Mil besos tuyos

Tillie Cole · Capítulo 17 de 23

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Mil besos tuyos

Capítulo 16

Sueños prometidos

y momentos capturados

RUNE

Ocurrió dos días más tarde.

Pasé dos días al lado de Poppy, guardando en mi memoria cada uno de sus rasgos. Abrazándola, besándola: llegamos a nuestro beso 999.

Cuando llegamos de la playa, ya habían acomodado la cama de Poppy junto a la ventana, como en el hospital. Se debilitaba más a cada hora que pasaba, pero como era Poppy, cada minuto estaba llena de felicidad. Sus sonrisas nos aseguraban a todos que estaba bien.

Yo estaba muy orgulloso de ella.

Al fondo del cuarto, vi que los miembros de su familia se despedían de ella. Escuché que sus hermanas y DeeDee le decían que se volverían a ver.

Mantuve mi entereza mientras sus padres contenían sus lágrimas por ella.

Cuando su mamá se apartó, vi que Poppy extendía la mano hacia mí.

Respiré profundamente y avancé con pies de plomo hacia la cama.

Todavía me dejó sin aliento lo hermosa que era.

— Hei, Poppymin —dije mientras me sentaba en el borde de la cama.

—Hola, amor —contestó con una voz apenas más fuerte que un murmullo. Tomé su mano y la besé en la boca.

Sonrió y me derritió el corazón. Una fuerte ráfaga de aire sopló por la ventana y silbó en el vidrio. Una nube de pétalos navegaba en el viento.

—Ya se van —dijo.

Cerré los ojos un momento. Era lógico que Poppy se fuera el mismo día en que las flores del cerezo perdían sus pétalos.

Guiarían su alma hasta casa.

La respiración de Poppy se hizo más superficial y me incliné hacia ella con la certeza de que llegaba el momento. Apoyé la frente en la suya por última vez. Poppy llevó su mano suave a mi cabello.

—Te amo —susurró.

—Yo también te amo, Poppymin.

—Te veo en tus sueños —dijo cuando me separé. Traté de contener mis emociones.

—Te veo en mis sueños —dije con voz rasposa.

Poppy suspiró y una sonrisa pacífica adornó su cara. Después cerró los ojos, echó la cabeza hacia atrás para recibir el beso final y me apretó la mano.

Me incliné sobre sus labios, le di el beso más suave y significativo.

Poppy exhaló por la nariz, su dulce aroma me inundó… y nunca volvió a respirar.

Me separé de ella con renuencia, abrí los ojos y miré a Poppy en su sueño eterno. Estaba tan hermosa como siempre estuvo en vida.

Sin embargo, no me pude apartar y la besé otra vez en la mejilla.

—Mil y uno —murmuré en voz alta. La besé una y otra vez—. Mil y dos, mil y tres, mil y cuatro. —Sentí una mano en el brazo y alcé la vista. El señor Litchfield negaba con la cabeza con tristeza.

Por dentro se me revolvían tantas emociones que no sabía qué hacer. La mano inmóvil de Poppy seguía en la mía y no quería soltarla. Sin embargo, cuando bajé la vista, supe que ella regresó a casa.

— Poppymin —murmuré y por la ventana vi que pasaban volando los pétalos caídos. Cuando miré hacia atrás, vi su frasco de besos sobre un estante; a su lado sólo había un corazón en blanco y una pluma. Me levanté, lo tomé todo y salí al porche. En cuanto el aire me pegó en la cara, caí contra la pared y traté de despejar las lágrimas que caían por mi rostro.

Me derrumbé en el suelo, apoyé el corazón sobre mi rodilla y escribí: BESO 1 000

CON POPPYMIN.

CUANDO REGRESÓ A CASA.

EL CORAZÓN ME ESTALLÓ POR COMPLETO.

Abrí el frasco, metí el corazón ahora completado y lo cerré. Después…

No supe qué hacer. A mi alrededor busqué algo que me ayudara, pero no había nada. Dejé el frasco a un lado, me abracé las piernas y me mecí adelante y atrás.

