Diarios. Edición de Pat Hackett

Andy Warhol · Capítulo 3 de 4 · parte 40/49

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Diarios. Edición de Pat Hackett

Diarios

Este capítulo es largo, así que está dividido en 49 partes.

 

Jueves 2 de mayo, 1985

Fui en taxi a la Ochenta y dos esquina con la Primera (4$), a la fiesta de cumpleaños de Bianca. Me había llamado su novio, Glenn Dubin. Bianca me estaba poniendo nervioso, decía que estaba investigando sobre mis días en Pittsburgh, para su libro de Famosos, y siguió diciendo que si yo había roto con el sistema, y dale que dale… Y yo le dije: «Oye Bianca, estoy aquí, soy simplemente un trabajador. ¿Cómo quieres que rompa con el sistema?». Dios mío, qué tonta es…

Viernes 3 de mayo, 1985

Estuvo lloviendo toda la mañana. Di una vuelta con Benjamin. A la 1:15 tenía una cita con Stephen Sprouse para ver un desfile de moda que había montado para Vogue y para mí (taxi 6$). Fui al 860 de Broadway, nuestro antiguo loft. Era fantástico volverle a dar esta dirección a un taxista: «A la esquina de la Diecisiete con Broadway».

Habían dividido el espacio en varias habitaciones. La parte de delante estaba pintada de dorado. Había unos modelos muy guapos para enseñarnos la ropa y era muy divertido y emocionante. Me gustaría comprarlo todo.

Le había prometido a Jean Michel que iríamos a cenar a Le Cirque. Benjamin me acompañó a casa, me recompuse y me fui para allá. Jean Michel había invitado a Eric Goode, a su novia, a Clemente y a Alba. Cuando pidió un vino carísimo, le dijeron que no lo tenían. Cuando pidió el siguiente en precio tampoco. Creo que no nos lo querían dar porque era una cena gratis. Sirio llevaba años diciéndome que quería invitarme y ésa era la cena. Nos pidieron todo tipo de excusas. Entonces Jean Michel pidió el vino más barato y ése sí que lo tenían. Era bastante bueno. Y al día siguiente, cuando Paige y yo fuimos allí a llevarles unos Interviews, Sirio siguió con las disculpas. Pero bueno, me gasté un buen pico en propinas (200$). Ah, la última vez que fui a Le Cirque había un modelo que me dijo que era amigo de Tom Cashin, y el verle allí en Le Cirque con ese hombre un poco mayor que él, me hizo pensar que uno no puede ir a restaurantes normales con jovencitos, queda un poco rato. Te preguntas qué harán allí, cantan mucho.

 

Lunes 6 de mayo, 1985

Ronnie está muy bien últimamente y sigue vendiendo muy bien. Sigue saliendo con Tama Janowitz, esa escritora tan rápida, la que escribe tantas historias. El se parece a Gerard Malanga, los dos son igual de inmaduros emocionalmente. Ronnie tiene una polla enorme. Se beneficia a esas chicas y así se mantiene joven, como Gerard, no envejecen.

Llamó Debbie Harry y me dijo que era un secreto, pero que acababa de firmar con David Geffen. Y Stephen Sprouse está muy contento con eso, él se ha negado a hacerle ropa a gente como Madonna porque Debie fue la que lanzó a Stephen y él quería serle fiel. El es así. Y ahora ella volverá a estar en el candelero.

Martes 7 de mayo, 1985

Llamó Fred desde Europa y dijo que volvía hoy.

Jean Michel me ha dicho que ha decidido no hacer nada en el club de Steve Rubell porque cuando le pregunté a Steve qué iba a sacar a cambio, Steve le contestó: «Gloria, prestigio». ¿Te imaginas a Steve diciendo eso? Todavía le estoy haciendo los tickets de consumición, y en cuanto se los dé, le preguntaré cuándo podemos grabarle PH y yo para el libro Party, y como se sentirá culpable aceptará.

 

Miércoles 8 de mayo, 1985

Había una gran fiesta en el Area. Vino Jean Michel a recogerme y fuimos para allá. En el escaparate estaba mi Escultura Invisible, y lo de Jean Michel también quedaba muy bien, era un disco enorme. Estaba Keith y todo el mundo. El montaje era fantástico. Steve Rubell se paseaba diciendo «fantástico, fantástico», pero estaba celoso porque no era su club.

 

Jueves 9 de mayo, 1985

Me he enterado de que mi Soup Can sale en una obra de Broadway porque lo he visto en la televisión. No sé en cuál es, en Grind, creo. Fui a recoger a Jean Michel (taxi 6$). Ha vuelto a trabajar y su obra es maravillosa, es emocionante, perdurará.

Fuimos a cenar al Odeon y estuvimos hablando de inauguraciones de clubes de Steve Rubell y Eric Goode. Fue muy divertido. Steve está consiguiendo que algunos artistas le diseñen cosas para su nuevo club, el Palladium. Keith le ha hecho un telón que baja desde el techo hasta la pista de baile. Steve estaba allí sentado diciendo: «Si no es muy bueno no lo bajaremos mucho». Bueno… (cena 240$).

El chófer de Steve nos llevó al Palladium y es como lo que salía en todas aquellas películas de los treinta, sucio por fuera, y dentro unas columnas prístinas y todo muy grande y lacado, con postes azules y escalinatas como aquellas por las que bajaban las chicas del Ziegfield Follies. Clemente le está pintando el techo. Pero de momento sólo es otro sitio al que ir y el Area ya ha triunfado. Además, cambian el decorado a menudo, o sea que no sé. Ian y él sólo «dirigen» el club, porque no se puede ser propietario de un club si tienes antecedentes policiales. Cuando nosotros cogimos nuestro club nos tomaron las huellas dactilares y nos miraron a ver si teníamos antecedentes. Era el año 65 y el club se llamaba The Dom.

Todo el mundo se fue al Area y yo me fui a casa (taxi 6$).

Oye, el año pasado Madonna era sólo una camarera del Lucky Strike.

 

Domingo 12 de mayo, 1985

Llamó Jean Michel. Está trabajando en las pinturas del Palladium. Como son desmontables, se las lleva a casa cuando quiere.

 

Lunes 13 de mayo, 1985

Llamó Ian Schrager. Yo había acabado por fin el diseño de los tickets de consumición y Vincent los fotocopió. Benjamin me acompañó al Palladium y se los enseñó a Steve Rubell. PH y yo estuvimos grabando a Steve para nuestro libro Party durante hora y media. La cinta quedó muy bien y yo me volví a la oficina.

