Linguæ Vasconum Primitiæ
En defensa de las mujeres
III.- EN DEFENSA DE LAS MUJERES
¡Por mí vida! No habléis mal de las mujeres;
si los hombres las dejaran en paz. no obrarían mal.
Son muchos los hombres que murmuran de las mujeres, mentándolas ligera y deshonestamente.
Más les valiera guardar silencio;
ellas no saben obrar mal, si no es con los hombres.
Son pocos los sensatos que las denigran;
sería más honrado hablar bien de ellas,
porque ¿qué razón hay para criticarlas?
Todos, grandes y pequeños, nacemos de ellas.
¡Vaya una hombrada detractar de las mujeres
y equipararlas a todas por reprochar a una!
Me gustaría más que ese tal se callara.
¡En mala hora le crió a sus pechos una mujer!
Todo censor de mujeres debería reflexionar
quién nos ha dado la vida a él y a los demás.
Me gustaría preguntarle si su madre fue o no mujer. Debería elogiar a todas, aunque sólo fuera por ella.
La mujer siempre es útil para el hombre,
De una mujer vinimos todos un día al mundo.
Moriríamos nada más nacer, si ella no nos criara, y después de criados, precisamos a diario de su ayuda.
Si está sano, necesita su mano para vestir y comer. Si enfermo, al pobre hombre le va mal sin mujer. Si muere, ¿quién le puede asistir como ella?
Las necesitamos sin duda a todas horas.
Donde falta la mujer no veo nada apetecible.
Ni el marido ni la casa están nunca aseados.
El desorden reina en toda la casa,
¡Ni en el paraíso quisiera que faltaran las mujeres!
Jamás oí que la mujer atacara primero al hombre; al revés, primero siempre el hombre a la mujer, lo malo procede siempre del lado de los hombres. ¿A qué viene entonces inculpar a la mujer?
La virtud de los hombres debería ser superior,
pero veo más bondad en las mujeres.
Hay mil hombres malvados por una mala mujer y mil mujeres leales por un hombre fiel.
No habría una honesta, si les hicieran caso a ellos; no pueden dejar de acosar a una a poco que valga. Pero son muchas las que se evaden de sus manos, porque la virtud en ellas es muy superior.
Nunca oí que la mujer forzara al hombre,
es el hombre el que persigue furioso a ella;
y si alguna se acerca cariñosa al hombre,
habrá hombre que la culpe por ello?
Dios ama a la mujer más que a todo el mundo.
Bajó del cielo por estar enamorado de una.
Aquella mujer le confraternizó con nosotros.
Por ella todas las mujeres son dignas de elogio.
La mujer se me antoja un ser lleno ríe dulzura, Un algo muy delicado entre todos los regalos.
De día como de noche posee un gran encanto.
Hablar mal de ella es una gran villanía.
No hay placer en el mundo tan maravilloso
como una mujer desnuda echada bajo un hombre. Está rendida con los dos brazos abiertos,
para que el hombre haga de ella lo que quiera.
Aunque la hiera con un dardo en mitad de su cuerpo, no chista media palabra. ¡Ni que fuera un ángel. Al contrario, suavizado el dardo y restañada la herida, los reconcilia a los dos con su encanto.
¿Hay alguien tan insensible que se olvide de ella y más tarde la denueste en malos términos?
Quien así procede no es hombre en sus cabales. ¿Cómo no reconocer una acción tan noble?