Escuché el chirrido de un escalón, alcé la vista, vi a mi papá enfrente de mí y lo miré a los ojos: fue todo lo que necesitó para saber que Poppy se había ido. De inmediato, los ojos de mi papá se llenaron de lágrimas.

No podía seguir conteniendo las lágrimas, así que las liberé con toda su fuerza. Sentí que unos brazos me envolvían. Me puse tenso y vi que mi papá me estaba abrazando.

Sin embargo, esta vez lo necesitaba.

Lo necesitaba a él.

Liberando los últimos rastros de ira que aún conservaba, caí en sus brazos y solté todas las emociones que tenía reprimidas. Y mi papá me dejó.

Se quedó conmigo en el porche mientras el día daba paso a la noche. Me sostuvo sin decir una palabra.

Fue el cuarto y último momento que definió mi vida: perder a mi chica.

Y, sabiéndolo, mi papá simplemente me abrazó.

Estaba seguro de que si escuchaba con atención el viento que silbaba a mi lado, habría oído que los labios de Poppy se separaban en una amplia sonrisa mientras danzaba de camino a casa.

A Poppy le dieron su eterno descanso una semana después. El servicio fue tan hermoso como merecía. La iglesia era pequeña, la despedida perfecta para una chica que amó a su familia y amigos con todo su corazón.

Después del velorio, me negué a ir a casa de los padres de Poppy y regresé a mi habitación. Menos de dos minutos después, tocaron la puerta y

entraron mis papás.

—¿Qué pasa? —pregunté confundido.

Mi papá se sentó a mi lado y me puso una mano sobre el hombro.

—Hijo, Poppy nos pidió que te diéramos esto después del funeral. Lo preparó bastante tiempo antes de morir. —El corazón me retumbó en el pecho. Mi papá tamborileó con los dedos sobre la caja—. Me dijo que hay una carta que tienes que leer primero. Después hay unas cuantas cajas más.

Están numeradas en el orden en que tienes que abrirlas.

Mi papá ya se levantaba para irse cuando lo tomé de la mano.

—Gracias —dije con voz ronca. Mi papá se inclinó hacia adelante y me besó en la cabeza.

—Te quiero, hijo —dijo con tranquilidad.

—Yo también te quiero —le contesté, y sentí cada palabra. Las cosas fueron más fáciles entre nosotros esa semana. Si la breve vida de Poppy me enseñó algo, era que tenía que aprender a perdonar. Tenía que amar y tenía que vivir. Culpé a mi papá durante demasiado tiempo. Al final mi ira sólo me causó dolor.

Rayos de luna en el corazón y la luz del sol en la sonrisa.

Mi mamá me besó en la mejilla.

—Estaremos afuera si nos necesitas, ¿sí?

Estaba preocupada por mí. Sin embargo, también hubo una parte de ella que se relajó. Yo sabía que se trataba del puente que construí con mi papá.

Sabía que era el alivio por mi ira contenida.

Asentí y esperé hasta que se fueron. Pasaron quince minutos hasta que me decidí a abrir la caja. De inmediato, vi la carta encima de todo.

Me tomó diez minutos más romper el sello.

Rune:

Déjame empezar diciéndote cuánto te amo. Ya sé que lo sabes; no creo que hubiera una sola persona en el planeta que no viera que éramos perfectos la una para el otro.

Sin embargo, si estás leyendo esta carta, significa que estoy en casa.

Incluso mientras escribo esto, tienes que saber que no tengo miedo.

Me imagino que la semana pasada fue mala para ti. Me imagino que resultó un esfuerzo incluso respirar o pararte de la cama; lo sé porque así me sentiría yo en un mundo sin ti. Pero, aunque lo comprendo, me duele que mi ausencia te provoque eso.

La parte más dura fue ver que aquellos a los que amaba se derrumbaban. La peor parte para mí, contigo, fue ver la ira que te consumía por dentro. Por favor, no permitas que te ocurra de nuevo.

Aunque sea s ó lo por mí, sigue siendo el hombre en el que te convertiste.

El mejor hombre que conozco.

Vas a ver que te dejé una caja.

Hace semanas le pedí a tu papá que me ayudara. Se lo pedí, y aceptó sin pensárselo dos veces porque te quiere muchísimo.

