Un corazón traidor
Capítulo 7
7
Todavía con dolor de cabeza por todo el alcohol que había tomado en la fiesta la noche anterior después de su encontronazo con su esposo, Ash hizo acopio de todas sus fuerzas y se preparó para asistir al almuerzo al que había sido invitada en la casa del marqués de Thornehill.
Se suponía que era una sencilla reunión entre los más allegados a la familia para celebrar el inicio de la temporada, algo que Emmeline había acostumbrado organizar desde hacía un par de años.
No iría sola, le había pedido a su buen amigo Granville que la acompañase, porque necesitaba su apoyo moral para enfrentarse a todas esas personas que prácticamente no había visto en años y, aún más, para volver a encontrarse con Parker, quien con toda seguridad estaría allí.
Después de más de tres años, ella seguía siendo una niña pequeña cuando estaba cerca de él y le temía a su propia reacción cuando lo hacía.
Además, después de la noche anterior, le gustaba la idea de que pensara que eran amantes. Si tenía suerte, Parker se pondría celoso. Lo haría sufrir en la misma medida que ella había padecido cuando lo había visto con la otra mujer.
Recién llegada a la residencia Thornehill, estaba quitándose el abrigo con ayuda de uno de los sirvientes cuando oyó el griterío de niños provenientes
del exterior de la casa. Miró a Granville, que alzó las cejas a modo de respuesta, pero ninguno de los dos dijo nada.
En las escaleras pudieron ver a Jacob, el hijo mayor del marqués, bajándolas de la mano de una mujer que debía de ser su niñera. El niño de cuatro años parecía sumamente feliz y tenía prisa por terminar con todos los escalones.
Ash sintió una punzada en el pecho al pensar en su hijo y la promesa que habían hecho con Emmie cuando Jacob era tan solo un bebé recién nacido.
Todavía estaba allí cuando el mayordomo volvió a abrir la puerta de la entrada y dos pequeños, una niña y un niño que parecían de la misma edad, entraron antes que cualquier adulto, saludando al mayordomo por su nombre.
Detrás de ellos, Francis y Melanie hicieron su aparición.
Entonces los ojos de Ash se volvieron hacia el pequeño niño de cabello castaño que había visto antes.
Tenía que ser él.
Harvey, su hijo.
Se le paralizó el corazón y los ojos se le llenaron de lágrimas antes de que pudiera evitarlo. No podía respirar, era la primera vez que lo veía en todo ese tiempo, en la última ocasión era tan solo un bebé.
—¡Tengo espadas nuevas para todos! —gritó Jacob, casi saltando desde el último escalón.
—Yo quiero una espada —se unió Frannie y miró a su madre—.
¿Podemos, mamá? ¿Podemos, por favor? Por favor, por favor, mamá.
Ashleigh pudo ver por completo la carita de su hijo cuando este se dio la vuelta y miró a Melanie con los ojos llenos de esperanza.
—Yo también quiero jugar, mamá.
Su corazón se resquebrajó cuando lo oyó.
Le había dicho «mamá» a Melanie y la miraba con esa devoción que debería haber sentido hacia ella.
Y lo peor de todo era que no podía protestar, no tenía ni voz ni voto en la vida de su hijo por decisión propia.
Melanie se percató de su presencia y se quedó en silencio un momento, antes de volver a reaccionar y sonreírle a los niños, inclinándose hacia Harvey para hablarle directamente:
—Recuerda que soy la tía Mel, cariño. Así debes llamarme.
Frannie arrugó la frente.
—Pero tu nombre es «mamá ».
—Sí —convino Harvey con una sonrisa—. «Mamá ». No me gusta «tía », me gusta «mamá ».
Ella terminó suspirando ante la confusión y asintió sin borrar la sonrisa.
—Está bien, id a jugar con vuestro primo, niños. Sed buenos, no hagáis enfadar a la niñera.
Cuando los tres pequeños desaparecieron en dirección al jardín, Melanie se volvió hacia ella. Se alisó el vestido y pasó junto a Francis y Granville, que habían iniciado una conversación.
—Lady Brookshire, buenos días. Lamento lo que ha ocurrido hace un instante —dijo con un tono suave que Ash no había esperado recibir por su parte después de oír el rencor en la voz de Parker la noche anterior—. Copia todo lo que dice Frannie y no he podido corregirlo. Sé que debería hacerlo con más ímpetu, pero es muy confuso para los dos niños y siempre termino desistiendo.
Ash se enjugó la lágrima traicionera que se le había escapado y miró a Mel mordiéndose las mejillas para que no le temblara la voz al hablar.
—Entiendo, lady Welltonshire —contestó asintiendo—. No tiene que explicarme nada.
—Es un niño excepcional —siguió diciendo Melanie e hizo una pausa, dubitativa—. Si quiere verlo, las puertas de mi casa están abiertas para usted.
—Gracias, lady Welltonshire —repitió Ash dando por finalizada la charla
y dejándola sola en medio del salón sin previo aviso.
Melanie la observó mientras se marchaba sola, sin la compañía de Granville, que seguía entretenido con Francis.
Se preguntó qué sentiría la condesa, pero ni siquiera pudo imaginarlo.
Se dijo que debería entenderla, también había tenido el hijo de un hombre al que despreciaba. Pero para ella todo era más fácil porque Francis había aparecido en su vida y la había hecho amar a esa niña inocente y olvidar la situación en la que había sido concebida.
En esos días no se imaginaba una vida sin la pequeña Frannie.
