Diarios. Edición de Pat Hackett
Diarios
Este capítulo es largo, así que está dividido en 49 partes.
Miércoles 15 de octubre, 1980
Paloma salió en el Today Show y no tendría que haberlo hecho. Hablaba de todas las joyas que tiene. Ahora la secuestrarán.
Tuve una reunión con cierta señora sudamericana para hacerle un retrato. Se trajo a una pareja de hermosas damas venezolanas. Se presentó el infame Ronnie Levin. Alguien tenía que haberme dicho que estaba en la ciudad para que el trauma fuese menor. Nadie de la oficina le hizo caso, se paseó por allí como Pedro por su casa y luego se fue.
Jueves 16 de octubre, 1980
Vincent estaba preparando la grabación de la entrevista que John Richardson le iba a hacer a Paloma. Ella se presentó con su marido Rafael y su amigo Xavier. Las joyas las trajo un tipo de Tiffany’s.
David White se presentó con una carta de Rauschenberg —ahora David trabaja para él—, diciendo que él ha diseñado las mesas que yo tengo, que las hizo cuando Jane Holzer intentaba meterse en el negocio de los muebles, a finales de los sesenta y principios de los setenta, y cuando el negocio se fue al garete, yo las compré. Es fantástico que Rauschenberg haya escrito una carta diciendo que eran suyas, así tal vez un día las firmará.
Llamó Juan Hamilton y dijo que Georgia O’Keeffe y él estaban en el Mayfair y que vendrían a las 4:30. Yo les dije que estaba Paloma y que vinieran en seguida. Y vinieron. Todo el mundo estaba encantado con todo el mundo.
La gente se creía que Juan se iba a casar con Georgia, pero él se casó con otra y su mujer está esperando un niño. Georgia llevaba algo negro en la cabeza. Esta vez me pareció muy vieja. Había que ayudarla todo el tiempo, como si se fuera a sentar en una silla que no estuviera. Pero en el vídeo, Vincent la hizo parecer joven y despierta. Se entera de todo, pero se mueve como si fuera mayor.
Se fueron todos, vino Rupert y acabamos algunos trabajos. Nos quedamos trabajando hasta las 8:30 y Jay Shriver también se quedó hasta más tarde. Luego, por las horas extras, invité a Jay y Rupert al 65 Irving y quedamos allí con John Reinhold. Jay es de Milwaukee. Nos contó que su madre es checoslovaca, y aunque no nació allí, tiene sangre checoslovaca al cien por cien.
Ah, se ha suicidado el hijo de Mary Tyler Moore y ahora empezará a funcionar Gente corriente. Todo el mundo empezará a odiarla porque pensarán que ella es así en la vida real.
Martes 21 de octubre, 1980
Me encontré a John Curry en la calle, pero cuando me saludó no le reconocí hasta tres manzanas después. Decidí llamar y comprar entradas para ir a verle en Brigadoon.
Ah, me encontré con un chico cuyo trabajo consiste en ir de compras para John y Yoko, comprarles ropa y cosas así. Le pregunté si alguna vez le habían hecho devolver algo y me dijo que una vez. Le pregunté si se ponían la ropa que se compraban porque como nunca salían…, y él me dijo: «Ahora están preparando su vuelta, y, de momento, se ponen la ropa para ir al estudio». Ah, y lo mejor es que cuando empezó a trabajar para ellos le hicieron firmar un documento en el que decía: «No escribiré ningún libro sobre John Lennon y/o Yoko Ono». ¿A que es fantástico? Me dijo que le encantaba su trabajo. Yo tendría que encontrar a alguien que me ayudara a comprar y que me dijera dónde hay cosas nuevas.
Ah, me peleé con el tipo de la inmobiliaria. Me dijo que el viernes había vendido el edificio de la calle Veintidós que yo quería con toda mi alma, y eso que yo le había pedido que me mantuviera informado. Me dijo que había firmado el contrato el viernes. Me puse furioso. Y luego me dijo que teníamos una cita para ver el edificio Con Ed de la calle Doce. Es un edificio magnífico, pero está muy lejos del centro. Y además no puedo pagarlo, vale un millón y medio de dólares y habría que gastarse otro millón en arreglarlo.
Llegamos tarde al estreno de Brigadoon. John Curry no está fantástico, pero encaja en el papel y es buen actor. Me encantó la obra. El tipo que teníamos delante era de George Lois, con el típico nombre irlandés, algo como Callaghan, yo trabajé con él cuando hice el anuncio de Braniff, con Sonny Liston. Y me contó un chiste morboso muy bueno. ¿Qué les van a regalar a Bing Crosby y a John Wayne por Navidades? A Steve McQueen.
En los camerinos, le dije a John que la obra era emocionante. El me preguntó por qué no le había reconocido por la calle, y yo le dije que era el corte de pelo, y que me había dado cuenta tres manzanas después. Le propuse que viniera a cenar, pero me dijo que se iba con unos amigos.
Miércoles 22 de octubre, 1980
Vincent está intentando traer a los Copley a la oficina porque Bill Copley sugirió que se podría hacer el retrato de su mujer Marjorie, la madame. Lo sugirió él. Bill es muy feliz, pero ella ha despedido a todos los empleados que él tenía antes de casarse y todo es muy extraño. Espero que no le pase nada a Bill.
El guapo camarero del Glorious Food que está haciendo el doctorado de psiquiatría en Columbia me había invitado a cenar. Pero luego me entró canguelo y le dije que tenía que hacer una entrevista con Bob, aunque no era verdad. El me iba a pasear por Columbia, pero yo no puedo salir con desconocidos. Además, es difícil ir a sitios de chicas porque eres tú el que te las tienes que ligar, es más fácil salir con chicos y que ellos te ligen a ti. Me estoy volviendo como Mrs. Vreeland.
En el canal 2 pusieron una cámara oculta en la oficina del censo de 1980, los empleados bebían y tomaban coca, y luego se sentaban y llenaban los formularios con nombres inventados porque les pagan a 4 dólares el nombre.
Sábado 25 de octubre, 1980
Hacía un viento irritante. Estuve veinticinco minutos esperando en una esquina antes de encontrar taxi. Sean McKeon, el modelo de Wilhelmina, llamó desde Japón. Allí era domingo. Bob estaba intentando buscar Diez Hombres de Verdad para la cena de Sao, porque se lo había prometido, y todavía andaba buscando tipos heterosexuales. Pero todos los heterosexuales se echaban para atrás. Supongo que no querían venir con nosotros si no estaba Richard Weisman ni los deportistas. Acompañé a Rupert (taxi 6,50$).
Bob llamó a la puerta. Venía con Sao en limusina. Fuimos a casa de Hélène Rochas y Kim D’Estainville, en el Olympic Tower, a tomar una copa. Hacía mucho viento. Sao se acababa de peinar y dijo que nunca podría vivir ahí porque al cruzar la puerta la corriente es tan fuerte que despeina a cualquiera. Nos dijo que conocía a un par de mujeres que se habían mudado por culpa de eso. Así que nosotros entramos primero y avisamos al tipo de que cerrase la puerta interior para evitar el viento, y entonces entró ella.
Fuimos a cenar al 65 Irving. Con la limusina recogimos a Franco Rossellini en una esquina. Le gritamos: «¡Mary!», pero no nos oyó. Y luego: «¡Reina del pomo!», pero tampoco. Pero al fin nos vio. Llevaba capa. Por la mañana temprano le había contado a Bob que se retiraba del cine porque había ganado mucho dinero con Calígula.
Domingo 26 de octubre, 1980
Se suponía que los iraníes iban a liberar a los rehenes. Pero quizá sea una maniobra de los republicanos, que anuncian la liberación para que, al no producirse, Carter salga más perjudicado. El Post lo sacaba en primera página, porque apoyan a Reagan. En la televisión dijeron que los israelitas dan ayudas a los iraníes para armamento. Lo dijo el tipo de la televisión por cable de una pequeña ciudad, pero el Gobierno lo negó.
Vi Sabrina en la televisión. William Holden y Audrey Hepburn parecían antiguos, pasados de moda, hablando de Long Island y de North Shore. Saqué a pasear a los perros. Estuve viendo Hooper. Dios mío, era buenísimo, Burt Reynolds y sus frases de siempre. Hacía el papel de un malabarista.
Lunes 27 de octubre, 1980
Bob y yo estuvimos hablando de lo difícil que era encontrar Diez Hombres de Verdad, y alguien dijo que ésa podía ser mi siguiente carpeta, diez hombres que nunca hubieran tenido una experiencia homosexual.
Me reuní con Marjorie Copley, íbamos a hacerle la foto para el retrato. Rupert se ocupó del maquillaje. Es rubia, llevaba coletas, se las quitó y el pelo le llegaba hasta el culo. Se lo acababa de lavar y le olía muy bien. Comimos juntos. Ella está yendo a la universidad, intentó hacer ciencias pero no era lo bastante lista y ahora quiere hacer ciencias sociales. Le dije que no lo hiciera. Bill tenía muy buen aspecto. Lo único que nos preocupa ya es que ella haya despedido a todos sus sirvientes. Pero la verdad es que ella no parece tan agresiva y dura como yo me imaginaba. Hizo todo lo que le pedía, se portó muy bien.
Jed se ha comprado el apartamento de enfrente al de Stuart Pivar, en la calle Sesenta y siete Oeste, junto al Café des Artistes. Lo va a utilizar como oficina para su negocio de decoración. Así sus clientes y sus trabajadores no estarán todo el día pisoteando mi casa de arriba abajo. Será un alivio.
Llamé a Jane Holzer. Le dije que la recogería para ir a la fiesta que Diane Von Furstenberg da en honor de Diana Vreeland. Estuve trabajando hasta las 8:00. Luego fui en taxi (5,50$) a recoger a Jane al Volney, que está en la Setenta y cuatro esquina Madison. Comparte un ático con Rusty. El apartamento es pequeño pero muy bonito. Rusty abrió la puerta, ha engordado; supongo que se pasó el verano con su padre, Lenny. Pero es encantador. Es como oír a Cary Grant. Dice cosas como: «Te quiero mami». Jane invierte ahora en negocios inmobiliarios y cine.
Luego fuimos en taxi a casa de DVF (3$). Cuando entrábamos al edificio llegó Warren Beatty, pero al vernos volvió a salir porque no quería subir con nosotros en el ascensor. Se lo conté a Jane y dijo que si la hubiese visto a ella no lo hubiera hecho. Al cabo de un rato entró Warren y le dio un beso a Jane. Yo le dije: «Eres muy desagradable, Warren, no has querido subir con nosotros». El me contestó que estaba buscando a alguien con quien había quedado en el vestíbulo, pero no entró con nadie o sea que… Estaba sexy, pero un poco más viejo y más gordo. Va peinado tipo Hollywood, como si llevara un casco. Estaba Richard Gere. Yo le presenté a Jane y él dijo: «Ah, Baby Jane, eres una leyenda. Leí sobre ti en Popism.» También estaban Apollonia, Iman y una chica muy joven llamada Diane Lane, que no sé si iba con Lou Adler o no.
Jueves 30 de octubre, 1980
John Cale vino a la oficina. Quería que yo le hiciera la portada de un disco. Tiene buen aspecto. Venía con una chica. Le firmé todas las portadas de sus discos antiguos.
Vino Lewis Allen con los maquetistas que le están haciendo un robot de mí para su obra. Tuvimos que sentarnos una hora con ellos y así los maquetistas pudieron estudiar mi cara para ver si podían hacerme un buen maniquí. Tenían un aspecto muy divertido, parecían gente de Walt Disney o de un sitio así. Y si el maniquí se mueve y hace, por ejemplo, tres movimientos de boca y dos de ojos, eso requiere cien motores. Y cada nuevo movimiento que añades implica veinte motores más dentro del maniquí. Todavía no hemos firmado con Lewis Allen, porque le hemos enviado el contrato a Paul Weiss y él nos ha dicho que no es más que un trozo de papel muy confuso.
Viernes 31 de octubre, 1980
Halston organizó un festorro en su sala de exhibición del Olympic Towers por el cumpleaños de Hiro. Luego Victor dijo que fuéramos al centro, a un sitio nuevo llamado el Saint, que está en el cine Old Fillmore East, el antiguo Village Theater.
Fuimos y Victor se puso de rodillas para que nos dejaran entrar. Descubrí que el propietario es nuestro viejo amigo Bruce Mailman, que antes llevaba el St. Mark’s Baths y que siempre estaba con proyectos y cosas. Es probable estuviera en el Saint cuando fuimos pero yo no le reconocí. Es mejor que el Studio 54. Tiene una habitación en la parte de atrás y todo el mundo tiene la misma pinta, vaqueros, camisetas y bigote. No dejan entrar a mujeres, excepto a Pat Cleveland. Dejaron que diez lesbianas se hicieran socias. Hay una lista de espera de dos años para hacerse socio y sólo te puedes hacer si alguien te presenta. La iluminación es magnífica, parece el Hayden Planetarium. Halston se fue a las 3:00, yo también.
