Presentimientos
Julia
Abel, Abel, pensó. Ojalá sea una broma, pero si no lo era, gracias. ¿Qué más podía decir? A no ser que Marcus apareciera no podría saber si esto quería decir lo que suponía porque sería imposible localizar al mensajero que le había traído el sobre. Le había pillado por sorpresa, en un momento en que no se le ocurrió ni siquiera preguntarle cómo se llamaba.
Esa noche no irían a Los Gavilanes sino al mejor restaurante de la costa en treinta kilómetros a la redonda y antes pasarían por alguna buena tienda de ropa para que Julia se comprase un vestido bonito. Y desde luego dejaría que el futuro hiciera su trabajo. Pero antes, se acercaría a la playa a darse un baño por fin en paz y con la secreta esperanza de encontrarse con Sandra. Desde que Julia apareció en la urbanización, Sandra se había mantenido a distancia. Siempre la veía de lejos con su pandilla de amigos tatuados. Y le gustaría tanto bañarse con ella, aunque sólo fuera una vez, ahora que ya no sentía ningún tipo de preocupación. Le gustaría verla y estar con ella ahora que el mundo se había vuelto simple otra vez.
Julia
En cuanto Julia dejó de estar obsesionada por Marcus, Marcus desapareció. Tenía razón el doctor Romano cuando dijo que todo lo que existe… existe porque está en nuestra mente. Y que no había peor muerte que la de ser olvidado. En el momento en que su pensamiento lo mató en el sueño, un pensamiento no dirigido voluntariamente, Marcus pasó a mejor vida. Y cuando se lo encontró en la vida real ya era un fantasma, un fantasma molesto. La vuelta a casa estaba siendo muy agradable. Tito estaba morenito y a Félix le había crecido el pelo. Probablemente se lo cortaría nada más llegar. En el hotel le preguntarían por lo que le había ocurrido, pero ella le quitaría importancia y no contaría casi nada. En el fondo lo que deseaba era alejarse de la sombra del robo de aquella joya en el que de forma inocente había participado y que en el hotel siempre la rondaría. Así que trataría por todos los medios de montar su propio negocio. Félix la ayudaría. Gracias a Dios no se había enterado de lo de Marcus ni de nada.
Ya habían perdido de vista la costa, ya había dejado de oler a mar. La vegetación iba cambiando y el sol lo cubría todo de un dorado envejecido. Tenía que darle de merendar a Tito.
Terminaste Presentimientos
Clara Sánchez
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