La lucha para sobrevivir
Capítulo 22
En las intrincadas relaciones que mantienen los planetas civilizados y a los medio civilizar que forman el Núcleo Galáctico, algunos planetas permanecen en la oscuridad y son difíciles de encontrar. Y otros son difíciles de ignorar.
Coruscant está en una segunda categoría.
Las coordenadas eran fáciles de recordar y también fáciles de introducir en el ordenador de vuelo de la nave: cero, cero, cero.
Es aquí donde se inició la civilización. En el corazón de los planetas del núcleo. En el centro del universo conocido.
Coruscant. El planeta que es una ciudad, la ciudad que es un planeta.
Boba se despertó cuando el Esclavo I salió de la hipervelocidad para pasar al espacio normal.
Movió la cabeza para despejarla de los sueños que siempre se producían durante los saltos al hiperespacio.
Y allí estaba. La legendaria ciudad planeta, cubierto por aceras y tejados, torres y balcones, parques y mares artificiales. Coruscant era una inmensa metrópolis que iba de un polo al otro del planeta.
Ninguna mancha verde ni ningún campo abierto, sin naturaleza, sin bosques ni capas de hielo. Coruscant era una enorme ciudad planetaria, cubierto por barrios de tugurios, palacios, parques y plazas. La República se mostraba en toda su gloria, dando la bienvenida al Esclavo I como habían dado la bienvenida a los peregrinos, los piratas, políticos y peticionarios desde el comienzo hacía milenios.
Y ahora recibía a Boba Fett. Un huérfano buscando complacer al fantasma de su padre.
Afortunadamente, Boba pudo introducir el Esclavo I en un ruta de aproximación suborbital, pasó al lado de los grandes espejos orbitales que reflejaban la luz del lejano sol de Coruscant.
La nave entró en la atmósfera y empezó a ir más lentamente. Boba descendió en largos giros, pasó entre las torres de soporte vital y las de energía, cerca de los jardines colgantes y de las zonas comerciales reservadas a visitantes inesperados. Con tráfico de naves por todos los lados, era una aproximación mucho más difícil que Kamino o las lunas de Bodgen. El corazón de Boba latía con fuerza. ¿Encontraría al Conde Dooku?
Sintió un golpe suave y dejó ir los controles del Esclavo I. La nave estaba bloqueada en piloto automático, siendo guiado “a distancia” por un microrayo tractor. La nave aterrizaría por sí misma.
A Boba ya le iba bien. Tenía otras cosas de las que preocuparse. Dinero, para empezar. Tendría que pagar los derechos de aterrizaje antes de poder despegar de nuevo. Después estaba el problema de los Jedi. Si estaban realmente detrás de él, tal y como le había advertido Taun We, debería dejar
algo que le sirviera de garantía en el Esclavo I. Podía ser arrestado tan pronto como bajara de la nave.
Necesitaba algo que le hiciera de guía. Tal vez el libro lo ayudara. Parecía abrirse cuando lo necesitaba, o al menos cuando tenía algo que decir.
Lo sacó de la bolsa de viaje. Con seguridad, lo abrió. Pero el mensaje era incluso más misterioso que lo habitual.
“Vigila las cosas que parezca que vayan demasiado bien.”
¡Yo no tengo ese problema! Pensó Boba. Cerró el libro, disgustado, y lo lanzó lejos. Observó nervioso como la nave se dirigía hacia el espaciopuerto, volando lentamente entre las torres y por debajo de los paseos iluminados y los jardines de Coruscant.
El Esclavo I aterrizó con facilidad. No se disparó ninguna alarma.
Boba bajó la rampa. Escaneó la pista de aterrizaje listo para salir corriendo si fuera necesario.
No había nadie observando. Nadie a su alrededor.
Eso era Coruscant. Nadie se preocupaba de una nave pequeña como la Esclavo I. O en su pequeño piloto de diez años.
La primera emoción de Boba al aterrizar fue de alivio.
La segunda fue miedo. Los Jedi tenían ojos y oídos en todas partes. Y
especialmente en Coruscant. ¿Encontrarían a Boba antes que él encontrara a Tyranus?
Pero Boba no temía tanto a los Jedi como fallar. ¿Podría deshonrar la memoria de su padre, fallando en su primera prueba, en su busqueda de Tyranus – y de su autosuficiencia?
"Bienvenido a Coruscant," dijo una inhumana voz droide.
"Seguro, sea lo que sea," murmuró Boba.
Llevando su bolsa de vuelo con su libro negro y el casco de combate, además de un par de mudas de recambio, saltó de la nave. Y se dirigió hacia las calles por las escaleras mecánicas.
Boba había leído lo suficiente sobre Coruscant como para saber que estaba todo subdividido según la clase y la función de cada uno.
Los niveles superiores eran para los ricos y los poderosos. Mirando hacia arriba, Boba podía ver sus torres y jardines alzándose entre las nubes.
Los niveles intermedios, donde él había aterrizado, eran para realizar negocios y para el placer. Las calles estaban llenas de criaturas de todas las partes de la galaxia, corriendo alrededor, comprando y vendiendo, o tan solo observando.