Miércoles 5 de noviembre, 1980. Düsseldorf-Baden Baden-Stuttgart
Me desperté a las 3 de la madrugada y oí la triste noticia de que Carter había perdido contra Reagan. Era la primera vez que un presidente se rendía tan pronto. Tenía lágrimas en los ojos.
No podía dormir y me tomé un Valium.
Jueves 6 de noviembre, 1980. Frankfurt-Düsseldorf
Conocí al doctor Siegfried Unseld, el editor de Hermann Hesse y de Goethe. Tiene muy buen aspecto. Creí que sería fácil de fotografiar porque es muy guapo, pero fue muy difícil. Su buena pinta no sale en la cámara.
Me había llevado a Chris Makos para que me ayudase, pero ni me llevaba la bolsa ni me ayudaba en nada, sólo se preocupaba de hacer sus fotos.
La siguiente localización estaba a una hora y media, en Darmstadt. Fuimos a fotografiar a una señora que era una especie de Diane Von Furstenberg alemana. Es fabricante de alta costura. Su empresa se llama Tink o Fink. La casa era preciosa. Ella iba vestida como una auténtica mujer de negocios. Llevaba un traje de terciopelo con pañuelos saliéndole de todas partes. Era encantadora y las fotos salieron muy bien.
Después de un largo viaje en coche a Düsseldorf, Chris y yo nos peleamos porque como las paredes del Breitenbacher Hof Hotel son muy finas, le oí llamando por teléfono y me puse nervioso porque marcó dieciocho dígitos, o sea que llamaba a Peter Wise a Nueva York, y eso es muy caro.
Viernes 7 de noviembre, 1980. Düsseldorf
En la exposición de Rodney Ripps, en la galería de Hans Mayer, había un artista muy loco y yo tuve que entrar en el lavabo con él. Hice que Christopher me acompañase y el artista loco me hizo sentarme en la ducha con las manos en el suelo. Me hizo una Polaroid. Luego me hizo quitarme los zapatos y me hizo otra Polaroid de los pies. Yo parecía un perro a cuatro patas y me sentía estúpido. Dicen que es el nuevo Beuys y es un calvo muy raro con pantalones escoceses, muy alto. Tenía todo el aspecto de tener una polla enorme. Y no sé, a lo mejor era maricón, aunque era demasiado serio como para ser una loca.
Sábado 8 de noviembre, 1980. Düsseldorf-París
Estuve hasta las 11 de la mañana empaquetando todos los platos que me llevaba de souvenir y todas las postales y cosas. Tenía que ir rápidamente al aeropuerto. Fui en avión a París.
Fui en taxi a casa de Fred (30$). Thomas Ammann acababa de llegar a la ciudad con un atleta, un lanzador de disco. Estuvimos paseando y viendo tiendas muy bonitas. Había tantas cosas déco que no te lo podías creer.
Llamó Jerry Hall y dijo que fuésemos a ver la nueva casa que tenían Mick y ella en una isla del Sena. Mick estaba en el estudio de grabación. Jerry me pidió que llevase dos botellas de champagne. Compré unas cuantas y fuimos para allá (200$).
Hablé con Thomas y le hice confesar lo que sabía de la situación de Jed. Thomas Ammann es el que introdujo a Alan Wanzenberg en el mundo de la pintura, porque Thomas le conocía primero.
Fred quería ir a bailar, yo quería irme a casa y Thomas me acompañó. Llegué a casa y estuve esperando a que sonara el teléfono y como no sonó, me deprimí, me puse los cascos y escuché La Bohème.
Domingo 9 de noviembre, 1980. París
Thomas llamó desde Nueva York, había cogido el Concorde por la mañana temprano. Lo que me había contado la noche antes me había disgustado mucho. Me dijo que no repitiese nada porque no le gustaba entrometerse en las relaciones de nadie. Pero la verdad es que no me dijo nada que yo no supiera ya, simplemente fue muy desagradable oírlo.
Lunes 10 de noviembre, 1980. París
Llamó Philippe Morillon y dijo que traería material para Interview a las 7:00.
Mick iba a venir a las 4:00 y yo no quería encontrármelo porque ¿de qué se puede hablar con Mick Jagger? De todas formas, él quería ver a Fred Hugues a solas. Fred es el único con el que habla, aunque no sé de qué.
Christopher y yo fuimos andando a Cerruti y al lado ponían Bambi. Como era fiesta, estaba lleno de madres y niños, había una cola larguísima de niñitos esperando para ver la película. Parecía muy triste que todos aquellos niñitos tuvieran que esperar, les tendrían que haber abierto las puertas y haberles dejado entrar.
Fuimos al Café Flore buscando el espíritu de Shirley Goldfarb (taxi 8$), pero el espíritu de Shirley no estaba. Nos sentamos y no vimos a nadie conocido.
Fuimos a una librería y se me ocurrió una idea en la que trabajar: madres con sus bebés mamando. Era muy erótico. Creo que es muy buen tema. En realidad, fue Eunice Shriver la que me dio la idea. El otro día, vimos a una madonna en una casa, una señora muy sexy con un bebé, un querubín mamando. Hay algo en todo eso que me gusta. Christopher me proporcionará madres con recién nacidos.
El hotel de Chris estaba al lado del Flore y me hizo subir para enseñarme su habitación, que me pareció una mierda. Pero él había conseguido que le pusieran televisión y estaba encantado. La pagábamos nosotros.
En el Herald Tribune contaban la horrible muerte de Steve McQueen, y lo contaban con todo detalle.
Rocksavage nos invitó a ver su casa. Había un gran piano y le pedí que tocase algo. Tocó una música preciosa, yo nunca había oído música de piano durante tanto rato. Es curioso, las distintas épocas por las que uno pasa. Nunca he vuelto a un concierto.
Fred me sirvió una copa de Mirabelle y supongo que le conté que tenía problemas personales. Luego estuvimos hablando de proyectos artísticos. Fred pensaba que debíamos hacer una serie Disney/Warhol, Blancanieves, un par de enanitos, Bambi, el pato Donald y etc. Yo estaba encantado. Espero que a Ron Feldman le parezca una buena idea.
Estuve leyendo Interview. Bob quiere despedir a Tinkerbelle, pero la entrevista que ella le hizo a George Burns es muy interesante. Está muy bien escrita y creo que deberíamos conservarle el puesto. A Bob le pone nerviosísimo, pero es una de nuestras mejores redactoras.
Sábado 15 de noviembre, 1980. Cologne-París
Fuimos a un monasterio, tuvimos que llegar antes de las 12:00 porque un minuto después ya no te dejan entrar. Herman condujo muy deprisa bajo la lluvia. Cuando llegamos ya no nos permitieron hablar entre nosotros. Entramos en el comedor y, mientras comíamos, un monje leyó algo durante veinte minutos. Sidra y lentejas, que sabían como si fueran de lata, pero cuando lo dije, todos me miraron como si estuviera loco. Aunque yo creo que entiendo de comida.
