Mil besos tuyos

Tillie Cole · Capítulo 16 de 23

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Mil besos tuyos

Capítulo 15

Rayos de luna en el corazón

y la luz del sol en la sonrisa

POPPY

DOS SEMANAS DESPUÉS

Estaba sentada en el baño de mi mamá, mientras ella me ponía rímel en las pestañas. La observaba como nunca antes la observé. Ella sonreía. Yo la miraba, asegurándome de registrar cada parte de su cara en mi memoria.

La verdad era que yo estaba desvaneciéndome. Lo sabía. Yo creo que en el fondo todos lo sabíamos. Cada mañana que despertaba con Rune acurrucado a mi lado, me sentía un poco más cansada, un poco más débil.

Sin embargo, me sentía fuerte en mi corazón. Oía que el llamado de mi hogar se hacía más fuerte. Podía sentir su paz fluyendo a través de mí, minuto a minuto.

Y ya casi estaba lista.

Por como había visto a mi familia durante los últimos días, sabía que estarían bien. Mis hermanas eran felices y fuertes, y mis papás las amaban con todo su corazón, así que sabía que iban a estar bien.

Y Rune, mi Rune, la persona que me parecía más difícil dejar…, creció.

Todavía no se daba cuenta de que ya no era el chico malhumorado y roto que regresó de Noruega.

Era vibrante.

Sonreía.

Otra vez estaba tomando fotos.

Pero lo mejor de todo era que me amaba abiertamente. El chico que regresó se escondía detrás de un muro de oscuridad, pero ya no; ahora su corazón estaba abierto y permitía que la luz entrara en su alma.

Él también estaría bien.

Mi mamá fue al clóset. Cuando regresó al baño llevaba un hermoso vestido blanco y estiré la mano para tocar la tela.

—Es hermoso —dije y le sonreí.

—Hay que ponértelo, ¿va?

Parpadeé, confundida.

—¿Por qué, mamá? ¿A dónde vamos?

Mi mamá hizo un gesto con la mano quitándole importancia.

—Basta de preguntas, hijita. Me ayudó a vestirme y me puso unos zapatos blancos en los pies.

Volteé cuando oí el ruido de la puerta abriéndose y vi que mi tía DeeDee estaba por entrar con la mano en el pecho.

—Poppy —dijo con los ojos llenos de lágrimas—. Te ves hermosa.

Miró a mi mamá y extendió una mano. Mi mamá abrazó a su hermana y se quedaron ahí, mirándome. Sonreí al ver sus caras.

—¿Me puedo ver?

Mi mamá empujó la silla frente al espejo y me sorprendí al ver mi reflejo. El vestido se veía tan bonito, más de lo que me habría imaginado. Y

mi cabello… lo llevaba peinado hacia un lado en un chongo bajo y usaba mi moño blanco favorito.

Como siempre, resaltaban mis aretes de infinito, atractivos y orgullosos.

Me pasé las manos por el vestido.

—No entiendo…, parece que estoy vestida para la graduación… —Miré a mi mamá y a mi tía DeeDee a través del espejo. Mi corazón perdió el ritmo—. ¿Mamá, voy a ir a la graduación? —pregunté—. Pero ¡si faltan dos semanas! ¿Cómo…?

El timbre interrumpió mi pregunta. Mi mamá y DeeDee se miraron una a la otra.

—DeeDee, ve a abrir —ordenó mi mamá. Mi tía ya se iba cuando mamá estiró la mano para detenerla—. No, espera, tú lleva la silla, yo tengo que bajar a Poppy por las escaleras.

Mi mamá me sentó en la cama. DeeDee salió de la habitación y oí la voz de mi papá abajo, confundiéndose con otras. Los pensamientos se entremezclaban en mi cabeza, pero no me atrevía a hacerme muchas ilusiones. Sin embargo, esperaba con todas mis fuerzas que mis ilusiones se hicieran realidad.

—¿Estás lista, amor? —preguntó mi mamá.

—Sí —respondí sin aliento.

Me colgué de mi mamá mientras bajábamos las escaleras y avanzábamos hacia la puerta principal. Cuando doblamos la esquina, mi papá y mis hermanas, que estaban reunidos en el recibidor, voltearon a verme.

Después, aunque me sentía débil, mi mamá me llevó a la puerta. Rune estaba apoyado en ella. Llevaba un ramillete de flores de cerezo en una mano… y un smoking.

