Un corazón traidor
Capítulo 12
12
Una semana después de contarle la verdad a su hijo, Ash se mudó a casa de Parker, adonde esa misma tarde, él se encargaría de llevar también al niño.
Finalmente serían una familia. Una familia muy distinta a la que ella había soñado desde niña, pero vivirían bajo el mismo techo y eso era lo que más le importaba en el presente.
Después de encargarse de que todo estuviese listo para la llegada de Harvey, Ash se dedicó a inspeccionar la casa de su esposo.
Eso estaba haciendo cuando sintió que la puerta se abría y oyó la inconfundible voz de Parker. De inmediato bajó las escaleras con prisa y los encontró a él y a Harvey agarrado de su mano junto a la puerta de entrada en el vestíbulo.
Se detuvo en cuanto vio los ojos llorosos del niño, y su corazón se encogió de pena.
—Harvey —musitó arrodillándose frente a él—. No llores, cariño. Te prometo que aquí estarás bien. Te llevaré a tomar helados, comeremos galletas, iremos al parque… Tu padre te llevará a montar a caballo y recorreréis todos los lugares que te apetezcan.
—Quiero ir a mi casa —protestó negándose a mirarla.
Parker también se acuclilló.
—Esta es tu casa ahora, Harv. Vas a vivir con mamá y conmigo.
—Quiero a mi otra mamá y quiero a Frannie —insistió el niño.
Ash se levantó y comenzó a pasearse por toda la sala intentando no llorar.
No tenía idea de cómo actuar, no solo era demasiado doloroso para ella, sino que, por encima de todo, más lo era para su hijo.
—Ashleigh es tu mamá —continuó Parker—. Y te quiere tanto como Melanie. ¿Por qué no eres bueno y le das una oportunidad?
Al oír sus palabras, Ash se volvió para contemplarlos. Harvey se secó las lágrimas y asintió como un niño obediente pero nada convencido.
—Ese es mi muchacho —declaró Parker con una sonrisa y lo besó en la frente para a continuación volver a ponerse de pie.
La condesa se acercó y estiró una mano hacia su hijo.
—¿Te gustaría conocer tu habitación, Harv? Es muy bonita, te gustará.
Papá te compró muchos juguetes nuevos.
Con muchas dudas, él le tomó la mano y caminó a su lado con lentitud.
Ash tenía muchos sentimientos encontrados: estaba rebosante de felicidad por estar por fin junto a él, pero por otro lado estaba triste por el dolor de Harvey al tener que alejarse de la única familia que había conocido.
Parker los siguió por detrás y puso una mano en la espalda de su esposa para transmitirle seguridad. Al verla tan frágil y afligida quería abrazarla y besarla, prometerle que todo estaría bien. Harvey no tardaría en aceptarla como su madre y serían una familia de nuevo o, mejor dicho, serían una familia por primera vez.
En el fondo sentía un enorme pesar. Si él no se hubiese comportado como un cretino al principio de su matrimonio, si no hubiese cometido semejante cantidad de errores, nada de eso estaría ocurriendo. Ashleigh y Harvey no habrían sufrido de esa forma ni estarían atravesando momentos tan difíciles.
Estaba decidido a enmendar su falta y haría lo que fuese necesario para tener a su esposa y a su hijo de nuevo. Requería de gran perseverancia y paciencia ganarse de vuelta ese amor que había creído extinto.
Una semana antes, él y Ash se habían besado en el carruaje. Había sido algo espontáneo, ninguno de los dos lo había planeado ni tampoco forzado, y por esa misma razón había sido mágico.
No obstante, Ashleigh huyó de él en cuanto el coche se detuvo y luego había actuado como si no hubiese sucedido, pero ninguno de los dos podía negar que sí había ocurrido y era probable que ella lo tuviese tan presente como él.
Parker siempre la había querido. Si bien su principal interés en casarse con ella había sido el dinero para salvar su pellejo y su desesperada situación económica, él había aprendido a querer a esa niña tierna y frágil que se entregaba a él con tanta soltura y sin límites.
Y ahora amaba a la mujer en la que se había convertido, a la madre que era. La única diferencia que existía era que antes no había sabido cómo manejar sus sentimientos y había preferido huir a los brazos de otra mujer por miedo a lastimarla o salir lastimado.
Sin quererlo, había convertido su matrimonio en el mismo de sus padres cuando todo lo que deseaba era evitar exactamente eso.
Ahora, en cambio, estaba decidido a hacer las cosas bien.
Entre los dos le mostraron la habitación a Harvey, quien fue poco a poco perdiendo la vergüenza y empezando a sentirse más a gusto con su madre.
Cuando más tarde llegó la niñera que habían contratado, se la presentaron y lo dejaron a su cargo por unos momentos para que se acostumbraran el uno al otro.
