Diarios. Edición de Pat Hackett

Andy Warhol · Capítulo 3 de 4 · parte 1/49

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Diarios. Edición de Pat Hackett

Diarios

Este capítulo es largo, así que está dividido en 49 partes.

Miércoles 24 de noviembre, 1976. Vancouver-Nueva York

Me levanté a las 7 de la mañana en Vancouver y fui en taxi al aeropuerto (15$, más 5$ propina y 5$ revistas). Era el final del viaje a Seattle para la inauguración en el Seattle Art Museum. Después fuimos a Los Angeles a la boda de Marisa Berenson y Jim Randall, y luego a Vancouver, donde yo inauguraba una exposición en la Ace Gallery. En Vancouver nadie compra arte. No les interesa la pintura. Catherine Guinness [véase Introducción] no se puso pesada hasta el último día, cuando empezó con esa cosa tan fastidiosa que hacen los ingleses de preguntar y preguntar: «¿Qué es exactamente el pop art?». Era como cuando entrevistamos a ese chico del blues, Albert King, para Interview, y ella le preguntó: «¿Qué es exactamente el soul?». Y me estuvo torturando durante dos horas en el avión (taxi desde La Guardia, 13$, propina 7$. Catherine tenía un billete grande y pagó los 20$). Dejamos a Fred. Llegué a casa. Cena adelantada de Acción de Gracias con Jed [véase Introducción.] Ya tenía el coche arreglado para el viaje de la mañana siguiente a Chadds Ford, a casa de Phyllis y Jamie Wyeth.

 

Jueves 25 de noviembre, 1976. Nueva York-Chadds Ford, Pensilvania

Fred llamó a las 8 de la mañana para saber cuándo nos íbamos. Llamó Barbara Allen y dijo que vendría si salíamos después de las 12:00 (carretes 19,98$). Taxi al 860 [el 860 de Broadway, en La calle Diecisiete, en la esquina noreste de la Union Square Park, donde Andy Warhol tenía alquilado el tercer piso con su despacho y las oficinas de Interview] para recoger algunas cosas. Salimos hacia la 1:00 (taxi 3,60$, gasolina 19,97$ y peajes 3,40$). Un día muy bonito.

No sé cómo, Jed llegó sin equivocarse a la puerta de los Wyeth después de hacer una sola llamada (10 centavos) para preguntar cómo se llegaba, desde un desvío que había justo al lado del último trecho. Llegamos a las 4:00. No había mucho tráfico. Al final no vino Barbara Walters.

Estaba allí Andrew Wyeth, el padre de Jamie. También había un vecino, Frolic Weymouth, cuya mujer —sobrina de Andrew Wyeth— acababa de dejarle por un anticuario o algo así, después de un montón de años de casados. El es un du Pont. Estaba bastante deprimido, por eso se quedaba a cenar.

En la cena nos quedamos sentados horas y horas y fue perfecto, buenísimo. Montones de bebidas. Todavía estaba cansado de todos los viajes de principios de la semana. Jed se fue a la cama a las 2:00. Los demás nos quedamos hasta las 4:00.

Hubo una especie de idilio. Estaba allí Robin West, otro vecino de los Wyeth que trabaja en el Pentágono pero que perderá su puesto en cuanto Carter asuma la presidencia. Catherine empezó a hablar de pis y caca y del bar Anvil S&M. Iba dedicado a él y pareció que le interesaba. El está buscando una mujer rica para casarse. Me preguntó que dónde estaba su barril de mantequilla al otro lado del arcoiris, y yo le dije que podía haber un barril de cerveza si jugaba bien sus cartas. Dijo que nos llevaría a dar una vuelta en un portaaviones antes de que su trabajo pasara a manos demócratas.

 

Viernes 26 de noviembre, 1976. Chadds Ford

Por la mañana fuimos a dar una vuelta con la Winterthur (billetes 54$, libros 59$). Luego Phyllis Wyeth enganchó la calesa, desayunamos a la americana, dimos de comer a Fred y a Amos [véase Introducción] y salimos a dar una vuelta. Tuvimos que atravesar el río Brandywine, pero no era muy profundo.

Jed fue a la estación, a recoger a Vincent [véase Introducción,] Shelly y Ronnie [véase Introducción] y Gigi. Fuimos con Jamie al Brandywine Museum, donde nos hicieron fotos y dimos una conferencia de prensa. Luego volvimos con Jamie y Phyllis y preparamos unos cócteles. Estaba allí Mrs. Bartow, que me había vendido la casa de la calle Sesenta y seis Este. Me preguntó cuándo pensaba limpiar la fachada y por qué nunca estaba en casa, porque siempre la veía a oscuras. También estaba Carter Brown, y Jane Holzer con Bob Denison.

Vuelta al museo. Presenté a Gigi como «George». Le dije a ese chico que Gigi era un travesti y él no se dio cuenta de que le estaba tomando el pelo y se excitó. Luego ella le dijo: «No, me llamo Georgette», que casualmente es su verdadero nombre, aunque yo no lo sabía. Todo cuadraba, porque eso era justo lo que hubiera dicho una loca, y fue muy divertido. Al tipo le encantó ella, y ella no sabía que la estaba tomando por un chico.

 

Sábado 27 de noviembre, 1976. Chadds Ford

Vuelta a coger la calesa. Esta vez Frolic tambien sacó la suya. Se pasó el día bebiendo. Se llevó la bebida a la calesa y bebía mientras llevaba las riendas. Jamie me llevó a casa de su tía para enseñarme una casita de muñecas que medía metro y medio. Era como un christmas pasado de moda.

Luego volvimos al museo, donde un anticuario estaba haciendo una colecta para una escuela de ópera. Me lo pasé muy bien. Cantaron una ópera. Pasaron el sombrero y Frolic le dio a Catherine 20 dólares para que ella los depositara en el sombrero. Yo también eché 20 dólares. No me fui a la cama hasta las 4:00.

 

Domingo 28 de noviembre, 1976. Chadds Ford-Nueva York

Catherine llamó a Nueva York, a casa de Jodie Foster, para confirmar la entrevista que se suponía que ella y yo íbamos a tener esa tarde. La madre de Jodie metió baza y dijo que Jodie estaba enferma y que quizá no podría hacerla, pero que llamásemos cuando volviéramos a la ciudad. Volvimos a las 12:30 (gasolina 16,50$, peajes 3,40$). Dejamos a Catherine y a Fred. Catherine volvió a llamar a Jodie y ella dijo que sí.