Mi corazón se llenó de luz.

Rune iba a cumplir mi deseo.

En cuanto nuestras miradas se encontraron, Rune se enderezó. Vi que tragaba saliva mientras mi mamá me sentaba en la silla; después, cuando ella se quitó, Rune se hincó sin importarle quién más estuviera ahí.

— Poppymin. —Se me cortó la respiración—. Te ves muy hermosa.

Acerqué una mano a su cara y toqué las puntas de su cabello rubio.

—Lo llevas hacia atrás para que pueda ver lo guapo que eres. Y llevas smoking.

Una media sonrisa se extendió en su boca.

—Te lo dije —contestó.

Rune me tomó de la mano y, con la mayor suavidad posible, me puso el ramillete en la muñeca. Pasé los dedos por las hojas de las flores y no pude evitar sonreír. Miré a los ojos azules de Rune.

—¿Realmente está pasando?

Se inclinó hacia adelante y me besó.

—Irás a tu graduación —murmuró.

Se me escapó una lágrima que me nubló la vista, y vi que la cara de Rune se ponía triste, pero me reí para calmarlo.

—Son lágrimas buenas, corazón. Es sólo que estoy feliz. —Rune tragó saliva y yo me estiré para acariciar su cara—. Me hiciste infinitamente feliz.

Esperaba que escuchara el significado profundo de mis palabras. Porque no me refería solamente a esa noche, me refería a que siempre me hacía la

chica más feliz del planeta. Tenía que saberlo.

Tenía que sentir lo verdadero que era ese hecho.

Rune alzó mi mano y la besó.

—Tú también me haces muy feliz.

Y supe que me comprendía.

La voz de mi papá hizo que apartáramos la mirada.

—Muy bien, chicos, mejor ya váyanse. —Percibí la brusquedad de su tono de voz. Comprendí que quería que nos fuéramos porque era demasiado para él. Rune se levantó y se acomodó detrás de la silla.

—¿Estás lista, amor?

—Sí —respondí confiada.

La debilidad que sentía se desvaneció en un instante porque, de alguna manera, Rune logró hacer mi sueño realidad.

No iba a desperdiciar un solo segundo.

Rune me empujó hasta el coche de mi mamá. Me levantó de la silla de ruedas y me sentó en el asiento delantero. Yo tenía una sonrisa enorme y no dejé de sonreír en todo el camino.

Cuando nos estacionamos en la escuela, oí música que salía hacia la noche. Cerré los ojos y saboreé cada imagen: el desfile de limusinas una tras otra, los estudiantes que iban hacia el gimnasio muy arreglados.

Con mucho cuidado, como siempre, Rune me cargó del auto a la silla, y después se hincó frente a mí y me besó. Me besó con intención, como si supiera que los besos estaban tan limitados como yo sabía que estaban.

Hacía que cada contacto y cada sabor fuera mucho más especial. Nos besamos casi mil veces; sin embargo, los últimos que nos estábamos dando eran los más especiales. Cuando sabes que algo es finito, es mucho más significativo.

—Beso 994. En mi graduación, con mi Rune…, casi me estalla el corazón —dije acunando su cara entre mis manos cuando se separó de mí.

Rune respiró profundamente y me besó en la mejilla. Empezó a empujarme hacia el gimnasio. Los maestros que estaban de guardia nos vieron llegar. Su reacción hacia mí me reconfortó. Sonrieron, me abrazaron y me hicieron sentir querida.

La música resonaba en el recibidor. Estaba desesperada por ver cómo lucía el salón. Rune se apuró a abrir la puerta y la vista del gimnasio se abrió ante mí…, una vista de blancos y rosas pastel. Estaba decorado de manera hermosa con el tema de mi flor favorita. Me llevé la mano a la boca.

—El tema es la flor del cerezo —murmuré sorprendida.

Miré a Rune y se encogió de hombros.

—¿De qué si no?

—Rune —susurré mientras me empujaba por el pasillo. Los chicos que estaban bailando cerca se detuvieron cuando entré. Durante un minuto, me sentí extraña al encontrar sus miradas.

Esa era la primera vez que la mayoría me veía desde… Sin embargo, la extrañeza se olvidó enseguida cuando empezaron a acercarse a mí, a saludarme y desearme lo mejor. Después de un momento, Rune se dio cuenta de que estaba abrumada y me empujó a una mesa que miraba a la pista de baile.

Sonreí cuando vi a todos nuestros amigos sentados en la mesa. Jorie y Ruby me vieron primero. Se levantaron y corrieron hacia nosotros. Rune dio un paso atrás mientras nuestros amigos me abrazaban.

—Demonios, Pops. Te ves preciosa —gritó Jorie. Me reí y señalé su vestido azul.

—Tú también, amiga. —Jorie también sonrió. Desde detrás de ella, Judson se acercó y la tomó de la mano. Vi sus manos y volví a sonreír.

Jorie me miró a los ojos y se encogió de hombros.

—Creo que siempre supe que al final ocurriría. —Me sentí feliz por ella.

Me gustaba saber que estaba con alguien a quien adoraba. Fue una amiga maravillosa para mí.

Judson y Deacon me abrazaron después y luego Ruby. Cuando todos nuestros amigos me saludaron, Rune me empujó para tomar nuestro lugar en la mesa. Por supuesto, se sentó a mi lado y me tomó de la mano de inmediato.

Vi que me observaba. Sus ojos no se despegaban de mi cara.

—¿Estás bien, amor? —le pregunté volteando hacia él.

Rune asintió y se inclinó hacia mí.

—Creo que nunca te vi más hermosa; no te puedo quitar los ojos de encima.

Incliné la cabeza a un lado y contemplé su apariencia.

—Me gustas de smoking —le declaré.

—Está bien, creo. —Rune jugueteó con su corbata de moño—. Esto es imposible de ponerse.

—Pero lo lograste —bromeé.

Rune apartó la mirada y luego volvió a verme.

—Mi papá me ayudó.

—¿Sí? —pregunté en voz baja. Rune asintió brevemente—. ¿Y lo dejaste? —insistí al notar la inclinación de necedad en su barbilla. Sentí que se me aceleraba el corazón en espera de una respuesta. Rune no sabía que mi deseo secreto era que arreglara su relación con su papá.

Pronto lo iba a necesitar.

Y su papá lo amaba.

Era el último obstáculo que quería que superara.

—Sí, lo dejé —suspiró Rune.

No pude impedir que se formara una sonrisa en mis labios. Me acerqué a él y apoyé la cabeza en su hombro. Alcé la mirada hacia él.

—Estoy muy orgullosa de ti, Rune.

Él apretó la mandíbula, pero no me respondió nada.

Alcé la cabeza y sondeé la habitación, viendo a mis compañeros bailar y divertirse. Y me encantó. Vi a cada una de las personas con las que crecí, preguntándome qué harían cuando crecieran. Con quién se iban a casar, si tendrían hijos. Después me detuve en una cara familiar que me miraba desde el otro lado del salón. Avery estaba sentada con otro grupo de amigos.

Cuando nuestras miradas se encontraron, levanté la mano y la saludé. Avery sonrió y también me saludó.

Cuando regresé la mirada a la mesa, Rune también la estaba mirando.

Apoyé la mano en su brazo, y él suspiró y sacudió la cabeza.

—Sólo tú —dijo—. Sólo tú.

Conforme pasó la noche, seguí mirando, completamente satisfecha, mientras nuestros amigos bailaban. Atesoré este momento. Atesoré verlos a todos tan felices.

Rune rodeó mi hombro con el brazo.

—¿Cómo lo hiciste? —pregunté.

Rune señaló a Jorie y a Ruby.

—Fueron ellas, Poppymin. Ellas querían que vinieras y lo organizaron todo. Adelantaron la fecha, eligieron el tema…, todo.

Le eché una mirada escéptica.

—¿Por qué sospecho que no fueron sólo ellas? —Rune se sonrojó y se encogió de hombros. Yo sabía que hizo mucho más de lo que admitía. Me acerqué más a él y tomé su cara entre mis manos—. Te amo, Rune Kristiansen. Te amo tanto.

Cerró los ojos durante más de un segundo. Respiró profundamente por la nariz y luego abrió los ojos.

—Yo también te amo, Poppymin. Más de lo que creo que sabrás jamás.

Paseé la mirada por el gimnasio y sonreí.

—Lo sé, Rune…, lo sé.