—Borra esa expresión, cielo —le pidió a Ash tomándola por las dos manos después de salir del cuarto del niño—. Él estará bien, mira cómo ha cambiado desde que llegó. Yo lo veo más relajado.
—Está triste, nunca debimos haberlo sacado de la casa de los Welltonshire.
—Él necesita estar con su familia, será feliz muy pronto. Tú eres una madre increíble.
Ella hizo una mueca.
—Soy una madre horrorosa. Si hubiese sido una buena madre, no lo habría abandonado en primer lugar.
—Ya te lo dije, no te culpes. Cúlpame a mí.
Ella agachó la cabeza porque sintió ganas de volver a llorar.
—No puedo —susurró—. Deseo culparte por todo, Parker, pero no puedo. Mis errores son míos y de nadie más.
Él volvió a abrazarla sin poder resistir la tentación. Verla tan indefensa y tan triste despertaba su instinto protector. Uno que no sabía que tenía hasta la semana anterior.
Parker disfrutó que ella no lo alejara.
Estuvieron en esa posición por varios minutos, él le acarició la espalda y la besó en la sien hasta que Ash pareció recobrar la cordura.
—Debería… debería volver —señaló ella apuntando hacia la habitación de Harvey.
—Como desees —contestó dándole un último beso en la frente—.
Cenaremos en una hora.
La condesa asintió.
—Me gustaría que Harvey cenara con nosotros. Sé que está mal y que debería cenar en su cuarto, pero estará solo. En la casa de Melanie por lo menos tenía a los otros niños. No quiero que se sienta abandonado.
—Por supuesto —convino Parker con una sonrisa—. Tienes toda la razón.
Entonces ella le sonrió y el conde pensó que no había tenido un día mejor que ese en muchos años.
Los días pasaron volando mientras Ashleigh volvía a conocer a su hijo y él se adaptaba a ella. Había hecho todo lo que estaba en sus manos para que Harvey la aceptara y dejara de preguntar por Melanie y Frannie, pero no era fácil hacer que se olvidara de lo único que conocía.
Además, tenía que aceptar que no podría haberlo hecho sin Parker. Él era un pilar importante en su cometido y le habría sido imposible llegar al corazón de Harvey de no haberlo tenido presente.
Esa noche, después de que el niño se durmiera fue a la planta baja buscando algo que hacer. Desde que se había mudado allí no había aceptado más que dos invitaciones para fiestas de la temporada porque no soportaba la idea de dejar solo a su hijo ni un instante más.
Parker había hecho lo mismo, la había acompañado a esas dos veladas y luego solo se había aventurado fuera de casa para ocuparse de sus asuntos de negocios.
Era otro hombre, uno muy distinto al que había sido su esposo tres años atrás. Y eso le gustaba, ahora que tenía a su hijo, se permitía pensar en qué sería de ellos si lo perdonaba, si llegarían a ser la familia que ella siempre había soñado.
Ese día habían salido los tres a cabalgar por Hyde Park, y Harvey había terminado muy cansado, de modo que se durmió minutos después de terminar de cenar, dejándola a ella sola y aburrida.
«En realidad —se dijo siendo honesta consigo misma— sé exactamente qué quiero hacer». Deseaba verlo a él y pasar un rato en su compañía, pero no sabía si sería correcto molestar a su esposo cuando estaba tan ocupado en asuntos de negocios.
Se aventuró en la biblioteca, cuya puerta estaba entreabierta, por lo que podía verse desde fuera una tenue luz. Asumió que él estaba allí, y su corazón empezó a latir muy deprisa. Se asomó por la puerta con la sola intención de comprobarlo, y lo descubrió sentado en un escritorio tras una pila de libros.
Como una tonta, se quedó observándolo de pie en el umbral de la puerta y no supo por qué, de manera que él terminó levantando la cabeza y descubriéndola.
—Ashleigh —dijo, y sus labios se curvaron hacia arriba—. ¿Se ha
dormido ya?
Ella asintió y se animó a dar un paso dentro de la habitación.
—Está dormido como un angelito —musitó empezando a moverse junto a las estanterías.
El conde se puso de pie y se acercó a la alacena donde guardaba sus mejores bebidas.
—Estaba muy cansado —comentó, y alzó un vaso hacia ella—. ¿Bebes una copa conmigo?
Ash, que estaba mirando sin mucho interés el título de los libros apilados, se giró hacia él.
—De acuerdo —aceptó.
Caminó en su dirección y tomó el vaso que le estaba ofreciendo. Sin pensar de qué se trataba, se bebió todo su contenido, sintiendo una quemazón insoportable en su interior segundos después.
