Linguæ Vasconum Primitiæ
Prólogo
«En realidad, el parentesco de la obra de
Dechepare con ta poesía popular —en espíritu,
lenguaje y versificación— salta a la vista»[1]
El 450 aniversario de la publicación por Bernard Etxepare del primer libro vasco impreso conocido —«Linguæ Vasconum Primitiæ». 1545, Burdeos— es una fecha suficientemente importante en los anales de la lengua y cultura vascas como para no pasar desapercibida a los ojos de las Instituciones, Universidades y entidades culturales del País sin que rindan un digno homenaje a su memoria. Y ninguno ha parecido tan señalado como la reedición facsímil de su obra, acompañada de su traducción a las lenguas de más difusión en el mundo occidental, para dar con ello cumplimiento al deseo que expresara el poeta: «zeren ladin publika mundu guzietara berze lengoajiak bezala hain eskribatzeko on dela» («a fin de que fuera notorio a
todo el mundo que es tan apta como las demás para ser escrita»[2]).
No es unánime el sentir de los estudiosos de la Historia de la Literatura respecto del lugar que a nuestro poeta corresponde en la misma, Mitxelena disiente no sólo de quienes le apellidaron el «Rabelais vasco», sino también de quienes le consideraron un hombre del Renacimiento, al que cree pertenece tan sólo en razón de su entusiasmo por la imprenta. Concuerda en cambio con el paralelismo que desde antiguo se ha establecido entre él y el Arcipreste de Hita, de algunos de cuyos pasajes
no cree desmerecen algunas de las composiciones de Etxepare[3]. Por su parte Jon Juaristi le considera «hombre de transición entre la cultura medieval y la
renacentista» deitzen du»[4].
En nuestros días se ha puesto de manifiesto la posible relación existente entre el poeta vasco y el famoso poeta francés Clément Marot (1497-1544), el preferido de la reina Margarita de Navarra, a quienes unía por la común amistad, el abogado del rey Bernard Lehete, mecenas y destinatario de la obra de Etxepare y defensor en algún trance difícil de Marot, cuya obra pudiera tal vez haber conocido Etxepare por mediación del común amigo.
Tampoco hay coincidencia entre los críticos a la hora de valorar poéticamente la obra de Etxepare. Mientras Julio de Urquijo y sobre todo Schuchardt piensan que dista mucho de poseer las cualidades de un verdadero poeta, la señora Gil Reicher y Mitxelena opinan muy al contrario. De la primera son estas palabras: «Ces poesies sont empreintes d'un iyrisme, d'une passion, d'une force, que l'eskuara retrouvera rarement. Et je ne crois pas que ce soit un paradoxe de dire que notre premier poète
basque est peut-être le plus grand [5] ».
Mitxelena por su parte, tras señalar que ser poeta no consiste en escoger este o aquel metro poético; que, cualquiera que se escoja, es preciso remontar, «ascender a un plano que se encuentra situado no se sabe dónde ni por quién» y que quien no escala esa cima no merece el nombre de poeta, añade a continuación: «Nik uste dut, eta zenbat ere gehiago irakurtzen dudan are sendoago uste dut, gure Etxepare igo zela, zegokion neurrian eta begiz jo zuen bidez, diodan maila horretara eta iritzi hori berori dute oraingo gehienek», («Nuestro Etxepare supo escalar, a mi juicio, esa cima —y cuanto más le leo más me confirmo en mi opinión—, en la medida en que le correspondía y por el sendero que él mismo se trazó; y esta opinión mía la comparte
hoy la mayoría»[6]).
Nacido en Donibane Garazi (= St. Jean Pied-de-Port) o en un lugar próximo, Etxepare se vale de su dialecto bajonavarro oriental, tal cual el pueblo lo empleaba, sin modificar ni aun siquiera las modalidades fonéticas del mismo en aras de un cierto lenguaje depurado, no ya unificado. «Tampoco puede olvidarse», escribió
Mitxelena, «el carácter popular, natural por así decirlo, de la lengua de Dechepare»[7].
