La lucha para sobrevivir

Terry Bisson · Capítulo 6 de 22

Páginas del PDF

La lucha para sobrevivir

Capítulo 6

Mientras Jango Fett recogía su armadura de combate, Boba lanzó todo lo que poseían los dos (lo que no era mucho) en una bolsa de vuelo hinchable.

"¡Vamos a tener que movernos, Boba!"

Boba sabía que su padre no lo asustaba casi nada. Pero tras el encuentro con el extraño Jedi, Jango parecía nervioso. Preocupado. No asustado, pero... lo afectaba, al fin y al cabo.

Y tenía mucha prisa.

Después de haber llenado la bolsa, Boba lanzó todos los platos sucios en la ranura de limpieza. No necesitaba ser ordenado. Si no hubiera sido tan aterrador, incluso podría haber sido divertido.

"Deja el resto," dijo Jango. "No tenemos tiempo."

¡Ten cuidado con lo que deseas! ¿Cuantas veces Boba había soñado con estar fuera del lluvioso Kamino y vivir en algún lugar, con días soleados –

y tal vez con amigos?

Ahora estaba sucediendo. De todos modos, tenían tiempo para marcharse.

Boba estaba contento, y además... Estaba la cama en la que había estaba durmiendo y soñando. La ventana desde la que había visto caer la lluvia sin fin. La silla donde se había sentado. El alféizar. La caja donde había guardado su ropa, libros y viejos juguetes, todo amontonado.

Es duro dejar el único lugar en el que has estado viviendo, especialmente cuando no sabes cuando volverás. Es como vivir detrás de pequeños retazos de ti mismo. Era como...

Boba se reprendió a sí mismo. No era el momento de ponerse sentimental.

Su padre tenía prisa. Tenían que marcharse.

Tan solo quedaba una única cosa que hacer antes de dejar Tipoca City.

"¡Boba! ¿Dónde vas?" Preguntó Jango. Llevaba colocada la armadura y el casco. Estaba sosteniendo lo que parecía un látigo. "¿Dónde te estás llevando todo ese material?"

"Eh, padre... ¿te refieres a los libros?"

Boba esperaba que su padre entendiera que debía devolverlos. ¿Quién sabía cuando volverían? Y Boba no quería que Whrr le cobrara un recargo por no devolver los libros.

"Hazlo rápidamente, hijo.” Dijo Jango. “Y mientras estés allí...” Le dio a Boba el "látigo." Era la anguila. "Devuélvela al mar. Déjemos que intente alimentarse por sí misma, para variar."

"¡Sí, padre!" Boba salió antes que su padre tuviera ninguna oportunidad de cambiar de opinión. La anguila esta enroscada en uno de sus brazos, y en el

otro llevaba los libros.

Corrió a través de la lluvia lo más rápido que le fue posible. Se detuvo al final de la plataforma donde había dejado caer el ratón-marino. Se inclinó sobre la barandilla y dejó caer a la anguila entre las olas.

¡Chof!

Boba vio una sombra negra, la aparición fugaz de unos dientes. Y la anguila desapareció.

"¡Buena suerte!" murmuró mientras corría hacia la librería. "La vida es dura para los seres pequeños y débiles. Todo es relativo."

Boba lanzó los libros en la ranura. Un, dos, tres...

Whrr zumbó alegremente. "¿Qué te han parecido los últimos libros que te has llevado?" Preguntó desde detrás de la puerta, con voz cascada. ¿Qué piensas de ellos? ¿Hay alguno bueno?"

"No son malos," dijo Boba. "Pero no tengo tiempo para hablar de ellos."

"¿No? ¿Por qué no? ¿No quieres más libros?”

Normalmente a Boba le gustaba hablar sobre libros. Pero ese día no había tiempo. “Tengo que irme” dijo. “Por una temporada.”

"Vuelve Boba," dijo Whrr. "Espera, aquí…"

"¡No me puedo esperar!" Boba no tuvo el suficiente valor para decirle a su amigo que no sabía cuando volvería.