Parker se rio por su expresión y ella le siguió en cuanto pudo calmar esa horrible sensación. No estaba acostumbrada a ese tipo de bebida, su experiencia se limitaba al ponche de las fiestas y, en ocasiones, cuando se sentía osada, un poco de champán.
—¡Ay, cielos! —logró articular después de un rato, llevándose una mano a la garganta.
—Tienes que tomártelo con calma —le aconsejó volviendo a llenar el vaso hasta la mitad—. ¿Quieres intentarlo de nuevo?
«¿Por qué no?», se preguntó ella y lo aceptó.
Con el vaso en la mano tomó asiento en el canapé color burdeos que estaba junto a la alacena de bebidas y recostó la cabeza en el respaldo. El conde la acompañó después de llenar su propio vaso y se deslizó a su lado colocándose cerca, muy cerca, a pesar de que el sofá era lo suficientemente grande para que los dos estuvieran sentados allí sin tocarse.
Desde que se había mudado, Parker no había intentado seducirla ni una sola vez, a no ser que contara los furtivos besos fugaces que le había robado
o las veces que la había abrazado cuando estaba triste.
Y debería sentirse aliviada, pero, por alguna razón, se sentía molesta por su falta de intentos.
Con semejantes pensamientos, se llevó el vaso a la boca y lo empinó sin pensar, hasta que, una vez más, acabó con todo su contenido.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Parker sin contener la risa—. Creí que habíamos quedado en que iba a ser poco a poco.
Con los ojos llenos de lágrimas por la conmoción y el ardor, Ash tosió.
—Uf, me he olvidado. Me he distraído y lo he olvidado.
—¿Te has distraído?
Las mejillas se le colorearon enseguida.
—Estaba pensando —se defendió.
Las cejas de Parker se alzaron con diversión. Pasó un brazo por detrás del sofá, muy cerca de sus hombros, y se inclinó hacia ella.
—¿Y se puede saber en qué estabas pensando para ruborizarte de ese modo?
Al instante, Ash se llevó la mano libre a la mejilla.
—Esto… Esto es por la bebida, sin duda.
—Oh, sin duda —replicó él sin dejar de sonreír de esa forma que hacía que a Ash le latiera el corazón con más fuerza.
Con miedo a decir o hacer una tontería, la condesa se puso de pie tan rápido que terminó mareándose. Por suerte, Parker llegó a sostenerla antes de caer desparramada en el sillón.
Le rodeó la cintura con sus manos y la apretó con cuidado contra su cuerpo.
—¿Estás bien? —preguntó con una extraña mirada en sus ojos.
Ella asintió despacio, aturdida como estaba.
—Bien, bien —murmuró.
Estaban tan cerca que podía oler su perfume y sentir todos sus músculos tensos. Vaciló, pero terminó sucumbiendo a sus deseos y estiró una mano
para colocarla en su nuca.
Con ese solo toque, la cabeza de Parker se inclinó hacia ella y sus bocas estuvieron tan cerca que el aliento de ambos terminó siendo uno solo.
Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, sus labios se unieron en un delicado y suave beso, como si los dos tuvieran miedo a la reacción del otro. Parker dejó la boca inmóvil contra los labios calientes de su esposa, y le permitió tomar el control, esperando que fuese ella quien comenzara a moverse.
Y así lo hizo, Ashleigh no lo defraudó. Se puso de puntillas y tiró de él con más fuerza moviendo su boca contra la suya, abriéndola para darle paso a la punta de la lengua, que incursionó curiosa dentro de ella.
Hacía demasiado tiempo que nadie lo besaba así, con tanta delicadeza y a la vez tanta entrega. Tomando el control, él abandonó su boca y comenzó a besar su cuello, robándole un jadeo de placer que no hizo más que incitarlo a seguir.
—Parker… —susurró Ash.
—¿Quieres que me detenga? —Se vio obligado a preguntar alejándose apenas para poder ver su delicioso rostro.
—No, quiero… quiero… quiero estar contigo. ¿Todavía me deseas, Parker? ¿Alguna vez me deseaste?
Él sonrió sin poder contenerse.
—Te deseaba hace tres años y te deseo ahora. No he hecho otra cosa que pensar en tenerte desnuda en mi cama. ¿Recuerdas cuando te hacía el amor?
Y contra todo pronóstico ella dijo:
—No lo he olvidado, pero me gustaría mucho que refrescaras ese recuerdo esta noche.
Parker parpadeó, atónito.
—Ashleigh… ¿Estás… estás segura de lo que estás diciendo?
Ella colocó los brazos alrededor de su cuello y lo miró sin sonreír.
—Muy segura. Quiero ser tu esposa esta noche.
—Esta noche —musitó él con desconfianza—. ¿Y no vas a arrepentirte mañana por la mañana?
