Cuando las luces se apagan

Erika Mann · Capítulo 15 de 16

Páginas del PDF

Cuando las luces se apagan

Observaciones editoriales

 

El libro de Erika Mann The Lights Go Down. Middletown - Nazi fue publicado en 1940 por la editorial londinense Seeker and Warburg y, simultáneamente, en la neoyorquina Farrar & Rinehart. El libro original, escrito en alemán, fue traducido al inglés por el escritor norteamericano Maurice Samuel (1895-1972), amigo de Erika y Klaus Mann; el original alemán se ha dado por perdido. Así pues, esta primera edición alemana es una

retraducción del inglés[1]. Las ilustraciones de John O’Hara Cosgrave II proceden de la primera versión estadounidense. Algunos capítulos del libro aparecieron traducidos al francés por separado y en formato de opúsculo, probablemente entre 1941 y 1943, bajo el título Ténèbres sur l’Allemagne. Lahore: The Civil and The Military Gazette (véase el Archivo del exilio alemán 1933-1945 y la Colección de literatura del exilio 1933-1945. Catálogo de libros y opúsculos, vol. 2, Stuttgart/Weimar 2003, nr. 9939).

Al final de su libro, Erika Mann explica que todas las historias y acontecimientos a los que alude están basados en hechos reales. Para corroborarlo, y con excepción de dos capítulos («En memoria de un héroe» y «Compañeros de infortunio»), Erika Mann incluyó en el «apéndice» referencias a periódicos de la época como el Frankfurter Zeitung y a publicaciones nacionalsocialistas como el Das Schwarze Korps. Todas esas referencias se han comprobado para esta edición: de las veintiocho fuentes citadas, solo ocho no se pudieron verificar por falta de datos o porque la fuente era demasiado remota. En todos los demás casos, el texto de Erika Mann reproducía literalmente la fuente alemana original. Asimismo, se ha corregido algún pequeño error de la autora (por ejemplo, los miembros de las SS no llevaban uniforme «marrón»).

La pretensión de Erika Mann de elaborar un retrato del día a día en el Tercer Reich basado en hechos demostrables (es decir, extraídos a menudo de publicaciones oficiales de la prensa nacionalsocialista) no excluye, naturalmente, que en determinados casos la autora recurra a información obtenida en conversaciones privadas. Eso es así especialmente en la historia del pastor doctor Gebhardt del capítulo 7, que logra escapar milagrosamente de la cárcel y refugiarse en Suiza. En el último párrafo del capítulo «Compañeros de infortunio», Erika Mann ofrece una pista que permite la identificación de su héroe; se trata del doctor Kuno Fiedler (1895-1973), cura protestante y teólogo polémico que mantuvo correspondencia con Thomas Mann desde 1915 (véase Asu dem Briefwechsel von Thomas Mann und Kuno

Fiedler[2] [3] , en Blatter der Thomas Mann Gesellschaft, Zürich, cuadernos 11 y 12, 1971/72, edición de Hans Wysling). En 1918, Fiedler bautizó a la hija menor de Thomas Mann, Elisabeth, hecho al que el autor hace alusión en su

Gesang vom Kindchen[4] (1919).

La polémica catilinaria de Fiedler [5] Luthertum oder Christentum,

aparecida en 1921, le valió la expulsión del servicio eclesiástico; a continuación trabajó como profesor de instituto en Turingia, pero el gobierno nacionalsocialista lo metió en la cárcel por falta de lealtad hacia el régimen, pero pronto fue puesto en libertad. El 2 de septiembre de 1936 fue detenido, y el 19 de septiembre logró huir de la prisión de Wurzburgo y refugiarse en Suiza. Hasta 1955 fue rector de la parroquia de St. Antönien in Graubünden. Kuno Fiedler, que después de exiliarse pasó un tiempo en casa de Thomas Mann en Küsnacht, habló extensamente con Thomas y Katia Mann sobre las dramáticas circunstancias de su fuga, sus vivencias en Alemania y las condiciones de vida en la cárcel de Wurzburgo (véase Thomas Mann,

Tagebücher 1937-1939[6], Peter de Mendelssohn (ed.), Frankfurt del Main,

1980, p. [7] 371, y también Thomas Mann y Heinrich Mann, Briefwechsel,

Hans Wysling (ed.), Frankfurt del Main, 1984, p. 244).

No se puede descartar que el libro de Erika Mann incluya más historias basadas en testimonios «reales»; sin embargo, seguirles el rastro a todas habría superado el marco de esta edición.

Aun así, la búsqueda de las fuentes citadas por Erika Mann ha sido una tarea ardua y en ocasiones fatigosa. Mis colegas de Göttingen, Kora Baumbach, Nadja Lux, Renate Namvar, Birte Werner e Insa Wilke han llevado a cabo esta labor con sagacidad y compromiso, competencia y tesón. Para ellas mi más sentido agradecimiento.

 

IRMELA VON DER LÜHE