Había un cura muy guapo detrás de mí. Nos marchamos y nos fuimos a París.
Domingo 16 de noviembre, 1980. París-Nueva York
Llegué a Nueva York y acompañé a Fred (limusina 80$). Había quedado con Bruno Bischofberger a las 11:00. Nos invitó al loft de Julian Schnabel en la calle Veinte. Es amigo de Ronnie, y ahora está con Castelli. Cuando llegamos había tres limusinas frente a la casa. Bruno sabe muy bien cómo viciar a los artistas. Julian vive en el mismo edificio que Les Levine y me dio mucha envidia porque Julian lo compró baratísimo hace cuatro años. Se acaba de casar y me presentó a su mujer, que es muy guapa. Pinta cuadros muy malos. Es muy agresivo. Ahora hay un grupo de chicos que pintan muy mal y están influidos por Neil Jenney. Pero luego aparece Bruno y dice: «Lo compro todo». Y estos chicos se acostumbran a la pasta gansa. Me pregunto qué harán cuando se les termine el chollo. Supongo que entonces las cosas serán distintas.
Fui a la iglesia a dar gracias por el viaje y por haber vuelto con vida. Hice algunas llamadas y me quedé como ensimismado. Me había puesto un poco nervioso pensar que todos esos chicos nuevos se dedicaban a pintar mientras que yo me limitaba a ir a fiestas. Creo que debería ponerme en marcha. Llamó Thomas Ammann y me invitó a cenar con Richard Gere pero yo estaba muy cansado. Vi Fiebre del sábado noche en la tele y fue fantástico.
Martes 18 de noviembre, 1980
Me habían invitado a comer al Met y me quedé en la parte alta. Todo el mundo que había allí era muy elitista, elegante e inteligente. Cuando hice comentarios nadie me escuchó. Todos eran ricos, ingleses, jóvenes y glamourosos.
Me bebí un martini con vodka para animarme porque allí todo el mundo era muy rimbombante. Llegaron el príncipe y la princesa Michael de Kent, muy elegantes. Ella llevaba un sombrerito y un vestido amplio, contó que estaba embarazada. Fue muy simpática conmigo. Me enseñó una foto de su hijo de dieciocho meses. El príncipe llevaba un traje muy bien cortado. Los ingleses saben perfectamente cómo cambiarte el cuerpo con un traje, dando las puntadas en los lugares precisos. Salí de allí y me fui a trabajar.
Le había pedido a John Reinhold que fuese mi compañero de cena y vino a buscarme (taxi 5$). Cenamos en el piso de abajo del Italian Pavilion. Joe MacDonald quería largarse porque tenía una cita «para follar». Terminamos de cenar a las 12:00 (taxi 4,50$). Cuando llegué a casa llamó John y me dijo que su mujer no estaba en casa. Era la primera vez que le pasaba y yo no sabía qué decirle, yo ya me había tomado un Valium y no sabía qué hacer.
Miércoles 19 de noviembre, 1980
Fui andando por Madison y decidí visitar a Jane Wyeth en Sotheby’s. Christie’s nos ha puesto dos anuncios grandes y todavía estamos intentando conseguir alguno de Sotheby’s. El negocio de las subastas está en pleno apogeo. Yo no podía con todos los catálogos que llevaba en la mano. De todas formas esos sitios de subastas son una trampa. Sólo sacan las cosas que no logran vender y al final llega un incauto, porque cada minuto que pasa nace un incauto. Me gustaría pensar en esa frase: «Cada minuto que pasa nace un incauto» (taxis al centro 3,50$, 3$).
Me encontré con Edmund Gaultney. Esa noche él inauguraba mi exposición. Era una exposición de algo que nunca te imaginarías que he hecho yo, y en un sitio al que nunca pensarías que yo iba a ir, pero él no me dijo lo más importante de todo hasta que se acabó la exposición: ¡Que sólo duraría un día! ¿A que es magnífico? Pero él no se lo dijo a nadie.
Le concedí una entrevista a Henry Post para un artículo del New York sobre la elegancia y lo que se puede comprar con dinero. Supongo que en el artículo promocionará el negocio de decoración de moda de Jed porque son amigos. Fred y yo tuvimos una charla de negocios. Bob consiguió algunos anunciantes de Washington gracias a que la entrevista al hijo de Reagan saldrá en ese número.
Fui a la galería, que está en el 24 de la calle Ochenta y dos Este, y es una monada. Estaba Tom Cashin y me dijo que había hecho unas pruebas para actuar en Oklahoma,! y yo le dije que probase con Brigadoon, que seguro que él lo haría mejor que John Curry. Yo estaba de pie, al lado del marido de Paloma, Mr. Picasso, pero como yo nunca me acuerdo del nombre de la gente no pude presentarle a nadie y creo que se enfadó. Allí estaba Chris Makos con Peter Wise y un vicepresidente de la Paramount que es gay, Jon Gould.
Fuimos a cenar al Gibbon. Es una comida medio francesa medio japonesa. Yo prefiero la japonesa. El maître acabó revelándose como una maricona total. La cena le debió de costar una fortuna a Edmund. Llegué a casa a las 12:00.
Jueves 20 de noviembre, 1980
Llamé a la oficina (0,25$ porque no tenía suelto). Fui andando por Madison. Alguien me paró y tenía muy mal aliento. He intentado lavarle los dientes a Archie pero no funciona. Me encanta la pasta natural que compro en Brownies —de canela y menta—, pero lo que me gusta más es Close-up y Ultra-Brite. Close-up es buenísima, con un aspecto venenoso. Y cuando Brigid y yo vamos a May’s, ves a gente abriendo los tubos de pasta y probando el sabor. Brigid lo hace.
Trabajé hasta las 7:30. Dejé a Rupert en casa. Llamó Barbara Allen, que estaba molesta por lo que Scavullo había dicho de ella en los periódicos: que no entendía cómo alguna gente accedía a la alta sociedad cuando no tenían ni idea de nada, como Barbara Allen. Y Barbara hablaba con su voz de alta sociedad (taxi 6$).
Fui a la fiesta de Lee Thaw en la calle Setenta y dos esquina Park, en honor del marajá de Baroda, porque él acababa de sacar un libro titulado Palaces of Jaipur, publicado por Alex Gregory, que siempre publica todos los grandes best-sellers. El marajá dijo que esta semana iba a salir en To Tell the Truth. Eso me pareció muy divertido porque en esas fiestas siempre oyes a gente diciendo que van a salir en el Today Show y en el Meet the Press o así, y va él y dice «Voy a salir en To Tell the Truth.» Vete a saber quiénes se creerán ellos que es.
