Cuentos secretos
La teoría de Nenia
«Ojalá no sea chancleta».
Él ya preparaba pulgar e índice de la mano derecha, cerrojo en la garganta tierna de una boca más para alimentar.
Entonces no había posibilidad de conocer el sexo antes del nacimiento, si no un aborto hubiera sido piadoso.
Las chicas habían armado una teoría acerca de cómo se hacen los niños.
Nenia expuso la teoría a Tulita Juana y a unas cuantas compañeritas de la escuela. Ambas chicas cursaban el quinto para sexto.
La teoría de Nenia
Reunidas en el patio de la escuela, en el recreo largo, Nenia explicaba a un grupo de compañeritas su teoría de «cómo se hacen los niños».
Estaban en quinto grado, casi a fin de año escolar. Algunas se habían pintado los labios.
Consideradas grandes por las educandas de los cursos anteriores, adoptaban poses de señorita y entre ellas una que otra estaba
«desarrolladas», condición aplicada a las que menstruaban.
En aquellos tiempos, no funcionaba la alta tecnología de internet y
«mensajito». Solo en algunas casas tenían teléfono de línea y aparato de radio.
Las muchachas más avispadas, que masticaban chicle mentolado para quitarse el olor del cigarrillo fumado en el baño, se preparaban a escuchar con expresión de burla.
La teoría: el hombre y la mujer, acostados, una vez que se han entusiasmado, toman la posición de él sobre ella y conectan los cuerpos mediante el pito y la cotorra, empezando a moverse con intensidad, entonces el elástico del colchón hace «tric-trac», y de acuerdo a la duración y cantidad de esos ruidos es el tamaño de la parte anatómica del futuro niño que hasta el momento será llamado «feto». A los que salen antes, se les llama «prematuros».
«¿Cómo sabés tanto?», pregunta la más pequeña del grupo.
Tomando la palabra, Tulita Juana: «Porque espiamos a papá y a mamá».
Las chicleras, conteniendo risas, piden a la profesora que continúe.
Hacer el cuerpo del feto con todos los órganos adentro ocupa toda la noche…
Al amanecer, el hombre levantado ceba mate a la mujer.
Una nena sorprendida opina: «Pobres padres… tanto sacrificio y después nos portamos mal».
La profesora seguirá mañana explicando la fabricación de lo faltante para que el feto sea un nene.
Ha sonado la campana y ellas vuelven al aula, divertidas las grandotas, sorprendidas las nenas.
Durante varios días, Nenia hará coincidir partes anatómicas con «tric-trac» hasta llegar a la zona «sexo».
Llamativa didáctica la suya.
El tema sexo, o sea pito y bola, en expresión vulgar y corriente; pene y testículos en anatomía; cotorra en expresión vulgar y corriente; vulva en anatomía, dependerá de la hora que falte para cumplir el noveno mes; de no haber apuro, la pareja proseguirá «sube-baja, sube-baja; tric-trac, tric-trac», hasta agotarse.
Si no hay tiempo, suspenderán y en lugar de los complicados órganos masculinos quedará un tajito.
Les ha explicado cómo el feto por parte de gran trabajo de la pareja humana será un neonato, es decir, un recién nacido.
Nenia y Tulita Juana, criaturas normales a esa edad, eran feúchas, pero estaban contentas en la escuela. El drama estaba en el conventillo donde Juan Chanch Overo mandaba. Al terminar las clases tuvieron que trabajar para el espantoso espantajo de musculosa y calzoncillo; ver a Tula empujando el cochecito de Renata y verla volver a rastras a rendir cuentas,
«¿qué hiciste?», antes de entrar a la caverna y tirarse en la cama, las hacía sufrir y odiar las vacaciones.
La Bestia Juan Chanch Overo amenazó con flagelarlas con el cinto si pasaba los dedos sobre un mueble y notaba polvo, aconsejándoles que no gastaran tanto jabón amarillo. Mandó comprar jabón de potasa y Nenia se rasgó la piel de las manos.
Erizaba el pene detrás del calzoncillo cuando enfurecía y se tiraba al suelo revolcándose, cara verde y ojos amarillos; las chicas abrazadas, no de miedo sino de náuseas, diagnosticaron —médicas por naturaleza— que sería «piléptico» y que la «pilesia» era mortal.