Linguæ Vasconum Primitiæ

Bernat Etxepare · Capítulo 6 de 19

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Linguæ Vasconum Primitiæ

Desengaño de amantes

II.- DESENGAÑO DE AMANTES

Allá cada cual con sus amores; el mío es Santa María, Ojalá la buena Señora a todos nos asista.

Quisiera que los amantes me prestaran atención; de seguro escucharían un aviso bien útil.

Les daría un consejo para acertar a elegir su amor, con tal de que lo grabaran para siempre en su mente.

También yo he tenido mis amores, y no pocos,

pero en nada me he beneficiado de todos ellos. Al revés; harto penar y daño del alma, ajena y propia. Por un placer hay mil congojas en cualquier amor.

¿Es que hay acaso un solo amor que sea fiel,

que no se mude ante el halago o unas joyas?

El que uno cree ser el mejor, a menudo le traiciona Y el mejor resulta el peor, al menos para el alma.

El amor pecaminoso es desde luego traidor;

la verdad aparece clara al acercarse la muerte

y entonces los placeres gustados son agua pasada; queda sólo el pecado para seguir torturando

y cuanto más haya gustado más tendrá que padecer.

Quisiera para mí un amor que siempre me fuera fiel que me valiera aun después de vivir, ya muerto. A ese amor me gustaría servir de por vida.

La vida de aquí es breve y la otra para siempre.

He recorrido el mundo sin encontrar un amante como la buena Madre de Dios, llena de toda gracia. Nadie es digno de ser amante de ella,

Sirvámosla con afecto, pues ella nos ama ya.

Excepto éste, todos los otros amantes son falsos; todos ellos nos abandonarán cuando más los precisemos. Nosotros, pecadores, morimos antes que nos imaginamos. Si ella no nos ampara entonces, ¡pobres de nosotros!

¡A tomar todos por amante a la buena Señora!

Renunciemos a los restantes y ¡honrémosla a ella! Si lo hacemos así, será grande nuestra honra.

Sin ella, por los demás estamos todos perdidos.

Excepto Dios, nadie en el mundo tiene tanto poder; ciclo, tierra y mar están bajo su dominio.

A todo extiende su mano, cuando es preciso,

Con ser ella excelsa, aprecia al más pequeño.

Si desechamos tal amante, ¿dónde tendremos otro?

Los demás amantes están a merced de uno solo; nadie quiere dejar compartir el suyo a otro.

La gloriosa Madre Virgen es, en cambio,

tan cumplida, que, sin dejar de ser fiel, satisface a todos.

Cuando los amantes han satisfecho una vez su gusto, les sobreviene luego otro deseo mayor.

No pueden lograr nunca plena satisfacción y

viven toda su vida como si algo les faltara.

¡Mujeres y hombres todos! Tomad por amante a María, que ella nos dará a todos cumplida satisfacción.

Es la única entre las hermosas que ha tenido la gracia de que nadie la pueda desear con malicia,

antes bien extinguía el deseo impuro con su vista. Con sólo ver una imagen suya comprobarás esta verdad.

Del mar el agua, del cielo las estrellas,

de los bosques la sombra, de la tierra las hierbas, del día el sol y de la negra noche las tinieblas

antes desaparecerán que no que ella nos falte,

si es que nosotros le somos leales.

¿Por qué somos, entonces, tan necios los pecadores? Acudamos todos, por favor, a esta fiel Señora.

¡Ea, fuera todos los demás amores falsos!

Con ella tenemos de fijo cuanto necesitamos.

¡Ay, pobre enamorado! ¡Qué engaño el tuyo!

Te pasas toda la vida de locura en locura.

Si mi agraciada Señora no te presta su ayuda,

vivo o muerto vas camino de la perdición.

Haz cuanto bien puedas mientras dispones de tiempo; al llegar la muerte difícilmente lo tendrás;

y si aun entonces aspiras a salir con bien, encomiéndate de lleno a ella. ¡No le miento!