 

Martes 14 de mayo, 1985

Día de la inauguración del Palladium. El día empezó con Amos enfermo. Luego vino el tipo que pintaba los tejados al otro lado de la calle y me dijo que el mío también necesitaba una mano. Supongo que el portero le dio mi nombre. Le di mi permiso y lo pintó. Me pasó una cuenta de 4.900 dólares. Fue culpa mía, no recuerdo haberle pedido presupuesto. Luego me llegó una nota del vecino diciéndome que ahora mi tejado es plateado y que no lo soportan. Se lo dirán al tipo adecuado, ¿de acuerdo? No puede ser plateado. El caso es que le dije que lo repintara y le pregunté que cuánto me costaría. Me dijo que necesitaría unos 135 litros de pintura y que eso serían 1.200 dólares. Y le costó cinco minutos. ¡Cinco minutos! Yo creí que tardaría varias horas. Al final me dijo que eran 1.500 dólares, pero le recordé que me había dicho 1.200.

Y, en medio de esos problemas, Benjamin vino temprano a recogerme y fuimos en taxi a la oficina (4$). Es tan grande y amplia, fui arriba y abajo y por todas partes, me la recorrí entera. Allí está mi vida. En ese sitio está mi vida desde que nos hemos trasladado.

Apareció Keith. Estábamos esperando a que llamase Kenny Scharf para decirnos si quería ir al local de Stephen Sprouse a comprarse un conjunto, pero al final fue por su cuenta. Se compró unos pantalones de montar de Stephen Sprouse, muy bajos de cintura, y los llevaba con una camisa que le había hecho su mujer, Teresa. Pero a mí no me parece atractivo enseñar la raja del culo. En las chicas tampoco. La verdad es que no me gusta.

Recogimos a PH y fuimos con Keith al Palladium, entramos por la puerta trasera de la calle Trece. Los electricistas y los obreros trabajaban deprisa. Subimos a la oficina de Steve Rubell y los teléfonos sonaban sin parar. El decía: «En la puerta no hay lista de invitados, las invitaciones se entregaron ayer y no hay lista», y mientras tanto aparecía la gente con listas. Después de hacer algunas fotos y de grabar un poco más para el libro Party, me fui. Acompañé a PH (taxi 5$). Fui a casa y me recompuse.

Recogí a Cornelia. Estaba muy guapa. Se le había ocurrido la idea de hacerse una trenza muy larga y parecía Britt Ekland o algo así (taxi 6$). Halston salió especialmente para esto, iba a ser un acontecimiento. Fuimos para allá y nos paramos en un par de sitios. Estaba Benjamin, que iba de Ming Vauze, con un body color uva y una falda de tul. Y estaba también Beauregard, el que escribe para Details, que también iba travestido. Estaba Boy George, con Marilyn, que siempre es odioso, y llevaba una cámara. Estaban Eric y Shawn, del Area, y parecían un poco sombríos. Estaba Chris, con un traje roto. Se quejó de que las bebidas no fuesen gratis. Pero Cornelia consiguió que Dan le diera una botella de Cristal. Dan es el chófer de Steve, es de New Hampshire, y se ha convertido en el «mánager general». Pero no creo que funcione, es demasiado simpático, no le pega ese trabajo.

Jean Michel estaba de un humor lúgubre. Le había comprado a Jennifer un vestido para que se lo pusiera en la inauguración, pero no la trajo con él, la dejó en casa. No quise echarle un sermón sobre la adicción a la heroína porque no quería pelearme. Me preocupa que Ming se vuelva alcohólico. Ya he visto lo que le pasó a Curley. Todo empieza muy alegre y divertido y acaba fatal. Y el Palladium no sé. La noche de la inauguración estuvo muy bien, pero lo van a tener difícil para llenarlo cada día. Si tiene éxito es que no hay recesión.

Lo más curioso de decorar una discoteca con obras de arte es que al final, cuando la llenas de gente, no se nota la diferencia, no se nota nada. Ni siquiera se ven. Y pasa lo mismo con esa discoteca que se llama Saturday Night Fever. Cuando la llenaban no se veía lo que era, sólo cuerpos bailando y nada más.

Steve Rubell ahora sí tiene una historia que contar. Primero la cárcel y luego el regreso. «Nunca perdí la fe», dice. Pero ha perdido el pelo. Me fui a las 2:30.

Miércoles 15 de mayo, 1985

Fue un día horroroso.

Fui a la esquina de la calle Ochenta con la Segunda, a la consulta del doctor Marder, a ver a Amos. Aún lo tienen allí. Espero que esté bien. El doctor Marder metió la pata y dijo que se acordaba perfectamente de mi perro «pachón».

Llamaron desde la oficina y dijeron que me estaban esperando los de Talking Heads. Se me había olvidado y, cuando llegué (taxi 6$), el líder del grupo ya se había ido. Son amigos de Don Munroe, y Vincent y él intentaban meterles en el negocio del vídeo. Yo siempre he tenido la sensación de que les conocía desde hace mucho tiempo. Ellos habían asistido a la escuela de diseño de Rhode Island.

Cornelia llamó unas dieciocho veces.

Antes de irme de la oficina llamó alguien y me dijo que Jackie Curtis se había muerto de sobredosis. No era algo que me apeteciera oír.

 

Lunes 20 de mayo, 1985

Después de trabajar, me preparé para ir a la fiesta de Claudia Cohen en el Palladium. Llegué tarde a recoger a Cornelia y me estaba esperando abajo. Fuimos en taxi a la calle Catorce. Estaba lleno de limusinas.

Estaba Saul Steinberg con su tercera mujer, Gayfryd, que es muy guapa. Se parece a esas chicas «Draw Me» de las revistas antiguas. Estaba la madre de Claudia, que es muy guapa y glamourosa. En cambio Claudia es sólo «mona». Pero pasará un tiempo antes de que Ron Perelman la cambie por otra, y entre tanto ella puede ayudarle mucho.

La fiesta estaba llena de viejos que bailaban con sus jóvenes mujeres.

Cuando entras por la puerta hay un tipo sosteniendo una palmatoria, y por todo el camino de entrada hay tipos con palmatorias. Las copas estaban en el Mike Todd Room, y en la pista de baile habían puesto mesas con flores. Un foco iluminaba las flores y era muy bonito. Si la flor era azul, el foco era azul e intensificaba el color. Rutilaba. Si la flor era rosa, el foco era rosa. Las flores estaban pintadas con spray plateado. Había cinco copas por persona. El sonido del Palladium es muy bueno, un gran escenario con un buen sistema de sonido. Peter Duchin estuvo toda la noche tocando. Se acercó a decirnos hola, pero dijo que estaba trabajando. Creo que paró para cenar.

Steve Rubell me dijo que el otro día Claudia les había pagado 100.000 dólares a las Pointer Sisters. Llegaron a los postres y tocaron seis u ocho canciones. Yo tenía el mejor asiento, estaba enfrente de ellas, en la mesa siete. Cornelia estaba en la mesa uno con Roy Cohn y su novio. El novio de Roy llevaba un smoking azul de imitación piel. Boy George y Marilyn llegaron al final. Cornelia y Marilyn hicieron muy buenas migas. En lugar de venirse conmigo, Cornelia se quedó bailando con ellos.

La comida era muy buena, de Glorious Food, pero ya no tienen aquellos camareros tan guapos. Ya no te quedas pasmado al verlos. Ahora tienen unos de treinta y cinco años. Alguien se debe de haber quedado con ellos porque tenían todo el aspecto de que los hubiera escogido personalmente Steve. Los camareros de Glorious Food llevan ahora guantes blancos. Supongo que se los ponen para evitar pegarte algo haciendo guarradas con las manos. Es una buena idea porque vi a un amigo de Victor entre ellos. La única personalidad que destacaba era Geraldo Rivera.

 

Martes 21 de mayo, 1985

El día empezó con destrucción. Recogí una alfombra y se la habían comido las polillas. La parte de atrás está llena. Tengo que echar más spray antipolillas. Por suerte, sólo se han comido una alfombra india, pero podrían acabar con mi ropa de Stephen Sprouse.

Vino Benjamin y decidimos bajar andando por Madison hasta la oficina. No llevábamos ningún Interview. Rupert llegó a las 6:30 y estuvimos trabajando un rato. Su novio vino a recogerle en el Rolls Royce de Rupert. Le estaba esperando allí fuera como la típica mujer ofendida. Supongo que a Rupert le gustará ese rollo. Pobre Rupert, está tiranizado. Seguro que un día de éstos tendrán una gran pelea. El tío ese se lo llevaba a dar una vuelta y le esperaba en ese magnífico Rolls, con el volante a la izquierda. Pero primero me llevaron a casa porque llovía y era difícil coger un taxi.

Durante el día me compré un montón de periódicos para ver las portadas. En todos salían los sextillizos (2$). Y la revista People sacaba un artículo sobre artistas y decía: «Andy Warhol, cincuenta y ocho años». Y después; «Keith Haring, veintidós». Si alguna vez alguien te pregunta, diles que tengo ochenta años, dilo siempre. «Tiene ochenta años».

 

Miércoles 22 de mayo, 1985

Descubrí más polillas.

Andy Friendly no nos ha dado aún el dinero para el programa de televisión, así que supongo que nos tendremos que buscar la vida y que Paige tendrá que intentar conseguirnos anunciantes.

Fui a la fiesta de Keith en el Palladium. Estaba de bote en bote, un sitio tan grande y de bote en bote.

Luego decidí ir a Private Eyes, el club de vídeo. Celebraban la Noche Gay y estaba lleno, abarrotado. Si vieras a esos chicos en la calle nunca pensarías que eran gays. Parecen chicos de Los Angeles. Me quedé poco rato. Llegué a casa a las 2:00 (taxi 6$).

 

Jueves 23 de mayo, 1985

Alguien me dijo en el New York Times habían sacado una esquela bastante grande de Jackie Curtis. Supongo que sería un montaje, como lo de sus bodas. Decían que tenía treinta y ocho años, o sea que yo debí de conocerle a los dieciocho. ¿Dieciocho?

Hete, de Dusseldorf, el compañero de Hans Mayer, vino a comer a la oficina. Fred y yo tuvimos unas palabras, porque él estaba en plan fantasma y fino, y me dijo, delante de Hete: «¿Por qué no le dices a Hete lo que piensas de que los de la galería no te pagaran?». Me quedé cortadísimo. Fred es un pesado. Supongo que quiere cambiar de aires, como Paul Morrissey.

Paige vino a recogerme un poco más tarde, pero venía en taxi, no en un coche. Le dije que le había pedido que consiguiera «un coche», y ella me dijo: «Bueno, esto es un coche» (taxi 9$). Llegamos al Apollo y había millones de polis. Actuaban Hall and Oates, y era a beneficio de la Negro College Fund. Hall and Oates salieron al escenario y estuvieron magníficos, interpretaron todos sus éxitos. Boy George llegó con Cornelia. Estaban sentados en un palco y él le tiraba besos a la gente. Luego salieron dos de los del grupo Temptations y cantaron con ellos, estuvieron fantásticos. Se veía muy claro a quién copiaban Hall and Oates.

Cuando se terminó nos marchamos. Los polis estaban como locos con Boy George. Yo nunca había visto nada igual. Todos querían su autógrafo y Marilyn le dijo a uno: «Me gustaría tener un lío contigo», y él le contestó: «Tengo una cosa que te encantaría». Bueno, yo nunca había visto una cosa así con la pasma.

 

Sábado 25 de mayo, 1985

Fui andando a trabajar. Vino Kenny Scharf. Me dijo que no sabía qué hacer, porque le gusta sentirse libre y hacer lo que le da la gana, y al mismo tiempo adora a Teresa y al niño, pero siente que tiene que realizar ese deseo de libertad. Kenny estuvo cuatro horas y se fue a las 7:00.

En el sitio de pizzas que hay cerca de la oficina de la calle Treinta y tres, ese que era de unos chinos o unos coreanos, estaban haciendo limpieza y tirando todo lo que tenían en el sótano, libros y cosas así, y era muy triste. Me hubiera gustado revisarlo todo, pero al final lo dejé. Había una mujer con dos perros blancos enormes, pero no sé si era de allí. Es difícil conocer a la gente. Todo el mundo va a lo suyo, a su manera. Había un bebé desnudo en el suelo.

 

Domingo 26 de mayo, 1985

Otro día muy caluroso. Paseé en coche por la ciudad y me acerqué a Nueva Jersey con Chris y Randall. Peter y Chris están intentando decidir si quieren seguir juntos o no. Randall es un gimnasta que vino a Nueva York a ver mundo y la primera persona a la que ha conocido es Chris, así que imagínate el mundo que estará conociendo.

Me fui a casa y vi la tele. Deceptions, con Stefanie Powers. Me fui a dormir con la sensación de que estaba solo en el mundo.

 

Miércoles 29 de mayo, 1985

Vino Benjamin a recogerme y vi una nota de Crazy Matty en la puerta. Llevaba un tiempo dejándole notas a Brigid en la oficina.

Luego cogí un taxi (4$) para reunirme con Paige en la oficina y asistir a una comida que tenía con anunciantes. Si Paige consigue tantos anuncios es porque le cae muy bien a la gente que los puede poner. A ella le gusta que los clientes estén contentos y no hay mucha gente capaz de eso.

