Almas muertas

Angela Marsons · Capítulo 106 de 116

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Almas muertas

Capítulo 104

Dawson se volvió a Riggs, el oficial a cargo de la unidad de intervención armada.

—¿Cuánto falta? —le preguntó. Se sobreponía a la urgencia de atravesar la cerca e ir a buscar por su propia cuenta.

Al llegar él y Gibbs al límite oeste del sitio, se habían encontrado con seis hombres armados que venían entrando. A pesar de las protestas, los policías los habían obligado a marchar hasta un lugar seguro.

—Ya conoces los procedimientos, sargento —le dijo Riggs sin la menor sombra de humor—. Hay protocolos que se tienen que...

Dejó de hablar y levantó la mano mientras escuchaba algo por el pinganillo.

Dawson luchaba contra su propia frustración. Con toda franqueza, los protocolos le importaban tres cojones cuando se trataba de su gente.

Y seguían oyéndose disparos. Sus ojos se desplazaron hacia la parte trasera del Audi, cuyo asiento trasero había sido eliminado para instalar una caja de armamento. En ese instante, lo único que quería hacer era noquear al tipo y quitarle las llaves.

—Hasta el momento, ya hemos retirado a siete individuos —dijo Riggs, y bajó la mano—. Tengo a un agente herido por una trampa y...

—¿Cómo de lejos están sus muchachos? —interrumpió Dawson, menos preocupado por el miembro del equipo de Riggs que por los del suyo. Era Stacey a quien buscaban.

—A unos cuatrocientos metros del centro.

—¿No pueden ir más rápido? —preguntó Dawson, y se pasó la mano por el pelo.

—Absolutamente, y luego perder a uno y que otro salga asesinado. Ni siquiera sabemos cuánta gente hay ahí dentro.

Las respuestas de este hombre no ayudaban a Dawson a superar la ansiedad.

Algo muy grave estaba ocurriendo en ese complejo.

Y sus compañeros estaban justo en medio de todo.

Gibbs le puso una mano en el brazo.

—Dawson, no podemos...

—Escucha a tu compañero, amigo, y hazte a un lado —dijo Riggs—.

Puedo ver esa mirada tuya y te reto a que lo intentes.

Dawson se enderezó.

—Sí, cómo no —dijo.

Un atisbo de sonrisa apareció en los severos labios.

—Escucha, colega, ya tengo suficientes héroes allá dentro. Mi equipo también está ahí, y si haces algo que ponga en peligro su seguridad, yo mismo te pegaré un tiro.

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