Fue un día muy bonito, como volver a los sesenta. Recogimos a Catherine y nos acercamos andando al Hotel Pierre para encontrarnos con Jodie. Saludé a mucha gente que me saludaba. En el Pierre vi a una mujer muy guapa que me miraba y que resultó ser Ingrid Bergman. Mientras hablaba con ella, Coco Brown empezó a gritar y a agitar las manos desde su coche. Creo que era el marido de Ingrid el que vino a buscarla. Catherine y yo pasamos al restaurante a esperar a Jodie. Se presentó con su madre y un tipo al que, según dijeron, habían conocido en Liverpool. No sé si era un guardaespaldas o el novio de la madre. Jodie llevaba botas altas y sombrero y estaba hecha una monada. Nos encantó (30$ con la propina).

Luego nos fuimos todos dando un paseo hasta F.A.O. Schwartz y estuvimos mirando los juguetes. Le compré uno a Jodie (10$). Ella firmó algunos autógrafos. Camino de vuelta al Pierre, había un tipo vendiendo latas de caramelos y nos dio una a Jodie y otra a mí.

Vuelta a casa. Nelson Lyon llamó desde Los Angeles y me contó cómo había pasado el día de Acción de Gracias. Paul Morrissey le había invitado a cenar a casa de Chase Mellen y luego le había vuelto a llamar para anular la invitación, diciéndole que iba a ser una cena «pequeña e íntima» y que se había equivocado al invitarle. En cuanto Nelson oye que algo es «pequeño e íntimo», le entra la paranoia de que no le inviten y se vuelve loco por ir. Así que se le metió en la cabeza y logró ir con otro. Resultó que había miles de personas, y cuando vio a Paul le dijo: «Qué pequeño e íntimo es el mundo».

Brigid Polk [véase Introducción] me llamó y me dijo que estaba por debajo de los setenta y tres kilos. Desde que se vio en Bad [véase Introducción] con más de ciento treinta kilos, se puso a régimen. Es pesadísima hablando de eso. No hace nada, no piensa nada, sólo se queda ahí tumbada en su habitación del Hotel George Washington esperando a que su aparato de masaje le elimine la grasa. Le dije que tenía trabajo para ella. Podría montarse el aparato en la Factory y contestar al teléfono. Pero no quiso. Ha tardado treinta y nueve años en empezar a adelgazar y seguro que tardará otros treinta y nueve en trabajar.

Estaba demasiado cansado como para cenar con la Vreeland y su pandilla. En vez de eso, estuve viendo los veinticinco años de Lucille Ball en la tele.

Victor Hugo, el «consejero de arte» de Halston, me llamó desde San Francisco porque yo le había dicho que me gustaba el escaparate de huesos de pavo que hizo para la tienda Halston de Madison Avenue, y cuando alguien entró y robó los huesos de pavo, pensó que había sido (risas) yo.

 

Martes 30 de noviembre, 1976

Daniela Morera, nuestra corresponsal italiana de Interview, vino a la oficina con Olivier Coquelin, que me invitó a Haití en enero, a la boda de Nima Farmanfarmian y Chris Isham. El tiene un hotel allí. Teníamos que haberle entrevistado para Popism; en los sesenta, era uno de los propietarios de Cheetah, aquella enorme discoteca que estaba en Broadway, esquina con la calle Cincuenta y tres.

Esta mañana no quiero hablar mucho. Quiero llegar a los almacenes Blomingdale’s antes de que se llenen.

[NOTA: Cada mañana, Andy habla en pasado de los acontecimientos del día anterior: en cambio, cuando habla en presente o utiliza palabras como «ahora» u «hoy», se refiere a algo que tiene lugar en el momento en que habla o que espera que pase a lo largo del día. Por ejemplo, el diario del martes será contado el miércoles por la mañana, de modo que «anoche» quiere decir «el martes por la noche», «esta tarde» se refiere al miércoles por la tarde, y «mañana» al jueves].

 

Miércoles 1 de diciembre, 1976

Salí imbuido de un espíritu navideño y empecé a comprar regalos para mis clientes (taxis 8$). Me encontré con Jane Kennedy Smith en Blomingdale’s, en la sección de camisas de hombre. Teníamos la misma vendedora. Fui en taxi a Union Square (4$). Amos estaba abajo en la oficina y Ricky Clifton le hizo fotos disfrazado de Papa.

Fui a la inauguración de David Hockney en la Ileana Sonnabend Gallery. No exponía material nuevo, sólo carpetas de dibujos. Me llevé a Amos (taxi 2,50$). Me encontré con Gerard Malanga [véase Introducción.] Gerard escribió a Fred pidiéndole que le dejara trabajar de fotógrafo en Interview, supongo que sólo quiere un pase de prensa. Fred no quiere saber nada de Gerard porque todavía estamos sufriendo las consecuencias de aquel asunto de las Sillas Eléctricas falsas que creemos que organizó él. Hay que venderlas una y otra vez, y cada vez la cantidad de dinero es mayor, o sea, que Fred no piensa darle nada a Gerard. Había un montón de gente en la inauguración. No vi a David Hockney, que debía de estar en otra sala.

Me cambié y me fui a cenar a la embajada de Irán. En realidad, no es la «embajada» —ya sabes lo que quiero decir— sino la residencia del embalador iraní en la ONU, Mr. Hoveyda (taxi 3$). Estaba allí China Machado, que conoció al embajador Hoveyda hace diez años o más, cuando ella y su marido iban siguiendo a los directores de cine franceses de los sesenta. Hablamos de lo horrible que es Avedon. Ella dijo que estruja a la gente y luego la deja tirada. Yo le dije que estaba de acuerdo y todo el mundo me echó en cara que yo hacía lo mismo.

Estaba Pat Kennedy Lawford y una du Pont que vive en la puerta de al lado de la embajada que dijo que era muy agradable no tener que cenar lejos de casa. Supongo que por eso llegó tarde. Llevaba un vestido negro y dorado y un collar de diamantes, que dijo que siempre se lo retenían en las aduanas. La comida era muy buena, pero sólo pasaron el caviar una vez.

 

Jueves 2 de diciembre, 1976

Están proyectando Bad en California durante esta semana para encontrar un distribuidor. Sue Mengers nos está ayudando. Ningún distribuidor quiere adelantar dinero.

Mandé a Ronnie a comprar escobas (20$). Dejé a Catherine Guiness en su casa (4$) y luego fui a cambiarme. Volví a recogerla y nos dirigimos en taxi al 18 de la calle Treinta y ocho Oeste, a la inauguración de un nuevo club. Nos había invitado Helen Bransford. Pretende ser como el Sweeney’s de Reno. Helen sale ahora con John Radziwill. A Fred le parece fantástica y cree que deberíamos ser muy simpáticos con ella. Tim Hardin cantaba en el local.

Maxime de la Falaise estaba con el que dicen que es su último novio, Craig Braun. Yo había trabajado con él en la portada del álbum de los Rolling Stones.

Estaba también Barbara Allen, que se iba a trasladar una temporada a la casa de Fred, que está en la Ochenta y nueve esquina Lexington, porque le ha alquilado su apartamento de la Sesenta y tres Este a Catherine, y aunque a Catherine no le importa que ella esté allí, sería muy fuerte que las dos vivieran juntas.