Se dice que los níveles inferiores son peligrosos. Son las zonas fuera de la ley, llenos de fugitivos, piratas y criminales – todos los habitantes del inframundo que vivían fuera de las leyes de la República.
Boba esperaba que todo le fuera bien en los niveles inferiores cuando encontrara el Brazalete de Oro. Ya había pasado por suficientes aventuras.
Lo único que quería era encontrar a Tyranus.
Boba había tenido suerte.
El Brazalete de Oro era un pequeño ajugero en la pared de la capa superior de los niveles inferiores, justo debajo de la capa inferior de los niveles intermedios.
Estaba los suficientemente profundo como para que la luz fuera tenue y las luces de neon pudieran funcionar todo el día. Pero no lo suficientemente profundo como para tener que ir acompañado de una escolta armada para cruzar la calle.
Boba atravesó la puerta.
El bar estaba desierto a excepción del camarero, un ser de cuatro brazos el cual usaba dos de ellos para lavar vasos, uno para contar créditos y otro para limpiar el bar con un paño húmedo. Su piel era una de un rojo carmesí, y el nombre escrito en su chapa identificadora era Nan Mercador.
Boba puso su bolsa de vuelo en el suelo y se sentó en un taburete.
"¡No se permite la entrada a niños!" dijo Mercador, saliendo de detrás del mostrador y dirigiéndose hacia él. "¡Y eso te incluye a ti!"
"No soy un cliente," dijo Boba. "No he venido aquí a beber. Estoy buscando un... familar. Llamado Dooku."
La cara del camarero se alegró.. "¡Dooku!" Miró a Boba con un nuevo interés. "Dooku. Oh, sí, por supuesto. Es un buen amigo mío. Deja que le haga una llamada."
Mercador comenzó a introducir números en la unidad de comunicación.
"¿Dooku? ¿Eres tú?" dijo. "Hay alguien aquí que quiere verte." La estática de la pantalla del sistema de comunicación de detrás del bar, sonaba como si fuera una llamada a larga distancia entre planetas. El camarero sonrió a Boba. "¿Qué te parece si tomas algún zumo mientras esperas?"
"Realmente no tengo dinero," dijo Boba.
"Está bien," dijo el camarero, limpiando la barra con una mano y llenando un jarra con las otras dos. "¡Esta invita la casa!"
El zumo estaba frío y le sabía a gloria. Boba apenas se podía creer su suerte.
Había estado tan solo en Coruscant una hora o poco más, y ya se había encontrado con un amistoso camarero que conocía a Tyranus (Perdón,
¡Dooku!), ¡y ahora estaba bebiendo un zumo gratis!
De pronto recordó el libro negro: Vigila las cosas que parezcan que van demasiado bien. ¿Podría ser que... ?
La estática de la pantalla de comunicación desapareció, y Boba pudo ver dos caras familiares. Ninguna de ellas era Tyranus. La de la derecha era el Diollano, el de la izquierda era el Rodiano. Los dos Cazadores de recompensas que se había encontrado en las lunas de Bogden.
"¡Es él!" dijo el Rodiano. "¡Cógelo! Puedes llevarlo a los Jedi, te recompensarán.” Boba se bajó del taburete y empezó a correr. Pero era demasiado tarde. Fuertes manos agarraban su brazo derecho.
Y su brazo y su pierna izquierda.
Y su pierna derecha.
Nan Mercador salió de detrás del bar y lo levantó boca abajo, por el aire.
"¡Hey!" Aulló Boba. "¡Dejáme ir!"
"Ni hablar," dijo el camarero, sosteniendo a Boba sobre su cabeza. "¡Vales mucho dinero!"
"¡Estáis cometiendo un error!" dijo Boba.
"No es ningún error, niño," dijo el Rodiano en la pantalla de comunicación.
"Eres un cazador de recompensas," añadió el Diollano.
"Los Jedi saben que vienes," dijo el Diollano a Mercador.
"Te darán lo que te corresponde," dijo el Rodiano.
"La mitad debería ser para mí," dijo el camarero mientras empezaba a dirigirse hacia la puerta sosteniendo a Boba sobre su cabeza con sus cuatro brazos. "Os he ahorrado a los dos el problema de venir aquí."
"Demasiado tarde para eso," dijo el Rodiano.
"Ya está todo acordado," dijo el Diollano mientras lo agarraba.
La pantalla se apagó.
Piensa rápidamente, pensó Boba, mientras se retorcía y golpeaba en vano cerca del techo. Y si no funciona, ¡Piensa con rapidez! Paró de retorcerse.
"No seas estúpido," dijo. "El conde Dooku te pagará el doble de lo que te pagarían los Jedi. Y no tendrás que compartirlo con nadie.”
"¿No lo tendré que hacer?" Nan Mercador se detuvo Pero no dejó ir a Boba.
"¿Estás seguro?"
"Totalmente," dijo Boba. "Bájame, y podré llamarlo por mí mismo. Le podrás preguntar por ti mismo."
