Colapso
Capítulo 11
Kathia
Me detuve de súbito en mitad de la carretera. No había rastro ni de los esbirros ni de Eric, nada que me indicara hacia donde habían ido. ¡Apenas había tardado un minuto en salir del restaurante! No había forma lógica de abandonar aquella calle tan rápido; ni siquiera en el caso de que alguien los estuviera esperando con un coche en marcha en la puerta.
Debían de estar cerca.
Cerré los ojos. Si no encontraba a mi amigo tal vez aquella sería la última vez que lo hubiera visto con vida. Y esa posibilidad ardió en mi vientre provocándome dolor. Me quejé, llevándome las manos al lugar y empezando a respirar vacilante. Cada palpitación me recordó mis debilidades, pero también mis rencores, y me aferré a ello. Ya no era la misma chica, no tenía las mismas fuerzas que semanas antes, pero volví a experimentar esa sensación enérgica que me empujaba contra todos mis enemigos. Supe que la enorme parte de Cristianno que habitaba en mí se impuso y me regaló un poco de coraje.
Así que me concentré en esa experiencia y noté cómo mis miedos y ofuscaciones se silenciaban unos segundos, dejándome escuchar un quejido ahogado que se perdió en la noche. Provenía del callejón que había a unos metros de allí, a mi izquierda.
Sin pensarlo un instante, eché a correr todo lo rápido que me permitieron mis zapatos, desequilibrándome cuando el tacón se colaba en las juntas de los adoquines de la carretera. El aliento se me amontonaba en la boca.
—¡Kathia, espera! —exclamó Giovanna unos metros tras de mí. Pero no me paré hasta llegar al callejón.
La brisa vespertina me abofeteó y agitó con brusquedad mi cabello, entorpeciéndome la vista. Aun así pude ver por entre los mechones cómo cuatro tíos apaleaban a un Eric ensangrentado y medio inconsciente.
Giovanna tropezó con mi hombro antes de mirar hacia el callejón y ver lo que a mí me había paralizado. A ella Eric jamás le había importado, pero aquello la dañó casi tanto como a mí. Contuvo una exclamación y se llevó las manos a la boca. Los muy canallas disfrutaban, sonreían y se deleitaban con el poder que ejercían sobre el pequeño cuerpo de mi amigo.
—Sostenedlo —ordenó el cabecilla, un tal Carlo, recordé—. Ya nos hemos divertido bastante, ¿verdad, Albori? ¿Qué tal si le haces una visita al condenado Gabbana? ¿Quieres reunirte con él?
Vibré enfurecida. Todos los rincones de mi cuerpo despertaron desagradablemente y se prepararon para atacar. Supe que en aquel momento habría sido capaz de descuartizar con mis propias manos a ese hijo de puta que se atrevía a mencionar a Cristianno y a tocar a Eric. Si esa noche alguien se reuniría con el condenado Gabbana, sería él.
—Que… te… jodan —balbuceó Eric.
Empecé a avanzar completamente ciega por la rabia. Giovanna masculló algo queriendo retenerme, pero esquivé sus manos tras empujarlas con varios manotazos y caminé hacia el maldito esbirro, que colocaba el silenciador a su pistola con parsimonia mientras sus compañeros incorporaban a Eric de malas formas. Matarían a mi amigo y nadie se daría cuenta.
El tipo levantó el brazo, lo tensó y acarició el gatilló listo para disparar.
Sonrió complacido por el hecho de ser él quien matara a un secuaz de los Gabbana… Pero no esperó que yo se lo impidiera. Con todas mis fuerzas, le di una patada en la parte baja de la espalda encargándome de clavarle duramente el tacón. El disparo se estrelló en la fachada de una de las casas y él soltó un quejido al tiempo en que caía al suelo y soltaba su pistola.
Aproveché para cogerla y le apunté con seguridad deleitándome con la temerosa sorpresa que pobló sus ojos. Fue inevitable sonreír encantada con la idea de perforar su maldita cabeza con una bala. La adrenalina fue casi
sádica, y se descontroló por completo cuando noté el frío de un cañón apuntándome la cabeza desde atrás.
Giovanna gimió atemorizada mientras que yo me perdía en la maravillosa sensación belicosa que se apoderaba de mí. No tenía nada que perder. Ya no.
—Suelta la pistola, señorita —dijo el hombre que me apuntaba. Una anciana se asomó por una ventana para cerrar aprisa los postigos y ocultarse al calor de su hogar.
La mafia estaba en su calle y hacía bien en temerla.
Torcí el gesto antes de mirar por encima de mi hombro.
—¿Y si no qué? —Quise saber—. ¿Dispararías? ¿Serías capaz de pegarle un tiro en la cabeza a la mujer de la que dependen los Carusso? —
Comprender aquello tan inesperadamente rápido me produjo vértigo.
Por eso no me dejaban morir…
Qué estúpida había sido al no caer en la cuenta. Enrico me lo había dicho y yo no le di la relevancia que merecía.
«Si mueres, ¿qué sentido tiene todo, Kathia?»
No me había dado cuenta del incalculable valor que tenía mi vida, ni había sido consciente de que tenía el control total sobre todos; sobre Angelo, sobre Valentino, sobre Enrico… Y así seguiría siendo, al menos, hasta el día de la boda.
Porque si moría, todo el poder se vendría conmigo.
Sonreí peligrosamente complacida con el descubrimiento que había hecho.
Miré al esbirro sin dejar de apuntar a su compañero. Sus ojos dudaban demasiado.
—¿Piensas matarme? —Una pregunta cargada de un sarcasmo que no solo dejé que se notara en mi voz.