Volví a casa y vi las noticias. Estaban con lo de Gary Gilmore. Todas las noches le sacan diciendo que quiere morir y que quiere morir.

 

Domingo 5 de diciembre, 1976

Fui al Players Club de Gramercy Park, a una cena que daba Kitty Carlisie Hart. Parecía una fiesta de hombres, excepto por Arlene Francis, Peggy Cass, Dena Kaye, que había venido en lugar de su marido, Danny, que tenía «Concorde-lag», e Irene Selznick, que era la jefa de la velada, o como quiera que se diga. Peggy y Arlene son las ayudantes de Kitty en «To Tell the Truth».

La cena era en honor de Kitty, porque el gobernador Carey la había nombrado directora del New York State Council on the Arts.

Doc Cox, mi médico, también estaba, y me llevó arriba a hacer una incursión en la habitación de Edwin Booth, que estaba tan mohosa y polvorienta como en los viejos tiempos.

Sirvieron la cena y dado que toda la comida tenía crema de leche y yo no puedo tomar porque se supone que tengo mal la vesícula, el médico se sentía incómodo al verme comer, pero como no quería amargarme la ocasión, me dijo: «Yo no miro». Conocí a ese apuesto gigantón, Alfred Drake, que trabaja en Broadway, en la obra Carousel.

Todo el mundo hizo un discursito y al final se levantó Kitty, que fue la mejor. Iba de negro y con perlas, estaba muy chic. Dice que todavía tiene muchas ganas de trabajar y me acordé de que Diana Vreeland me había contado una vez que Kitty «trabajaba como un negro» porque no tenía mucho dinero. Mi médico me acompañó a casa.

 

Lunes 6 de diciembre, 1976

Me llamó Freddy Eberstadt para invitarme a algo mañana por la noche en La Grenouille. Le dije que había quedado con Bianca Jagger y le pregunté si podía llevarla. Me dijo que desde luego.

Salí pronto de la oficina, fui a casa y me vestí para una cena formal. Dejé a Catherine (4$). Fui andando a casa de Halston. Victor me dijo que me había reservado un sitio en la mesa de Halston en la inauguración de la exposición sobre Rusia que había montado Diana Vreeland en el Metropolitan. Cuando llegamos a casa de Halston, estaba Mrs. Henry J. Kaiser, Aly, que llevaba un Halston verde azulado con esmeraldas. Parecía muy interesada en mí. Cuando Halston nos vio sugirió que yo la acompañara a ella arriba y le enseñara los retratos que yo le había hecho a él. Pero después de la excursión escaleras arriba, ella me dejó. Supongo que me había visto a la luz.

Esperábamos a Marisa y a su nuevo marido, y a Bianca y a su acompañante, Joe Eula. Estaba el médico acupuntor al que van todos, el doctor Giller, que figura en las listas de invitados de todas sus fiestas. También estaba Barbara Allen, la única señora que no llevaba un Halston. Llevaba un bonito vestido sin hombros de Christian Dior. Se lo había traído de París, en su maratón de compras del mes pasado, cuando pagaba Philip Niarchos.

Vino Marisa. Llevaba el pelo recogido a un lado como una hermosa antigua star. Bianca llevaba un abrigo de zorro púrpura; el que ha llevado durante todo el mes pasado. Entró un amigo y Halston le «estrechó la mano» y cuando Halston se dio cuenta de lo que le había puesto en la palma de la mano le dijo: «Me has salvado la vida».

Victor me llevó al garaje para enseñarme su última obra de arte. Está haciendo una (risas.) Mona Lisa vestida de Halston. Quedaba muy divertido y yo le animé a seguir. Luego nos fuimos al Metropolitan en cuatro limusinas. Era la exposición más grande que el museo había hecho nunca. Cuando apareció Diana todos la besamos. Estuve hablando con Mrs. Kaiser y la conocí un poco. Tiene unos sesenta años, pero aparenta cuarenta, y dice que le gustaría echar un polvo. Le dije que se había equivocado de ciudad, porque todo el mundo era gay, y ella me contestó que no le importaba porque los gays «folian bien». Y añadió: «He tenido bastante suerte aquí». Vive en el U.N. Plaza. Resulta que es muy amiga de la madre de Brigid, Honey Berlin. Dijo que cuando estaba en casa de esa familia, el viejo Dick Berlin estaba tan senil que entró en una habitación, se acercó al espejo e intentó darse la mano a sí mismo. Ella vio lo que pasaba y se acercó para que él pudiera darle la mano. Me fui justo después de la cena. Mrs. Kaiser me acompañó.

Ah, también durante la cena, Bianca se quitó las bragas y me las pasó. Yo hice como que las olía y luego me las guardé en el bolsillo. Todavía las tengo.

 

Martes 7 de diciembre, 1976

Me encontré a Bob Colacello [véase Introducción] y a Fran Lebowitz y fuimos paseando bajo la lluvia a la comida que organizaban en el Hotel Biltmore para los corresponsales de prensa en el extranjero. Unas semamas antes, cuando me invitaron, Bob les había dicho que yo iría pero me limitaría a estar presente, «que Andy sólo hablaría para Interview», y a ellos les pareció muy bien. Después del discurso de Bob, me dirigieron a mí las preguntas y como no estaba preparado, me limité a contestar sí o no. Pero luego me arrepentí de ser tan vergonzoso. Podría haber aprovechado la ocasión para practicar. Me encantaría ser capaz de hablar más y hacer pequeños discursitos. Tengo que mejorar eso.

A Fran sólo le preguntaron una cosa y fue por qué su columna de Interview se llamaba «Estoy en la frontera», y ella dijo que, una vez, Tennessee Williams estaba en un coloquio y cuando le preguntaron si era homosexual, contestó: «Bueno, digamos que estoy en la frontera». La respuesta de Fran fue como una bomba. Nadie se rió. Y en el taxi de vuelta al centro, ella dijo que prefería que le quitaran el apéndice antes que volver a pasar por una cosa así.

Bianca me llamó para invitarme a la proyección de El expreso de Chicago. No llegué a casa hasta las 7:00, que era cuando se suponía que tenía que estar en el Pierre para recogerla a ella. Ella y Mick acababan de alquilar una casa en la calle Setenta y dos, pero aún no estaba terminada. Fuimos al Loews Tower East. La película era como de broma. Bianca estaba muy guapa. Después, fuera del cine, no encontrábamos la limusina y un negro loco con una cicatriz negra se agarró a Bianca y le dijo: «¿Te crees que eres la única en el mundo que lleva vestidos bonitos?».