Así que se dio la vuelta y salió corriendo.

Jango Fett, vestido completamente con su armadura, esperaba con su bolsa de vuelo en frente de su apartamento.

Boba le podia haber dicho a su padre que estaba loco por querer irse así.

Pero ninguno de los dos dijo nada.

Los dos caminaron rápidamente hasta la pequeña pista de aterrizaje donde estaba el Esclavo I, la pequeña pero rápida nave del cazarecompensas.

Jango subió las bolsas mientras Boba comprobaba la nave para despegar.

Boba acababa de completar la rutina de prevuelo cuando empezó a oír pasos fuera de la nave. En un primer momento pensó que debía ser Taun We, viniendo para decir adiós.

Pero no tendrían tanta suerte.

Era el Jedi, Obi-Wan Kenobi. El que había estado haciendo preguntas en en el apartamento.

Y estaba corriendo.

"¡Deteneos!" Gritó.

¡Sí, hombre sí! pensó Boba.

Jango tuvo el mismo pensamiento. Sacó su arma y disparó a la vez que le ordenanaba, “¡Boba, sube a bordo!”

A Boba no tuvieron que repetírselo dos veces. Entró en la cabina y vio como su padre encendía los motores de su armadura de combate y subía hasta el techo de un edificio cercano. Allí, Jango Fett se agachó y empezó a disparar contra el Jedi con su rifle láser.

Debido a que nunca había pilotado el Esclavo I por sí mismo, Boba únicamente sabía como funcionaban los sistemas de armas y los controles de vuelo de oídas. Alcanzó los mandos con la mano, y puso los sistemas principales en marcha, así la nave estaríe preparada para irse cuando su padre hubiera acabado con el Jedi.

Entonces tuvo una idea mejor. Activó los controles del cañón láser.

Boba lo había practicado muchas veces, sabía cómo hacerlo. Puso al Jedi en el centro de mira y pulsó FUEGO.

¡Ka-Boum!

¡Un impacto! O casi.

El Jedi fue lanzado con violencia hacia el suelo, su sable láser saltó de su mano. Boba estuvo a punto de disparar de nuevo para acabar con él, cuando su padre se introdujo en su campo de tiro.

Jango saltó del edificio propulsado con los cohetes, y aterrizó para enfrentarse con el Jedi cara a cara.

El Jedi atacó.

Jango retrocedió.

¡Bien! Pensó Boba. Nunca había visto antes a su padre en un combate, y era impresionante.

La misteriosa Fuerza de los Jedi no era rival para la armadura de combate Mandaloriana de Jango Fett. El Jedi estaba perdiendo. Probó una maniobra desperada, intentó agarrarlo, pero Jango usó sus cohetes para golpearlo y lanzarlo lejos.

"¡Vamos!" gritó Boba, aunque supiera que nadie podría escucharlo.

El Jedi cayó y se deslizó hacia el final de la pista de aterrizaje. Donde se lanzó hacia el rompiente de olas. Parecía que usaba su poder llamado Fuerza para recuperar su espada láser, pero Jango Fett estropeó ese plan.

De su guante, disparó un cable de retención, que envolvió la muñeca del jedi.

Jango volvió a encender sus cohetes de vuelo, obligando al Jedi a dirigirse hacia el final de la plataforma – y al agua.

"¡Vamos papá!" Gritó Boba.

Pero el Jedi fue capaz de agarrar el cable a una columna. Detuvo su deslizamiento y lo empujó con su pie. Entonces soltó el cable…

¡¡POINNGG!!

Jango golpeó con fuerza. Su mochila cohete empezó a petardear y a lanzar llamas… explotando finalmente.

¡BOOUUM!

¡NOOOO! Boba Lo vio todo. Trató de disparar con el láser, pero los dos hombres estaban dirigiéndose hacia el final de la plataforma –y hacia las enormes olas que golpeaban debajo de él.