Conocí a Shirley Lord, de Vogue, que es inglesa. Una redactora de belleza. Es muy graciosa y tiene unas tetas muy grandes. A su lado estaba Daniel Ludwig, el hombre más rico del mundo. El no hablaba y ella intentaba hacerle hablar. Sabía las noticias más raras posibles, como por ejemplo que ahora los científicos miran a los bebés por el microscopio y predicen dónde tendrán sus futuras arrugas. Hablé con Mary McFadden y me pareció muy anticuada. Dijo: «La gente critica tus retratos y yo te defiendo. Yo les digo: “¡Por lo menos tienen buen color!”». Llegué a casa a las 12:00.
Sábado 22 de noviembre, 1980
Me levanté temprano. Fui en taxi (4$) a la oficina, a encontrarme con Diana Vreeland y los príncipes de Kent.
Yo había pintado un fondo y pensé que se secaría antes de que llegasen y podría enrollarlo. Así que lo había extendido en el suelo, y, de pronto, llegaron y el príncipe Michael avanzó justo por encima, pensando que era una especie de alfombra. Entonces Fred le pidió que lo autografiase y él firmó sólo «Michael», no utiliza el título de «príncipe».
Lunes 24 de noviembre, 1980
Bob dijo que Cal —aquel amigo de Ron Reagan al que él llamaba «Chocolate»— había llamado y había dicho que Ron se acababa de casar, y Bob montó una cena para la noche siguiente, la del martes. A Bob le entrevistaron para un periódico y le dijo a la chica que cenaríamos con ellos en Le Cirque, pero yo me enfadé y le dije que no podía ser, y él lo cambió por La Grenouille porque si no hubieran mandando un fotógrafo a Le Cirque. La historia de la boda estaba en los periódicos a las 5:30.
Fred interceptó una llamada para mí de «Chuck Roast» porque pensó que era un loco, pero en realidad era el japonés que vino a entrevistarme una vez y me pidió que le pusiera un nombre.
Abajo destrozaron el panel de nombres del edificio justo donde estaba puesto mi nombre. Me dio una sensación pavorosa.
Martes 25 de noviembre, 1980
Mike, el portero, subió y dijo que no tendríamos calefacción hasta después del fin de semana. Fue una decepción porque yo había planeado quedarme en la ciudad para acabar todo mi trabajo pendiente.
El chico Reagan canceló la cena tal como yo le había anunciado a Bob. Luego salió en los periódicos que los Reagan se habían ido con la troupe Warhol de luna de miel a Le Cirque.
Jueves 27 de noviembre, 1980
Me levanté y vi el desfile del día de Acción de Gracias en la tele. Vi a Berkeley, la hija pequeña de John Reinhold. El Superman flotante subió y casi les rozó, estaban en un veinteavo piso.
Llamó Chris Makos, que estaba en Massachusetts viendo a Jon Gould, de la Paramount Pictures.
Trabajé solo en la oficina. Curley llamó y me invitó a la cena de Acción de Gracias. La organizaba en casa de sus padres, en Park Avenue. Yo le dije que iría después de cenar. Luego llamó Catherine. Le pregunté si quería venir para que todo fuese un poco como el año pasado. Ella acababa de llegar de Londres y había cenado pavo en el avión, y dijo que era la única pasajera de la Laker. Supongo que nadie viaja en el día de Acción de Gracias. Fui en taxi a casa de Curley con Catherine (3$).
Martes 2 de diciembre, 1980
Llamó Richard Weisman y me invitó a la fiesta del famoso fotógrafo de Hollywood George Hurrell, que se hacía en Doubles. Llegué cuando salía Douglas Fairbanks, Jr., le pregunté por qué se iba y me dijo que se había puesto delante del fotógrafo, los periodistas le habían fotografiado y ya se podía marchar.
Allí las grandes estrellas eran Lillian Gish, Maureen Stapleton, y Tammy Grimes. Conocí a Mr. Hurrell y es realmente fuerte y normal, y eso que Paul Morrissey había dicho que estaba siempre a punto de vociferar. Sabía muchas cosas de mí, me elogió y fue muy amable. Le pregunté si podía hacerle una foto y me dijo que por supuesto.
Maureen O’Sullivan, que estaba a mi lado, dijo: «Oh, hace poco tiré muchas fotos hechas por Hurrell y Clarence Bull; nos hemos cambiado de casa». Yo le pregunté qué se sentía estando tan cerca de un cuerpo como el de Johnny Weissmuller y ella me contestó que estaba bien, pero que sólo le interesaban los intelectuales. Yo le dije: «¿Y Mia se va a casar con Woody Allen?». Y ella me dijo que realmente no lo sabía. Yo le dije que era una broma, que me daba igual. Vi a Teresa Wright y estaba muy guapa.
Me llamó Diana Vreeland y me dijo que le encantaba su portada de Interview. En la foto parece que tenga veinte años. Me dijo: «Lo único malo es que empiezo a creerme que me parezco a la mujer de la portada».
Jueves 4 de diciembre, 1980
El sábado vamos a llevar a cenar a la pareja Reagan, sólo Bob y yo. Doria, la mujer de Ron, quiere trabajar en Interview, se van de viaje durante cuatro meses y ella quiere hacer una columna para nosotros desde la carretera. Jerry Zipkin nos dijo que la comida que más les gustaba era la china y la japonesa.
Viernes 5 de diciembre, 1980
Catherine nos dijo que se iba una semana a Francia porque se había muerto su padrastro nazi, Sir Oswald Mosley, y su familia se reunía allí, así que pensó que era una buena ocasión para avanzar en el libro sobre los Mitford que su padre está haciendo con su ayuda.
No sé si he contado que cuando vino Florinda Bolkan a recoger su cuadro no se atrevía a hacer nada sin que Marina Cicogna se lo autorizara, ni siquiera a agacharse. Y Marina es como una camionera, empuja a todo el mundo. Si eso es el amor, pues eso será.
Sábado 6 de diciembre, 1980
Llamé a Bob para ver si estaba preparada nuestra cena con Ron y Doria Reagan. Cuando llegué a la oficina, Rupert me estaba esperando, y también vino Jay. Luego llamó Joe Dallesandro desde algún lugar de California, Sacramento creo. Llamaba para pedir dinero, por supuesto. Dijo que iba en un camión con su madre y que vivían en el camión o en un remolque, no lo sé muy bien. Le dije que tenía que irse a Los Angeles a triunfar. Es un rollo. Nunca llama para preguntar si quieres hacer algo, sólo llama para pedir dinero.