Jean Michel vino a pintar a la oficina. Estaba por ahí riéndose y bromeando y Paige me llamó por teléfono y me gritó: «¡Saca a este tío de aquí!». Yo no supe qué decirle y me colgó antes de que se me ocurriese algo. Ella se marchó de la oficina. Le llamó sabandija y de todo a Jean Michel.

Fui en taxi al Canastel (5$), a la cena de Katie Ford. Ella me había dicho que habría modelos masculinos. Es el sitio donde el tipo ese quería que yo hiciera un mural, pero no pensaba darnos mucho crédito. Yo pensaba hacerlo con Jean Michel, pero entonces el mural habría valido más que todo el restaurante. El sitio era fantástico y estaba lleno, las luces eran rosas. La comida era buenísima. Servían unos aperitivos a base de verdura al vapor, tan grandes como cualquier plato del menú del Odeon. Era como la comida californiana.

Y allí estaba yo, con ese modelo rubio de ojos negros y penetrantes. El sabía mucho sobre «presencias». Las presencias aparecen cuando alguien entra en tu cuerpo. Tiene su lógica. Te pasa cuando tienes un trauma, estás enfermo o algo así, ¿sabes? Recuerdo que cuando era pequeño estuve muy enfermo y no me gustaba el colegio, me tenían que llevar a rastras. Y de repente, un día cambié. Me encantaba el colegio y todo. Quizá alguien entrase en mí… No tengo muy claró lo que son esas presencias. Espíritus. Ni tampoco sé de dónde vienen.

 

Lunes 3 de junio, 1985

Benjamin vino a recogerme y fuimos al West Side, a la consulta de la doctora Linda Li. Me dijo que el Fantastik era un veneno y que lo dejara (teléfono 2$). Decidí estar en la calle el mayor tiempo posible porque llevaba un par de días encerrado y hacía un día precioso. Fui al Bagel Nosh (10$) e hice cola para comerme unos huevos revueltos. El sitio era muy sucio, pero estaba bien, lo soporté. Paseé por la calle Cuarenta y seis, contemplé las vistas. Hice fotos de unas señoras borrachas que dormían en los bancos del parque y pensé que la vida era horrible. No sé para qué intento estar guapo. Si miras a la gente de cerca, te das cuenta de que tienen un aspecto horrible, animal.

Llegó la hora de ir a la inauguración de mi exposición Reigning Queens, en la esquina de West Broadway con Greene Street. La montaba George Mulder. Era a beneficio de algo holandés, y sólo duraba una noche. Vino a recogernos en el Bentley «la mujer» de Rupert, y la señora estaba irritada. Fuimos para allá y aparcamos junto a la limusina de Victor. Victor ha llegado a una especie de acuerdo con Halston. Creo que tuvo que firmar un papel en el que decía que nunca volvería a hablar de Halston. Pero bueno, ¿qué significa eso? Es feliz con ese fajo de billetes que ha conseguido, pero cuando se le acabe…

Creo que he tocado fondo. Con esta exposición me he hundido en la miseria. En el fondo de los abismos más insondables. Era como hacer una exposición en un apartamento de renta limitada. Había un espejo tapado con un papel. Y en la cocina estaban haciendo unos entremeses. Por todas partes había gente de la televisión holandesa. Todo era muy vulgar y chabacano. No estaba Fred. Ya se había ido, no quería verme, supongo que estaba traumatizado. Más tarde nos lo encontramos totalmente despistado, vagando por Christopher Street. Iba al Ballroom, a la fiesta benéfica que daba Scavullo, a beneficio de la iglesia del Greenwich Village. Nos lo encontramos por chiripa y le llevamos en coche.

Fuimos a lo de Scavullo y yo me senté. Pero entonces Cornelia se puso a chillar que había un desfile de moda y que yo tenía que ir. Alguien me cogió del brazo y me llevó al sótano. Allí estaban todas las modelos más famosas con las tetas al aire. Yo iba vestido de Stephen Sprouse. Cornelia y yo nos llevamos una gran ovación. Entre el público estaba Boy George y Marilyn y nos dijeron que fuéramos a cenar. Habían venido en limusina, pero yo cogí un taxi hasta el Mr. Chow’s (taxi 6$).

Estábamos Benjamin, Boy George, Marilyn, Cornelia y Couri Hay. Todos se comportaban como niños malcriados. Couri se puso a chillarle a Dianne Brill en medio del restaurante: «¡Ven aquí, chochito!». Eso es un sitio para gente normal. Alguien le dijo a Cornelia que, por favor, hablase más bajo, y ella le contestó: «¡Pareces un pato mareado!», o algo así. Fue horrible. Luego Marilyn vio a Mary Wilson sentada a una mesa y Benjamin casi se desmaya, porque es su cantante favorita. Mary vino a nuestra mesa y me dio las gracias por haber asistido a su concierto de reaparición hacía unos años (cena 400$).

Creo que a Boy George y a Marilyn les gusto porque pueden decirme cosas desagradables y, como yo soy tan lento para improvisar una respuesta, no les resulto peligroso.

 

Miércoles 5 de junio, 1985

Vino a recogerme Benjamin. Saqué a la calle todas las cosas afectadas por la polilla y me quedé traumatizado por lo que valían. Tanto la doctora Linda Li como el doctor Bernsohn me han dicho que la polilla es un veneno absoluto. Bernsohn me dijo que él no se acercaría a menos de diez metros de una polilla.

Le pedí al doctor Bernsohn ideas para pintar. Saqué a colación lo de las «presencias» y le dije que pensaba que igual alguien había entrado en mí cuando me dispararon, además de eso que me pasó cuando era pequeño. Pero, no sé por qué, esa teoría de las presencias no tiene mucho sentido para mí. El me explicó que si tu cuerpo está débil y enfermo nadie quiere entrar. Yo le dije: «Pero entonces la gente podría entrar siempre en ti». Todavía no lo entiendo muy bien.

Fui en taxi con Jon a la calle Treinta y dos, a ver Rambo. Jon va a estar dos días en Nueva York. La película era ridicula, era como Viernes 13, pero con explosiones.

Jueves 6 de junio, 1985

Fui a Macy’s para hacer de jurado en el concurso de dobles de Madonna. Esperaban que se presentaran unas 200, pero sólo había 100. Esas chicas se habían gastado una fortuna en ropa y bisutería. Acabó bastante pronto, a las 5:10, y eso que había empezado a las 4:30.