Espero que ahora también lo sepas.

En la caja hay otro sobre grande. Por favor, ábrelo ahora, después te explico.

El corazón se me aceleró cuando dejé la carta de Poppy sobre la cama. Con manos temblorosas, me asomé a la caja y saqué el sobre grande. Necesitaba ver lo que hizo, así que abrí el sello rápidamente. Busqué adentro y saqué una carta. Fruncí el ceño por la confusión y después, cuando vi el encabezado, se me detuvo el corazón:

«Universidad de Nueva York. Escuela de Artes Tisch».

Escaneé la hoja con la mirada y leí:

Señor Kristiansen:

En nombre del comité de admisiones, es un honor informarle que ha sido admitido en nuestro programa de Fotografía e Imagen…

Leí la carta completa. La leí dos veces.

Sin comprender lo que ocurría, busqué la carta de Poppy y continué leyendo:

¡Felicidades!

Sé que ahora mismo debes de estar confundido, que esas cejas color rubio oscuro que amo tanto estarán fruncidas y que tendrás ese gesto de disgusto que te sienta tan bien.

Pero está bien.

Esperaba que estuvieras sorprendido. Esperaba que al principio te resistieras. Pero, Rune, no lo hagas. Esta escuela es tu sueño desde que

éramos niños, y sólo porque yo ya no esté para vivir el sueño a tu lado, no significa que tengas que sacrificar el tuyo.

Porque te conozco muy bien, también sé que en mis últimas semanas seguramente abandonaste todo para estar a mi lado. Por eso te amo más de lo que jamás podrás comprender, por la manera en que me cuidaste, me protegiste…, por la manera en que me sostuviste entre tus brazos y me besaste con tanta dulzura.

No cambiaría nada.

Sin embargo, sé que ibas a sacrificar tu futuro por ese amor, y no podía soportar que eso ocurriera. Tú naciste para capturar esos momentos mágicos, Rune Kristiansen. Nunca he visto un talento como el tuyo.

Tampoco he visto a nadie tan apasionado por nada. Tu destino es hacer esto.

Tenía que asegurarme de que ocurriera.

Esta vez yo tenía que cargarte a ti.

Antes de pedirte que veas algo más, quiero que sepas que fue tu papá quien me ayudó a reunir el portafolio que te aseguraría un lugar. También pagó la colegiatura del primer semestre y la residencia. Aunque tú no dejabas de lastimarlo, lo hizo de una manera tan desinteresada que me sacaba lágrimas. Lo hizo con tanto orgullo en la mirada que me sorprendió.

Te adora.

Te ama sin medida.

Ahora, por favor, abre la caja número uno.

Me tragué los nervios, saqué la caja etiquetada con el número uno y la abrí.

Adentro había un portafolios. Pasé las páginas. Poppy y mi papá reunieron una fotografía tras otra de paisajes, amaneceres, puestas de sol. En verdad, ese era el trabajo del que estaba más orgulloso.

Pero después, al llegar a la última página, me quedé paralizado: era Poppy. Era la foto de Poppy en la playa que tomé hacía muchos meses, en la que volteó hacia mí en el momento más perfecto para permitirme que la capturara en película: una fotografía que hablaba más de su belleza y gracia que cualquier palabra.

Mi foto favorita de todos los tiempos.

Evité las lágrimas que se me formaron en los ojos y pasé un dedo por su cara.

Para mí, era perfecta.

Dejé el portafolios, tomé la carta y seguí leyendo: Impresionante, ¿verdad? Eres talentoso más allá de las palabras. Cuando mandamos tu trabajo, ya sabía que te iban a aceptar. Puede que no sea experta en fotografía, pero incluso yo me daba cuenta de que podías capturar imágenes como nadie más, de que tienes un estilo completamente único.

Tan especial… como puede serlo algo especial.

La última fotografía es mi favorita. No porque sea yo, sino porque sé cuál fue la pasión que esa fotografía volvió a encender. Yo vi que ese día en la playa, el fuego que había en tu interior volvió a encenderse.