"Debes pensar que soy un memo," dijo el Mercador, mientras sostenía Boba tan alto encima de su cabeza que casi tocaba el techo. “Además, no sabes su número. Acabas de preguntarme por él, ¿Recuerdas?"
"Solamente te estaba probando," dijo Boba, mirando una lámpara que colgaba del techo y que ha había quedado muy cerca de su pie izquierdo.
Solo estaba a unos centímetros. "Pero no tienes por que creerme. Lo puedes llamar tú mismo. El número es..."
Dijo un montón de números, esperando que sonaran como un número real.
Y aparéntemente lo hicieron. El camarero dejó de agarrarlo con fuerza y empezó a bajarlo hacia la unidad de comunicaciones del bar. Boba estaba preparado para moverse. Tan pronto como liberó su pie, golpeó la lámpara tan fuerte como pudo.
¡CRASH! Se hizo pedazos, provocando un lluvia de cristal en el bar, sobre los taburetes, el suelo…
Mercador interpuso sus manos para proteger su cabeza del cristal que caía.
Boba cayó, directamente hacia abajo, cabeza abajo. En el último momento se lo montó para dar un giro en el aire y aterrizar sobre sus pies. Se volvió hacia la puerta, la cual se abrió con un suave deslizamiento.
Y reveló dos brillantes botas, que bloqueaban su camnio. Encima suyo habían dos piernas esculturales. Y encima de ellas...
Una mujer, sosteniendo un láser amenazador. Agarró el brazo de Boba con una mano. Levantó la otra mano y disparó.
¡ZZZ-AAA-PPP!
El camarero aulló con dolor a la vez que caía al suelo en medio de los cristales rotos.
"Está configurado para aturdir," dijo la mujer. "Haz un movimiento en falso y lo configuraré para matar. "
"Magnífico," dijo Boba, mirando a su rescatadora. Parecía peligrosa. Lo que la hacía incluso más atractiva. "¿Quién eres?" Preguntó.
"Aurra Sing," dijo. "Pero eso no importa. Vamos a irnos de aquí."
A Boba no se lo tuvieron que repetir dos veces. Cogió su bolsa de viaje y la siguió por la calle, hasta llegar a un hovercraft que permanecía al ralentí en la estrecha calle.
"Cazadores de recompensas," explicó casí sin aliento. "Me han traicionado.
¡Nunca tendría que haber confiado en ellos!"
"Siempre puedes confiar en un cazador de recompensas," dijo Aurra Sing.
"Confiar en que harán lo que les paguen que hagan." Abrió la puerta del hovercraft. "Lo sé, por que yo también soy una cazadora de recompensas.
Entra, joven Boba Fett."
"¿Conoces mi nombre?"
"Por supuesto. Un cazador de recompensas siempre conoce el nombre de otro cazador de recompensas.”
Boba retrocedió, listo para salir corriendo.
"¡Entra!" Aurra Sing colocó el láser en la brillante funda que combinaba con sus botas. "Es muy doloroso, incluso cuando está regulado en aturdir.
No me hagas probarlo en ti."
Boba se rindió y entró. Se sentó mientras el hovercraft despegaba. Pensaba que lo habían rescatado. Pero en vez de verse libre, !Lo habían vuelto a capturar de nuevo!
Mientras el hovercraft se elevaba más y más, a través de las torres y los jardines colgantes de Coruscant, Boba se recostó en su asiento, disgustado consigo mismo.
"Vigila cuando las cosas vayan bien." Lo tendría que haber sabido, pensó.
¡Nunca volveré a confiar en nadie!
Se sorprendió cuando Aurra Sing aterrizó su hovercraft en el espaciopuerto, al lado del Esclavo I.
"¿Me estás llevando a los Jedi?" Preguntó. "Creo que eres una cazadora de recompensas."
"Lo soy," dijo. "Pero nunca trabajaré para los Jedi. Mi cliente vive en otro planeta. Es por ese motivo que cogemos tu nave. ¿Sabes pilotarla, no?
"¿Y qué pasa si dijo que no?"
Ella acarició su láser de nuevo.
Boba abrió la rampa y comprobó los sistemas del esclavo I. Para su sorpresa, Aurra Sing pagó la cuota de los derechos de aterrizaje e incluso le dio una propina al droide.
"Sal de órbita primero," dijo. "Después entra en hiperespacio. Y sin bromas.
No soy conocida por mi sentido del humor."
"Sin bromas," dijo Boba por lo bajo. Y entonces preguntó, "¿Te importaría explicarme quién a puesto un cazarecompensas detrás mío, y a dónde vamos?"
"Encontrarás al que que te está buscando muy pronto," dijo. "Y a dónde vamos es un planeta del borde exterior llamado Raxus Prime."
"¿Perdona? Debo haber escuchado mal. Creo que has dicho Raxus Prime."
"Has escuchado bien."
"Pero – es un planeta inhabitable."
"Lo sé. Y ya vamos tarde. Salta al hiperespacio de una vez, y vámonos."