Un corazón traidor
Capítulo 3
3
Nueve meses después…
Ash se sentó en la cama junto a Emmeline y estiró los brazos deseosa de tomar al bebé de esta en brazos. Había nacido hacía tan solo dos días y ella había estado presente a pesar de que estaba embarazada de cinco meses.
Como de costumbre, Parker estaba en la ciudad o viajando por toda Inglaterra. Ash se había quedado sola y aburrida en el campo, pero ya había aprendido a organizarse y entretenerse con cosas que le dieran cierto placer.
Emmie y el marqués siempre la recibían en su casa solariega y era agradable estar en su compañía. Últimamente también estaba allí el hermano de Emmeline, el conde de Welltonshire, que había pasado casi todo su tiempo en la casa desde que se había enterado de que su hermana estaba esperando a su primer hijo.
Era mucho más divertido verlos a él y a Joseph discutir en cada comida que estar marchitándose sola en su casa de campo.
—Es tan pequeñito… —comentó mirando al bebé al que habían llamado Jacob—. Espero que la mía sea una niña, haremos que se casen cuando sean mayores. Ya puedo imaginar la boda…
Emmie soltó una risa.
—¡Ash! Seremos ancianas para entonces, no quiero pensar en eso.
La condesa abrió exageradamente los ojos, negándose a pensar en sí misma como una anciana.
—No digas tonterías, todavía seremos jóvenes cuando los niños tengan nuestra edad.
Acunó a Jacob y le cantó una de sus canciones favoritas, mientras Emmeline seguía descansando en la cama donde su marido la había obligado a permanecer por seguridad, a pesar de que el médico les había garantizado que no habría ningún problema si se levantaba.
—Y si es un niño, serán mejores amigos —comentó la marquesa cuando su amiga dejó de cantar y el pequeño Jacob se quedó dormido.
—Estoy segura de que así lo preferiría Parker —respondió Ash mientras colocaba al bebé en su cuna, a pocos pasos de la cama—. Sería toda una suerte que el heredero llegara a la primera. Como en vuestro caso. El marqués se ve feliz.
—Joseph está feliz de verme viva —dijo Emmie con una mueca y cambió de tema en la misma oración, como era su costumbre—, ¿y a quién le importa lo que hace feliz a Parker? Te ha dejado sola durante meses. Si estuviese en tu lugar, ya me habría buscado un amante.
Los ojos de Ash volvieron a abrirse desmesuradamente, escandalizada.
—Está muy ocupado trabajando para recuperar el dinero que su padre tiró por la borda —lo defendió—. No seas mala.
Em sacudió la cabeza.
—Sabes lo mucho que os quiero a los dos, Ash. Pero Parker está siendo un asno por dejarte así. ¿Cuántas semanas en total lo has visto desde que os casasteis? ¿Tres, cuatro?
—Cinco, pero no llevo la cuenta —repuso desviando la vista hacia otro lado.
Claro que contaba cada día que estaban juntos y cada carta que le enviaba. Guardaba con mucho anhelo las que él le respondía y a veces se desvelaba volviendo a leerlas porque no eran ni de lejos tantas como le
gustaría.
Pero aceptaba que su marido tenía mucho trabajo que hacer para recuperarse de la precaria situación en la que lo había dejado su padre y lo admiraba por ello. Tenía que ser muy fuerte para pasar tanto tiempo lejos de su casa y de su familia.
—Exacto. Podría esforzarse un poquito más.
Ash arrugó la frente y se sentó de nuevo en la cama junto a Emmie.
—Eres muy dura con él. Me consta que lo hace lo mejor que puede.
—Bueno, yo solo quiero que seas feliz, Ash. Nadie se lo merece más que tú —afirmó Em tomándole una mano—. Eres la persona más buena que conozco.
Ash estaba sentada en una silla mientras tomaba el té en el jardín cuando Francis se unió a ella.
—¿Puedo unirme, lady Brookshire? —preguntó con cortesía aunque ya se había sentado en la silla contigua.
—Claro —contestó ella, feliz de que su presencia la alejara de los pensamientos melancólicos que había comenzado a tener—. Creí que se estaba preparando para marcharse.
—Ya está todo listo. Mi amigo, lord Beckford, me espera en su casa.
Saldré mañana por la mañana. ¿Cómo se siente? Está haciendo mucho calor para esta época.
Ash se llevó una mano al vientre abultado y sonrió.
—Muy bien, milord. Me tratan muy bien aquí.
—¿Ha sabido algo de Parker?
La expresión apacible de Ash se transformó en una de tristeza.
—Recibí su última carta la semana pasada antes de venir para aquí. No podrá regresar a casa hasta dentro de dos meses más.
Francis hizo una mueca, pero no reveló sus pensamientos. De más estaba decir que rechazaba totalmente la vida que había adoptado su amigo
después casarse, pero no le correspondía confesar que si él se hubiese casado con una joven como Ash nunca la habría dejado abandonada de esa forma.