Fue la primera vez que supe que estarías bien cuando me fuera. Porque empecé a ver que se insinuaba otra vez el Rune que conocía y amaba. El chico que viviría su vida por los dos. El chico que sanó.

Volví a ver la fotografía de Poppy, su cara que me miraba desde el papel, y no pude evitar pensar en el día de la exposición en NYU. Seguramente, ese día ella ya sabía que me habían aceptado.

Después pensé en la última fotografía: «Esther», la fotografía que el patrocinador exhibió como pieza final. La foto de su difunta esposa, que murió demasiado joven. La fotografía que no cambió el mundo, pero mostraba a la mujer que cambió el suyo.

Nada describía la fotografía que ahora me devolvía la mirada mejor que esa explicación. Poppy Litchfield era sólo una chica de diecisiete años de un pueblo de Georgia. Sin embargo, desde el día en que la conocí, puso mi mundo de cabeza. E incluso ahora, después de su muerte, estaba cambiando mi mundo. Enriqueciéndolo y llenándolo con una belleza desinteresada que jamás tendría rival.

Levanté la carta y leí:

Esto me lleva a la última caja, Rune, por la que sé que vas a protestar más, pero que debes ver.

Ya sé que ahora mismo estás confundido, pero antes de dejarte ir, necesito que sepas algo.

Que tú me amaras fue el mayor logro de mi vida. No me quedaba mucho tiempo y de ninguna manera fue suficiente para estar contigo como yo quería. Sin embargo, en esos años, en mis últimos meses, supe lo que era el amor de verdad. Tú me lo enseñaste. Llevaste sonrisas a mi corazón y luz a mi alma.

Pero lo mejor de todo fue que me diste tus besos. Mientras escribo esto y pienso en los últimos meses desde que volviste a mi vida, no puedo sentir amargura. No puedo sentirme triste porque nuestro tiempo sea limitado. No puedo estar triste porque no vaya a vivir mi vida a tu lado. Te tuve todo el tiempo que pude y fue perfecto. Una vez más, que me amaras de manera tan voraz, con tanta intensidad, fue suficiente.

Pero para ti no va a bastar, Rune, porque mereces que te amen.

Sé que cuando te enteraste de que estaba enferma tuviste problemas para aceptar el hecho de que no podrías curarme, salvarme. Sin embargo, mientras más lo pienso, más creo que no eras tú quien debía salvarme, sino que yo debía salvarte a ti.

Quizá por medio de mi muerte, a través de nuestro viaje juntos, descubrirás el camino de regreso a ti mismo, la aventura más importante que tendré.

Tú superaste la oscuridad y abriste el paso a la luz.

Y esa luz es tan pura y fuerte que te dará fuerzas para el camino…, te llevará al amor.

Me puedo imaginar que mientras lees esto, estás negando con la cabeza. Pero, Rune, la vida es corta. Sin embargo, aprendí que el amor es ilimitado y el corazón es grande.

Así que abre tu corazón, Rune. Mantenlo abierto y permítete amar y que te amen.

En unos momentos, quiero que abras la última caja. Pero antes sólo quiero darte las gracias.

Gracias, Rune. Gracias por haberme amado tanto que lo sentía todos los minutos de todos los días. Gracias por mis sonrisas, por tu mano, que tomaba la mía con tanta fuerza…

Por mis besos, los mil besos. Todos fueron un tesoro, los adoraba.

Como a ti.

Sabes que aunque me vaya, Rune, nunca estarás solo. Mía será la mano que sostenga la tuya por siempre.

Mías serán las pisadas que caminen a tu lado en la arena.

Te amo, Rune Kristiansen, con todo mi corazón.

No puedo esperar para verte en tus sueños.

Dejé la carta y sentí las lágrimas silenciosas que se me escurrían por la cara.

Alcé la mano y me las limpié. Respiré profundamente antes de subir la última caja a mi cama. Era más grande que las demás.

Abrí la tapa con cuidado y saqué el contenido. Cerré los ojos cuando me di cuenta de qué era. Después leí el mensaje que Poppy ató a la tapa: DI SÍ A NUEVAS AVENTURAS.

