Almas muertas

Angela Marsons · Capítulo 77 de 116

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Almas muertas

Capítulo 75

Stacey sabía que debía concentrarse en la tarea que le habían encomendado sus compañeros, pero la solicitud de amistad de Floda había vuelto a encender la agitación en su estómago.

En cuanto la aceptó, recibió un mensaje con un vínculo a un sitio web.

¿Habría sido esto lo que Justin recibió de Floda? ¿Y habría alguna relación entre esto y la decisión de acabar con su vida?

Hubo un retardo con el enlace antes de que este explotara en una página en cuyo encabezado había una cruz de San Jorge y una esvástica.

Stacey sintió que los dedos le temblaban cuando presionó una tecla para entrar.

El título de la página decía «Por una Inglaterra pura». Stacey se tragó el horror mientras trataba de concentrarse. A lo largo de toda la parte superior, en el menú se leía: «Publicaciones, Misión, Foros, Marcador, Encuentros».

Stacey se descubrió a sí misma mordiéndose el labio inferior. Hizo clic en la pestaña de las publicaciones y se sintió invadida por la cantidad de libros con títulos extremistas. Los cientos de libros acerca de Hitler se mezclaban con otros de chistes ofensivos y vínculos a páginas web con lecturas adicionales.

Salió de ahí instantáneamente y movió el cursor de un lado al otro. No necesitaba leer la declaración de la misión. Palabras más, palabras menos, el tema general «difundid el odio tanto como sea posible» estaba bastante cerca.

Hizo clic en el botón de los foros. Los primeros tres hilos tenían actividad. El segundo era el que más publicaciones recibía. Hizo clic en la línea «El encuentro».

Exploró con la vista los textos de arriba abajo y se dio cuenta de que la mayoría de los mensajes expresaban el pesar de algún miembro por no poder asistir a cierto asunto. Supuso que sería alguna clase de reunión.

Salió de los foros y entró en la sección titulada como Marcador. La

sangre se le iba congelando al pasar por las venas.

Se reveló una cuadrícula del lado izquierdo. En orden, de arriba abajo, se leía: «Negro, Asiático, Musulmán, Judío, Queer, Extranjero, Lisiado, Otro».

En la parte superior aparecía el nombre del mes en negrita. Había más encabezados debajo: «Vandalismo, Ataque, Intento de asesinato, Asesinato».

Las personas escribían sus nombres de usuario en las casillas donde se intersecaban los dos criterios.

JJLucy había puesto su nombre en casi todas las casillas.

Debajo había un salón de la fama, donde, por lo visto, JJLucy estaba en primer lugar casi todos los días.

Sacó el teléfono y empezó a tomar fotos. Los sitios como estos podían desaparecer en cuestión de horas. Retrocedió por todas las páginas, capturando tantos nombres como pudo.

Satisfecha de haber fotografiado cada cosa que pudo ver, regresó al marcador. Tres personas habían anotado sus nombres en la columna de asesinatos. Todos quedaron en capturas de pantalla para que ella también pudiera incluir los encabezados.

Abrió la última pestaña, la marcada como «Encuentros», al mismo tiempo en que su teléfono registraba la llegada de un mensaje.

Rápidamente, echó un vistazo a la pantalla de los encuentros. La fecha fue como un grito: esa misma noche sucedería algo.

De sopetón, Stacey supo que esto era demasiado para ella sola. Ya no era una lata de gusanos, sino un bidón de anguilas eléctricas, y no podría contenerlas sin ayuda. Debía comunicarle a alguien lo que acababa de encontrar. Sí, eso significaría sincerarse acerca de sus actividades y del ordenador portátil, pero esto tenía que ser investigado. De inmediato.

Revisó el mensaje que acababa de llegarle por el teléfono. Decía, simplemente:

El portátil está fuera

Stacey frunció el ceño. La línea del remitente decía «desconocido».

¿Qué significaba esto? ¿Fuera de su casa?, ¿fuera de la comisaría?

Pasó el dedo por encima del número de Bryant, desesperada por

compartir lo que había encontrado. Pero, si había alguna oportunidad de recuperar el portátil perdido, tenía que aprovecharla.

Se levantó y fue a la puerta. Con el portátil otra vez en su poder, nadie se enteraría de que lo había perdido. Llamaría a Bryant en el instante mismo en que lo tuviera en las manos.

Pasó por delante de la recepción y salió del edificio.

Miró toda la pared a lo largo. Nada.

Avanzó unos pasos, explorando con los ojos cada centímetro del aparcamiento, y siguió avanzando, ampliando a cada paso el campo visual.

A lo lejos, a la derecha, algo le llamó la atención.

Un bordillo daba paso a una pequeña zona sembrada. De entre las matas sobresalía algo plateado.

Empezó a caminar hacia allí, y eso la condujo a un costado del edificio.

Cada paso le confirmaba que lo que estaba viendo era, efectivamente, el portátil robado.

Avanzó centímetro a centímetro, como un cangrejo, y pasó junto a una furgoneta azul, cerca de un Renault, y lo recuperó.

Una sonrisa de alivio tiró de sus labios, y, al siguiente instante, un dolor repentino en la nuca provocó que se cimbrara hasta el suelo.

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