Su obra abarca composiciones que por razón de su contenido suelen dividirse en cuatro parles: dos de tema religioso, diez de tema amoroso, una que canta la libertad y las dos últimas de exaltación de la lengua vasca. No faltan quienes, como Lafon, opinan que pudo haber una edición anterior, más reducida y totalmente perdida; en ello induce a pensar, entre otros indicios, la doble grafía que presentan unas y otras composiciones, sólo atribuible a dos diferentes épocas. De lo que no cabe duda es de la existencia de una posterior, conocida tan sólo desde que Pierre Lafitte el año 1967 publicó una obrita de Arnaud Oihenarte (1665), hasta entonces desconocida, en la que el poeta de Zuberoa nos habla de una segunda edición, «mais fort incorrecta»,
aparecida en Pau, cien años después que la primera[8].
No parece que la obra tuviera gran difusión, a juzgar por el hecho de que sólo un ejemplar haya llegado milagrosamente hasta nosotros, sin el que hubiéramos desconocido su obra, y de que, sobre todo, no lo conocieran escritores posteriores como Pouvreau, pero sí Oihenarte, no sólo la primera edición sino también la segunda, como queda dicho, e Isasti (1625), cuyo testimonio sin embargo no trascendió al no haberse publicado su Compendio hasta 1850. Sorprende en particular que Larramendi no lo conociera, a juzgar por su silencio en la relación de escritores anteriores a él que inserta en su Diccionario (1745) y en la que Joanes de Leizarraga
ocupa el capítulo XX [9] entero, tras la relación de una docena de libros vascos impresos que dice haber conocido, en la que falta el de Etxepare: silencio tanto más elocuente, cuanto que a Etxeberri de Sara, a la sazón médico en Azkoitia, no le faltaron mil ocasiones para recordárselo al jesuita de Loyola. ¿O es que el escritor de Sara tampoco tenía noticia de su existencia?
Si escasa fue su difusión inicial, no puede decirse lo mismo de la que tuvo en los siglos posteriores, desde que en 1847 Francisque Michel informó al Sr. Brunet de la existencia en la Biblioteca Nacional de París de un viejo libro vasco, que juzgaba digno de ser publicado, y que vio la luz en la revista llamada «Actes de l'Académie Royale des Sciences» con la traducción al francés de Jean B. Archu. También ésta plagada de erratas, si hemos de dar fe a Vinson, el cual se animó por ello a hacer una nueva edición con ayuda de Hovelacque, sin que, no obstante, a pesar de su pretensión de ser «absolument conforme à la première de 1545», resultara tampoco exenta de numerosos errores.
Merece destacarse por encima de todo lo hecho hasta entonces en el estudio de la obra de Etxepare, la ingente labor del lingüista alemán Victor Stempf, que además de otra edición (1893), la mejor sin duda de todas hasta la fecha, compuso un Glossar o léxico completo de todas las voces que figuran en la obra dechepariana con la descripción concisa de cada una. Si a cuatro ediciones más en nuestro siglo, con ésta cinco —la primera y mejor de ellas la que en 1933 publicó Urquijo en RIEV en forma de facsímil—, sumamos la ardua tarea de ilustres lingüistas, como Schuchardt, Ernst Lewy y de modo especial René Lafon, que atraídos singularmente por el arcaísmo de su lengua la han investigado con ahinco, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que el conocimiento filológico y lingüístico de la obra en cuestión apenas encierra misterios para el lingüista de hoy.
