Diarios. Edición de Pat Hackett
Diarios
Este capítulo es largo, así que está dividido en 49 partes.
Sábado 24 de enero, 1987. Milán-Nueva York
Me desperté en Milán. No había podido dormir en toda la noche por culpa de las pastillas que me había comprado Daniela, que sólo me resecaron la boca. El supositorio tampoco me hizo nada. De todas formas, la fiebre se me había ido, debía de ser una de esas gripes de veinticuatro horas. Había tomado vitamina C e incluso aspirina. Christopher me trajo sopa y un poco de pan. Pero esas pastillas me dejaron allí clavado toda la noche y tampoco pude ir a ningún sitio. Odio a Daniela por haberme pegado la gripe y por comprarme esas pastillas. Pero también había tomado Valium como un loco y no me pasó nada. Por la mañana estaba bien. Dejamos el hotel (conserje 50$, porteros 25$, equipaje 10$, chófer 100$, revistas 20$). Llegamos al aeropuerto sin problemas.
Y en el avión vi que salía en el International Herald Tribune, y ni siquiera me molesté en recortar el artículo. Me dio igual. O sea que había llegado a ese punto. Quizá fuese porque me encontraba muy mal, pero tampoco eso me importaba. Chris me dijo que esa señora de Milán que fue tan simpática, amable y glamourosa mientras me entrevistaba había escrito unas cosas horribles sobre mí.
Llegamos a Nueva York y había un chófer esperándonos (taxi 7$). No le pedí recibo, no me encontraba muy bien.
Domingo 25 de enero, 1987
Paige fue muy simpática, muy amable. Me trajo sopa, pan y postre del Café Condotti. Hace verdaderos esfuerzos y tiene mucha energía, es como Chris, sólo que Chris lo hace por sí mismo y Paige lo hace por otra gente. Ya entiendo por qué se enfada tanto cuando pasa algo, porque ella da mucho a los demás.
En Filipinas, Mrs. Aquino está en plan grandioso, sonriendo a todo el mundo…
Sus guardias mataron a trece personas en el palacio. ¿Por qué no dispararon al aire o utilizaron gases lacrimógenos? Te hace pensar que los propios comunistas se cargaron a otros comunistas para agitar. O algo así.
Era el domingo de la Superbowl, y viendo a toda esa gente en las gradas te das cuenta de que los partidos de fútbol son los mejores sitios para conocer machos. Si Paige quiere conocer hombres y casarse debería ir a los partidos de fútbol y no al ballet. O ir a las boleras de Brooklyn, porque Manhattan es demasiado sofisticado.
Habían dejado unas entradas para mí en el Joyce Theater, donde Robert LaFosse actuaba como artista invitado en el ballet de Karole Armitage. Es ese en el que su novio, David Salle, había hecho el vestuario y era el director artístico. Paige había montado una cena en el Indochine con los del New York City Ballet, para hablar del telón que quieren que diseñe. Había quedado a las 9:45 o a las 10:00.
El teléfono empezó a sonar y yo tenía el estómago hecho un asco. No tenía que haberme comido el postre que me trajo Paige. Kenny Scharf me había estado llamando para convencerme de que comprase una propiedad en Brasil y yo había estado a punto de mandarle un cheque. Pero luego Fred, en Europa, me pegó la bronca. Me demostró que eran ventas de mercado negro y que tú no tenías ningún tipo de contrato que demostrara que eras el dueño. Pero era baratísimo. Paige quería ir allí conmigo, se va a ir una semana para verlo con sus propios ojos. Tienes tu propio cocotero (risas) incluido. Dicen que hay muchos asesinatos y que te pueden quitar las tierras, pero oye, es tan barato…
Stuart y yo fuimos a Sotheby’s, estaba lleno. Había una exposición sobre Norteamérica. Estaba Jamie Wyeth, sin Phyllis. Parece mayor, ha perdido su encanto juvenil, ha envejecido. Me sentí peor y entré en una farmacia a comprarme Maalox.
Llamó Peter Wise. Yo sabía que llamaría porque me he enterado de que quiere trabajar con Stuart Pivar. Pero desde aquella vez que no me creyó con lo de Kent Klineman, pienso que es estúpido. ¿Lo he contado en el Diario? Lo de la gran pelea que tuve con Peter. Eramos amigos desde hacía seis años, de repente le cuento algo como cierto y me dice: «Pero eso no es lo que dice Kent.» Yo le contesté: «Bueno, si yo te digo que es así, aunque no te lo creas, debes creerme porque somos amigos». Le dije que si no me creía, que le preguntara a Fred. El le preguntó y vio que yo tenía razón, pero no me había creído por mí mismo y eso hizo que me enfadara, me pareció horrible. Ayer, cuando llamó, no salí con él para hablar de que quiere trabajar con Stuart, aunque yo sé que eso era lo que quería.
He contratado a Ken, el amigo de Chris, para que venga a recogerme por las mañanas. Será mi nuevo guardaespaldas. Es un chico alto, guapo y rubio. Es de Florida.
Fui al Joyce Theater. Habíamos quedado con Tama, que acababa de llegar de Princeton (entradas 40$). La producción era una mierda, pero Robert LaFosse es muy profesional.
Después del ballet no me apetecía ir a cenar al Indochine. Me acerqué a un puesto de frutas, me compré una piña, plátanos y manzanas y me fui a casa. El chófer me pidió un autógrafo y tuve que darle una buena propina (taxi 9$). Me hice unos zumos con todo lo que había comprado y tardé tanto exprimiendo y limpiándolo todo que podía haber ido a la cena. Me tomé una pastilla y dormí toda la noche. Me levanté a las 6:00.
Lunes 26 de enero, 1987
Ken vino a recogerme, pero hacía demasiado frío para repartir Interviews y no cogimos ninguno (revistas 6$). Fui al West Side a ver a la doctora Li (taxi 4$).
Hemos sacado la portada de Charlie Sheen en el momento justo. Platoon es el acontecimiento del momento. Ahora Interview es dos centímetros y medio más pequeña, me lo ha dicho Gael. Con las nuevas tarifas postales nos ahorraremos 20.000 dólares al mes. Que la revista sea grande no significa nada, no sé si sirve de mucho.
Paige me dijo que teníamos cenas importantes de publicidad el miércoles y el jueves, y Nikki Haskell llamó para invitarme a dos fiestas en el Tunnel esas mismas noches. Yo no entiendo muy bien esas cenas de publicidad, tienes que dar una noche de tu vida a cambio de un solo anuncio. Aunque, por otro lado, conoces a la gente y a veces puedes hacer otros negocios con ellos.
Llamó Nick Rhodes porque quería que fuésemos a cenar. Fui en taxi a Il Cantinori (5$). Cuando Pino no cocina, la comida es horrorosa. Estaban también Elizabeth Saltzman y su nuevo novio, ¡Glenn Dubin! Era raro verle con ella. Supongo que, después de todo, se ha hecho rico. Cuando iba con Bianca yo no lo tenía claro. