La lucha para sobrevivir

Terry Bisson · Capítulo 10 de 22

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La lucha para sobrevivir

Capítulo 11

Recluído en su habitación.

Podría haber sido peor. Pero ya era suficiéntemente malo. La solitaria vida de Boba se había vuelto aún más solitaria ahora que estaba encerrado en el apartamento.

"Jango Fett estaba muy ocupado hablando de negocios con el Conde y un Geonosiano Archiduque, entre otros. Boba sabía mejor que nadie que no debía entrometerse.

Recluído en su habitación.

Boba hechaba de menos a su amigo bibliotecario, Whrr.

Estaba intentando construir una maqueta de caza con trozos de alambre cuando la puerta se abrió de repente.

Y allí estaba Jango Fett, con su armadura de combate. "Ven, " fue todo lo que dijo.

¡Eso era lo único que tenía que decir!

Boba se puso al de su padre y bajó las escaleras. Se alegraba de salir de la habitación, fuera por el motivo que fuera. Además siempre se sentía orgulloso cuando iba con su padre. Por que sabía que todo aquel que los viera estaría pensando:

Ese es Jango Fett. Y ese es Boba, su hijo. Algún día él también será un cazador de recompensas.

Se hizo el silencio en las salas subterráneas. Sabía que debía pasar algo importante y se preguntaba que sería lo que pasaba.

Sabía que era mejor no preguntar. Tenía suerte de haber podido salir del apartamento.

Al final de un largo pasillo, encontraron a una multitud de Geonosianos que se apelotonaban impacientes. Algunos tenían alas en sus espaldas; otros no.

Un centinela uniformado iba y venía entre ellos, desde el inicio de la línea, hasta el interior de una gran sala con alta celdas. Dado que la habitación estaba llena de Geonosianos, al ser tan grande parecía que estuviera casi vacía... Cada paso y cada estornudo creaban un eco.

El Archiduque y otros oficiales estaban sentados en lo que parecía una gran caja al final de la imponente sala, con cientos de Geonoasianos mirando hacia el interior. Dos seres los estaban mirando. Algo en la forma en que se comportaban le dijo a Boba que eran prisioneros. Pero eran prisioneros orgullosos y rebeldes.

Jango y Boba se introdujeron entre una multitud de Geonosanios en un lado de la sala.

Alguien dio un fuerte golpe y la sala quedó en silencio. O casi. Todo el mundo se volvió para ver a los prisioneros. Boba tuvo que permanecer de puntillas para poder seguir viendo.

Uno de los prisioneros iba vestido como un Jedi. Era mucho más joven que el Jedi llamado Obi-Wan.

A lo mejor era un aprendiz, pensó Boba. El que alguien quisiera convertirse en Jedi era algo que no entendía.

El otro prisionero era una mujer. Y no cualquier mujer. Era la mujer más bella que Boba hubiera visto nunca. Y tenía la cara más tierna y amable que hubiera visto – era la clase de cara que siempre se había imaginado que podría tener su madre, si él hubiera tenido una madre.

"Han sido acusados y encontrados culpables del cargo de espionaje,” dijo uno de los Geonosianos.

Tras otra llamada a la atención de los presentes: "¿Tienen algo que decir antes de que se dicte sentencia?"

La mujer habló con orgullo. "Estás cometiendo un acto de guerra, Archiduque. Espero que está preparado para las consecuencias."

El Archiduque sonrió. "Construimos armas, Senador. Ese es nuestro negocio. Por supuesto que estamos preparados."

Senador. Boba estaba confundido. Empujó el brazo de su padre suavemente.

"¿Qué hace aquí un senador como prisionero?"

"¡Shhhhhh!" siseó Jango.

"¡Traedlos aquí!" ordenó otro oficial, un Neomoidiano con una piel moteada de verde, y con unos brillantes ojos rojos. "Llevad a término la sentencia. Quiero ver su sufrimiento."

Era otro Jedi al que Boba quería ver sufrir. Era el Jedi persistente. El Jedi al que habían matado una, y otra vez. El Jedi Obi-Wan Kenobi.

¿Pero dónde estaba?

El Archiduque contestó la pregunta de Boba. "Tu otro amigo Jedi te está esperando en la arena."

¡La arena! Por fin iban a ver algo de acción. Es lo que está Boba estaba esperando.

Sin embargo, de algún modo, lo temía.