Al final encontramos el coche y fuimos a La Grenouille. Llegaron Isabel, Freddy Eberstatd y Mica Ertegun. Iba con ellos la guapa hija de Isabel y Freddy, Nenna. Yo me quedé mirándola y le dije lo guapa que era, e Isabel se las arregló para separarnos. Así que no entiendo por qué me habían invitado a esa cena, porque si no llego a pedir que invitasen también a Bianca, hubiera estado yo solo. Mica fue muy amable. Se pasó el rato diciendo que Joe Allen era muy atractivo y que no entendía cómo Barbara Allen lo había dejado.

La hija de los Eberstadt no dijo nada durante la cena, pero al final soltó que solía acercarse a Union Square y se quedaba mirando la Factory. Fue muy emocionante oír eso de una chica tan guapa. Yo le dije que pasara por allí y que hiciera entrevistas para Interview, y ella contestó: «¡Fantástico! Necesito dinero». ¿Pues no estaban tan forrados? Creía que al morir, el padre de Freddy le había dejado una correduría de bolsa.

Nos dimos las gracias y las buenas noches. Espero acordarme de mandarles flores.

 

Viernes 10 de diciembre, 1976

Los secuestradores de Sam Bronfman han sido declarados inocentes.

Brigid vino por primera vez a la Factory desde que empezó su régimen en agosto. Ahora pesa noventa kilos y la última vez pesaba ciento veinte. Tenía muy buen aspecto y todo el mundo la animó. Yo hice fotos. Barbara Allen ha encontrado un apartamento para ella en la calle Setenta y siete, casi tocando a la Quinta.

 

Domingo 12 de diciembre, 1976

Estoy leyendo el libro de Ruth Kligman, Love Affair, en el que cuenta su «relación amorosa» (entre comillas) con Jackson Pollock. Es muy malo. Es imposible hacer una película sin reescribir totalmente la historia. Ruth me dijo que quería que yo la produjese y que Jack Nicholson fuese el protagonista.

En el libro, dice algo como: «Tuve que alejarme de Jackson y me fui lo más lejos posible». ¿Y sabes adonde se fue? (risas.) A Sag Harbor. El vivía en Springs. ¿Qué distancia hay? ¿Diez kilómetros? Y lo explicaba como si se hubiera ido al otro lado del mundo. Y luego decía: «Sonó el teléfono. ¿Cómo había podido encontrarme?». Estoy convencido de que llamaba a muchísima gente y les daba su número de teléfono por si él lo preguntaba.

 

Lunes 13 de diciembre, 1976

Victor Hugo vino a recogerme y fuimos al U.N. Plaza, a la cena que organizaba Mrs. Kaiser para Halston (taxi 3$). Pero entonces nos dimos cuenta de que nos habíamos olvidado de Bianca, así que volvimos a recogerla al Pierre. Victor le ofreció un poco de coca, pero ella no quiso.

La primera persona a la que vi en la comida de Mrs. Kaiser fue Martha Graham. También estaba C.Z. Guest. Paul Rudolph había decorado el apartamento y también estaba. Todo era blanco. Tiene un dormitorio tan grande como todo el 860, con una cama, un ventanal que va del techo al suelo y una vista preciosa pero que me dio mucho vértigo. También estaban Marisol y Larry Rivers, Elsa Peretti, Jane Holzer y Bob Denison. Polly Bergen y yo hablamos del tema de su programa de televisión de esa mañana, la androginia.

Martes 14 de diciembre, 1976

Por la tarde recibí una carta de nuestro editor, Steve Aronson, diciéndome que iba a dejar la Harcourt Brace Jovanovich y que le había preguntado a Mr. Jovanovich si quería hacerse cargo de Popism.

Walter Stait, de Filadelfia, me llevó a comer a La Grenouille y quedó allí con Maxime y Loulou de la Falaise. En el otro extremo del comedor estaba el nuevo Truman Capote, delgadísimo. Ahora se parece más a cuando le conocí. Truman no contestó a mi saludo, pero a mitad de la comida se puso las gafas y me saludó. Luego me dio su teléfono privado. Todas las chicas chic llevaban gorros de piel Yves Saint Laurent.

Estuve trabajando en el 860 toda la tarde. Luego vino François de Menil, que iba a acompañarme a casa de Norman Mailer, en Brooklyn Heights. Antes ocupaba toda la casa, pero ahora vive en la parte de arriba y alquila la planta baja. Se ha hecho hacer toda la parte que da a Manhattan de cristal, y es muy bonito.

Al otro lado de la pared había una fiesta intelectual, como en los sesenta. Arthur Schlesinger, Mica y Ahmet, la chica que escribió el libro sobre LBJ. Norman tiene muy buen aspecto, con el pelo blanco, y parece irlandés. Estaba allí su pequeña madre. Y también Jean Kennedy Smith y su marido. Sandra Hochman me contó que me ha dedicado un capítulo de su próximo libro y me habló del movimiento feminista y de otras porquerías como ésa. Me dijo: «Tengo tu foto en la repisa de la chimenea», pero sé que es mentira.

Isabella Rossellini estaba en casa de Norman. Trabaja para la televisión italiana y está haciendo algo sobre los boxeadores. Supongo que estaba allí por eso, porque José Torres también estaba. Me contó que cuando me vio hace dos semanas en el Pierre, hablando con su madre, Ingrid Bergman, echó a correr para conocerme, pero yo ya me había ido. Cuando se iba de casa de Norman no encontró su abrigo y se marchó sin él. Norman estuvo encantador. El y François deben de ser muy amigos porque se estuvieron besando, abrazando y dándose puñetazos. François nos llevó a casa en su Mercedes gris. Conduce muy bien.

 

Sábado 18 de diciembre, 1976

Salí a comprar regalos y fui a Bonwit y a Bendel, y luego fui a comer al Quo Vadis para presentar a Robin West y Delfina Ratazzi. Yo pensaba que a Catherine le gustaba él desde que pasamos el fin de semana en casa de los Wyeth, pero me dijo que no le importaba, que se lo regalaba a Delfina o a quien lo quisiera. Y a Delfina le gustaba. Estaba agresiva. Fue la primera vez que la oí decir: «Mi familia fabrica aviones», porque normalmente se hace la pobre. Robin es aviador. Vi a Karen Lerner y a Sisi Cahan y me imaginé que había sido Karen Lerner la que le había vendido sus grabados de Flower, porque David Bourdon consiguió algunos bastante baratos en Parke Bernet.

Volví a casa y me llamó Bianca. Me dijo que estaba recogiendo todas sus cosas del Pierre para llevárselas a la casa que ella y Mick tienen en la Setenta y dos. Fui al Pierre y ella recogió y recogió, y a eso de medianoche estaba todo empaquetado. Nos fuimos a la casa, ella desconectó la alarma y entramos. Esa casita ha debido de costarles una fortuna. La han vuelto a rehacer, está toda pintada y los muebles son nuevos. Aunque me gustaría verla cuando los Jagger lleven un año allí.