Me pasé la tarde trabajando. Decidí ir a hacer mis compras de Navidad. Rupert cogió unos cuantos Interviews y nos fuimos al Village. La gente ya empezaba a hacer las compras navideñas. Creo que será una Navidad fantástica para las ventas, de verdad lo creo, para todo el país.
Cuando llegamos, Ron y Doria ya estaban en el Nippon. El dueño nos llevó a uno de los reservados. Ron llevaba su polo del cocodrilo para que se le vieran los músculos. El lugar estaba atestado de agentes del servicio secreto. El dueño nos trajo cantidad de obsequios, les regaló a los Reagan un nuevo tipo de pistola abrebotellas, que sirve para abrirlas pero con la que podrías matar a alguien de verdad. Bob preguntó si podríamos ir a la toma de posesión en enero y ellos nos dijeron que nos mandarían invitaciones. Dijeron que muy pronto se irían a Las Bermudas. Bob les dijo que últimamente estaba en contacto con Lily Auchincloss y que si querían le pediría su casa de allí. Doria es muy amable y encantadora. Bob estaba feliz. A eso de las 12:30-1:00 les dejamos allí con los del servicio secreto y nos fuimos andando a casa (cena 200$). La vida es cada día más emocionante. Pero luego tuve que volver a casa a mi horrible vida familiar, donde la relación con Jed se deteriora cada día.
Lunes 8 de diciembre, 1980
Fui andando al local de Halston. Las maniquís se estaban probando la ropa. Fuera había tres limusinas esperándonos. Fuimos al Metropolitan Museum para la cena de inauguración que organizaba Diana Vreeland en nombre del Instituto de la Moda. Había 650 personas y todo eran caras conocidas. Entró alguien y dijo que a John Lennon le habían pegado un tiro. Nadie se lo creía. Llamaron al Daily News para confirmarlo y les dijeron que era verdad. Era terrorífico, nadie hablaba de otra cosa. Le habían disparado a la entrada de su casa.
Cuando llegué a casa, puse la televisión y contaron que le había matado alguien al que le había firmado un autógrafo unas horas antes.
Martes 9 de diciembre, 1980
Las noticias seguían siendo las mismas que las de la noche anterior, fotos de John y antiguos clips. Tuve que llevarme a Archie y a Amos a la oficina porque la gente de Lewis Allen que estaba haciendo mi maniquí tenía que trabajar conmigo (taxi 5$). Cuando llegué me estaba esperando Howdy Doody. Le estoy haciendo su retrato, es uno de la serie Big Myths.
Después de fotografiar a Howdy me senté en la silla de barbero que habían traído los del maniquí. Hicieron la parte de atrás de mi cabeza, me pusieron una peluca. Había dos fotógrafos y Ronnie hacía fotos en tres dimensiones. Prepararon una pasta y me cubrieron las orejas y los ojos con ella. Me dijeron: «Si quieres que te lo quitemos, dame un pellizco». Me estaba poniendo enfermo, estaba costipado, tenía una flema y no podía toser, era horrible. Al fin me quitaron el molde pero se les cayó. Empezaron a decir: «Podemos arreglarlo, podemos arreglarlo». Pero luego dijeron que podían hacer otro y yo les dije: «No, no podéis». Me cubrieron las manos con más pasta de ésa pero, como entraron algunas burbujas de aire, se les escaparon un par de dedos en el intento. Luego hicieron la dentadura. Mientras tanto, llegó Ron Reagan, que acababa de comer con su padre en el Waldorf. Yo estaba tan aislado de todo que no podía ni hablar. Bob le había dado a Doria el día libre.
Ahora trabaja para él, pero no fue a la comida del Waldorf porque Nancy aún no puede soportar la idea de que su hijo se haya casado sin su consentimiento.
Bob estaba muy pagado de sí mismo porque en el número de coleccionista del Daily News con los titulares del «Asesinato de John Lennon» salía un artículo sobre él titulado: «La persona que está detrás de Andy Warhol». Era un artículo muy largo pero muy aburrido.
Estuve oyendo las noticias sobre lo de John Lennon y es terrorífico. Por ejemplo, el otro día, entró en la oficina ese chico llamado Michael que lleva cinco años escribiéndome cartas —alguien debió de abrirle la puerta de abajo—, se acercó a mí, me dio la carta y se marchó. ¿Dónde vive? ¿En una institución mental?
Miércoles 10 de diciembre, 1980
Los periódicos todavía hablan de Lennon. El que le mató era un artista frustrado. Sacaron el póster de Dalí que tenía colgado en una pared de su habitación. Siempre entrevistan a los porteros, a los antiguos profesores y gente por el estilo. El muchacho dijo que el demonio le había obligado a hacerlo. John era muy rico, dicen que ha dejado una fortuna de 235 millones de dólares.
Todavía sigue el «velatorio» en el Dakota. Parecía tan extraño… No sé qué se creerá esa gente que está haciendo.
Domingo 14 de diciembre, 1980
Yo estaba en un taxi con un chófer negro durante los diez minutos de silencio que se habían acordado para rezar por el alma de John. El tenía puesta una emisora negra. Hicieron diez minutos de silencio y el disc jockey dijo: «Todos nosotros estamos ahí arriba contigo, John», y el taxista se rió y dijo: «Yo no, tío, yo estoy aquí abajo». Cambió de emisora y en la que puso (risas) estaban hablando del silencio.
Catherine estaba emocionada porque Tom Sullivan ha vuelto a la ciudad y dice que la quiere, pero miente continuamente, así que tendría que andarse con más cuidado. Ella le iba a dejar la llave en el buzón.
Bob me dijo que en la cena de Anne Getty a la que fuimos la otra noche, oyó a Diana Vreeland regañando a «Suzy» por haber dicho en su columna del periódico que las luces de su exposición del Met eran demasiado bajas. Diana dijo: «Escucha, Aileen, por si no lo sabías, el Metropolitan Museum no es la sección de unos almacenes. No hay ningún saldo, así que no tenemos que encender las luces como en Blomingdale’s». Y «Suzy» estaba furiosa, pero no quería ni oír hablar de una rectificación.
Lunes 15 de diciembre, 1980
Les pregunté a los cazadores de autógrafos que había frente al Regency a quién esperaban, y me dijeron que a James Cagney, que estaba viviendo en el hotel y era muy inaccesible.
Una señora del edificio de la calle Sesenta y siete llamó a la puerta y dijo que estábamos inundando su casa. Miré en la parte de atrás y vi que había mucha agua, pero no supe qué hacer hasta que llegó Jed a casa. Se había roto una cañería y salía el agua disparada.
