Mil besos tuyos
Epílogo
RUNE
DIEZ AÑOS DESPUÉS
Parpadeé al despertar, y empecé a ver el bosquecillo con más nitidez.
Sentía el brillo del sol en la cara, el olor de la suntuosidad de las hojas de las flores que llenaba mis pulmones.
Respiré profundamente y alcé la cabeza. Arriba se extendía el cielo oscuro, lleno de luces. Mil globos de papel, que envié hacía años, flotaban en el aire, perfectamente colocados en su lugar.
Me senté y busqué en los alrededores para revisar que cada árbol estuviera en pleno florecimiento. Así era. Pero siempre era así: la belleza duraba para siempre aquí.
Como ella.
Cuando un canto suave llegó desde la entrada, se me aceleró el corazón. Me empujé sobre mis pies y esperé su aparición con la respiración entrecortada.
Y apareció.
Me llené de luz cuando dio vuelta a la esquina, alzando las manos para tocar los árboles llenos con suavidad. La observé sonreír a las flores.
Después noté que me veía en el centro del bosquecillo. Vi que en sus labios se extendía una sonrisa enorme.
—¡Rune! —gritó de emoción y corrió hacia mí. Le devolví la sonrisa, la levanté en mis brazos y ella envolvió mi cuello con los suyos—. ¡Te extrañé!
—murmuró junto a mi oído y la sostuve un poco más cerca—. ¡Te extrañé tanto, tanto!
Me aparté para observar su hermosa cara.
—Yo también te extrañé, nena —murmuré.
Las mejillas de Poppy se sonrojaron y exhibieron sus hoyuelos en todo su esplendor. Estiré mi mano para tomar la suya. Poppy suspiró y después me miró. Contemplé mi mano en la suya: mi mano de cuando tenía diecisiete años. Siempre tenía diecisiete cuando venía aquí en mis suelos.
Justo como Poppy siempre deseó.
Estábamos exactamente igual que entonces.
Poppy se puso de puntitas y volvió a llevar mi atención hacia ella. Puse la mano en su mejilla, me incliné hacia abajo y llevé mis labios a los suyos.
Poppy suspiró contra mi boca y la besé profundamente, con delicadeza. No quería dejarla ir jamás.
Cuando por fin me aparté, Poppy abrió los ojos con un estremecimiento.
Sonreí mientras me llevaba hacia nuestro árbol favorito. Cuando nos sentamos, la abracé; su espalda se apretó contra mi pecho. Le aparté el pelo del cuello y le di besos ligeros en la piel dulce. Cuando estaba aquí, cuando ella estaba en mis brazos, la besaba tanto como era posible, la besaba…, la abrazaba con la certeza de que pronto tendría que irme.
Poppy suspiró de felicidad. Cuando alcé la mirada, vi que miraba los globos iluminados en el cielo. Sabía que lo hacía con frecuencia. Esos globos la hacían feliz. Eran nuestros besos, que le regalé sólo a ella.
Se acomodó en mi cuerpo.
—¿Cómo están mis hermanas, Rune? ¿Cómo está Alton? ¿Mis papás y los tuyos?
La abracé con más fuerza.
—Todos están bien, nena. Tus hermanas y tus papás están felices. Y
Alton está perfectamente; tiene una novia a la que quiere más que a su vida y su beisbol va bien. Mis papás también están muy bien. Todos están bien.
—¡Qué bueno! —exclamó Poppy con alegría.
Después se quedó en silencio.
Fruncí el ceño. En mis sueños, Poppy siempre me preguntaba por mi trabajo: por los lugares que visitaba y cuántas de mis fotos se publicaron recientemente, cuántas ayudaron a salvar el mundo. Sin embargo, esa
noche no me preguntó nada. Se quedó satisfecha en mis brazos. Si era posible, se sentía más en paz. Poppy se movió entre mis brazos y me preguntó con curiosidad:
—¿ Alguna vez te arrepentiste de no encontrar a alguien a quien amar, Rune? En todo este tiempo, ¿alguna vez te arrepentiste de no besar a nadie más que a mí? ¿De no amar a nadie más? ¿De no llenar nunca el frasco que te di?
—No —contesté con sinceridad—. Y sí amé, amor. Amo a mi familia, a mi trabajo, a mis amigos y a las personas que conozco en mis aventuras.
Tengo una vida buena y feliz, Poppymin . Y amo y amé con todo mi corazón… a ti, amor. Nunca dejé de amarte. Eres suficiente para toda una vida —suspiré—. Y mi frasco está lleno…, se llenó junto con el tuyo. No había más besos que juntar. —Tomé la cara de Poppy para que me mirara
—. Estos labios son tuyos, Poppymin . Te los prometí hace años y nada cambió —afirmé con una mano bajo su barbilla.
La cara de Poppy me mostró una sonrisa de satisfacción.
—Así como estos labios son tuyos, Rune. Siempre fueron tuyos y sólo tuyos.
Me senté sobre la tierra suave, puse una mano en el suelo y de repente me di cuenta de que el pasto se sentía más real que en cualquiera de mis visitas anteriores. Cuando acudía a Poppy en mis sueños, el bosquecillo siempre se sentía como si fuera un sueño. Sentía el pasto, pero no sus hojas, sentía la brisa, pero no la temperatura. Sentía los árboles, pero no la corteza.
Cuando alcé la cabeza, esa noche, en ese sueño, sentí la brisa cálida en mi cara. Era tan real como cuando estaba despierto. Sentí el pasto bajo mis manos, las hojas y la dureza de la tierra. Y cuando me incliné a besar a Poppy en el hombro, sentí el calor de su piel en mis labios, vi que su piel se enchinaba por el contacto.
Sentí la mirada intensa de Poppy sobre mí, y alcé la vista para ver que me observaba con los ojos abiertos de par en par, expectantes.
Entonces lo comprendí.
Me di cuenta de por qué todo se sentía tan real. El corazón empezó a latirme más rápido en el pecho. Porque era real… si lo que pensaba era correcto…
— Poppymin , esto no es un sueño, ¿verdad? —pregunté y respiré profundamente.
Poppy se arrodilló frente a mí y puso una mano suave en mi cara.
—No, amor —susurró y me miró a los ojos.
—¿Cómo? —murmuré, confundido. La mirada de Poppy se suavizó.
—Fue rápido y pacífico, Rune. Tu familia está bien; están felices de que estés en un lugar mejor. Viviste una vida corta, pero plena. Una buena vida, la que siempre soñé que tuvieras.
Me quedé paralizado.
—¿Quieres decir…? —pregunté.
—Sí, amor —contestó Poppy—. Viniste a casa. Viniste a casa conmigo.
Sentí una enorme sonrisa en los labios y me inundó una corriente de pura felicidad. Incapaz de resistirme, estrellé los labios contra la boca de Poppy, que me esperaba. En cuanto percibí su sabor dulce en los labios, me llenó una paz profunda desde mi interior. Me separé y apoyé la frente en la suya.
—¿Puedo quedarme aquí contigo para siempre? —pregunté rezando por que fuera verdad.
—Sí —contestó Poppy con tranquilidad, y escuché la serenidad plena en su voz—. Nuestra próxima aventura.
Esto era real.
Era real.
La besé otra vez, lenta y suavemente. Los ojos de Poppy permanecieron cerrados y mientras se extendía el rubor por sus mejillas con hoyuelos murmuró:
—Un beso eterno con mi Rune… en nuestro bosquecillo…, cuando finalmente volvió a casa.
Sonrió.
Yo sonreí.
Y luego añadió:
—… Y casi me estalla el corazón.
Fin