Él me abrazó. Me invitó a bailar, pero no quería meter la silla de ruedas en la multitud. Estaba feliz mirando a todos bailar cuando vi que Jorie iba hacia el DJ.

Me miró. No pude leer su mirada, pero después oí que los primeros acordes de If I Could Fly de One Direction inundaban la sala.

Me quedé quieta. Una vez le dije a Jorie que esa canción me hacía pensar en Rune. Me hacía pensar en cuando Rune estaba lejos de mí, en Noruega. Y, más que nada, me hacía pensar en cómo era Rune conmigo cuando estábamos a solas. Un encanto. Sólo para mí. S ó lo para mis ojos.

Mientras que al mundo le decía que era malo, sólo a mí me decía que estaba enamorado.

Y era amado.

Por completo.

Una vez le conté la fantasía de que si nos hubiéramos casado, habría sido nuestra canción. Nuestro primer baile. Rune se levantó lentamente; al parecer, Jorie le dijo.

Mientras él se inclinaba sobre mí, negué con la cabeza; no quería llevar mi silla a la pista de baile. Sin embargo, para mi sorpresa, con un movimiento que me robó el corazón por completo, Rune me tomó en sus brazos y me llevó a bailar.

—Rune —protesté débilmente, envolviendo su cuello con mis brazos.

Sacudió la cabeza y, sin decir una sola palabra, empezó a bailar conmigo en sus brazos.

Para no mirar hacia otro lado, lo miré a los ojos; sabía que podía oír cada frase y vi en su cara que sabía por qué esa canción era para nosotros.

Me abrazó muy fuerte mientras me mecía al ritmo de la música con suavidad. Como siempre sucedía con Rune y conmigo, el resto del mundo desapareció y sólo quedamos nosotros dos bailando entre las flores, completamente enamorados.

Dos mitades de un entero.

Cuando la canción llegó al crescendo y lentamente se acercó al final, me incliné hacia adelante y le pregunté:

—¿Rune?

— Ja? —me preguntó con voz ronca.

—¿Me llevarías a un lugar?

Frunció sus cejas rubias, pero asintió. Cuando terminó la canción, me jaló hacia él para besarme. Sus labios temblaron ligeramente en contacto con los míos. Yo también sentí que la emoción me superaba, y me permití derramar una lágrima solitaria antes de respirar profundamente y tranquilizarme.

—Beso 995. Con mi Rune, en la graduación mientras bailábamos. Casi me estalla el corazón —murmuré cuando Rune se separó de mí.

Rune apretó la frente contra la mía.

Mientras Rune me llevaba afuera, miré hacia el centro de la pista, donde Jorie estaba parada muy quieta, mirándome con lágrimas en los ojos. Le sostuve la mirada, me puse una mano sobre el corazón y articulé con los labios: «Gracias…, te quiero…, te voy a extrañar».

Jorie cerró los ojos y cuando los volvió a abrir me respondió: «Yo también te quiero y también te voy a extrañar».

Alzó la mano como pequeña despedida y Rune me miró a los ojos.

—¿Estás lista?

Asentí, después me sentó en la silla y me sacó del salón. Luego de sentarme en el asiento y subirse al coche, me miró.

—¿A dónde vamos, Poppymin?

Suspiré de completa felicidad.

—A la playa —revelé—. Quiero ver el amanecer en nuestra playa.

—¿Nuestra playa? —preguntó Rune mientras encendía el coche—. Nos tomará un rato llegar y ya es tarde.

—No me importa —contesté—. Siempre y cuando lleguemos antes de que salga el sol.

Me recargué en el asiento, tomé la mano de Rune y comenzamos nuestra última aventura en dirección a la costa.

Para cuando llegamos a la playa, era noche cerrada y sólo faltaban un par de horas para el amanecer, lo que me dio gusto.

Quería pasar ese tiempo con Rune.

Tras estacionarnos, Rune me miró.

—¿Te quieres sentar en la arena?

—Sí —dije enseguida, mirando las estrellas que brillaban en el cielo.

Rune hizo una pausa.

—A lo mejor está frío para ti.

—Te tengo a ti —contesté y vi que su expresión se suavizaba.

—Espera. —Rune se bajó del carro y oí que sacaba algo de la cajuela.

La playa estaba oscura, alumbrada sólo por la luna. Bajo su luz, vi que Rune ponía una cobija en la arena, y dejaba unas cuantas cobijas más a un lado.

Mientras caminaba de vuelta, se deshizo el moño de la corbata y después se desabrochó varios botones de la camisa. Mientras lo miraba, me pregunté cómo tuve tanta suerte. Ese chico me amaba, me amaba tanto que hacía que otros amores palidecieran en comparación.

Aunque tuve una corta vida, me amaron mucho. Y al final eso era suficiente.

Rune abrió la puerta del coche y me tomó en sus fuertes brazos. Me reí cuando me cargó.

—¿Peso mucho? —le pregunté mientras cerraba la puerta del carro.

Rune me miró a los ojos.

—Para nada, Poppymin. Te tengo.

Sonreí, lo besé en la mejilla y apoyé la cabeza en su pecho mientras caminaba hasta la cobija. El sonido de las olas al romper llenaba el aire nocturno y una cálida brisa me sopló el cabello.

Cuando llegamos a la cobija, Rune se puso de rodillas y me acomodó con delicadeza. Cerré los ojos e inhalé el aire salado, llenándome los pulmones.

El tacto de la lana que me cubría los hombros me hizo abrir los ojos; Rune me estaba envolviendo en las cobijas. Eché la cabeza hacia atrás y lo vi detrás de mí. Vio mi sonrisa y me besó en la nariz. Me reí, y de repente me encontré protegida por sus brazos.

Estiró las piernas para ponerme entre ellas. Eché la cabeza atrás, la apoyé en su pecho y me relajé.

Rune me besaba la mejilla.

—¿Estás bien, Poppymin? —me preguntó.

—Estoy perfectamente —asentí.

Rune me apartó el pelo de la cara.

—¿Estás cansada?

Iba a negar con la cabeza, pero quise ser honesta.

—Sí. Estoy cansada, Rune.

Sentí y oí que suspiraba profundamente.

—Lo lograste, nena —dijo con orgullo—. Las flores del cerezo, la graduación…

—Lo único que queda son nuestros besos —terminé por él. Noté que asentía—. ¿Rune? —dije con la necesidad de que me oyera.

— Ja?

Cerré los ojos y me llevé la mano a los labios.

—Recuerda que el beso número mil es para cuando me vaya a mi verdadera casa. —Rune se puso tenso. Apreté su brazo alrededor de mi cuerpo—. ¿Todavía te parece bien?

—Lo que quieras —respondió Rune. Sin embargo, me di cuenta por la sequedad de su voz de que mi petición le pegó con fuerza.

—No me puedo imaginar una despedida más pacífica y hermosa que tus labios sobre los míos. El final de nuestra aventura, la aventura que vivimos durante nueve años. —Lo miré otra vez, sostuve su intensa mirada y sonreí

—. Y quiero que sepas que jamás me arrepentí de un solo día, Rune. Todo lo que tiene que ver contigo fue perfecto. —Tomé su mano—. Quiero que sepas cuánto te amé. —Giré un hombro para verlo directamente a los ojos

—. Prométeme que seguirás viviendo aventuras por todo el mundo, que visitarás otros países y vivirás la vida.

Rune asintió, pero yo esperé el sonido de su voz.

—Te lo prometo —contestó.

Asentí, solté una respiración entrecortada y apoyé la cabeza en su pecho.

Pasaron minutos en silencio. Yo observaba las estrellas que titilaban en el cielo; estaba viviendo ese momento.

— Poppymin?

—Dime, amor —contesté.

—¿Fuiste feliz? ¿Amaste tu vida? —Se aclaró la garganta.

Respondí con completa honestidad.

—Sí, amé mi vida. Todo. Y te amé a ti. Aunque parezca un lugar común, siempre fue suficiente. Tú siempre fuiste la mejor parte de todos mis días. Tú fuiste la razón de cada sonrisa.

Cerré los ojos y reviví nuestra vida en mi mente. Recordé las veces que lo abracé y él me abrazó aún más fuerte. Recordé cómo lo besaba, y él me

besaba más profundamente. Y lo mejor de todo, recordé cómo lo amaba y él siempre se esforzaba por amarme más.

—Sí, Rune —respondí con absoluta certeza—. Amé mi vida.

Rune exhaló como si mi respuesta lo liberara de una carga en el corazón.

—Yo también.

Bajé las cejas y volteé a mirarlo.