Giovanna se adelantó unos pasos.
—Kathia suelta la pistola. —No esperó que terminara apuntándola a ella.
—Te juro que apretaré el gatillo si vuelves a abrir la boca —advertí sin dejar de mirar al hombre.
El miedo la confundió. Giovanna era lista, pero en ese momento no entendió que pretendía protegerla manteniéndola fuera del círculo que los esbirros, Eric y yo habíamos improvisado. Solo era una estrategia que decidí emplear para saber hasta dónde podía someter a la gente, y parecía que no había un límite aparente. Porque todos me observaron pasmados cuando me vieron apuntar a una Carusso.
—Oh, Dios mío —gimió ella, asustada. Temiéndose lo peor.
El esbirro fue bajando la pistola lentamente y terminó apuntándome al pecho.
—Señorita, por favor. —Su miedo ya era bastante innegable.
Volví a reír.
—Si presionas ese gatillo no tardarás en seguirme. Te aniquilarán. —Y
lo harían de forma lenta y cruel porque no consentirían que un simple soldado terminara con todo.
Dudó, analizó mis palabras, buscó agobiado una salida.
—Pero sí podemos matarle a él —dijo, tras un rato en silencio, señalando a Eric con los ojos—. Piénselo mejor, señorita. Suelte el arma.
Alcé las cejas, jugando con la incredulidad para que no notara lo mucho que temía por la vida de Eric.
—¿Acaso no era esa la orden que os han dado? —recordé—. De todos modos le mataréis, ¿no es así?
—Señorita… —Pero si continuó hablando yo ya no le escuché.
Nadie se había dado cuenta de que un Audi R8 acababa de frenar bruscamente en la calle Garibaldi. Mi corazón empezó a latir excitado por la emoción cuando vi a Alex bajarse casi en marcha del vehículo.
No corrió y tampoco pareció que fuera a hacerlo; solo cargó su arma y caminó hacia nosotros, encolerizado y más que contento con la idea de partirle la cara a alguien.
Me guiñó un ojo antes de aporrear fuertemente la cabeza de aquel tío con la culata de su pistola. Después, solo fui capaz de maldecirme profundamente porque se había iniciado una pelea a mi alrededor y mi cuerpo reaccionó entumeciéndose.
No fui capaz de mover un maldito músculo.
Mauro
Salté sobre el capullo que había tirado en el suelo cuando le vi levantarse y sacar una navaja del cinturón con toda la intención de hundirla en el cuerpo de Alex. Le cogí del cuello de la chaqueta, lo estampé con todas mis fuerzas contra la fachada de hormigón y comencé a darle patadas hasta que supe que lo dejaría inconsciente.
Se desplomó a mis pies casi al mismo tiempo en que otro tío se tiraba a por mí. El peso de su cuerpo y la inercia del mío hicieron que diéramos un par de vueltas y nos estrelláramos en el suelo. Forcejeamos con violencia.
Sus manos buscaban asfixiarme, pero debería haber sabido que no se lo permitiría. Así que le di un cabezazo en la frente y me coloqué a horcajadas sobre él aprovechando su aturdimiento.
Bastaron un par de puñetazos en la mandíbula para dejarle grogui y poder ir hacia un Eric que arremetía sin fuerzas contra el tío que lo tenía sujeto. Intentaba ayudarnos aun sabiendo que no podía.
Recibió un fuerte puñetazo en la boca que le incitó a escupir la sangre que le había provocado, pero no me permití sentir furia por ello. De lo contrario, no habría sido capaz de ponerme en pie con normalidad. Así que contuve el aliento y me lancé hacia ellos sin saber que alguien más lo haría.
La imagen me aturdió más de lo que estaba dispuesto a reconocer.
Giovanna se colgó de las espaldas de aquel esbirro y empezó a pegarle puñetazos en los costados sin esperar que el tipo la capturara y lanzara al suelo. Ella se levantó veloz, pero no pudo evitar el fuerte bofetón que la envió de nuevo al asfalto.
No me hizo falta pensar en cómo llegaría hasta él ni de qué forma le mataría. Simplemente me dejé llevar, mi cuerpo sabría bien qué hacer para terminar con él. Empecé con una patada en el muslo que lo arrodilló ante mí. Le solté un rodillazo en la cara y descargué mi furia a base de patadas.
Hasta que me coloqué sobre él y continué pegándole, esta vez con los puños.
No me detuve cuando noté cómo exhalaba su último aliento. Jamás se levantaría. Jamás.
A veces la furia podía ser la mejor arma.
Terminé el ataque gritándole a su rostro ensangrentado y desencajado, y me aparté del cadáver tras haber tragado saliva. Me apoyé en mis muslos y cogí aire cabizbajo, aún en el suelo.
Unas miradas abrasadoras me hicieron levantar la cabeza. Giovanna me observaba con asombro y miedo a la vez, pero si creía que me preocuparía lo que pensara de mí estaba muy equivocada. Aquello era la mafia y, aunque ella siempre había sido consciente de ello, acababa de vivirla por primera vez.
Se incorporó lento y quiso llevarse una mano a la mejilla herida. Pero ninguno de los dos esperamos que yo terminara capturándola un instante antes de que se tocara. Tiré de ella hacia mí y acerqué mis dedos a su piel percibiendo el fuerte calor que emanaba y cómo su respiración cambiaba conforme ascendía la presión de mi caricia.
Giovanna contuvo el aliento y cerró los ojos acomodando su cabeza en la palma de mi mano, queriendo que el contacto fuera mucho más intenso.
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