Al cabo de un rato Bianca conectó la alarma y nos fuimos al aeropuerto para coger un avión a Montauk. Ella quería volver allí porque le parecía precioso [«Montauk» era una propiedad con vistas al océano, situada en Montauk, Nueva York, en la punta más oriental de Long Island, que Andy compró a medias con Paul Morrissey en 1971. La propiedad incluía una casa principal, tipo pabellón de caza, con tres casitas más, además de la del guarda, Mr. Winters. En esa época, Mick y Bianca Jagger le alquilaban la casa a Andy,] Jade todavía estaba allí.

 

Domingo 19 de diciembre, 1976

Fui a trabajar (revistas y periódicos de la semana 26$). Llamó Lou Reed y tuvimos el melodrama del día. Había vuelto de una gira con mucho éxito, le había ido muy bien en Los Angeles, pero me contó que a Rachel le habían dado una patada en los huevos y estaba sangrando por la boca. Quería que le dijese un médico. El médico de Lou había mirado a Rachel y le había dicho que no era nada, que la hemorragia pararía sola, pero Lou quería que la viera otro médico. Yo le dije que llamara al de Bianca. Pero entonces Lou volvió a llamar y dijo que ya estaba en camino el médico de Keith Richards. Le dije que debía llevarla al hospital. Y digo «ella» de Rachel porque siempre va travestida, pero Lou se refiere a él en masculino.

 

Lunes 20 de diciembre, 1976

Jamie Wyeth me invitó a comer a Les Pléiades. Taxi hasta la Setenta y seis esquina Madison (2,25$). Jamie estaba con Lincoln Kirstein y Jean Kennedy Smith. Me pidió que apagara el magnetofón, por supuesto. O sea que Jamie es ahora la pintora de cámara de Carter. El había estado una semana en Plains. ¿No es interesante? Parecía como si Jean Kennedy estuviese realmente colada por Jamie, porque me pidió que la acompañase al cuarto de los abrigos y cuando llegamos sacó una colcha americana y me preguntó si era auténtica. Yo le dije que sí y cuando volvimos se la dio a Jamie. Yo le recordé que la semana anterior la había visto en la sección de camisas de Blomingdale’s y me dijo: «Ah sí, estaba comprando regalos de Navidad para mi familia». O sea que a su familia les compraba camisas corrientes, pero a Jamie le regalaba una colcha americana.

Ella fue la primera en salir y entonces rememoramos el faux pas que Lincoln había dado. Hablando de política, a Lincoln se le olvidó que ella era hermana de John Kennedy y dijo que estaba «corrompido». Ella le contestó simplemente: «No, no es verdad».

Después de comer fuimos a casa de Lincoln, en la calle Diecinueve Este, nos enseñó su colección de arte. Había cuadros bastante buenos, de su cuñado Paul Cadmus, de George Tooker y de Jared French, todos realistas y representando muchachos musculosos. No tenía nada mío.

Fuimos andando a Union Square. Me pasé el resto de la tarde trabajando.

 

Martes 21 de diciembre, 1976

Me encontré con Victor y fuimos a la tienda de Halston. Estaba casi vacía, pero, como todo es tan caro, con que vendan cualquier chuchería ya tienen para comer. Mientras estaba allí, llegó Jackie O. y se la llevaron rápidamente al tercer piso. Victor me dijo que no compra mucho, sólo cosas pequeñas.

Di una vuelta por la Quinta Avenida buscando ideas para proyectos artísticos (taxis 5,75$). Me fui al 860 a comer con Todd Brassner y Rainer Crone, pero no pude quedarme mucho rato con ellos, porque estaba pintando en mi estudio. Todd le preguntó a Rainer sobre algunos cuadros míos que le interesaban, porque Rainer había escrito un libro dedicado a mí en la colección de arte de Praeger y sabía quién era propietario de cada cuadro.

Catherine llamó a Dustin Hoffman, y él le dijo que el pase era a las 5:45, en el 666 de la Quinta. Dustin había filmado a su mujer Anne ejecutando un baile de Balanchine. También salían sus hijos. Debía de tener un buen montador porque la película tenía un aire profesional. Cuando acabó, Dustin nos invitó a su casa en la calle Sesenta y uno Este, que está pegada a la de Phyllis Cerf. Dustin estaba nervioso, muy nervioso con su casa, y me llevaba por todas partes enseñándome hasta los más pequeños detalles. Le gusta el roble, pero el roble falso. Tiene gracia.

 

Miércoles 22 de diciembre, 1976

Vino a buscarme un coche para fotografiarme para no sé qué de Merce Cunningham, se trataba de ayudar a darle publicidad, y me llevó hasta el 660 de Park Avenue. Había fotógrafos del Newsweek y de otras revistas. Cuando entré dijeron que me llevarían a casa en coche, pero cuando me iba me di cuenta de que me habían utilizado y luego habían despedido el coche, así que tuve que irme a casa andando.

Por la tarde Jane Holzer se detuvo en mi casa para dejarme el gatito gris que su hijo Rusty le regalará por Navidad a Jade Jagger. Yo tengo que guardárselo hasta Navidad. Es una monada.

Me cambié y Jed nos llevó en coche a casa de Peter y Sandy Brant [véase Introducción.] Estaban allí Philip Johnson y David Whitney, que se iban a San Simeon al día siguiente, para ver a no sé qué Hearst y estudiar la arquitectura de California. La cena era china y no muy buena. Bunty Armstrong estrenaba dentadura nueva. Le regalé a Sandy un juego de escritorio de 1904 por Navidad. Jed le regaló un jarrón Fulper y ella le regaló otro a él. En realidad, era un Van Briggle, o sea que el suyo era mejor. Joe Allen no trajo a su novia Jenny porque aún está enamorado de su ex mujer, Barbara. Barbara tenía una luxación en la espalda, dijo que se lo había hecho «durmiendo» y todos intentamos imaginar con quién. Peter se había caído de un caballo y andaba con bastón. Peter acababa de comprar noventa acres que daban a la parte de atrás de su casa y pensaba hacer una pista de carreras y un campo de polo.

 

Jueves 23 de diciembre, 1976

Fiesta de Navidad en la oficina. Maxime de la Falaise llegó tarde, a recoger un cuadro de Mao. Mike, el conserje, llegó en el montacargas con su mujer y su hijo, aunque no sé si es su hijo o su hijastro. Es una monada. Vino John Powers y quería que yo le dedicase dos pósters de Flower que tenía. No eran auténticos. Yo iba a firmarlos, pero Fred no me dejó y le dimos a John dos de los buenos que estaban en la parte de atrás. Estaban Ronnie y Gigi. Todo el mundo buceaba en el champagne y el caviar. También estaban Marc Balet, el director de arte de Interview y Fran Lebowitz.

