María Estuardo

Friedrich Von Schiller · Capítulo 15 de 37

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María Estuardo

Acto III

LEICESTER.-No es necesario que os acerquéis a su prisión. Escuchad mi consejo. La casualidad nos sirve a maravilla. Hoy se celebra una gran cacería, con cuyo pretexto llegaréis a Fotheringhay. María Estuardo puede encontrarse en el parque, en donde penetráis como al azar. Que nada de esto parezca preparado de antemano, y si no os agrada, no le habláis…

ISABEL.– Si cometo una locura, vuestra es, no mía, Leicester. No quiero hoy oponerme a ninguno de vuestros deseos, porque, entre todos mis súbditos, habéis sido hoy el más atormentado por mí. (Mirándolo tiernamente.) ¡Aunque sea un capricho vuestro! Así pruebo mi bondad, aprobando libremente en apariencia, lo que en realidad no apruebo.

(Leicester se arroja a sus pies, y cae el telón.) ACTO III

La escena representa un parque, con árboles en primer término, y detrás lejana perspectiva.

ESCENA PRIMERA

MARÍA se presenta entre los árboles, andando a paso rápido ANA KENNEDY la sigue lentamente.

ANA.– Corréis, o más bien voláis, y no os puedo seguir. ¡Esperad!

MARÍA.– Déjame disfrutar de mi nueva libertad; déjame volverme niña, y, sélo tú también, y, sobre el verde tapiz del prado, probar mis pasos ligeros, como si tuviese alas. ¿He abandonado al fin mi oscura prisión? ¿No me guarda ya esa lúgubre tumba? Deja que respire, en mi sed ardiente de libertad, con todo mi pecho, el aire libre, el aire del cielo.

ANA.– ¡Oh, mi querida señora! Vuestra cárcel se ha ensanchado sólo algún tanto; y si no veis las murallas que nos encierran, consiste en que el follaje de los árboles las ocultan.

MARÍA.– ¡Gracias, gracias sean dadas a estos verdes y buenos árboles, que me ocultan los muros de mi prisión! Quiero creer que soy libre y feliz;

¿para qué, pues, arrancarme de mis alucinaciones? ¿No me rodea la inmensa bóveda del cielo? Mis ojos, sin estorbos, recorren horizontes sin fin. Allí, en donde se alzan esas montañas sombrías y nebulosas, comienzan las fronteras de mi reino, y estas nubes, que corren hacia el Mediodía, buscan el lejano mar de Francia. Nubes rápidas, bajeles aéreos, ¡ quién viajara con vosotras, y en vosotras navegase! ¡Saludad en mi nombre cariñosamente al país, en donde se deslizó mi juventud! Soy prisionera,