Linguæ Vasconum Primitiæ

Bernat Etxepare · Capítulo 15 de 19

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Linguæ Vasconum Primitiæ

Vete de aquí en mala hora

XI.- VETE DE AQUÍ EN MALA HORA

¿Vamos a tener ahora nuevas conquistas?

¿Grandes invitaciones después de pasada la boda? No sois tan distinguida, señora;

os daré pronto vuestra merecido.

XII.- DESDÉN DE LA AMADA CRUEL

Mis ojos han reparado en una dama herniosa y gentil. Por sus dotes no tiene igual en el país,

Le he rogado que me dijera sinceramente

si había modo de congraciarme con ella.

Me ha respondido sin la menor demora;

—«Conste que yo te amo de una manera cortés, pero de mí no conseguirás más, te lo prevengo. Aunque soy joven casquivana, no por eso seré tuya».

—«Si bien eres joven, eres muy inteligente.

Sé, por favor, sensible a la pena que por tí padezco. Tómame como amante tuyo, sí quieres que viva. Tendrás una gran responsabilidad, si por tí muero».

—«Es malo complacer a costa del propio honor. No te es lícito hablarme en esos términos.

Tú sabes que es afrentoso cometer una mala acción. Yo soy ignorante, tú sabio, no te puedo entender».

—«Si tú quieres lo guardaré en secreto.

Nadie se enterará de nuestro mutuo amor.

Por favor, dame la oportunidad de hablar en secreto; por hablar conmigo no se te seguirá ningún daño».

—«La gente se entera pronto cuando se ha obrado mal y los míos se avergonzarían de mi mala conducta. Tú y yo no podemos convivir bien juntos.

¡Cállate y marcha ya! Será lo mejor».

—«Me has desgarrado el corazón con ese lenguaje. Es tan grande la pena que por tí siento

que, si no recibo de tí ahora mismo un consuelo, mi alma partirá sin remedio fuera del cuerpo».

—«La partida del alma es muy dolorosa,

pero la tuya aguantará a pesar de ese dolor.

Déjame en paz con esos despropósitos.

Créemelo, no vas a sacar ningún provecho».

—«¿Cómo podré vivir si estoy a malas contigo? Mi corazón y mi alma son tuyos y nadie puede vivir sin alma y corazón.

Tú y yo sí podemos convivir bien juntos».

—«Señor, tu terquedad es realmente grande.

A fe mía, quisiera que callaras de una vez.

Escucha la verdad en dos palabras, si te apetece: no estoy dispuesta en absoluto a ser tuya».

—«Ya me temía yo que eso fuera así.

Si la dama no es complaciente con el amante,

todos los amantes están perdidos, yo el primero. Al menos no lleves a mal que yo te quiera».

¿Ha habido jamás hombre tan desdichado como yo? Mi amada no me ama y yo no puedo desdeñarla. Me parece perseguir a quien no puedo poseer.

Entonces ¿para qué amar a la que no me ama?

Por favor. Dios mío, transforma mi corazón,

para que también yo me desentienda, igual que ella. Mejor es obrar bien que mal, aunque sea a la fuerza. También yo voy a abandonar a la que no me quiere.

¡Sólo falta que muera yo el primero por falta de mujer! Tengo que desengañarme de todas; es lo mejor. Con ellas no puedo medrar y sí arruinar el alma y además renegar de todas por culpa de una.