Por la tarde había llamado Andrea Portago y había dicho que si podíamos conseguirle una entrada para el estreno de Ha nacido una estrella, ella conseguiría la limusina. Cada uno cumplió con su parte. No descubrí por qué quería ir hasta que llegamos al cine y ella corrió hacia Kris Kristofferson y le dijo: «Cariño, cuánto me alegra volver a verte». Sue Mengers se había ocupado de que el sitio se llenara. Habían dicho que sería muy difícil entrar, pero quedaban muchos asientos vacíos. Sue dijo que todo el mundo tenía que decir que era muy bueno o Barbra se deprimiría. No me gustó. La versión antigua de Judy Garland te ponía la carne de gallina, y ésta es sólo una historia de rock and roll. Pero a Jed sí le gustó. Luego fuimos a la fiesta que había en Tavern, en el Greenwich.

Streisand llevaba un smoking negro. También estaba Elsa Peretti, decía que era maravilloso estar conmigo sin estar colocada, y que nunca volvería a tomar nada más. Me encantó una bombilla que llevaba en el bolso, era muy pequeñita y se encendía cuando le acercabas un penique. Me la regaló, pero como a Victor le gustaba, yo se la di a él. Elsa lo vio y se la quitó, me regañó con el dedo y se la guardó en el bolso.

Andrea estaba esperando que Kris Kristofferson se fijara en ella, pero él estaba muy ocupado.

 

Viernes 24 de diciembre, 1976

Fui con Jed a la cena de Navidad de Fred en el 1342 de Lexington. Vinieron a recogernos los hermanos de Jed, Jay [véase Introducción] y Susan. Fred había invitado a Carroll Baker, y ésta iba con su hija Blanche, que en pocos meses se ha convertido en una belleza. Ha adelgazado mucho. Estaba también Anselmino, uno de nuestros marchantes italianos, y Chris Makos, el fantástico fotógrafo que nos presentaron Dotson Rader y Robert Hayes, el subdirector de Interview. Fue casi como una cena de Navidad de la oficina.

También estaba Mick Jagger, de muy buen humor. Me preguntó qué me había parecido Ha nacido una estrella. Se lo dije y se alegró de haber rechazado el papel de un antiguo cantante de rock, pese al millón de dólares que le ofrecían. Mick quería coca y al final se la consiguió Anselmino. El ama de llaves de Fred, Hazel, hizo pavo, jamón y coles de Bruselas. También estaban Paloma Picasso y su corte.

Luego fuimos al centro, a casa de Fernando Sánchez. Estaba Halston, Kenny Jay Lane y André Leon Talley, y aquel inglesito nuevo rico que «no tiene dinero» —otro de ésos— y que ofrecía su cuerpo al mejor postor. Kenny Lane ofreció 35 dólares. Maxime de la Falaise subió hasta 36 dólares.

Sábado 25 de diciembre, 1976

Fui a comer a Westbury, a casa de C.Z. Guest. Era como una revista de Navidad: la decoración, la comida y la casa eran como un gran anuncio de McCall’s o House and Garden, como tendrían que ser todas las casas en Navidad. Con todo ese entorno de flores y jardinería te daba la sensación de que C.Z. estaba forrada, pero si mirabas de cerca las guirnaldas y las otras cosas veías que la mitad eran de plástico. C.Z. le dio a cada uno su insecticida como regalo.

Estaba la nonagenaria Kitty Miller, que todavía se azulea el pelo. Los pasteles eran buenísimos, de manzana, frutos secos y ciruelas. El pavo ya había sido cortado antes de servirse, como aconsejan en las revistas. Era como un Puzzle de Pavo. Kitty estaba borracha y cuando el embajador español dijo unas palabras, ella chilló: «¡No sé hablar español!».

Empezó a nevar ligeramente. Les di las gracias y salí hacia casa porque tenía que arreglarme para ir a casa de los Jagger. Llegué a la Sesenta y seis Este y me «recompuse» [véase Introducción,] Fui a la Setenta y dos Este (taxi 2,50$). Eramos de los primeros en llegar. En la puerta estaba Nick Scott, trabajando. Era un trabajo que había conseguido para ganar dinero, hacer de amo de casa de los Jagger. Pero se suponía que tenía que estar allí a las 8 de la mañana para ayudar y no había llegado hasta las 6 de la tarde. Le di a Jade el gatito gris de parte de Rusty Holzer. Ella lo miró y dijo: «¿Lydia?… No, Harriet». Lo sentí por el gato, porque creo que vivirá en un hogar terrible. No sé.

Mick se sentó junto a Bob Colacello, le pasó el brazo por los hombros y le ofreció un «reconstituyente». Bob dijo: «Ay sí, estoy muy cansado», pero cuando estaba a punto de esnifar, entraron Yoko y John Lennon y Mick se excitó tanto que le puso la cucharilla en la nariz a John Lennon en vez de a Bob.

Halston y Loulou de la Falaise pusieron mucho «reconstituyente» en un plato tapado sobre una mesita de té, y cuando se sentaba por allí alguien que les gustaba, le decían: «Levántalo y te llevarás una sorpresa». También estaba Paloma Picasso. Jay Johnson trajo a Delia Doherty. La cena fue fantástica, pero Mick y Bianca se olvidaron de sacar el postre.

 

Lunes 27 de diciembre, 1976

Recibí la invitación para la toma de posesión del presidente Carter. Iba dirigida a (risas) «Sr. y Sra. de Andy Warhol». ¿A que es encantador?

 

Miércoles 29 de diciembre, 1976

Hoveyda trajo a la oficina al embajador de Irán en Inglaterra. Venían a ver el retrato que yo le había hecho a la emperatriz y, como les gustó, está listo para embarcar.

Vincent nos llevó en coche para el juicio sobre la propiedad de Montauk, de la junta de reservas.

 

Viernes 31 de diciembre, 1976

Trabajé en la oficina hasta las 7:00. Fui a casa a cambiarme para la fiesta de Kitty Miller. Caminé hasta el 550 de Park Avenue. Fred estaba allí. Elsie Woodward, mi acompañante para la fiesta de Nochevieja de Kitty, había llamado para anular la cita. Dijo que estaba mareada y que no podría aguantarlo. «Estoy vieja», dijo.

La princesa Minnie de Beauvau estaba con su padre, su madrastra y su hermana Diane. Me presentó a su abuelo, Antenor Patino, y entonces me acordé de que le había visto en casa de C.Z. Guest. Es bajito.

Parece uno de esos novios pequeñajos de Paloma Picasso. Es el rey del estaño de Bolivia.

Oí que Kitty le explicaba a otra persona quién era yo. Sospecho que alguien le había hablado de mí, porque lo que dijo sonaba como si alguien se lo hubiera dicho a ella. «Es lo más del off-Broadway, y un adelantado (risas) de su tiempo», y cosas por el estilo. Quizá lo había sacado de Billy Baldwin o de alguien así.