No cabe, sin embargo, afirmar lo mismo del estado de las investigaciones desde el punto de vista literario, pues los lingüistas arriba mencionados, salvo Lafon, no prestaron atención alguna a la poesía que se ocultaba tras la lengua, y en nuestros días nadie ha emprendido a fondo dicha tarea, para de una vez por todas despejar la duda de si nuestro primer poeta merece contarse, como creemos, o no en el elenco de los grandes poetas. Pero sólo un euskaldun, que haya mamado el euskara desde la infancia, podrá llevar a cabo esa tarea, pues otro difícilmente podrá apreciar las valiosas joyas que la obra encierra, coma señaló acertadamente Van Eys: «Pour ce qui regarde la vaieur poétique des poésies de Deche pare, nous la laisserons à l'appréciation des Basques eux-mêmes», y precisamente porque él sin ser euskaldun, osó hacer algún que otro juicio de valor, erró a la hora de degustar la belleza que contenían y profirió dislates de este tenor; «on devra admettre, qu'il y a beaucoup de ses poésies qui ne sont ni élevées comme pensée ni correctes grammaticalement
parlant [10] ».
El poeta, cuya obra es la primera en lengua vasca, como queda dicho, parece tener no obstante una copiosa fuente de inspiración en la tradición popular religiosa, como lo demuestra el hecho de que D. Resurrección María de Azkue en el valle de Salazar y el Padre Donostia en Otxagabia recogieran de labios del pueblo algunos versos, conservados en la memoria popular tal vez durante siglos, de gran parecido con algunos pasajes del poeta vasco, o por mejor decir, de éstos con aquéllos, en los que sin duda se inspiró.
Y sin embargo el poeta tiene clara conciencia de ofrecer una auténtica primicia, como indica el título mismo del libro, Linguæ Vasconum Primitiæ, porque nadie antes que él ha compuesto, o al menos, impreso un libro en lengua vasca, lo cual lejos de enorgullecerle le causa sorpresa y admiración («miraz nago») al observar que ningún vasco, con haber entre ellos no pocos «diestros, valerosos y nobles», ha intentado antes demostrar a todo el mundo que la lengua vasca es tan apta como las demás para ser escrita, y al mismo tiempo la esperanza cierta de que «los venideros tengan motivo de perfeccionarla», por lo que no duda en prorrumpir en este grito «Heuskara, jalgi adi dantzara».
Mitxelena supo como ninguno sentir y expresar bellamente esta entrada feliz y gozosa de la lengua vasca en el mundo de la literatura, cuando escribió: «Hizkuntza gutxik egin dute literaturan euskarak bezain sarrera pozgarria, Etxepare erretoreak dantzarako deia egin zionean. Honek (…) handiagorik egin zuen eta jakinaren gainean zegoen handiagorik egiten ari zela: berak zuela, alegia, euskara munduko plaza zabalera lehenbiziko aldiz agertzen. Eta bertsoei azken umil hura, "debile principium melior fortuna sequatur", ezarri zienean, lehenengo mugarria jartzen zuela uste zuen noski, menderen mende luzatuz joango zen errenka baten lehenengo mugarria» («Pocas lenguas han hecho una entrada tan festiva en la literatura como cuando el rector Etxepare le hizo la invitación a la danza. Este hizo algo más y era consciente de que hacia algo más; de que él era el primero en presentar al euskara en la gran plaza del mundo. Y cuando coronó sus versos con aquel modesto final, "debile principium melior fortuna sequatum ('que a un comienzo humilde le siga una suerte mejor')", creía sin duda estar colocando el primer mojón, el primero de una
larga serie que iría prolongándose siglo tras siglo»[11]).