—Rune, tu vida aún no se termina —dije.

—Poppy, yo…

Lo interrumpí con un gesto de la mano.

—No, Rune. Escúchame. —Respiré profundamente—. Es posible que, cuando me vaya, sientas que perdiste la mitad del corazón, pero eso no te da derecho a vivir la vida a medias. Y no se irá la mitad de tu corazón, porque siempre estaré caminando a tu lado, siempre estaré tomando tu mano. Estoy entrelazada en el tejido de lo que eres, así como tú siempre estarás unido a mi alma. Vas a amar y a reír y a explorar… por los dos. —Sostuve la mano de Rune y le imploré que me escuchara—. Siempre di sí, Rune. Siempre di sí a nuevas aventuras.

La comisura de sus labios se curvó mientras lo miraba con dureza. Pasó un dedo por mi cara.

—Okey, Poppymin, te lo prometo.

Sonreí ante su cara de sorpresa, pero después continué con toda seriedad:

—Tienes mucho que ofrecerle al mundo, Rune. Eres el chico que me besó, que hizo realidad mis últimos deseos. El chico que no se detuvo por sufrir pérdidas. Que, al contrario, remonta con la misma seguridad con la que el sol sale cada nuevo día. —Suspiré—. «Al mal tiempo, buena cara», Rune. Recuerda sólo una cosa.

—¿Qué?

Solté mi frustración y sonreí.

—«Rayos de luna en el corazón y la luz del sol en la sonrisa».

Trató de contener su risa sin éxito, la dejó libre… y era hermosa. Cerré los ojos mientras su rico tono de barítono me inundaba.

—Lo sé, Poppymin, lo sé.

—Bien —exclamé triunfante, y me recargué en él de nuevo. Mi corazón se estremeció cuando vi que el amanecer empezaba a brillar en el horizonte.

Bajé la mirada y tomé la mano de Rune en silencio.

El amanecer no necesitaba narración. Le dije a Rune todo lo que tenía que decirle. Lo amaba, quería que viviera y sabía que volvería a verlo.

Estaba en paz.

Estaba lista para irme.

Como si sintiera que mi alma se consumía, Rune me abrazó increíblemente fuerte cuando el sol rompió por encima de las aguas azules y ahuyentó a las estrellas. Los párpados empezaron a pesarme mientras me apoyaba satisfecha en los brazos de Rune.

— Poppymin?

—¿Mmm?

—¿Yo también fui suficiente para ti? —El tono hosco de su voz hizo que se me rompiera el corazón, pero asentí con tranquilidad.

—Más que cualquier otra cosa —confirmé y, con una sonrisa, añadí sólo para él—: Fuiste tan especial como puede serlo alguien especial.

Rune contuvo el aliento como respuesta.

—Rune, estoy lista para ir a casa —anuncié mientras el sol se elevaba para observar protectoramente desde el cielo.

Él me apretó por última vez y se levantó. Cuando se movió, alcé la mano débilmente y lo tomé de la muñeca. Miró hacia abajo y se quitó las lágrimas de los ojos.

—Quiero decir…, lista para ir a casa.

Rune cerró los ojos un momento. Se hincó y acunó mi cara entre sus manos. Cuando los abrió de nuevo, asintió.

—Ya lo sé, amor. Lo sentí en el momento en que lo decidiste.

Sonreí y vi por última vez la vista panorámica.

Era el momento.

Rune me alzó en sus brazos con delicadeza y observé su hermosa cara mientras caminaba por la arena. Me sostuvo la mirada.

Volteé a ver el sol una vez más y bajé la mirada a la arena dorada. Y

después mi corazón se llenó de una luz increíble.

—Mira, Rune, mira tus pisadas en la arena —murmuré. Rune apartó los ojos de los míos para observar la playa. Contuvo la respiración y volvió a mirarme—. Tú me cargaste en mis momentos más difíciles, cuando no podía caminar…, tú me cargaste —murmuré con un labio tembloroso.

—Siempre —dijo Rune con voz ronca—. Por siempre jamás.

Respiré profundamente y apoyé la cabeza en su pecho.

—Llévame a casa —susurré.

Mientras Rune manejaba tan rápido como llegaba el día, no despegué los ojos de él ni una vez.

Quería recordarlo exactamente así.

Siempre.

Hasta que volviera a estar entre mis brazos por siempre jamás.