"¡Papá!" Sollozó Boba. "¡Papá!" Golpeó el techo de la cabina, como si sus puñetazos y sus lágrimas pudieran de algún modo detener el deslizamiento de su padre hacia una muerte segura.

Pero aún no se había acabado. Jango Fett expulsó el cable de su guante, liberándose a sí mismo. Entonces utilizó los ganchos de agarre montados en su armadura de combate para detener su deslizamiento en el último momento.

Mientras tanto, el Jedi, se dirigía directamente hacia el final de la plataforma.

Boba cayó atrás en su asiento, agitándose con alivio: Su padre estaba sano y salvo. Y victorioso: ¡El Jedi había desaparecido!

Más allá de la plataforma. Cayendo al mar.

¡Vete a tomar por saco! Pensó Boba.

La rampa se estaba abriendo.

Boba extendió el asiento del piloto justo a tiempo.

Su padre se tiró dentro del asiento. Los motores volvieron a la vida, y la astronave se introdujo dentro de la tormenta, que se estaba desarrollando a su alrededor.

Boba miró abajo hacia las olas. No había ninguna señal del Jedi. ¿Quién podría nadar entre aquellas olas? Se habría hundido, con toda seguridad.

"¡La vida es dura para los débiles!" dijo Boba por lo bajo, mientras se introducían dentro de las nubes.

"¿El qué, Boba?"

"He dicho, “¡Que tengamos un buen viaje, padre!”” Capítulo 7

Boba ya había estado antes en el espacio viajando con su padre. Pero entonces era muy pequeño, y realmente no se había dado cuenta demasiado de lo que era.

Ahora que tenía diez años entendía lo que estaba viendo. Todo le parecía nuevo y excitante.

En Kamino casi siempre estaba todo nublado. Las nubes eran grises en la parte superior y negras como la noche por la parte inferior. Pero desde el espacio se veían tan blancas como la nieve que Boba había visto en vídeos El cielo por encima suyo era brillante, azul brillante.

Entonces, el Esclavó I subió, y siguió subiendo, hasta que el cielo se oscureció, en un negro intenso. Entonces Boba vio algo más precioso que las nubes.

Estrellas.

Boba sabía donde estaban, por supuesto. Él había leído sobre las estrellas; las había visto en vídeos y fotografías, y observado en persona acompañando a su padre en viajes a otros planetas. Aunque realmente nunca le había prestado atención. Los niños pequeños no se dan cuenta de las cosas que están lejanas. Y las estrellas casi nunca están visibles desde el nubloso Kamino, incluso de noche. Pero ahora que tenía diez años...

Boba vio miles de estrellas, cada una a años-luz de allí. “Guau”, dijo.

"¿Qué es esto, Boba?" preguntó su padre.

Boba no supo que contestar. La galaxia estaba constituida por millones de estrellas, ardiendo con intensidad. Alrededor de cada sol habían planetas, cada una constituida por rocas y piedras, y cada roca estaba constituida de millones de átomos, y...

"Es la galaxia," dijo Boba. "¡¿Dónde está...?!"

"¿Dónde está el qué, Boba?"

"¿Por qué hay tantas?"

Jango Fett dejó a su hijo “volar” el Esclavo I, lo que significaba estar sentado en el asiento del piloto mientras el piloto automático controlaba la nave. Él ya estaba suficiéntemente ocupado reajustando su armadura de combate para alojar un nuevo conjunto de cohetes para substituir al que había explotado luchando con el Jedi.

Cuando hubo acabado, regresó al asiento del piloto, y Boba preguntó:

"Papá, ¿nos vamos a otro planeta?"

"Por ahora."

"¿Cuál de ellas?"

"Ya lo verás."

"¿Por qué?"

"¿Por qué estás haciendo tantas preguntas?" Esa era una clara señal para Boba para que se callara. Su padre tenía motivos para casi todo, pero normalmente se las guardaba para sí mismo.