Fui al Radio City Music Hall a ver el concierto de Madonna (taxi 6$). Fue fantástico. Todo muy sencillo y muy sexy. Madonna es muy guapa. Ha adelgazado y está increíble. Al final fuimos al piso de abajo, donde daban una fiesta privada. Estaba al mismo nivel que el lavabo de señoras. Madonna bajó con Jean Michel. Supongo que él había ido a los camerinos. Ella estaba muy graciosa. Dijo que iba a ir al Palladium y quizá a la cena de Keith, y estuvo muy amable y simpática. Fuimos en coche hasta Iso, que está en la calle Once esquina con la Segunda. Luego llegó Madonna en una camioneta. La sentaron a mi lado y estuvo increíble. Le estuvieron haciendo bromas sobre sus pestañas postizas, diciéndole que eran más grandes que las de Louise Nevelson. Todo el mundo estaba excitado. Los camareros estaban en la planta baja. Ella dibujaba pollas en las bragas de Futura.

 

Lunes 10 de junio, 1985

La mañana empezó con un timbrazo de Crazy Matty en la puerta. Los vecinos ya están hartos de verle rondar por aquí. Cuando llegó Benjamin, salió a la calle a hablar con él, pero Matty es un hombre muy ocupado, su agenda está igual de cargada que la mía. A la 1:00, por ejemplo, tiene que ir al Carlyle a molestar a Warren Beatty. A las 3:00 tiene que amenazar por teléfono a Woody Allen, y a las 8:00 tiene que asistir a los Emmy y, desde detrás de la barrera policial, abuchear a Celeste Holm cuando salga. Le di 25 centavos para que llamara a Brigid a la oficina y me dejara en paz.

No sé qué mandarle a Leo para la exposición que está montando. Cualquier cosa que le mande se parecerá a lo que hacen esos jovencitos que están de moda, y que además pintan mejor que yo. Ya nadie querrá copiarme.

Jean Michel me ha contado que le ha llegado una factura de 100.000 dólares de gastos de su última estancia en Los Angeles, cuando estaba viviendo a lo grande. Se la ha mandado su agente, Gagosian.

 

Jueves 13 de junio, 1985

Cogí un taxi y el chófer se sabía toda mi vida. Me contó que acababa de ver Bad en vídeo, y que conocía toda la historia del edificio de la calle Treinta y tres. Me dijo: «Me ha arreglado la noche». Es un buen título para una canción [cantando:] «Te he arreglado la noche. Te he arreglado la noche». Tuve que darle una buena propina (7$).

 

Viernes 14 de junio, 1985

Por la mañana fui al edificio Seagram para hacer el vídeo sobre «Aprenda a pintar», porque los de los ordenadores Commodore quieren que lo presente. Supongo que aceptaré el trabajo. Tenía miedo de que me colocasen un foco y me pusieran a dibujar frente a 700 personas, pero no estuvo mal. El aparato cuesta 3.000 dólares, y es igual que el Apple, pero hace cien cosas más.

 

Miércoles 19 de junio, 1985

Por la mañana, Amos aún no estaba bien. El día anterior, cuando se puso a aullar, le había dado un poco de Valium pensando que le sentaría bien. Llamé a Jed para ver si él podía llevarle al veterinario, pero estaba fuera de la ciudad. Le llevé yo mismo (taxi 3$). No estaba el doctor Marder y nos recibió el doctor Greene. Luego llevé a Amos a casa y me fui a la consulta del doctor Bernsohn y fue muy interesante. Le dije que el cristal que había puesto en la cocina de la oficina para repeler las cucarachas no funcionaba y teníamos más cucarachas que nunca. Me dijo que llamaría al doctor Reese para comentárselo. A última hora de la tarde Bernsohn me llamó y me dijo que el cristal ya estaba reprogramado y ahora veremos qué pasa. El caso es que mientras estaba allí pasó una cosa muy interesante. Le dijo a Judy, su secretaria, que se subiera a la mesa como si fuese Amos. Le preguntó entonces qué era lo que tenía mal y ella dijo que tenía una vértebra rota en el lado izquierdo o en el derecho, y yo no se lo había contado. También dijo que un poco más abajo tenía algo así como una úlcera. Judy añadió que no quería seguir siendo un perro y que quería volver a ser humana. Bernsohn me dijo que le diera al perro consuelda para la úlcera.

En la oficina había una comida importante. Iban a venir los Moses, los de A&M Records. Yo le había hecho el retrato a ella. Su hijo está en plan decadente.

Jueves 20 de junio, 1985

Amos todavía no está bien. Le dejé correr por la casa, pero no sé si hice bien.

Me encontré con David Whitney y Michael Heizer y me dijeron que fuera con ellos al Whitney para ver lo que estaban haciendo. Fui y me puse muy celoso. La gente podía pasar por encima de las obras. Texturas serigrafiadas sobre grandes trozos de cartón. Era tan grande como una casa. Y piensan tirarlas cuando acabe la exposición. Era en forma de montaña.

Alguien me contó que mi viejo amigo Ted Carey, con quien me retrató Fairfield Porter —nos retrató a los dos juntos y pagamos a medias—, tiene lo que te imaginas.

Dejé de trabajar pronto (taxi 6$). Cuando llegué a casa llamó Paige, chillando histéricamente que la junta del edificio le había boicoteado la importante inauguración del artista mexicano Julio Galán que tenía esa noche en su casa. Eran los mismos que se habían enfadado tanto cuando montó la exposición de artistas negros del graffiti. Le dije que se diera prisa y buscara rápidamente otro sitio.

Cogí un taxi para ir a cenar al Indochine con Elizabeth Saltzman. Shawn Hausman tenía un coche precioso, años cincuenta, y después de cenar nos llevó al Area, donde había unos jovencitos haciendo una exhibición de skateboard. Parece peligrosísimo. Hacen unos arcos de 7 u 8 metros, con 4 metros de altura. Uno de los chicos se deslumbró con el foco y se cayó.

Estaba Wilfredo, que antes trabajaba para Armani y ahora trabaja para nosotros, y su hermano había venido a buscarle para llevárselo a Nueva Jersey. A Wilfredo le han echado del apartamento en el que vivía y ahora va todas las noches a su casa de Nueva Jersey. Como su madre es muy protectora, hace que su hermano vaya a recogerle todos los días, y el hermano está encantado porque así puede ir a todos los clubes que frecuenta Wilfredo. Luego fuimos al Palladium, nos llevó el hermano de Wilfredo. Estaba Cornelia con Philippe Junot. Me quedé cinco minutos y me fui a casa (taxi 6$).

 

Viernes 21 de junio, 1985

Ayer le pegué una buena bronca a Brigid porque tiró a la basura una obra de arte bastante valiosa. Era un garabato que Michael Viner quería incluir en un cuadro para su mujer, Deborah Raffin.