POR SIEMPRE JAMÁS,

POPPY X

Miré fijamente el frasco grande de vidrio que tenía en la mano. Vi los corazones azules que había en su interior. Corazones de papel en blanco que se apretaban contra el cristal. La etiqueta del frasco decía: MIL BESOS DE UNA CHICA

Apreté el frasco contra mi pecho, me acosté en la cama y sólo respiré. No estoy seguro de cuánto tiempo me quedé así, viendo el techo, reviviendo cada momento que pasé con mi chica.

Pero cuando cayó la noche y pensé en todo lo que hizo Poppy, tenía una sonrisa en los labios.

La paz llenaba mi corazón.

No estaba seguro de por qué la sentía en ese momento, pero estaba seguro de que en alguna parte, en lo desconocido, Poppy me estaba observando con una sonrisa con hoyuelos en la cara… y un enorme moño blanco en el pelo.

UN AÑO MÁS TARDE

BLOSSOM GROVE, GEORGIA

—¿Estás listo, amiguito? —le pregunté a Alton mientras corría por el pasillo tomándome de la mano.

— Ja —respondió y me sonrió con su boca sin dientes.

—Bien, ya debieron de llegar todos.

Llevé a mi hermano hacia afuera y caminamos en dirección al bosquecillo. La noche era perfecta. El cielo estaba despejado y lleno de estrellas brillantes y, por supuesto, había luna.

Llevaba la cámara colgada alrededor del cuello. Sabía que esa noche la iba a necesitar. Sabía que iba a tener que capturar la vista para conservarla para siempre.

Se lo prometí a Poppymin.

Lo primero que percibimos fue el ruido de la gente reunida en el bosquecillo. Alton me miró con los ojos abiertos de par en par.

—Parece que hay mucha gente —dijo con nerviosismo.

—Mil —contesté cuando dimos la vuelta en el bosquecillo. Sonreí: los pétalos rosas y blancos estaban en su pleno esplendor. Cerré los ojos un momento, recordando la última vez que estuve ahí. A continuación, los volví a abrir y sentí un calor que se extendía por mi cuerpo ante la reunión de la gente del pueblo; se acomodaban en el pequeño espacio.

—¡Rune! —El sonido del grito de Ida me llevó de vuelta al aquí y ahora. Sonreí cuando la vi correr entre la multitud; se detuvo al estrellarse contra mi pecho y me abrazó por la cintura.

Me reí cuando alzó la vista hacia mí. Por un minuto, vi a Poppy en su carita. Sus ojos verdes estaban llenos de alegría mientras me sonreía; también tenía hoyuelos.

—¡Te extrañamos mucho! —exclamó y dio un paso atrás.

Cuando alcé la cabeza, Savannah se acercó a mí y me abrazó con delicadeza. Los señores Litchfield vinieron después, seguidos por mis papás.

La señora Litchfield me besó en la mejilla y el señor Litchfield me dio la mano antes de acercarse para abrazarme.

—Te ves bien, hijo. Muy bien —dijo cuando se apartó con una sonrisa.

Asentí.

—Usted también, señor.

—¿Qué tal Nueva York? —preguntó la señora Litchfield.

—Bien —respondí. Como vi que querían más información, confesé—: Me encanta. Me gusta todo. —Hice una pausa y añadí en voz baja—: A ella

también le habría encantado.

En los ojos de la señora Litchfield brillaron unas lágrimas. Luego señaló a la multitud que estaba detrás de nosotros.

— Esto le habría encantado, Rune —asintió y se limpió las lágrimas de la cara—. Y sin duda lo verá desde el cielo.

No respondí porque no podía.

Los papás y las hermanas de Poppy se apartaron para dejarme pasar y quedaron un paso por detrás de mí cuando mi papá rodeó mis hombros con un brazo. Alton seguía tomando mi mano con fuerza. No me soltaba desde que llegué a casa de visita.

—Todos están listos, hijo —me informó mi papá. Vi un pequeño escenario en el centro del bosquecillo, con un micrófono que esperaba; me estaba acercando cuando Deacon, Judson, Jorie y Ruby se interpusieron en mi camino.

