capítulo 74 de 138

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La conspiración

Capítulo 72

–La cuestión -dijo Corky- es que la muestra que tengo en la mano es auténtica -afirmó, acercándola más a la cámara-. Podría dársela a cualquier petrólogo, geólogo o astrónomo para que la sometieran a las pruebas que creyeran pertinentes y todos le dirían dos cosas: una, que tiene ciento noventa millones de años; y dos, que es químicamente distinta de la clase de rocas que tenemos aquí en la Tierra.

Pickering se inclinó hacia delante, estudiando el fósil empotrado en la roca. Pareció momentáneamente paralizado. Por fin, suspiró.

–No soy científico. Lo único que puedo decir es que si ese meteorito es auténtico, y así lo parece, me gustaría saber por qué la NASA no lo presentó ante el mundo tal como apareció. ¿Por qué alguien lo ha colocado cuidadosamente bajo el hielo como si quisiera convencernos de su autenticidad?

En ese mismo instante, en la Casa Blanca un oficial de seguridad estaba marcando el número de Marjorie Tench.

La asesora principal contestó al oír el primer timbre.

–¿Sí?

–Señora Tench -dijo el oficial-. Tengo la información que me ha pedido.

La llamada vía radiófono que le ha hecho Rachel Sexton esta noche. Hemos logrado rastrearla.

–Dígame.

–El Servicio Secreto dice que la señal se ha producido a bordo del submarino U.S.S. Charlotte.

–¿Qué?

–No disponen de coordenadas, señora, pero sí están seguros del código de la nave.

–¡Oh, por el amor de Dios! – exclamó Tench, estampando el auricular contra el aparato sin decir una sola palabra más.

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La enmudecida acústica de la cámara insonorizada del Charlotte estaba empezando a provocar en Rachel una ligera sensación de náuseas. En la pantalla del monitor, la mirada preocupada de Pickering se movió en ese momento hacia Michael Tolland.

–Está usted muy callado, señor Tolland.

Tolland levantó la mirada como un estudiante al que acabaran de llamar la atención.

–¿Señor?

–Acaba de presentar un documental muy convincente en televisión -dijo Pickering-. ¿Cuál es su postura ahora respecto al meteorito?

–Bueno, señor -dijo Tolland haciendo obvia su incomodidad-. Estoy de acuerdo con el doctor Marlinson. Creo que los fósiles y el meteorito son auténticos. Estoy bien versado en técnicas de cálculo de fechas y la edad de esa piedra ha sido confirmada por múltiples pruebas. También lo ha sido el contenido en níquel. Estos datos no pueden ser falsificados. No hay duda alguna de que la roca, formada hace ciento noventa millones de años, exhibe niveles de níquel en nada comparables a los terrestres y que contiene docenas de fósiles confirmados cuya formación ha sido también fechada en ciento noventa millones de años. No se me ocurre ninguna otra explicación posible aparte de que la NASA haya encontrado un meteorito auténtico.

Pickering guardó silencio. Había en su rostro una expresión de apuro, una mirada que Rachel jamás había visto en los ojos de William Pickering.

–¿Qué debemos hacer, señor? – preguntó Rachel-. Obviamente, hay que alertar al Presidente de que hay problemas con los datos.

Pickering frunció el ceño.

–Esperemos que el Presidente no esté ya al corriente.

Rachel sintió que se le hacía un nudo en la garganta. Lo que había querido decir Pickering estaba claro. «El presidente Herney podía estar implicado». Rachel lo dudaba, aunque lo cierto era que tanto él como la NASA tenían mucho que ganar con ello.

–Desgraciadamente -dijo Pickering-, a excepción de esta copia impresa del RPT que revela la existencia de un túnel de inserción, todos los datos científicos apuntan a un descubrimiento creíble por parte de la NASA. –

Hizo una pausa, horrorizado-. En cuanto al ataque sufrido por ustedes… -

Levantó la vista hacia Rachel-. Ha mencionado a las unidades de Operaciones Especiales.

–Sí, señor.

Rachel volvió a hablarle de las Municiones Improvisadas y de las tácticas.

Pickering parecía cada vez más disgustado. Rachel se daba cuenta de que su jefe estaba calculando la cantidad de gente que podía haber ordenado