La lucha para sobrevivir
Capítulo 12
Como casi todos las demás cosas en Geonosis, la arena había sido excavada en medio de la roca. Fuera porque estuviera abierta por la parte superior, o fuera por otro motivo, la arena era la parte más brillante de toda la ciudad subterránea.
Los asientos se habían llenado con Geonosianos excitados, moviendo sus alas y gritando con gran excitación, aunque aún no estuviera sucediendo nada.
Vendedores en brillantes trajes trabajaban a lo largo de las gradas, cantando y silbando para publicitar sus bandejas de insectos vivos y otros productos Geonosianos. Boba estaba encantado, aunque no se viese tentado por aquellas cositas que se retorcían, apenas podía creer en la suerte que tenía.
Estaba fuera de su apartamento, y no iba a estar confinado en su habitación.
Estaba en la arena, a punto de ver un espectáculo. Además, él y su padre estaban en los mejores asientos para verlo.
Estaban sentados junto al Archiduque y los otros oficiales. Jango Fett y Boba siguieron al Conde dentro del palco oficial. La multitud empezó a chillar salvajemente, en un primer momento, Boba pensó que debía ser por su padre, o incluso por el Conde.
Entonces miró hacia el centro de la arena y vio la atracción.
Los prisioneros Jedi.
Estaban encadenados a tres postes: el Jedi más joven a uno; el Jedi llamado Obi-Wan a otro; y la bella mujer al tercero.
Un gordo oficial Geonosiano se aclaró la garganta y se levantó para dar un discurso.
"Los delincuentes acaban de ser condenados por espionaje contra el sistema soberano de Geonosis. Su sentencia de muerte será llevada a cabo públicamente en esta arena en el día de hoy."
La multitud gritaba enloquecida mientras el gordo Geonosiano estaba sentado, sonriendo, como si toda la locura del público fuera por él.
El más pequeño de los oficiales Geonosianos se levantó y agitó sus brazos.
"¡Comenzad la ejecución!"
Boba tenía sentimientos encontrados. Odiaba al Jedi de más edad, Obi-Wan, que había tenido tanta suerte y que había humillado a Jango Fett escapando dos veces.
Boba deseaba verlo morir.
No le importaba lo que le pudiera suceder al aprendiz Jedi. El problema era la mujer. Boba no quería verla morir.
Uno de los asistentes, un Neimoidiano si que lo deseaba, pensó. Estaba frotando sus manos tan fuerte que estaban empezando a ponerse rojas Boba miró hacia delante, disgustado. Este tipo de seres le daban mala fama a las ejecuciones, pensó.
De pronto la multitud empezó a rugir incluso con más fuerza.
¡Y no era de extrañar! Se abrieron tres puertas en la arena. Jinetes montados en fastuosos trajes tradicionales, que montaban Orrays, fueron metiendo a los monstruos con palos y lanzas, llevándolos hasta el anillo central.
¡Y que monstruos! Boba los reconoció de haberlos visto en los libros.
El primero era un Reek, una especie de corcel asesino con cuernos afilados como cuchillas.
El segundo era un Nexu con su crin dorada carácterísticos y con garras y colmillos afilados.
El tercero era un Acklay, un monstruo con enormes garras, lo suficientemente grandes como para cortar en dos a cualquier ser con un solo pinzamiento.
¡La multitud estaba entusiasmanda! ¿Y por qué no iba a estarlo? Éste era el motivo por el que existía la arena. La muerte como diversión.
Boba estaba empezando a gustarle, un poco...
Los prisioneros no estarían de acuerdo con él. La mujer consiguió librarse de sus cadenas de alguna forma y saltó encima del poste.
¡Vamos! Pensó Boba. Aunque sabía que lo que pensaba no estaba bien, esperaba que se pudiera escapar. Entonces se podría unir a él para ver como eran asesinados los dos Jedis.
Estaba claro que Boba ya sabía que ese tipo de fantasías eran ridículas.
Nadie se escaparía. Lo que estaba sucediendo allá abajo en la arena era un espectáculo, pero también era una ejecución.
El Reek estaba dando vueltas a la arena, acuchillando el aire con su cuerno, y según le pareció a Boba, disfrutando de los salvajes vítores de la multitud.
Entonces la gran bestia se giró, y empezó a cargar contra el poste del Jedi más joven.