Martes 16 de diciembre, 1980
Truman daba una conferencia en el Lincoln Center y Brigid decidió no ir porque se sentía muy gorda, pero me hizo jurarle que si Truman lo preguntaba, yo le diría que sí había ido. Jane Holzer mandó una limusina a recogerme. Fuimos al Mitzi Newhouse Theater. Estábamos en la cuarta fila, junto al pasillo central, al lado de Halston y de Martha Graham. También estaban Lester, Suzie Frankfurt y Rex Reed. No se habían agotado las entradas, pero estaba bastante lleno. Truman estuvo encantador, primero contaba una cosa, luego se ponía de puntillas y chasqueaba los dedos. Era como bailar disco, fue la mejor parte. Leía y representaba. Leyó la historia de la doncella y también «A Christmas Memory» y un par más. Al final todo el mundo le decía lo maravilloso que era porque todos eran amigos suyos. Rex le dijo que su lectura le había «llegado al alma». Truman temblaba. Lo primero que me preguntó fue dónde estaba Brigid, yo le juré que estaba allí y él dijo: «Bueno, pero ¿dónde?.» Le dije que se había tenido que ir a casa, pero creo que se dio cuenta.
Miércoles 17 de diciembre, 1980
Me puse muy nervioso porque dos cuadros se habían resquebrajado, supongo que por el frío. Luego llegó una limusina y me tuve que ir con Robert Hayes al Mayfair, a reunirme con un alemán de Düsseldorf que quería conocerme. Bebimos unas copas con él, champagne. Yo estaba muy gracioso y le dije que quería trabajar en una colección de «ropa invisible». Cuando me iba, él dijo (imitándole:) «Puess manténgame al tanto, quierro trrabajarr con ussted en essa colecsión». Y no lo decía en broma.
Jueves 18 de diciembre, 1980
Tuve una llamada urgente de la oficina diciendo que en el 860 había una estrella del rock esperando a que yo le hiciera su retrato. Llamé a Fred para averiguar de qué se trataba, pero él no se acordaba. Dije que estaría allí en seguida y tardé veinticinco minutos (taxi 5,50$). Resultó ser Ric Ocasek, de los Cars, que son de Boston. Llevaba un pendiente, tenía los dientes negros y bastante mal aspecto porque se había teñido el pelo de negro, pero es tan simpático y encantador como David Bowie. En realidad, la comida era en honor de Diane Lane, a la que había traído Ara Gallant. Diane tiene quince años y es muy guapa.
Bob estuvo muy ocupado con el teléfono. Luego nos fuimos, porque habíamos quedado con Doria, Ron y su amigo Cal para ver la película Flash Gordon en la calle Cincuenta y tres. Ellos se sentaron en la penúltima fila y los del servicio secreto en la última. La película no era muy buena, pero fue divertido verla. Después de la película se fueron en su coche y no se ofrecieron a llevarnos. Cogimos un taxi hasta el restaurante Gibbon, donde habíamos quedado con ellos. Estos chicos no podrán tener muchos amigos porque da miedo ir con ellos, con todos esos guardaespaldas. A veces te da la sensación de que se van a liar a golpes contigo. Los del servicio secreto le han alquilado una habitación a una señora en su edificio, el salón, se sientan allí con la puerta abierta y vigilan. Supongo que a ellos no les gusta la comida japonesa porque sólo tomaban café.
Cal dijo que ya nos habían mandado las invitaciones para la investidura. Bob les preguntó a Ron y a Doria si nos habían invitado a la fiesta de después y ellos dijeron que creían que sí. Dijeron que no irían en limusina y que intentarían alquilar un camión del ejército. Bob dijo que era más fácil ir en limusina.
Bob contó sus historias de Liz Taylor y luego empezó a hablar del sótano del Studio 54, no sé en qué estaría pensando. Doria va a entrevistar a Adam Luders, del New York City Ballet, para la revista.
Viernes 19 de diciembre, 1980
Llamó C.Z. Guest. Tendré que decidir si voy a ir allí en Nochebuena. Cornelia estaba en la oficina, toda emperifollada, venía a recoger su cuadro. Quiere ser modelo.
Se presentaron John y Kimiko Powers con un regalo.
Sábado 20 de diciembre, 1980
Vincent daba una fiesta y fui en taxi hasta allí (5$). Resultó ser una fiesta fantástica. Yo le estaba haciendo fotos a un chico muy guapo creyéndome que era modelo y de repente me dio mucha vergüenza porque me di cuenta de que era John-John Kennedy. Fred había ido con él y con Mary Richardson. Chris Makos hacía las fotos de la fiesta. Debbie Harry me hizo un regalo, me dijo que lo abriera en seguida y yo le dije que no, que me esperaría hasta llegar a casa. Y me alegro de haberlo hecho porque no sé muy bien qué es. Es una de esas cosas negras, no sé si será un anillo de polla porque es de goma y con un palito, pero no sé muy bien para qué sirve el palito.
Monique está a punto de sacar su libro y quiere salir en la portada de Interview. Quizá sería gracioso.
Domingo 21 de diciembre, 1980
Jed ha decidido cambiarse de casa y yo no quiero hablar del tema. Ha decidido que el apartamento que compró en la calle Sesenta y siete Oeste para el trabajo sea también su vivienda.
Fui a la iglesia. Trabajé en la oficina helado de frío y no pienso pagar el alquiler.
Lunes 22 de diciembre, 1980
Un día terrible, sin ningún espíritu navideño, y fue aún peor conforme avanzaba el día. Les chillé a todos, y les hice sentir muy mal. Fue así todo el día. No podía evitarlo, ni siquiera por la noche. Curley se puso a llorar y yo le dije que se callase porque estaba a punto de volverme loco.
Tenía que ir a comer con de Antonio, pero no tenía ganas. Encargué la comida y De y yo comimos en la sala de juntas, el lugar estaba helado, y Mike, el portero, el único que sabe cómo sacarle un poco de calor a la caldera, no estaba. Me encontraba en un estado terrible, tenía la sensación de que me iba a costipar, no puedo trabajar con frío.
Hans Mayer vino a recoger algunos cuadros y nosotros se los embalamos con papel de burbujas. Le regalé un cuadro a Hans y otro a De, intentando imbuirme del espíritu navideño, pero no pude. Pagué algunas facturas.
Pensé que la cena de Nochebuena de C.Z. Guest me levantaría el ánimo. Bob y yo decidimos que iríamos y que nos llevaríamos a Jerry Zipkin, Liz Smith e Iris Love. Pensaba regalarle a la gente mi libro Popism.