"No lo necesitas saber," Jango Fett dijo mientras pulsaba el botón marcado como: HIPERESPACIO.

Si el espacio normal era impresionante, el hiperespacio era el doble de impresionante.

Y doblemente impresionantemente extraño.

Tan pronto como el Esclavo I entró en la velocidad de la luz y se introdujo en el hiperespacio, la cabeza de Boba empezó a girar. Las estrellas pasaron volando como si fueran gotas de lluvia. Fue como un sueño, con lo lejano y lo cerca todo junto. El tiempo y espacio se mezclaron como agua y aceite, en remolinos.

Boba se quedó dormido, porque incluso lo extraño se vuelve aburrido cuando todo es extraño...

Boba soñó con que se encontraba con la madre que nunca había tenido Él estaba en una gran recepción en un palacio, en el que estaba solo. Era como un cuento escrito en un libro. Había alguien que iba hacia él, manteniendo su camino a través de la multitud. Era preciosa, con un traje blanco. Estaba caminando hacia Boba, cada vez más rápido, y su sonrisa era tan brillante como...

"¿Boba?"

"¡¿Sí!?"

"Hijo, levántate."

Boba abrió los ojos y vio a su padre llevando los controles de la nave.

Habían salido del hiperespacio, regresando al espacio “normal” en tres dimensiones.

Estaban flotando. Y dirigéndose directamente hacia ellos, había un enorme planeta rojo con anillos naranjas.

Era precioso, pero no precioso como la visión que Boba había tenido en su sueño, yendo hacia él a través de la pista de baile. No es tan bonito como...

Boba sintió que regresaba a su sueño.

"Geonosis," dijo Jango Fett.

"¿El qué?" dijo Boba levantandose.

"El nombre del planeta. Geonosis."

Cuando el Esclavo I se acercó a Geonosis, se dirigió hacia los anillos. A una distancia en los que los anillos daban la sensación de ser lisos. Ya de más cerca, Boba podía ver que los anillos estaban constituidos por asteroides y meteoritos, trozos de roca y hielo – escombros espaciales.

De más cerca, eran feos y peligrosos.

Las manos Jango volaban sobre los controles de la nave espacial, cambiando el modo de vuelo de piloto automático a vuelo manual. Volar por debajo de los anillos podía llegar a ser complicado. Cuando hubo aproximado la nave a una orbita cercana, le dijo: "La próxima vez, cuando lleguemos a un planeta tan sencillo de aterrizar, dejaré que vueles la aproximación por ti mismo, hijo."

"¿Realmente, padre? ¿Significa que ya soy suficiéntemente mayor? Jango le dio unas palmadas en el hombro. “Casi, Boba, casi”.

Boba se inclinó de nuevo, sonriendo. La vida era mejor que los sueños.

¿Quién necesita una madre cuando tienes a Jango Fett como padre? De repente Boba vio el destello de en la pantalla trasera. Una señal. "¡Padre, creo que nos están rastreando!"

La sonrisa de Jango desapareció. La señal los estaba marcando a medida que avanzaban. Una nave iba detrás de ellos.

"Mira la pantalla del sensor," dijo Boba excitado. "¿No es una dispositivo de ocultación?"

Jango cambió la resolución del sensor a una mayor potencia. Mostraba un marcador de posición pegado al Esclavo I.

Boba no podía creerlo. ¿No había visto al Jedi caerse al tormentoso mar de Kamino?¿Cómo había sobrevivido el Jedi para perseguirles?

"Debe habernos colocado un aparato de rastreo en la nave durante la lucha,”

dijo Jango, con una determinación de acero en su voz.

“¡Arreglaremos eso!”

Boba iba a preguntar como iba a hacerlo, cuando su padre lo empujó atrás en su asiento.

"Mantenlo, hijo. Nos vamos a mover por el campo de asteroides. No podrá seguirnos allí. Si lo hace le dejaremos un par de sorpresas.