¡PAM! El Reek golpeó el poste con un golpe seco, mientras el Jedi lo esquivaba saltando a un lado, tan lejos como la cadena se lo permitía.
Entonces el Jedi saltó con las cadenas, en la espalda del Reek, el cual era para él, el lugar más seguro de toda la arena.
¡Buen movimiento! Pensó Boba, a pesar de sí mismo.
En ese momento el joven Jedi hizo algo incluso mejor. Colocó la cadena alrededor del cuerno del Reek, así que cuando la bestia se dio la vuelta y movió la cabeza, la cadena se soltó del poste.
Ahora el Jedi podía utilizarla como un látigo.
Boba gritó. Como el resto de la multitud, estaba animando al Reek.
El otro Jedi, Obi-Wan, pasó hábilmente cuando el monstruo golpeó el poste, seccionándolo en dos – y rompiendo la cadena al mismo tiempo El Nexu iba tras la mujer. Mostraba sus largos colmillos, y estaba intentando hacer trizas el poste donde ella estaba colgada, y desde donde apenas podía mantenerse.
Boba cerró los ojos.
Esto era algo que no quería ver.
La multitud empezó a rugir. ¡AAAAAWWWWWW!
Boba abrió sus ojos. El Jedi Obi-Wan había conseguido una lanza de algún sitio. Y la usó contra uno de los jinetes de los Orrays. El Acklay lo persigió pasando por encima del Orray y su jinete dejándolos aplastados en el suelo.
El Acklay abrió su enorme garra, y entonces…
¡CRRRRRRUNCH!
Fue el jinete, un trabajador de la arena, el que acabó partido en dos. Pero a la multitud de Geonosianos no les importaba. Lo único que querían ver era sangre. No les importaba a quién perteneciera esa sangre.
Mientras tanto, el joven aprendiz de Jedi estaba montando el Reek.
Utilizaba la cadena como bridas, controlando la bestia.
La mujer estaba intentando escaparse del Nexu, el cual le había desgarrado su camiseta. Utilizando su cadena para balancearse, voló por el aire,
golpeando al nexo dentro de la arena e hiriéndole en las piernas. Entonces aterrizó de nuevo en la parte superior del poste, fuera de su alcance.
¡Vamos! Pensó Boba de nuevo. Pensó para sí mismo.
El aprendiz Jedi se montó en el Reek, la bestia estaba totalmente bajo su control. La mujer saltó detrás de él. El Nexu gruñó y escupió con rabia – y entonces fue atacado y muerto por el Reek. El Jedi llamado Obi-Wan saltó detrás de la mujer, así que iban los tres en el Reek, marchando por la arena.
La multitud se volvió histérica. No es que estuvieran animando a los criminales – sino que más bien que estaban disfrutando con lo que estaba pasando.
Boba también gritó. Se alegraba que la mujer pudiera escaparse. Pero estaba tan lejos...
Pero era demasiado para el Neimoidiano. Se volvió hacia Jango Fett. Sus pequeños ojos estaban llenos de rabia.
"Esto no es como se supone que debía ser. Jango, ¡Acaba con ella!"
Boba se quedó observando, preguntándose qué es lo que haría su padre.
Jango no se movió.
El Neimoidiano lo miró fíjamente.
Jango Fett desvió la mirada.
El conde rompió el silencio.
"Paciencia, Virrey," dijo. "Ella morirá."
El griterío volvió a incrementarse y Boba miró de nuevo hacia la arena.
Las puertas se estaban abriendo de nuevo, las cuatro puertas a la vez. Los Droidekas fueron rodando hasta dónde estaban los prisioneros,
desplegándose al mismo tiempo que rodeaban a los prisioneros con sus temibles y brillantes armas que se reflejaban en la luz que entraba por el agujero de la parte superior de la arena.
Antes que Boba pudiera ni pestañear, los droidekas habían rodeado a los tres prisioneros encima del Reek.
Había acabado.
Boba cerró los ojos. No quería mirar. Entonces escuchó un sonido detrás de él.
Un golpeteó muy suave. Abrió sus ojos y se volvió, viendo una horrible visión. Un Jedi parado al lado de su padre.
La cara del Jedi era oscura, como el color de la madera. Sus ojos eran pequeños y crueles. Su sable de luz estaba desplegado y en funcionamiento.
Lo utilizó para inmovilizar a Jango Fett.