Eché de menos al mayordomo habitual de Kitty, el que se peleó con la doncella de Diana Vreeland. Lo habían despedido por tomarse demasiadas confianzas, pero a mí me encantaba. El fue el que me recomendó que viera la serie de A.E. Coppard del canal 13.

Y después de cenar, me senté debajo del «Chico de rojo» de Goya. Kitty tiene ese cuadro tan famoso ahí en su casa, es increíble.

Las fiestas de Kitty solían ser lo más de Nueva York, llenas de estrellas de Hollywood, y en cambio ahora sólo van sus amigos. Este año, Aileen Mehle —«Suzy»— ni siquiera se dignó contestar.

Diane de Beauvau me cogió de la mano y me llevó a la habitación de al lado justo cuando entraba la medianoche. Yo quería quedarme y besar a todas aquellas antiguallas, como el año pasado, porque me parecía muy divertido. Besar a la nonagenaria Elsie Woodward y decirle: «Feliz año nuevo, querida». Entonces entró Minnie de Beauvau, cogió a Diane y le dijo que tenía que salir a felicitar a su padre y a su madrastra, porque a ella no se le olvida dónde tienes las habichuelas.

Y la comida en casa de Kitty era como siempre, a base de congelados. Al principio piensas que a estos ricos no se les ocurre nada mejor porque han estado toda su vida yendo a cenas benéficas, pero ellos también van a La Grenouille, donde sí se come bien. Tendrían que notar la diferencia. Y había seis criados sirviendo la comida de lata.

Justo después de medianoche, casi todo el mundo estaba cogiendo los abrigos, tenían prisa por irse a otra fiesta. Fred estaba muy borracho. Salimos a la calle y Fred se creyó que era el «It Boy» y le dejó su abrigo a Minnie. El viento helado había bajado las temperaturas a diez bajo cero. Fred se quedó en manga de camisa y sombrero de copa, besando a todos los que pasaban por la calle. Fuimos andando a Westbury con Diane para recoger a su novio, que se había quedado en casa a escribir un guión. Pero cuando llegamos, él estaba desnudo esperándola para follar con ella, así que la dejamos allí.

Vuelta a casa. Llamé a Brigid. Llamé a P.H. [véase Introducción.] Todavía no había nadie en casa. A las 6 de la mañana me despertó Jay Johnson porque quería hablar con Jed. Estaba borracho y le colgué. Volvió a llamar y dejé que el teléfono sonara veinte veces.

Lunes 10 de enero, 1977

Fred tuvo una reunión con nuestro abogado, Bob Montgomery, sobre la distribuidora de Bad, New World. El propio Roger Corman no ha visto Bad, pero Fred dice que no importa, porque Corman no elige las películas, sino que lo hace otro tipo, Bob Rehme. Harán distintos estrenos por todo el país para ver cuál es la mejor forma de introducirla en Nueva York.

Bianca me llamó para invitarme a una cena que daba Regine para Florence Grinda. Victor y Catherine se pusieron al teléfono y le dijeron que ellos también querían ir. Y ella les dijo que fueran a tomar café.

También me llamó Andrea Portago y me pidió que la llevase a la cena, pero le dije que no podía porque yo no era el que invitaba. Le dije que llamase a Bianca. Y Bianca se emocionó porque anda detrás del hermano de Andrea, Tony, y Andrea pensaba ir con Tony. Andrea me recogió con su hermano y fuimos a Regine’s.

Bianca llevaba un vestido de Halston sin tirantes. Había muchos sudamericanos en las mesas. Todavía no había empezado la cena, y mientras todo el mundo estaba tomando el aperitivo en la barra, llegaron Catherine y Victor a «tomar café». Cuando empezó la cena, les pusieron en una mesita separada y cuando Victor señaló a mi mesa y dijo que quería lo mismo que yo, le dijeron: «Entonces tendrá que pagar». Y él aceptó. La comida era horrorosa. Regine fue muy antipática con Victor y Catherine.

Estaba Diane Von Furstenberg. Me había pedido que la acompañara en una filmación que le iban a hacer los de la CBS el jueves, porque creía que formábamos una pareja televisiva muy interesante. Le contesté que iba a estar fuera de la ciudad, aunque no me voy hasta el viernes. Pero la invité a la fiesta que doy el martes por la noche, a ella y a su equipo de televisión. Lo malo fue que cuando Regine me invitó a mí a la cena del jueves por la noche. Diane Von Furstenberg me oyó decir que sí (era para celebrar la Pascua Rusa), y me dijo que cómo me había atrevido a mentirle. Yo le contesté que me había equivocado.

Victor repartió botes de popper camuflados. Regine dijo que olían a pies y yo le dije que eran de la marca «vestuario», y a ella le encantó. Con la excusa del popper, Bianca empezó a reírse y a coquetear escandalosamente con Tony Portago; estaban a punto de enrollarse allí mismo; pero ella se recobró y se dio cuenta de que no podían hacerlo en público. Cuando se ríe así es la más guapa. Le encanta el popper. Se acercaron algunos fans y yo firmé autógrafos. Cuando Victor, Catherine y yo salimos, eran casi las 2:30 y el chófer de Portago nos dejó en casa.

A las 4 de la madrugada llamó Tom Cashin para hablar con Jed, porque Jay se había hecho un corte en el brazo y estaba sangrando. Jed fue allí para llevarle al hospital. Luego llamó Jay desde el hospital y el drama continuó hasta las 9 de la mañana.

 

Martes 11 de enero, 1977

A las seis de la tarde todo el mundo estaba aún en la oficina, haciendo tiempo para ir a mi inauguración en la galería Castelli. Fuimos y al principio estaba vacía, pero nos reunimos junto al bar que habían montado y nos pusimos a beber champagne. Luego empezó a llegar muchísima gente. Exponía el «Hammer & Sickle». [Hoz y martillo] grande y ocho más pequeños. También estaban David Whitney, Philip Johnson y David White. Llegó Paulette Goddard y me dijo que quería que le hiciera una insignia de la hoz y el martillo. También estaba Victor, en acción, manipulando una camisa. Bianca llegó con el vestido del escaparate de Halston que Victor había estampado. Y Catherine llevaba el conjunto rojo que Victor también había estampado. Llegaron Tony Portago y su madre, Carroll Portago. Paulette y Carroll son viejas amigas. Bianca quería poppers, pero nadie tenía. Vino Halston, con un pequeño cuadro que Elizabeth Taylor había hecho para mí, porque ella no iba a venir, y Halston acababa de verla. Cuando lo pienso, me siento muy decepcionado, hubiera sido fantástico que Liz Taylor hubiera venido a la inauguración. Hubiera sido algo importante ¿no crees?

Bianca y Tony Portago parecen enamorados de verdad, desde las vacaciones. Estaba el hijo de C.Z., Alexander Guest. Giorgio Sant’Angelo, Sylvia Miles, Ronee Blakley, Francesco Scavullo y Sean Byrnes, Irving Blum y Charlie Cowles. Champagne Möet Chandon. También estaba Michael Goldstein, el del Soho News, con una pinta horrible. Le di dinero a Jed para que invitase a cenar después (200$), porque yo tenía que irme a casa de John Richardson.