—¡Rune! —exclamó Jorie con una gran sonrisa, y me dio un abrazo igual que los demás. Deacon me dio una palmada en la espalda.

—Todos estamos listos, sólo estamos esperando tu señal. No tardó mucho en correrse la voz de que estabas haciendo esto. Conseguimos más voluntarios de los que necesitábamos.

Asentí y observé a la gente del pueblo, que esperaba con sus globos de papel en mano. Esos globos tenían escrito con tinta negra cada uno de los besos que le di a Poppy. Concentré la mirada en el que estaba más cerca:

«Beso 203, bajo la lluvia en la calle; casi me estalla el corazón… Beso 23, en el patio, bajo la luna, con mi Rune, casi me estalla el corazón… Beso 901, con mi Rune, en la cama, casi me estalla el corazón…».

Tragué saliva por la intensa emoción que sentía en la garganta; me detuve a recoger el globo que me esperaba a un lado del escenario. Miré alrededor del bosquecillo y me pregunté quién la habría dejado. Cuando la multitud abrió un hueco, vi que mi papá me observaba de cerca. Nos miramos a los ojos, y después él apartó la mirada antes de irse.

El beso 1 000: «Con Poppymin. Cuando regresó a casa… el corazón me estalló por completo…».

Estaba bien que yo le enviara ese a mi chica. Poppy quiso que yo se lo enviara.

Me subí al escenario con Alton a mi lado; alcé el micrófono y el bosquecillo se quedó en silencio. Cerré los ojos, reuní fuerza para hacerlo y

levanté la cabeza. Un mar de globos de papel estaba listo para volar. Era perfecto. Más de lo que habría podido soñar.

Tomé el micrófono y respiré profundamente.

—No voy a hablar mucho. No soy muy bueno para hablar en público.

Sólo quería agradecerles a todos por reunirse aquí esta noche… —Me quedé sin palabras. Se me habían acabado. Me pasé la mano por el cabello, recuperé la compostura y logré continuar—: Antes de morir, Poppy me pidió que le enviara estos besos de manera que pudiera verlos en el paraíso.

Yo sé que la mayoría de ustedes no la conocieron, pero era la mejor persona que he conocido…, le habría encantado este momento. —Sonreí a medias cuando pensé en su cara cuando los viera. Le encantaría—. Así que, por favor, enciendan sus globos y ayúdenme a que mis besos lleguen a mi chica.

Bajé el micrófono. Alton jadeó cuando los globos se encendieron por todo el bosquecillo y salieron volando al cielo nocturno. Uno tras otro, flotaron hacia la oscuridad hasta que todo el cielo resplandeció por los globos que navegaban en él.

Me incliné y tomé el globo que había entre nosotros para sostenerlo en el aire.

—¿Estás listo para enviarle esto a Poppymin, amiguito? —pregunté mirando a Alton. Asintió y encendí el globo de papel. En cuanto prendió la llama, lanzamos el beso mil, y el último. Me incorporé y vi que despegaba detrás de las demás, apurándose para llegar a su nuevo hogar.

—Guau —murmuró Alton y volvió a tomar mi mano. Sus dedos apretaron los míos.

Cerré los ojos y mandé un mensaje silencioso: «Aquí están tus besos, Poppymin. Te prometí que encontraría la manera de enviártelos».

No podía despegar los ojos del espectáculo de luces del cielo, pero Alton me jaló la mano.

—¿Rune? —me preguntó, y bajé la vista hacia él.

— Ja?

—¿Por qué teníamos que hacerlo aquí, en el bosquecillo?

—Porque era el lugar favorito de Poppy —contesté con suavidad. Alton asintió.

—Pero ¿por qué tuvimos que esperar primero a que florecieran los cerezos?

Respiré profundamente y le expliqué:

—Porque Poppy era justo como las flores del cerezo, Alt. Sólo tuvo una vida breve, pero, como ellas, la belleza que trajo en ese tiempo nunca se olvidará. Porque nada tan hermoso puede durar para siempre. Era un pétalo de una flor de cerezo, una mariposa…, una estrella fugaz… Era perfecta…

Su vida fue breve…, pero era mía. —Respiré y murmuré—: Y yo era suyo.