—Estoy seguro de que todo mejorará pronto para los dos —añadió dándole ánimos, y la hizo sonreír aunque se sintió fatal por haberle mentido.
Si de Parker dependía, esa relación solo iría cuesta abajo.
—Perdone, milady —dijo Siggys, el mayordomo de Thornehill, apareciendo detrás de ellos. Los dos se giraron hacia él y Francis admiró la gran sonrisa que la joven le brindó al otro hombre—. Ha recibido un mensaje.
—Oh —exclamó Ash y dejó la taza de té sobre la mesita—. Muchas gracias, Siggys. ¿Le importa si lo leo, milord? Podría ser Parker.
—Adelante, por supuesto.
La condesa tomó el papel y lo abrió. Desde lejos el conde pudo ver que era una nota escueta de pocas palabras y maldijo a su amigo por ser tan poco delicado con su esposa. Pero mientras lo leía, tardando más tiempo del que debería, la expresión de la joven fue cambiando hasta ponerse pálida y conmocionada.
—¿Está todo bien? —se animó a preguntar.
Los ojos de Ashleigh se deslizaron hacia él, llenos de lágrimas.
—Mi madre ha muerto.
Parker se presentó al funeral de la condesa y abrazó a Ash durante toda la noche mientras ella se deshacía en lágrimas. Sin embargo, se marchó al día siguiente con una de sus tantas pobres excusas.
Así que sola una vez más, Ashleigh decidió visitar la casa que su madre le había dejado en herencia.
Se instaló allí, y para calmar su angustia por la muerte de su madre y el hecho de estar sola en un momento como ese —porque su padre también se
había refugiado en sus negocios en Londres para matar su propia pena—, Ash decidió hacer reformas en la nueva casa, sabiendo que a su madre le encantaría la idea de haber estado allí con ella.
Y así pasó un mes sin regresar a la vivienda de su esposo, y luego otro más, en el que pensó que no pasaría nada si se quedaba porque Parker estaba en Italia ocupándose de sus viñedos. Cuando creyó que debería regresar, sintió que su embarazo estaba muy avanzado como para hacer un viaje que le llevaría dos días.
Así que decidió quedarse y mandó que le enviaran el resto de sus cosas y las que ya había comprado para el bebé.
Los meses pasaron lentos, sobre todo porque cada día tenía menos movilidad y necesitaba más horas de descanso, pero cuando estuvo a pocas semanas de la fecha en la que esperaban que el bebé naciera, Parker apareció en su casa. Ash sintió que la vida volvía a tener luz.
Estar con él la hacía feliz y cuando se alejaba el tiempo se volvía una tortura. Por suerte para ella, cuando comenzara la próxima temporada de Londres, ya no estaría embarazada y podría ir a la ciudad a disfrutar de las fiestas que tanto añoraba y hacerle compañía a su marido.
Estaba determinada a recuperar todo el tiempo perdido y asistir a cada velada tomada de su brazo tal como ella siempre había soñado.
Además, Parker le aseguró que sus negocios iban de maravilla y su situación económica estaba cada vez mejor, lo que para Ash era una confirmación de que, en la temporada siguiente, los dos estarían juntos en una nueva casa en Londres y ella podría renovar todos sus vestidos para asumir por fin la parte más divertida de su rol como condesa.
Serían la pareja perfecta y junto a su hijo se convertirían en el modelo de familia que todos envidiarían.
El bebé llegó justo cuando lo esperaban. Fue un alumbramiento difícil porque, según los médicos, el cuerpo de Ash era demasiado pequeño, por lo
que el parto resultó más arduo y peligroso, tanto para la madre como para el bebé. No obstante, por fortuna o milagro, no hubo mayores complicaciones.
Fue un varón, algo que todos los presentes festejaron más que el hecho de que hubiese nacido sano.
Aunque Ash insistió en que debería llamarse Parker, el padre se negó en redondo y terminaron decidiéndose por el nombre de Harvey.
« Soy padre», se dijo Parker al sostener a su hijo en brazos por primera vez. Era una sensación extraña, pero que le gustaba.
Esa pequeña criatura dependería por completo de los ejemplos, el cariño y las enseñanzas que le dieran sus padres. Por él, Parker sintió la necesidad de ser mejor: mejor hombre, mejor persona, mejor todo, pero no tenía idea de cómo lo lograría.
No había tenido el mejor padre, ni siquiera uno decente y no tenía idea de qué hacer a partir de ese momento.
Esa misma noche, Parker se hallaba inmerso en una pila de papeles, cuando su esposa entró ataviada con un largo y recatado camisón de algodón blanco.
Alzó la vista por un momento y volvió a bajarla para seguir con su lectura.