Organizamos una comida para la gente de Krizia. Paige ya se había recobrado totalmente de la noche anterior. Se había tenido que pasar cuatro horas de pie delante del edificio diciéndole a la gente que se había anulado la exposición. Alguien que estuvo allí me contó que cada vez que lo decía se echaba a llorar. Le pregunté cómo se había recuperado tan rápidamente y me dijo que era parte de su trabajo. Eso estuvo muy bien. Le dije que debía invertir el dinero que ganaba con las comisiones de publicidad en un loft y montar cuatro o cinco exposiciones al año.

Decidí ir a la boda de Whitney Tower, que era a las 5:00 en St. Bart. Fred era uno de los testigos (taxi 3,50$).

La novia estaba muy guapa. Yo estaba sentado al lado de Charles Evans. Nick Love, de Los Angeles, leyó un párrafo de la Biblia muy bonito. Tiene ese estilo de los actores años treinta que seguro que se va a poner de moda entre los actores de ahora. No me invitaron a la recepción. Llevaba zapatillas de tenis y fui andando con Joan Quinn hacia la parte alta.

Llamé a Jean Michel, pero no me llamó. Supongo que intenta romper poco a poco. Antes me llamaba estuviera donde estuviese.

 

Sábado 22 de junio, 1985

Me puse el smoking para ir a la fiesta de cumpleaños de Roy Cohn. Llamé a PH para decirle que salía inmediatamente a recogerla, pero me encontré una nota de Matty en la puerta. Decidí esperar cinco minutos, luego miré por la ventana y, al ver que no había nadie, salí a toda mecha hacia Park y cogí un taxi. Recogí a PH. Fuimos al Palladium (taxi 5,50$). Estábamos sentados a una mesa con Vera Swift, Philippe Junot, Jacque-line Stone, una princesa austríaca, Kimberly —la hija de Vera—, y un hombre y dos mujeres a los que no conocía. Saludé a Barbara Walters, que había anunciado su compromiso hacía unas semanas y estaba muy bien.

Todo el mundo comentaba que Roy parecía enfermo y que se estaba muriendo. La semana pasada Steve Rubell me contó que Roy tenía cáncer, pero que le estaba remitiendo, que no era SIDA, sino un cáncer normal. Pero no tenía muy buen aspecto.

Jacqueline Stone seguía como siempre, preocupada por su hijo Oliver, que ahora está en El Salvador dirigiendo una película escrita por él mismo. Nadie sabía nada de él desde hacía una semana. Después me acordé de que Boaz Mazor, el protagonista de la primera película de Oliver Stone, me contó que la madre de Oliver es la típica mamá de actor, que siempre está en el escenario pasándole poppers a su hijo para ayudarle a actuar.

Después de cenar empezaron los discursos de los políticos. Stanley Friedman, del Bronx, habló del Líbano y de los secuestrados del vuelo 847, y dijo que aun en una cena tan agradable como esa del Palladiun no debíamos olvidar los puntos conflictivos del mundo, como Afganistán o Nicaragua.

Durante los discursos, Philippe Junot se pasó todo el rato dormitando. Pero cuando alguien del escenario presentó a un «Donald Trump de veintinueve años», Philippe levantó la cabeza y dijo: «¡Donald no tiene veintinueve años!». El último orador fue el propio Roy, y antes de que empezara salieron dos grandes paneles llenos de monitores de televisión pasando las típicas imágenes de Roy en los cincuenta pronunciando discursos anticomunistas. Fue muy emocionante, lo mejor. Sacaron un inmenso pastel y por los altavoces resonó el disco de Kate Smith cantando «God Bless America» y apareció «la bandera» a la que todos se habían referido en su discurso. En realidad, estaba hecha de banderitas rojas, blancas y azules. De plástico. Estuve hablando con Richard Turley y con la señora que se inventó lo de los Weight Watchers. Empezó a sonar la música de baile y todo el mundo se levantó. Entonces ya habían dejado entrar a toda la gente joven y todos miraban hacia las mesas de la cena desde el piso de arriba.

 

Miércoles 26 de junio, 1985

Fui al Whitney a ver la exposición de Michael Heizer, porque no me habían invitado a la cena de inauguración del día anterior. Me extrañó porque los que organizaron la cena y la lista de invitados eran David Whitney y Michael Heizer, que son buenos amigos míos, y sin embargo no estaba incluido. David estuvo un poco distante. Bueno, ese tío dice que quiere casarse conmigo cuando Philip Johnson se vaya al otro barrio y luego ni siquiera me invita a cenar. Llevaba la corbata de Stephen Sprouse que yo le había regalado. Tom Armstrong ya nunca me invita a nada porque ahora que los del Whitney ya han conseguido mis viejas películas, ya no tiene que hacerme la pelota (teléfono 4$, taxi 5,50$).

 

Jueves 27 de junio, 1985

Stuart Pivar compra cosas de bronce para Stallone. Ahora no sabe qué hacer porque vio un original en una subasta y era más barato que la copia que él había comprado para Stallone (risas.) No sabe qué hacer y le preocupa que se entere Stallone. La novia de Stuart, Barbara Guggenheim, estaba en Los Angeles intentando colocarle obras de arte a Stallone. Lo acaparaba horas y horas, y entre tanto PH quería verle veinte minutos para la entrevista de portada de nuestro número dedicado al cine.

Ah, se me olvidó contar que en la calle Cuarenta y cinco me encontré a una señora que me dijo que su padre había traído al mundo a Ted Carey y a su hermano. Me preguntó cómo estaba él y no me atreví a decirle que tenía el SIDA.

 

Viernes 28 de junio, 1985

Sonó el timbre de la puerta. Había empezado a llover y Benjamin vino a buscarme. Pero Matty me estaba esperando fuera. Le di un dólar y le dije (risas) que llamase a Warren Beatty. Está muy delgado. Le regalamos un Interview y nos siguió hasta Versace. Lo leyó fuera mientras nos esperaba, pero se concentró tanto en la lectura que pudimos darle esquinazo sin que nos viera. No sabíamos que nos estaría esperando en la calle Treinta y tres cuando llegamos a la oficina. Benjamin intentó hacerle razonar y ahora Matty está considerando la posibilidad de dejarme el fin de semana libre.

Llamó Cornelia e intentó contarme un «secreto», pero le dije que no se molestara, que era evidente que estaba saliendo con Philippe Junot. Todas esas chicas quieren ver de cerca al tipo al que se rindió Carolina.

 

Sábado 29 de junio, 1985

A Bianca la atropelló un coche en East Hampton cuando intentaba aprender a montar en bici. La atropellaron Gold y Fisdale, ese dúo de ex pianistas que ahora escriben sobre cocina. Steve Rubell dice que Bianca les pedirá una gran indemnización.

