Cuentos secretos

Aurora Venturini · Capítulo 31 de 67

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Cuentos secretos

No se sabe lo que no se hace

Cortó mi ilación y proposición el salto de fiera de Chila Pompón de Vélez: «¿Quién es usted para aconsejar a mi marido? Ahora mismo se mandan a mudar, carajo». Pusimos pies en polvorosa los cinco delegados a entrevistar al galardonado, futuro investigador del inglés poeta en su tierra de Albión. La Polvorosa nos sofocó a los cinco; en cuanto a mí, me despidieron en quince horas de cátedra suplente, en la facultad y en dos escuelas secundarias y de varios diarios y periódicos gubernamentales; mi teléfono sonaba y alguien respiraba por toda respuesta.

Para sobrevivir dicté clases particulares, publiqué en Caballo de Fuego, semanario chileno, en El País, de Madrid y en otros diarios.

El sujeto ocupaba un cargo político con ferocidad. Peca Limbo debió mudarse de La Plata.

No se sabe lo que no se hace

Día a día, mes a mes, año tras año la vida iba andando como en tren eléctrico y nosotros subíamos a esos trenes, a escaleras mecánicas hasta el cansancio. En un transporte público vi a Chila Pompón de Vélez agarrada al sostén de un asiento. El coche estaba repleto. Enseguida la reconocí por su aspecto afroamericano. Observaba a doquier, de derecha a izquierda, adelante, atrás. Parecía preocuparle el paisaje nutrido y apelmazado del transporte. La morocha ahora entrada en carnes transmitía temor apocalíptico, especialmente al mirarme varias veces. Primero miró y quedó recopilando entre recuerdos de más o menos veinte años datos para hallar gorduras coincidentes armando un rompecabezas y lo consiguió. Su cara jetona volvió a verme y, como quien halla algo no deseado y ya olvidado, respingó.

Leí en Las mil y una noches, traducción del doctor Mardrus: «¡Oh, Cara Negra, de qué te asustas!», y lo apliqué in mente.

Cara Negra, en pánico, por largos minutos se detuvo en mí y fue desprendiendo su tenaz atención sostenida que dirigió a un acompañante altísimo aún no registrado por mi atención en vuelo de distracción. Reparé en el acompañante altísimo y descubrí al escritor de un librito premiado con una mención en concurso misérrimo de institución anónima justicieramente