—Deberías estar descansando, cariño —le dijo antes de tomar un trago de whisky.
Ella hizo un mohín.
—Te estaba esperando en la cama, pero no venías. Entonces decidí venir a buscarte.
—Tengo mucho trabajo, querida. Iré más tarde.
Ash se plantó frente a él con los brazos cruzados como una niña caprichosa.
«Cielo santo», pensó. La quería mucho, de verdad que sí, pero a veces sus actitudes lo exasperaban.
—Pero tenemos que hablar. Hace mucho que no estamos juntos y cuando estás aquí, siempre estás trabajando.
Él suspiró.
—Querida, sabes que tengo mucho trabajo. Aunque estamos mejor, no puedo relajarme, necesito seguir. Tenemos un hijo por el que velar, Harvey merece tener el futuro asegurado. No quiero correr el riesgo de que se halle en mi misma situación cuando crezca.
—Pero… —volvió a decir y Parker levantó la cabeza, irritado—. Puedes tomarte un ratito de tiempo libre.
—Dime una cosa, querida, ¿tu padre se tomaba mucho tiempo libre?
Trabajar duro es el secreto del éxito. Estoy siguiendo su ejemplo.
Los negocios y el trabajo a Ash le interesaban muy poco. Estaba desesperada por un ápice de cariño del esposo que amaba y nunca veía.
¿Por qué él no podía ser consciente de eso? ¿Es que no la echaba de menos?
—Él siempre tenía tiempo para la familia. Jugaba todas las noches a las cartas conmigo —replicó a modo de defensa, con el ceño fruncido.
«No se rendiría», se dijo Parker y dejó los papeles a un lado para complacerla.
No podía trabajar con ella hablando todo el tiempo, era imposible concentrarse en cualquier otra cosa. Y tampoco lograría que se marchara sin iniciar una discusión, algo que evitaría a cualquier precio.
Sentado en su sillón, se cruzó de brazos y la miró a los ojos con una sonrisa cansada.
—¿De qué quieres hablar, esposa mía?
Los ojos de Ash se iluminaron y su humor cambió de manera radical.
—¡Tengo tantas cosas de que hablar! Pero me gustaría empezar por lo más importante: la nueva temporada se avecina, tengo que empezar a encargar mis vestidos y algo de ropa para el bebé. Necesito viajar a Londres lo antes posible, allí tengo a mis modistas de siempre. Ellas saben lo que será moda, siempre están enteradas de todo.
Parker hizo una mueca.
—¿Ir a Londres tan pronto después de dar a luz te parece lo más correcto?
—¿Por qué iba a ser una mala idea? Yo me siento perfecta.
—Pero el niño, ¿has pensado en él? Todavía es muy pequeño para viajar.
Tenemos que velar por su salud.
Ella sacudió una mano y le restó importancia.
—Estará bien. Todos los bebés viajan.
Parker se mantuvo firme en su postura. Sabía que esa temporada no podría retenerla en el campo y tendría que permitirle ir con él a Londres, donde, dicho sea de paso, aún no tenían una casa propia. Tendría que alquilar una para darle el capricho y lo haría encantado porque ella se lo merecía después de todos los cambios que había tenido que afrontar el año anterior; aun así, lo que todavía podía pelear era su permanencia allí hasta que llegase el momento.
—Harv viajará cuando sea el momento, Ashleigh. Para cuando llegue la temporada, tendrá unos meses más y no sufrirá tanto el viaje.
El labio inferior de la joven empezó a temblar.
—¿Y cómo tendré mis vestidos listos si no voy ahora?
—Puedes pedirle a la modista del pueblo que los haga. Haremos que traigan las telas más lindas para ti, será lo mismo —propuso, sintiéndose pésimo por hacerla sufrir.
Pero ella tenía que aprender que no todo funcionaría como cuando era una niña. Se había casado y convertido en madre, tenía que madurar y actuar con responsabilidad.
—¿Lo mismo? Claro que no será lo mismo. Seré el hazmerreír de las fiestas.
«¡Santo cielo!».
Parker se abstuvo de soltar una carcajada.
—Querida mía, muchas mujeres se hacen sus vestidos en el pueblo.
Estoy seguro de que Emmeline no irá antes de tiempo a Londres solo por hacerse unos vestidos. Tiene un bebé que cuidar.
Con eso la tranquilizó. La joven ladeó la cabeza y se secó las lágrimas mientras se quedaba pensando durante unos segundos.
—Sí… Tienes razón. Ella dijo que no volvería a la ciudad hasta más tarde.
—Ya lo ves, todo estará bien. No necesitas grandes vestidos para ser la mujer más hermosa de todo Londres.
Ella parpadeó.
—¿De verdad lo crees?
—Por supuesto. No me habría casado contigo si no lo fueras.
Y con eso, la tuvo rendida a sus pies una vez más.
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