La lucha para sobrevivir
Capítulo 17
En el hiperespacio, todos los sectores de la galaxia están interconectados.
Lo cerca está lejos, y lo lejos está cerca.
La nave estaba entrando en un agujero. No, estaba saliendo del agujero.
Boba estaba de regreso al espacio "normal".
Estaba flotando en órbita alrededor de lo que parecía una bola de nubes cosidas todas juntas mediante rayos.
¡El tormento Kamino!
Su hogar. O lo que más se había parecido a un hogar que Boba Fett hubiera conocido nunca.
Boba se frotó los ojos, se estiró y puso al Esclavo I en una trayectoria de descenso. Nubes grises pasaban como banderas desgarradas. Pasaban luces brillantes a su lado, y los truenos se extendían con fuerza. Mientras la pequeña nave reducía la velocidad por debajo de la velocidad del sonido, la lluvia repicaba en el parabrisas de la cabina.
Boba ajustó la velocidad y fue bajando lentamente hacia las luces de Tipoca City. Había observado a su padre un montón de veces, pero esa era la primera vez que él llevaba la nave.
Lo gracioso era que él no se sentía solo. Era casi como si Jango Fett estuviera detrás de él. Boba casi podía sentir su gran mano en su hombro.
¡Perfecto! Apagó los motores y accedió a la pista de aterrizaje con una fuerte sacudida.
El tiempo en Tipoca City era el normal, lo que significa que había una gran tormenta en progreso – lo que ya le iba bien a Boba. No quería que lo detectaran.
Había llevado puesto el casco de combate, por lo que cualquiera que estuviera observando el aterrizaje del Esclavo I pensaría que había un adulto llevándola. Pero no tendría que haberse preocupado.
La pista de aterrizaje estaba desierta. No había nadie a su alrededor.
Boba cogió un poncho y salió de la cabina, después de colocar los sistemas de mantenimiento de vida conectados para que recogieran agua y aire, los cuales se podían encontrar en abundancia en Kamino.
Especialmente el agua – ¡En forma de lluvia!
La pequeña librería al final del pasillo estaba a oscuras. Boba picó en la puerta.
"¿Whrr, estás ahí?"
¿Había llegado demasiado tarde? ¿O habría llegado demasiado pronto?
Boba sufría de jet-lag espacial, y se daba cuenta que no tenía idea de que hora era en City.
"Whrr, por favor. ¡Abre!"
La luz de la ranura se encendió.
Boba deseaba que la puerta se abriera para así poder entrar, libre de la lluvia, pero la librería era tan solo una sucursal.
Sin embargo se deslizó un toldo, para protegerle de la lluvia. Y oyó un familiar chasqueo y siseo en el interior.
"Whrr, soy yo."
"¿Boba? ¡Has vuelto! ¿Dónde estabas? ¿Qué ha pasado?” Preguntas muy cortas con unas respuestas muy largas. Boba le contó a Whrr toda la historia, desde que el momento que él y su padre habían dejado el planeta sin tiempo para nada, hasta la horrible escena en la arena, en la que había visto como mataban a su padre.
"Oh, Boba, eso es horrible. Eres huérfano, con tan solo diez años de edad.
¿Tienes lo suficiente para comer? ¿Tienes dinero?
"No exactamente," dijo Boba. "Algunas galletas. Y un par de calcetines."
"Hmmmmmm," siseó Whrr.
"Estaré bien," dijo Boba. "Pero tengo que encontrar algo que mi padre me dejó. Por accidente te lo di a ti."
"¿Un libro?"
"¡Sí! ¡Lo recuerdas! Parece un libro. Es negro, con nada inscrito en la cubierta. Lo devolví por error, con los últimos libros que te traje antes de irme."
"Te lo devolveré."
Se produjo un zumbido y un repiqueo, un estruendo y el rechinar de piezas metálicas que se friegan. Al momento Whrr estaba de regreso – con buenas noticias.
"Aquí lo tienes," dijo, pasando el libro por la ranura. "Pero hay una deuda que saldar, como sabes.”
"¿¡El qué!?"
"Hay un dinero pendiente de pagar por este libro. Bastante dinero."
"En realidad no es un libro. Además, no lo he comprobado. ¡Es mío! Te lo dejé a ti."
"Exactametne," dijo Whrr. "Lo que significa que la librería te debe algo, déjame pensar, dos cientos cincuenta créditos."
"Eso es imposible..." Empezó Boba.
"Los siento," dijo Whrr, pasando el direno por la ranura. Una deuda es una deuda y debe ser pagada." Ahora podrás dedicarte a tus asuntos, Boba, y que tengas buena suerte. Ves y ven a verme alguna vez. Si alguna vez pasas cerca de aquí.
Lo he captado, pensó Boba. Soy un poco lento, pero lo he captado.
"Gracias, amigo mío," dijo. "Algún día regresaré a Kamino. Volveré para verte, te lo prometo."
"Adiós, Boba," dijo Whrr a través de la ranura. La luz se apagó y Boba escuchó un extraño ruido que procedía de la posición de Whrr.
Debe ser la lluvia, pensó, por que todo el mundo sabe que los droides no lloran.
¡Boba no era capaz de creer la suerte que tenía! Con doscientos cincuenta créditos podría comprar comida y repuestos, incluso algo de ropa, cuando hubiera repostado combustible. Eso era vital – dado que no sabía como acceder a las cuentas de su padre.
¡Y ahora ya tenía el libro negro de su padre! Lo colocó bajo su poncho, donde lo llevaba para protegerlo de la lluvia.
Antes de salir del planeta, Boba quería hacer una parada.
Quería dar una última mirada a su apartamento donde él y su padre habían vivido, y donde el había pasado los diez primeros años de su vida (por supuesto, apenas se acordaba de nada).
Afortunadamente, le pillaba de camino hacia la pista de aterrizaje.
Mientras Boba subía con el turboascensor, pensaba en las cerraduras. ¿Las habrían cambiado? ¿Reconocerían sus huellas digitales y retinales?
No le haría falta. La puerta estaba abierta.
El apartamento estaba a oscuras. Era escalofriante. Nunca más lo vería como su hogar.
Boba cerró la puerta y estaba a punto de apagar las luces cuando escuchó una voz detrás de él.
"Jango."
Era Taun We.
Boba apenas podía verla con las ténue luz de la ventana. Estaba sentada en el suelo con sus largas piernas dobladas fuera de la vista bajo su largo cuerpo.
"He visto llegar al Esclavo I,” dijo ella…
Boba cruzó la habitacón y se paró frente ella.
Taun We lo miró, asustada. "¿¡Boba!? ¿Eres tú? ¿Dónde está tu padre?"
Boba había considerado siempre a Taun We como a una amiga. Así que se sentó a su lado y se lo explicó.
"Pobre chiquillo," dijo, pero sus palabras eran frías y mecánicas. Boba se dio cuenta que ella no era su amiga después de todo.
"¿Qué querías contarme sobre mi padre?" Preguntó.
"Los Jedi," dijo. "Han venido y se han llevado el ejército clon, después de que tú y tu padre marcháseis. También le querían hacer unas preguntas a Jango Fett. Ahora que está muerto, querrán hacértelas a ti."
"Mi padre odiaba a los Jedi."
"No tengo ningún sentimiento hacia los Jedi," dijo Taun We. "Aunque en realidad, los Kaminoanos tenemos pocos sentimientos. Es nuestra naturaleza. Para ser imparciales tenemos que contarte que ellos van detrás de ti. En el momento que les he contado el Esclavo I había aterrizado Tipoca City, y que seguramente tú y tu padre habían venido aquí."
"¿¡Qué has hecho qué!?"
"Tengo que ser imparcial con todo el mundo," dijo Taun We. "Es nuestra forma de ser."
"¡Muchas gracias!" Dijo Boba dirigiéndose hacia la puerta. No se molestó en cerrar la puerta después de salir. No podía creerse Taun We lo hubiera traicionado a los Jedi. Y se había pensado que ella era una amiga. Entonces recordó el código de su padre. “No tengas amigos, ni enemigos. Tan solo aliados y adversarios.”
¿Y qué pasaba con Whrr? Pensó mientras pulsaba el botón para llamar el turboascensor. ¿No era Whrr un amigo? ¡Todo era demasiado confuso como para pensar en ello!
Boba estaba totalmente inmerso en sus pensamientos cuando llegó el turboascensor. Entonces la puerta se deslizó a un lado, y...
Era una Jedi. Una mujer, joven y alta.
Boba se apartó a un lado y la dejó pasar. Mantuvo la calma, y continuó caminando.
"¿Siri? Has llegado tarde," dijo Taun We desde el interior del apartamento.
"¡Ya te puedes apostar que me he ido!" dijo Boba mientras abría la puerta de la tolva de basura y se lanzaba al interior. Cerró sus ojos y aguantó la respiración mientras caía...
No era la caída lo que temía, era el aterrizaje. La pila de basura al fondo podría ser dura o...
¡BUMMM!
¡Blanda! Por suerte, estaba compuesta de ropa y papel.
Boba se sorprendió de encontrarse a sí mismo sonriendo mientras se restregaba y corría hacia la puerta, hacia la seguridad del Esclavo I.