Después de presenciar su conmoción al ver a su hijo, Mel era incapaz de creer que Ashleigh no sintiera nada por él, que no le importara.
Y tenía que hacer algo para ayudarla a recomponer la relación con su pequeño hijo aunque la condesa aún no supiera lo mucho que lo necesitaba.
Después del almuerzo, todos salieron al jardín para tomar aire fresco y ver a los niños jugar. Emmeline era una madre devota y enamorada de sus hijos, y no perdía oportunidad para estar con ellos, incluso cuando tenía invitados.
De haber sabido que todas las mujeres estarían allí con sus hijos y que Parker también asistiría en su rol de padre perfecto, no se habría presentado.
Miró, desde lejos, a Elizabeth, Emmie y también a Melanie mientras interactuaban con sus hijos e incluso que la madre de Joseph ejercía su función de abuela amorosa con todos ellos.
Observó a su hijo y la forma en la que se relacionaba con todos los niños y se dirigía a Melanie como si fuera su madre, pendiente de que ella lo observara jugar y de su respuesta cuando le preguntaba algo que Ash no podía oír por la distancia que los separaba.
En cierta forma, estaba agradecida con lady Welltonshire por haberse hecho cargo de Harvey cuando ella había decidido apartarse, pero, por otra parte, la odiaba por ese mismo papel que había asumido, sentía unos celos enfermizos al verlos juntos y una culpa atroz que la destrozaba por dentro.
Por si fuera poco, cuando quiso desviar la vista de ellos para recuperar el aliento, sus ojos se toparon con Parker, que conversaba amenamente con lady Katherine, la prima de Emmeline, que había llegado a Londres para hacer su debut en sociedad. Una joven bellísima, a quien todos allí parecían adorar y que esa tarde había tenido toda la atención de Parker.
Era de esperar que este último se viera atraído por ella; después de todo, él había estado a punto de comprometerse con Emmie de buena gana, y su prima se le parecía muchísimo en todos los aspectos.
Entonces, sin salida y sintiéndose cada vez más triste, enojada y sola, estuvo a punto de levantarse de su sofá para acercarse a Granville y así pedirle que se marcharan porque ya no podía soportar estar allí un minutos más.
Antes de hacerlo, sintió una presencia detrás de ella, y no necesitó darse la vuelta para saber de quién se trataba, conocía sus pasos y su olor tanto como se conocía a sí misma.
Parker se paró detrás de su esposa y permaneció en silencio durante unos minutos en los que Ash estuvo tiesa como una tabla fingiendo ignorancia.
Su cercanía la ponía nerviosa y ella sabía muy bien por qué. Todos esos sentimientos que había albergado hacia él en el pasado aún seguían en un rincón de su corazón.
—Es muy guapo, ¿verdad? Nuestro hijo… —comentó el conde por fin.
«Se parece a su padre», quiso decir ella, pero nunca pronunciaría semejante cumplido.
—Lo es —masculló.
—Melanie me comentó que lo oíste decirle «mamá». Estaba preocupada por cómo te hubiese sentado. Duele, ¿no? Duele ver a tu hijo tomarle tanto cariño a una mujer que no eres tú.
—No la culpo, si es lo que le preocupa a lady Welltonshire —musitó sin quitarle a Harvey los ojos de encima. Se moría de ganas por levantarse e ir a jugar con él aunque tampoco tenía ni idea de cómo.
—Harvey necesita una madre, Ash. Cada día entiende más lo que sucede a su alrededor y hace preguntas sobre todo. ¿No te gustaría que no tuviéramos que decirle que su madre lo abandonó para irse con su amante?
De inmediato se puso de pie. Nunca le permitiría que la dejara como la mala del cuento. Se levantó y lo encaró, olvidándose por completo de dónde estaban y con quiénes.
—¿Cómo te atreves? Sabes muy bien cuál es la razón por la que me marché. ¿Cómo puedes ser tan cruel como para culparme a mí de todo lo que ocurrió?
Él no cedió ante su ataque de furia, mantuvo la calma y siguió hablando en voz baja:
—Podrías haberme dejado a mí, pero no al niño. Y no me malentiendas, no tengo la intención de discutir contigo. Solo quiero que comprendas.
—Comprendo muy bien que me rompiste el corazón —farfulló ella alzando el mentón.
Él se encogió ante semejante dureza, pero no atacó en respuesta.
—Fui un maldito imbécil, lo acepto. Pero Harvey no debería tener que pagar por mis errores, te lo dije en aquel momento y te lo repito ahora.
Ella inspiró profundamente para serenarse y no ceder ante las lágrimas que pugnaban por salir, y se giró hacia su hijo de nuevo.
—Yo lo veo feliz —comentó.
—Porque Melanie es su ángel guardián. Pero ¿no te gustaría conocerlo, estar cerca de él? Ni siquiera tienes que verme a mí cuando lo hagas.
Solo… solo ve a la casa de Francis. Yo no interferiré en tu relación con él.
Te lo prometo. Ya estás aquí, Ashleigh. No dejes pasar esta oportunidad.
Parker esperó una respuesta que nunca llegó.
Ash mantuvo sus labios sellados y no dijo nada.
El conde terminó por marcharse de vuelta a la mesa junto a lady Katherine y su hermano el conde, y ella siguió mirando a los pequeños a distancia, incapaz de moverse del lugar en el que se había quedado clavada.
Su ofrecimiento había abierto una herida sangrante y también dado una oportunidad de la que de ningún modo se creía merecedora.
OceanofPDF.com
OceanofPDF.com