Ash no quería pensar en lo que sucedería al día siguiente, pero parecía que él necesitaba convencerse de que ese no sería un gran error, un paso atrás en la relación que estaban manteniendo.
—No me arrepentiré, lo prometo. Yo quiero esto tanto como tú.
El conde la besó en el hombro.
—Entonces vamos a cumplir tu deseo.
Subieron las escaleras tomados de la mano y Ashleigh lo condujo a su habitación. Abrió la puerta y él la siguió cuando entró al cuarto.
Parker la abrazó desde atrás y su mano se deslizó por la parte superior de su pecho, haciendo que ella se dejara caer contra él. Ashleigh podía sentir su boca sobre su cuello, paseando sus labios por las partes más sensibles de su nuca.
Despacio, se dirigió a un lado del cuello y mordisqueó su suave piel mientras sus manos vagaban en la parte delantera de su vestido. El corpiño se abrió dejando a la vista el armazón del corsé.
Los dedos de Parker se movieron por la curva de su garganta y luego bajaron hasta el extremo de su clavícula. Poco a poco le quitó el vestido, ayudándola a sacar los brazos de las mangas mientras la acariciaba ligeramente en los brazos.
Ash sintió un estremecimiento en todo el cuerpo, hacía demasiado tiempo que nadie la tocaba de esa forma.
Girándola de cara a él, como si se tratase de una muñequita, Parker empezó a quitarle los pasadores del cabello uno a uno y le bajó los brazos cuando ella intentó ayudar. Una vez que finalizó, tomó gruesos mechones entre los dedos y se los llevó a la nariz, aspirando su dulce perfume.
Finalmente le quitó el corsé y la dejó solo con una fina camisa de muselina. Fue ese el momento en el que Ash tomó la iniciativa y comenzó a
quitarle la ropa a Parker. Comenzó por la chaqueta, el chaleco y la camisa.
Cuando su pecho estuvo desnudo, no se detuvo y siguió por sus zapatos, el pantalón y hasta los calcetines. Envalentonada como estaba, no sintió ningún pudor cuando llegó a su ropa interior y tiró de ella hacia abajo.
Desde el suelo, levantó los ojos hacia Parker. Este, con la mirada encendida, volvió a alzarla tomándola por los dos brazos.
Recuperando su turno, él tomó el dobladillo de su camisa y esperó a que su esposa levantara los brazos, cosa que hizo sin miedo.
Quedó desnuda en la parte superior, solo con los calzones largos y las medias de seda. Parker la tomó entre sus brazos y la sostuvo contra su cuerpo caliente. Le acarició la espalda desnuda y la hizo temblar antes de tirar de la cinta que sostenía los calzones, provocando que estos cayeran al suelo desparramados.
Le besó el pecho y jugueteó con su lengua sobre uno y luego sobre el otro hasta que Ash sintió un calor ardiente quemándola por dentro.
Besándola en el abdomen y descendiendo con lentitud terminó por llegar al punto en el que se unían sus piernas, dándole un suave y largo beso allí antes de comenzar a quitarle las medias.
Luego la levantó y la llevó en brazos hasta la cama como si no pesara más que un bebé. La dejó caer sobre la mullida colcha y la miró con una sonrisa gatuna.
—¿A qué se debe esa sonrisa? —preguntó ella sintiendo una punzada de vergüenza bajo su penetrante mirada.
—Pienso en lo afortunado que soy al tenerte aquí conmigo —susurró él, inclinándose sobre su cuerpo, cubriéndola por completo con el suyo y rozándole los labios con su boca—. Eres tan hermosa, la mujer más bella que he conocido jamás.
—No es necesario que… —empezó a decir, pero él la interrumpió con otro beso.
—No miento, Ashleigh. Nunca más existirá una mentira entre nosotros,
te lo juro.
Ella no pudo hacer otra cosa que soltar un suspiro cuando él se movió hasta sus piernas y empezó a besarla desde los tobillos, ascendiendo por ellas hasta llegar a los muslos y la ingle.
Con el poco de cordura que le quedaba, Ash logró abrir la cama y exponer las suaves sábanas de lino. Se zafó de él y se metió debajo de estas, con Parker imitándola hasta quedar los dos bajo la carpa que formaba la tela.
A partir de ese momento, Ash comenzó a perder la conciencia, extasiada por sus besos inadecuados y los pícaros movimientos de su lengua en todas partes, incluso en aquellas prohibidas.
Cuando estuvo a punto de volverla loca, Parker colocó el cuerpo entre sus piernas con cuidado de no aplastarla y su miembro fue deslizándose dentro de ella en exquisitas embestidas que hicieron que los dos terminaran de perder la cabeza sumidos el uno en el otro.
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