 

Domingo 30 de junio, 1985

Era el día del Desfile Gay. Cogí un taxi y el chófer era la típica mariquita alegre. Me dijo: «Hola, ¿vas al desfile?», y yo le dije: «.¿Qué desfile?». Cambió de tema y se puso a hablar del tiempo (taxi 5$). Las noticias decían que habían liberado a los rehenes del Vuelo 847 de la TWA, luego dijeron que no y por fin que sí.

Me llamó Stephen Sprouse y quedamos. Le dije que le recogería a las 9:00 para ir a cenar al Odeon (taxi 7$). Estaba medio vacío (cena 70$). Fuimos andando al Area. Me acordé de que en el Palladium daban una fiesta por el Día Gay. Fuimos andando para allá. Vimos algunos polis en las cuadras donde guardan los caballos, en Varick Street. Venían del desfile muertos de risa. Uno de ellos llevaba la porra fuera de la funda y se reían de sus experiencias del día. Un poli muy mono me saludó (taxi 7$).

Martes 2 de julio, 1985

Venían a comer a la oficina Emanon, el «rapper» de catorce años, y la pequeña Latosha. Emanon es muy mono, de verdad. Creo que además de hacer «rap» debería cantar normal. Y Latosha canta con Ella Fitzgerald. Me gustaría adoptar a esos niñitos negros.

Me llamó Keith, que quería saber si nuestra cita para el cumpleaños de Jerry Hall estaba aún en pie. Me dijo que me recogería a las 9:00. Trabajé hasta las 8:00. Keith vino a recogerme con zapatos de charol rojo, y nos fuimos al Mr. Chow’s (taxi 9$). Mr. Chow está fastidiado porque tiene que seguir las normas del sindicato cuando, según dijo, lo que necesita es precisamente este tipo de camareros jóvenes y atractivos que sólo se encuentran en la calle. Yo me tomé una copa de champagne. Estaba Jed con Alan Wanzenberg. Me di cuenta de que en las fiestas de cumpleaños de Jerry cada año hay más políticos. Antes iban modelos femeninas y sus novios, pero ahora sólo van peces gordos y nada de modelos.

 

Jueves 4 de julio, 1985

Me quedé en casa durante el día porque el perro estaba enfermo. Vi algunas series de televisión y eran buenísimas, chicos muy apuestos y chicas muy guapas, y sabían besarse.

El yate de Forbes estaba amarrado en el East River, junto a la calle Treinta, y no en el río Hudson, como yo pensaba. Cuando Stephen Sprouse, Cornelia y yo llegamos allí, alguna gente de la autopista empezó a gritar mi nombre. Eso me distrajo y no hice fotos.

Peter Brant estaba en el yate. Me contó que había intentado comprar Voice, pero perdió la oportunidad porque Leonard Stern pagó 55 millones de dólares y él sólo ofrecía 51.

También estaba Anne Bass, con Sid, su marido, y los niños. No dije nada de los niños y tendría que haber sido más simpático. Para comer me senté con Mick y Jerry. Vi los fuegos artificiales y era como si salieran del yate. Estaba «Suzy» con su hijo, yo no sabía que tuviera un hijo. Luego el yate se puso en marcha, pasamos junto al extremo de Manhattan y nos dirigimos a los muelles de la calle Veintitrés, que dan al río Hudson y que es donde está atracado normalmente. Ibamos a unas 14 millas por hora.

Cornelia sigue saliendo con Philippe Junot. Mrs. Vreeland está enfadada con ella por desperdiciar así su vida, y tiene razón, pero ella dice que no quiere casarse, que sólo quiere pasárselo bien.

Cuando llegué a casa, llamó Stephen y me dijo: «Gracias por un rato tan agradable». Durante unos segundos yo no supe (risas) quién era.

 

Sábado 6 de julio, 1985

Me levanté pensando ir a trabajar, pero luego decidí quedarme en casa leyendo. Intenté leer el libro de Dominick Dunne, The Two Mrs. Grenvilles, pero es muy aburrido porque ni es ficción ni es realidad. Me puse a leer el ejemplar de Savage Grace que me había dedicado Steve Aronson. Trata de la mujer Bakelite y de su guapo hijo maricón, que la mató. Y sale gente real de sociedad hablando, y hay unas cartas fascinantes del padre. Supongo que alguien hará una película sobre ese libro porque sale una gente muy glamourosa y la historia está muy bien. Madres que quieren que sus hijos sean maricones y se acuestan con ellos.

Le dije a Stephen que quedásemos en casa de Diana Vreeland a las 7:30 en punto. Hubo una gran tormenta, pero paró a las 7:40 y fui andando. Stephen Sprouse ya había llegado y fue muy amable. Le llevó varios vestidos a Mrs. Vreeland. Yo tenía el magnetofón encendido y ella se me acercó y me dijo: «¿Qué es eso?», y yo (risas) le dije: «Una cámara», porque pensaba que ella no veía nada. Ella me contestó: «No es verdad». Le dije que haríamos como en los viejos tiempos y volveríamos a grabar y aceptó. Me dijo que, mientras dormía, siempre tenía a una chica sentada en su habitación. Me pareció muy extraño que eso le gustase. Supongo que estará enferma… Se bebió cuatro vodkas y se fumó quince cigarrillos.

Me dijo que André Leon Talley iba a ir al día siguiente para leer el libro de los Rothschild. No recuerda los nombres, nunca ha podido. Lo más divertido que me contó fue que alguien que trabaja para ella encontró su certificado de nacimiento y que era del 29 de agosto y no del 29 de septiembre. Ella siempre había celebrado su cumpleaños el 29 de septiembre porque era cuando sus padres le habían dicho que había nacido. O sea que ahora se ha enterado de que es Leo.

 

Lunes 8 de julio, 1985

Se me olvidó contar que el fin de semana vi en la televisión un episodio de Naked City, de los sesenta, en la que actuaban Sylvia Miles y Dennis Hopper. Yo conocí a Dennis durante el rodaje de ese episodio. Henry Geldzahler me llevó a la calle Ciento veintiocho, en el East Side, donde lo estaban rodando. Supongo que Sylvia debía de estar allí también, pero yo en aquella época no la conocía. Ya entonces hacía el papel de puta vieja.

Fred acaba de volver de Los Angeles y a lo mejor compramos el edificio que está al lado de Doheny and Melrose como oficina para Interview. En realidad, es una casa, pero está en zona de oficinas. Cuesta entre medio millón y un millón. Al principio me dijo que no había que hacer ninguna obra, pero ahora me ha dicho que necesitaba aire acondicionado e instalación eléctrica.