Mucho se ha especulado desde Bonaparte acá sobre el arcaísmo de la lengua de Etxepare en relación con el de la lengua de Leizarraga, o, si se prefiere, a la inversa. Mitxelena, es cierto, en ningún momento establece comparaciones entre ambos y habla en términos absolutos del arcaísmo de Leizarraga. No obstante, parece inclinarse, siguiendo en ello al príncipe Bonaparte, por un mayor arcaísmo de la lengua del traductor del Testamentu Berria, cuando cita, en forma discutible a juicio
nuestro, un pasaje de Schuchardt.[12]
En efecto, cuando éste afirma que la lengua de Leizarraga no resulta menos extraño para los vascos de su época que el alemán de Lutero para sus contemporáneos alemanes —cosa por lo demás harto evidente, si no quisiera decir algo más, toda vez que Lutero y Leizarraga son casi coetáneos, mediando sólo cincuenta años entre ellos—, no pretende con ello, creemos, enfatizar el arcaísmo de la lengua de Leizarraga sobre el de la de Etxepare. Intenta simplemente excusarse a sí mismo, por así decir, de no ofrecer la nueva edición del Testamentu Berria, que prepara, en un lenguaje y en una grafía modernizados, a gusto del lector de la época y tal como pocos años antes había hecho Intxauspe con el Gero de Axular, y de reproducir en cambio el texto primitivo con absoluta fidelidad al original, para lo cual señala como razón la antigüedad de la lengua de Leizarraga, al igual que la de Lutero, menos permeable a modificaciones que la de Axular, razón por la que a nadie se le
ocurriría reeditar al teólogo alemán con cambios en su lengua y grafía.[13]
Sea de ello lo que fuere, Lafon es tajante al respecto, cuando después de discutir las razones de Bonaparte, concluye: «Dechepare est aussi archaissant, peut-être même plus que Liçarrague, et sa langue a beaucoup plus d'unité. Même si l'on ne possédait que les Linguæ Vasconum Primitiæ, on pourrait se faire, qrâce à Dechepare, une idée précise et sûre du système de la langue basque au XVIe siécle» («Etxepare es tan arcaizante, quizás incluso más, que Leizarraga, y su lengua tiene más unidad. Aunque no poseyéramos más que las Linguæ Vasconum Primitiæ, podría uno, gracias a Etxepare, hacerse una idea precisa y segura del sistema de la lengua
vasca en el siglo XVI [14] »).
Dos palabras para concluir sobre la métrica de Etxepare. Lafon sostiene con razón
que la métrica vasca hunde sus raíces en la poesía latina medieval[15]. Salvo cuatro de las quince piezas de que consta la obra, las demás responden al esquema que todos los estudiosos de la métrica vasca, inclusive Oihenarte, habían definido unánimemente como compuesto de dos hemistiquios, con cesura obligada, de ocho y siete sílabas respectivamente. Recuérdense himnos religiosos como «Tantum ergo sacramentum veneremur cernui». Fue Mitxelena el primero en percatarse de la existencia de sendos cortes secundarios en cada uno de los dos hemistiquios, con lo que el esquema del verso dechepariano resultaba ser 4/4//4/3. Contra el sentir general hasta hoy imperante, Jon Juaristi ha defendido la teoría del paralelo de los versos de Etxepare con los del género romancístico, llegando a la conclusión, con pocos visos de verdad a juicio nuestro, de que los versos en cuestión son de dieciséis silabas, por
ser oxítona la última[16].
En vano dirá Oihenarte que el verso de 15 sílabas era anteriormente desconocido,
incluso en la poesía latina[17]. Versos como «Tantum vini habet nemo quantum fudit sanguinis» (s. III) y los de un himno eclesiástico que dice «Apparebit repentina dies magna Domini» y las estrofas de la consagración de la catedral de Milán en 738, que comienzan «Rerum cernitur cunctarum inclita speciebus» dan fe de lo contrario. No nos es posible señalar aquí, ni siquiera someramente, las características de esta versificación que, salvo su carácter escrito, coinciden en un todo con el
berlsolarismo[18] que, sin embargo, tiene también su equivalente en los «bertso
paperak [19] ».
Si es lícito expresar un deseo, sirva este homenaje para incentivar el espíritu de algunos de nuestros jóvenes licenciados estos años en Filología Vasca y de cuantos estudiosos de otros países quieran emular a los ilustres investigadores que les precedieron, a fin de que llenen la laguna del análisis literario de la obra etxepariana y descubran en ella al insigne poeta popular que salpica su obra de dichos y refranes.
Patxi ALTUNA