La casa de John Richardson me decepcionó porque era una antigualla. Estaban también Marion Javits, Françoise y Oscar de la Renta, Marelia Agnelli y Babe Paley (que antes debía de ser una belleza). Babe y Marella me dieron mucha coba con mis cuadros, habían visto la exposición el sábado.

Me senté al lado de Marion Javits. Me explicó lo contenta que estaba de que Clay Felker hubiera perdido la revista New York en favor de Rupert Murdoch. La revista de Felker fue la que sacó a relucir las conexiones iraníes de Marion el año pasado.

Catherine y Victor llegaron a la sobremesa. Victor había pegado los trozos de su camisa.

Los padres de Nima Isham vinieron a la inauguración y yo no podía creérmelo. ¡Allí estaban ellos, de vuelta de la boda de su hija en Haití el fin de semana pasado, y Bob todavía no ha vuelto!

Miércoles 12 de enero, 1977

Cuando llegué al 860, había un numeroso equipo de la CBS filmando a Jamie Wyeth mientras pintaba a Arnold Schwarzenegger para un programa llamado Who’s Who. Fui en taxi con Jamie y Arnold a comer a Elaine’s, para hablar de la película de Arnold Pumping Iron (5$). Nos paramos en el Ritz Towers y tuvimos que esperar cinco minutos a que bajase Paulette Goddard. Llevaba todas sus joyas y tenía un aspecto muy divertido. Me dijo: «Si hubieras jugado bien tus cartas, todo esto habría sido tuyo». Dios mío, cuando pienso la cantidad de horas que Bob y yo hemos pasado grabándola, intentando sacar la verdadera historia de su vida para ese libro que quería Mr. Jovanovich… O sea, si yo hubiera sido una gran estrella de Hollywood y me hubiera casado con Charlie Chaplin, Burgess Meredith y Erich Maria Remarque, creo que me hubiera marcado unas historias bastante fuertes.

En Elaine’s estaba Delfina Rattazzi. Ahora trabaja para Jackie O., de lectora en Viking. También estaba Victor, y Paulette se estaba enamorando de él porque calculaba cuántos Halston podría sacarle. Vino Pat Patterson y se sentó con nosotros. También estaba Charlotte Curtis, del New York Times.

Dejamos a Jamie en la tienda de pintura (5$). La oficina estaba muy agitada. Vincent se estaba poniendo nerviosísimo. Llamó Bianca y dijo que esa noche tenía la cena de cumpleaños de Joel LeBon, que trabaja para Pierre Berge. En la oficina estaba Potassa, la travesti, y llevaba un vestido improvisado de fantasía, negro y dorado. Jamie estaba fascinado y la pintó con el vestido y con la polla fuera. Se quedará dos meses pintando en el 860. Luego Victor le pidió a Potassa que posara desnuda. Nenna Eberstadt, que ahora trabaja para nosotros, estaba escribiendo a máquina. Llegaron John y Kimiko Powers, con un montón de cosas de arte para que las firmase. Vino Alex Heinrici [véase Introducción] con algunos acetatos.

Trabajé hasta las 7:00 y luego me fui a casa de Bill Copley para firmar un cuadro que él había comprado. Acababa de hacerle la cena a su hijita Theodora. Una cena fantástica, perritos calientes, ketchup y helado de vainilla.

Dejé a Fred en casa de Lee Radziwill (2,75$). Fui al cumpleaños de Joel. Bianca llevaba el mismo vestido que la última vez. Es extraño ver a chicas que se arreglan tanto llevando dos veces el mismo vestido.

 

Viernes 14 de enero, 1977. Nueva York-Londres

Llegamos a Londres y no esperaba encontrarme a nadie, pero allí estaba Lady Ann Lambton con su chófer, y nos alegramos mucho de verla. Se había roto unas vértebras y llevaba un collarín.

Nos quedamos en el Ritz (propina equipajes 5$).

Ann llamó a su hermana Rose y a Oliver Musker y decidimos quedar para comer en Morton. Bebimos champagne y zumo de naranja y comimos un sandwich de carne horroroso (55$). Jed y yo salimos hacia el Ritz y pensamos que Ann se quedaría en la habitación de Fred, pero no lo hizo, porque la cama era muy pequeña. Sentí un picor, me encontré una ladilla y busqué a ver si tenía más.

 

Sábado 15 de enero, 1977. Londres-Kuwait

Nos levantamos a las 7:00 para coger el avión a Kuwait. Estábamos cansados. Hicimos las maletas y nos duchamos. Todavía buscábamos ladillas. Enviamos la cuenta del hotel a la Mayor Gallery (propinas hotel, 10$). Recogimos a James Mayor en su casa. El nos había comprado billetes de segunda clase, yo me enfadé muchísimo, pero quedaba uno de primera clase y lo cogí. Aerolíneas de Kuwait. El avión hizo escala en Frankfurt y allí subió mucha gente. Leí The Users, de Joyce Haber, muy aburrida. Hablaba de un marido homosexual. Joyce estuvo casada con Doug Cramer, un productor. En la parte delantera del avión había un jeque con sus guardaespaldas y había más junto a la cabina. Me tomé una pastilla y me quedé dormido.

Me desperté cuando el avión estaba aterrizando. Llegamos a las 11:00 de la noche. En el aeropuerto nos recibieron algunos árabes. Estaba esa chica, Nadja, del Ministerio de Cultura, que había montado la exposición. En el aeropuerto nos dieron un café muy raro.

 

Domingo 16 de enero, 1977. Kuwait

Nos levantamos a las 9:30. Desayunamos té con tostadas (propina 2$, lavandería 1$). Llamó James y quedamos a las 12:00 en el vestíbulo. Nos llevaron a un sitio que parecía una pocilga, pero allí todo es así, y hasta al cabo de unos días no me di cuenta de que era un sitio muy chic. Fuera, hacía mucho sol y pasaban muchos coches, enormes Rolls Royce, cocha-20S americanos. Nos dejaron dos coches, pero sólo utilizamos uno. Volvimos al hotel para intentar comprar A-200 contra las ladillas.

Compré novelas policíacas de Nick Carter (4$). A las 4:00 tenía que reunirme otra vez con Nadja y James. Fuimos al zoco en busca de color local. Mujeres vestidas de negro con la cara tapada, un gran mercado, el bazar. Hacía mucho frío. Compré un traje para regalárselo a Victor (sombrero 4$, traje 26$). Me pasé bastante rato buscando antigüedades, pero no hay nada en todo Kuwait, sólo un par de cacharros de hace un par de años. Eramos los únicos extranjeros en todo el mercado.

Seguir: parte 2 de 49