Curley llamó para invitarme a cenar, luego llamó Whitney Tower para decirme que a Mick y a Jerry les haría ilusión verme, pregunté si podía llevar a Curley y me dijeron que sí. Estuve junto a la estufa eléctrica toda la tarde, y si me movía un centímetro me congelaba.
Le mandé unas rosas a Jon Gould, quiero que consiga que los de la Paramount se anuncien en Interview.
Curley vino a recogerme en una limusina a las 9:00, y luego fuimos a recoger a Whitney. Jerry tiene un nuevo apartamento en el número 135 de Central Park Oeste, y con su dinero se ha comprado un rancho en Texas y quiere comprarse también un tractor. Me hizo un regalo, algo que siempre he querido, un juego completo de porcelana china del Concorde. Me dejó sorprendido, emocionado, no sé cómo sabía que yo lo quería. Es gracioso que te regalen algo que deseas con toda tu alma. Por primera vez en su vida, Mick estaba muy simpático, hablando y hablando, era como si fuéramos amigos íntimos, contándome que el veintisiete se iba a París por lo de la película de Herzog, Fitzcarraldo. Me hablaba de todo y estaba muy simpático.
Mientras tanto, Curley se estaba emborrachando, y yo supe que tendría que sacarlo de allí antes de que empezara a llamar «Michael» a Mick y se pusiera a hacer fotos. Curley todavía cree que mi padre murió en las minas de carbón de Pittsburgh, porque la familia de su madre, los Mellon, son los dueños de Pittsburgh, y él se siente culpable, es gracioso. Saqué a Curley de allí y se me ocurrió que a lo mejor se serenaba si me lo llevaba a la Brasserie. Ultimamente bebe mucho, todavía tiene gracia, pero si sigue así la cosa cambiará. En la Brasserie yo pedí por los dos (50$). Luego Curley se echó a llorar y le dije que tenía que parar. Entonces él se echó a reír y de nuevo a balbucear. Me acompañó a casa, era sólo la 1:30 y todavía hacía mucho frío.
Martes 23 de diciembre, 1980
Nunca había tenido un espíritu tan antinavideño en toda mi vida. Me desperté con mi leve resfriado. Me llamaron de la oficina diciendo que aún no había calefacción y estaba meditando qué hacer cuando empezó a nevar con unos copos grandes y hermosos, pero antes de que pudiera llegar a la ventana con la cámara, había parado.
En la oficina estaban haciendo una fiesta de Navidad, me dijeron que me estaban esperando, que había pavo y bebidas. Primero quería hacer unas cuantas compras navideñas pero pensé que quizá luego fuese difícil encontrar taxi y me fui directo a la oficina (taxi 7$). En la oficina estaban John-John Kennedy, Cornelia Guest, John Samuels y Jimmy Burden, todos esos chicos a los que yo conocí de bebés, y era muy raro. Jackie O. no me ha invitado a su fiesta de Navidad de este año. Regalé algunos ejemplares de Popism. Ronnie me regaló una de sus obras, una lanza magnífica.
El artículo del New York Times sobre Françoise de la Renta era irritante, como si Oscar y ella llevasen la gran vida, cuando se limitan a sufrir los tres, él, el amigo y ella. A John Richardson ya no le invitan a Santo Domingo porque hizo una declaración sobre ellos que, de hecho, no tenía ninguna mala intención. Bob me contó que Françoise no había nacido en París sino en Mozambique o algo por el estilo. Ella es una mierda.
Miércoles 24 de diciembre, 1980
Fui en taxi a casa de Mick y Jerry a la comida de Navidad. Cyndy, la hermana de Jerry, que está embarazada, se acaba de casar con Robin Lehman y todo el mundo estaba muy contento. Estaba la madre de Jerry. Jerry llevaba un delantal que cuando le bajabas la cremallera salía una polla enorme y yo hice unas fotos muy graciosas de todo eso. Ella cocinando un pavo con una polla en la mano.
Estaba Earl McGrath, y Ahmed Ertegun se pasó un rato. La comida estaba lista a las 5:00 en vez de a las 2:00. Pero todo estaba buenísimo. Era el mejor pavo que me había comido en mi vida, todo era fresco, los guisantes y todo. Me puse morado.
A las 6:30 vino a recogernos una limusina para llevarnos a casa de los Guest. Recogimos a Barbara Allen, que llevaba un vestido de tafetán verde de YSL. Y de allí nos fuimos a «la bastilla de Harlem», que es como Jerry Zipkin llama a su barrio. Recogimos a Jerry, que trajo a Nelson Seabra. Era una cena formal y el pavo estaba horroroso. Todo parecía de lata y la salsa de arándanos era de pote. Había dieciocho postres distintos, pero todos malos. Yo estaba sentado al lado de «Suzy» y Bob estaba al lado de Liz Smith e Iris Love. Iris llevaba una falda escocesa y me dejó comprobar si llevaba bragas. Cornelia estaba muy guapa.
Luego tuve que volver a casa de Halston en la ciudad y la temperatura había bajado de cuatro grados a diez grados bajo cero. Halston me regaló un vestido verde con abalorios para que lo colgase en el armario. Debe de costar unos 5.000 dólares. Es su forma de hacer arte. Y aunque no es mi color favorito, es un verde agradable. Yo habría escogido uno rojo.
Me di cuenta de que me iba a costipar otra vez y quería irme a casa a meterme en la cama, pero como mi casa estaba vacía, no lo hice. Le regalé a Halston una caja de bombones que había diseñado yo, no muy buenos, y un cuadro de la serie Diamond. A Victor le regalé uno de la serie Shoe. Volví a casa a la 1:30 y abrí mis regalos. John Reinhold me había regalado un Sony Trinitron de dos pulgadas.
Jueves 25 de diciembre, 1980
Hizo un día helado. Me daba miedo irme a dormir con la casa sola. Me hubiera gustado contratar a Agosto, el hermano de Nena y Aurora, como guardaespaldas. Aunque sólo mide ochenta centímetros parece sacado del cuerpo de marines. Y dice: «¡Sí, señor!» y «¡No, señor!». Es fantástico. Pensaba ir a trabajar pero como no había calefacción abandoné la idea.
Recogí a John Reinhold y fuimos a la cena de Navidad de Sharon Hammond (taxi 5$), pero no había nadie interesante.
Sharon me llevó a otra habitación y me enseñó una foto de su lord inglés meando y tenía la polla como un caballo. Ella no sabe si casarse con él y yo le dije que se casara, con una polla así… El no le regaló los almohadones que ella le había pedido por Navidad y en vez de eso le regaló un televisor para el cuarto de baño y ninguna joya. Le había regalado joyas por su cumpleaños y ella las perdió al cabo de cinco minutos en un taxi, por eso él debió de decidir no regalarle más joyas.