La lucha para sobrevivir

Terry Bisson · Capítulo 22 de 22

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La lucha para sobrevivir

Capítulo 23

Boba había leído sobre Raxus Prime, pero nunca lo había visto en persona, ni en fotografías. Habían muy pocas. ¿Quién querría verlo?

Raxus Prime era el planeta más tóxico de la galaxia. Era el vertedero de las basuras y desechos de miles de civilizaciones.

No parecía tan malo desde la distancia. Como en Kamino, Boba pensó, cuando salió del hiperespacio, entrando en orbita. Eran todo nubes. Bellos remolinos de nubes, todas teñidas con escarlata, verde y amarillo.

Pero mientras el Esclavo I descendía entre las nubes, Boba vio que realmente estaban hechas de humo, gas tóxico y vapor. El olor era tan fuerte que incluso penetraba los sistemas de la nave. El hedor era horrible pero los colores eran preciosos cuando el Esclavo I cruzó la línea entre la parte oscura y la parte iluminada del planeta.

La contaminación creaba la ilusión de un bello amanecer.

El olor no parecía molestar a Aurra Sing. En verdad nada parecía molestarla. “Vuela lentamente, dijo. Era lo primero que decía en horas.

Todo el viaje desde Coruscant había estado en silencio.

Ya le iba bien a Boba. Él tampoco le tenía nada que decir a ella. Ella no era su aliada pero tampoco su adversaria.

Mientras el Esclavo I descendía más lentamente, Boba vio la superfície de Raxus Prime por primera vez. Estaba cubierta por escombros, chatarra y basura, amontonadas en enormes pilas y filas retorcidas como grotescas montañas. Naves despezadas y oxidadas, armas quemadas, maquinaria destrozada. Pilas de vidrio y acero yacían medio enterrado bajo montones de escoria. Y todo ello rezumaba vapor y humo, suciedad.

Ya que todo parecía muerto, debía estar vivo. Boba vio diminutas criaturas de color marrón corriendo a través de los aceitosos desperdicios. Vio pájaros del color de la mierda, como cagarrutas lanzadas contra el cielo. No había ciudades, pero cada pocos kilómetros una chimenea lanzando humo indicaba el lugar donde se situaba una refinería o una planta de reciclaje, controlada por droides que se apresuraban a procesar las manchas de aceite.

"Más lentamente, chico."

Aurra Sing consultó unos datos en su reloj de pulsera. "Debería estar por aquí, en algún lugar. Mira por la montaña desquilibrada y en el lago – ¡Allí está!"

La "montaña" era un montón asqueroso de desechos de miles de metros de alto. Retorcidos y sin hojas, árboles mutantes crecían de sus asoladas laderas, alimentados por la continua lluvia que caía de las hediondas nubes.

El “lago” era una piscina de líquido luminiscentre del color de la bilis.

Siguiendo las instrucciones de Aurra Sing. Boba hizo aterrizar la nave sobre un terreno llano entre el lago y la base de la montaña.

"No la apagues."

"¿El qué?"

"La nave. Mantenla en funcionamiento. Me voy de aquí. Tú te quedas. Eso es todo."

"¡No me puedes dejar aquí!" "¡No puedes robarme la nave!" dijo Boba.

"¡Quién dice eso? La nave es mi paga," dijo Aurra Sing. Abría la compuerta y bajó la rampa. “Hay una puerta en un lado de la montaña. Tan pronto como te deje, se abrirá para ti. Mi cliente te está esperando en el interior. No olvides tu bolsa."

La lanzó fuera, en el hediendo y asqueroso “suelo.” Boba corrió para volver a entrar pero la Aurra cerró la rampa antes que pudiera hacer nada.

"¡No me puedes dejar aquí!" Boba gritó, golpeando el casco de la nave.

“¡Me escaparé!”

"¡Mira a tu alrededor – no creo que lo hagas!" Le devolvió el grito. "Me voy, buena suerte, Boba Fett. Espero que puedas conseguir la misma reputación que tu padre. Él era algo único. Quien sabe, quizás tú también lo seas un día. Me ha gustado como manejaste a ese camarero."