Ella ni al final permite que los suyos se pierdan, pues aun entonces tiene en sus manos todas las gracias.

Este mundo tiene engañados a muchos;

los embauca con la esperanza de vivir por siempre y, cuando menos se lo imaginan, Los deja en la estacada. ¡Qué locamente habrá actuado quien se haya fiado de él

Yo también he cometido locuras sin cuento

y soportado día y noche fríos y calores,

noches de insomnio, mil angustias, ¡Y no por el alma! Bien querría ahora que todo hubiera sido por Dios.

Hay mucha gente como yo en el mundo,

que se pasa toda la vida en falsas ilusiones.

¡A ver si escarmentamos antes que sea tarde!

La buena Señora nos puede acoger bajo su protección, pues es tan bondadosa —más que todas las madres— que a todo el que acude a ella le acoge con gracia.

Verdad cierta: no hay nadie libre de culpa,

y por causa del pecado condena Dios al mundo. Pero en tí, noble Señora, no ha habido pecado.

Sé, pues, nuestra mediadora para que nos perdone.

Dios te creó para salvar a los pecadores

y a sí mismo se erigió en juez justiciero,

para que tú fueras el refugio de misericordia,

a fin de que, como Él no los puede salvar en justicia, hallaran remedio en tu misericordia,

con sólo que recurrieran a tí con sinceridad.

No ha existido hasta hoy ni existirá jamás

pecador tan grande y tan impuro que,

si se ha encomendado a tí en su camino,

no haya obtenido el perdón gracias a tí.

Ningún protegido tuyo se ha perdido ni se perderá. Nos encomendamos a tí en la vida y en la muerte,

Las demás mujeres, en cuanto son madres,

no pueden ser ya nunca vírgenes.

Tú, Señora, eres Madre de Dios siendo virgen

y en consecuencia reina del cielo y de la tierra.

Tú eres señora de todo cuanto Dios es señor.

Es, pues, justo que todo el mundo le rinda honor, pues Jesucristo mismo lo hace así contigo.

El mundo entero no posee tanta dignidad como tú.

¡Oh Señora! Ninguno puede ser semejante a tí, y menos aún superior, sino Dios mismo.

Todo lo que no es Dios está por debajo de tí.

Eres Madre de Dios por encima de todo el mundo.

Tú has hecho por Él más que todo el mundo,

pero también Él ha hecho por ti más que por el resto. Es incapaz de dejar de obedecer a su Madre,

¡Danos, por favor, la gracia de ser de los vuestros!

Si tú me acoges de buen grado bajo tu amparo, estoy persuadido de que no podré condenarme. ¡A cuántos de los que iban a perderse has salvado! Ven también a socorrerme a mí antes que me pierda.

No hay en ninguna parte mal que tú no remedies, ni bien alguno que no tengas tú en tu mano.

En todo tiempo y lugar, sin género de duda.

Dios tiene puestas en tus manos todas las gracias.

Una madre consigue cuanto quiere de su hijo

y un buen hijo hace cualquier cosa por su madre. Prendado de tí. Dios tomó en tí nuestra naturaleza y con ello convertiste a Dios en hermano nuestro.

Eres digna Madre suya y de todos nosotros

y una madre no puede sufrir una rencilla entre sus hijos. Si alguna vez, le ves enojado por nuestras faltas, reconcílianos al punto, pues eres Madre de todos.

Por los grandes pecados que hoy día se cometen Dios habría aniquilado la tierra hace tiempo,

si tú no hubieras intercedido por nosotros.

En atención a tus ruegos nos conserva aun a todos, para que, pese a nuestra maldad, por tí nada nos falte. Llévanos a buen término para ser de los que se salven,

¡Dulce Madre! Si yo cometo alguna falta contra tí, castígame y corrígeme al momento, por favor.

¡Ay! ¿Dónde podré yo refugiarme si abandono a mi Madre? No conozco para mí una madre como tú.