El doctor Bernsohn me contó que Jon se va al Tíbet con el doctor Reese. Supongo que por motivos de salud y para documentarse para sus guiones sobre los cristales, no sé. Ya no está nunca en Nueva York. Trabaja en Los Angeles todo el tiempo. Supongo que encontraré a alguien mejor para trabajar en proyectos de películas. Supongo que fue por eso por lo que me impliqué tanto con él…

Bueno, el caso es que el doctor Bernsohn había estado en Sedona, Atizona, y que se había curado de lo de la espalda. Yo no sabía que tuviera mal la espalda. Sedona es uno de los tres sitios clave. Los otros dos son las pirámides y el triángulo de las Bermudas.

Fui a la oficina y estuve mirando el número de Interview de septiembre, que está dedicado al cine. No me gustaba el tipo de letra caligráfica y coloreada que encabezaba cada sección. Creo que tendrían que haber puesto una tipografía un poco más moderna y no ésa tan cursi. Y las fotos de Stallone que le hizo Herb Ritts no se distinguen en nada de las fotos fijas de la película, no tienen nada de particular, porque Stallone está como siempre, con sus calzones de boxeo. ¿Por qué Ritts no le puso un pañuelo en una mano o algo así, para diferenciar nuestra foto y que no pareciera sacada de Rocky IV?

La otra noche conocí a un tipo de la Paramount llamado Michael Bessman. Supongo que tiene el puesto que todo el mundo quiere, es el jefe de proyectos. Ese debía de ser el puesto que quería Jon, pero no sé si Jon lo habría hecho bien. No le gustaba ninguno de mis proyectos. Pero ahora quiere dedicarse a la producción. Y me temo que mis ideas aparezcan ahora como proyectos suyos. Como lo del «Music Hotel», lo que estaba haciendo con Maura Moynihan. Cuando sale una película, Jon siempre cree que la idea era suya, como le pasó con Footloose. El conocía a Dean Pitchford, el amigo de Peter Allen, y recordó que una vez todos ellos estuvieron hablando en una fiesta. Y cuando Dean Pitchford hizo la película, Jon siempre consideró que le habían copiado la idea. Pero esas cosas siempre están en la atmósfera y lo que cuenta es quién lo hace.

Me dijeron que Cosima von Bulow había cancelado su sesión de fotos con Interview porque se había quedado tomando el sol. Pero si vive en Newport, ¿es que no sabe lo que pasa con el sol?

Mandé a Benjamin con un encargo muy sencillo y la broma me salió por 1.000 dólares. Le di 2.000 para que comprase la escultura grande de La Ultima Cena porque habíamos conseguido que un tipo nos la rebajara de 5.000 dólares a 2.000. Fue allí y ya no estaba. Producen esa escultura en tamaño pequeño, mediano y grande. En otra tienda habíamos conseguido que nos rebajaran la mediana de 2.500 a 1.000. Pero a Benjamin se la había olvidado que nos la habían rebajado y la compró por 2.000. ¡Se le olvidó! Era el tamaño que yo quería, pero pagó por la mediana lo que teníamos que pagar por la grande. No está muy dotado para los números, 1.000 dólares es mucho dinero. No podía creérmelo, después de lo que me costó regatear.

Fui al Marylou’s, en la calle Nueve, a una cena de modelos (taxi 5$). Estaba Joey Hunter. Todos los modelos masculinos estaban en una esquina de la mesa, desesperados por no tener novias. Y las modelos femeninas, en otro extremo de la mesa, se quejaban de que no tenían novio.

 

Miércoles 10 de julio, 1985

He rehecho el retrato de esa señora de Boston y quedamos en comer con ellos para que lo vean. He aprendido una lección: nunca debo enseñar un retrato si sé que no está bien. La primera vez sabía que le había hecho cara de caballo y aun así se lo enseñé. Y la mujer es guapa, pero es de ese tipo que queda mal en las fotos. Todos los relieves salen donde no tienen que estar. Por ejemplo, el arco de su nariz sale fatal en las fotos y en la realidad tiene una nariz perfecta. Pero esta vez les encantaron los retratos y me compraron tres.

Jean Michel vino a la oficina e hizo una obra maestra en el piso de arriba. Quiere terminar el trabajo antes de irse. Hizo que Jay le ayudara rellenando color en el cuadro, y yo también voy a utilizarle antes de que vuelva a irse de viaje. Jean Michel quería contratar a Jay, pero Jay no quiere trabajar para él.

 

Sábado 13 de julio, 1985

Vi en la tele lo de Live Aid. Los de la oficina de Bobby Zarem me estuvieron llamando, querían que fuera. Pero cuando estás con tantos famosos nunca consigues mucha publicidad. Por la noche, Jack Nicholson presentó a Bob Dylan y lo calificó de «trascendental». Para mí, Dylan nunca ha sido real, yo creo que imita a la gente real y que las anfetaminas le daban algo mágico. Con las anfetaminas lograba que las palabras le salieran y sonaran bien. Pero él nunca ha sentido nada, yo nunca me he comprado un disco suyo (risas.)

Alguien me dio una copia del vídeo porno de Leo Ford. Lo puse al acostarme. Allí estaba él masajeándose esa salchicha fláccida, había otro tipo haciendo lo mismo con su propio colgajo. Me quedé dormido y cuando me desperté (risas) aún seguían haciendo lo mismo.

 

Lunes 15 de julio, 1985

Vi a la doctora Li y me lo pasé muy bien. Ibamos a ir al East Side, pero hacía tal bochorno que nos fuimos al centro. Se presentó en la oficina una chica con la misma pinta que Edie, pero le dije que no podía hacer nada por ella. Supongo que quería que la agasajara y le cambiara la vida, pero…

Vino Gael, que ha adelgazado. Le dije que tenía que empezar a salir en programas de televisión a promocionar Interview para darle más glamour a la revista.

Tina Chow salió a comprarse su cristal. El cristal de la cocina de la oficina sigue sin funcionar, no repele las cucarachas. Vincent dice que las cucarachas corren alrededor del horno, por debajo del cristal. Se lo voy a llevar a Bernhson otra vez.

 

Jueves 16 de julio, 1985

Fui en taxi a reunirme con Ric Ocasek, de los Cars, que hace un álbum en solitario. Ibamos a grabarle para nuestro programa piloto de la MTV Andy Warhol’s Fifteen Minutes (taxi 6$).

Hubo una gran tormenta, con granizo y todo. Fue muy emocionante. Tuvimos que poner cubos por todas partes, debajo de las goteras. Trabajé con Rupert hasta las 8:00.

Fui a cenar con Susan Mulcahy, de Page Six del Post. Y fíjate, el otro día, al verla, me di cuenta de que se había endurecido. Sigue siendo amable y eso, pero el trabajo la ha colocado en una posición de poder y eso da un poco de miedo. Tiene que llenar la página y veo que le está pasando lo que a Bob cuando se pone agresivo y duro. Se comporta como un hombre y empieza a aceptar la idea de que es guapa.

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