Boba apenas se lo podía creer. ¡Ella lo había rescatado, para luego traicionarlo, robarlo y luego acompañarlo! Y ahora estaba a punto de dejarlo solo en uno de los peores mundos de la galaxia. Golpeó la escotilla con rabia, pero en vez de abrise, se cerró con un silbido.

Se sentía realmente solo. No había nadie en el que él pudiera confiar.

Los motores de la nave empezaron a funcionar. Boba conocía ese sonido.

Volvió sobre sus pasos, al exterior. Y pudo observar con impotencia como la nave, se elevaba entre las nuves y desaparecía.

Una vez más, se sintió peligrosamente cerca de ponerse a llorar. Al mismo tiempo, apenas podia respirar. De repente, oyó un sonido detrás de él.

Se dio la vuelta. Una puerta en la ladera se deslizó a un lado. En el interior, Boba pudo ver una sala fuertemente iluminada, que llevaba a una escalera alfombrada.

Boba no esperó a ser invitado. Tosiendo, corrió hacia el interior.

¿Y ahora qué? Pensó Boba cuando la puerta se abrió de golpe.

Antes que tuviera la oportunidad de contestar a su propia pregunta, escuchó una voz detrás de él. "Bienvenido a Raxus Prime, Boba Fett."

La voz era familiar. Allí estaba la delgada, y lineal cara con aquellos dos ojos de ave de presa.

"¡Conde Tyranus! Quiero decir, ¡Conde Dooku!"

"Ahora estás entre amigos, Boba," dijo el Conde. "Puedes pedirme todo lo que necesites. Yo te lo proporcionaré."

"Mi padre me contó cómo encontrarte," dijo Boba.

"Y se aseguró que así sucediera," dijo el Conde. "Veo que Aurra Sing hizo un magnífico trabajo y te trajo aquí sano y salvo."

"Sí, señor," dijo Boba. "Quiero decir, no señor. Ves, ella robó mi nave, y es...”

El Conde sonrió y levantó la mano. “No te preocupes. Tu nave está a salvo.

Todo estará bien a partir de ahora. Debes estar cansado.” Boba asintió. Era verdad.

"No te preocupes por eso," dijo el Conde, colocando su fría mano en la cabeza de Boba. “Ven, déjame mostrarte tu habitación. Deja que lleve tu bolsa.”

Boba lo siguió mientras subían las escaleras. Las alfombras eran suaves.

¿Quién se hubiera imaginado que habría ese tipo de elegancia en ese planeta lleno de porquería? Incluso el aire era suave. Tan solo se podían oler ciertos retazos de lo que habían en el exterior.

"Tengo grandes planes para ti, Boba," dijo el conde. "Planes que harán que tu padre esté orgulloso. Pero primero necesitas descansar. Debes estar cansado después de todos tus viajes.”

Boba asintió. Había pasado por una gran cantidad de aventuras durante los últimos días. La persecución del caza Jedi en Geonosis, el escape de la Jedi a la vuelta en Kamino, la recuperación de su nave y el robo que había salido mal en las lunas de Bogden, los esfuerzos con el camarero en Coruscant...

Había perdido su nave, pero la podía recuperar. El conde lo había prometido, ¿o no lo había hecho? De algún modo lo había dicho sin comprometerse.

Se dio cuentra que era una gran cantidad de información para un niño de diez años. Estaba cansado. Pero también estaba confundido. Sabía que debía estar contento. Había tenido suerte. Había conseguido completar la primera parte de su busqueda. Había encontrado a Tyranus. Ahora podría alcanzar la sabiduría...

¿Entonces por qué había sentido un toque gélido cuando el conde había puesto su mano encima de su cabeza?

Seguramente eran tan solo nervios, pensaba Boba mientras seguía al Conde mientras subían las escaleras hacia su habitación, y hacia su incierto futuro.

Continuará…

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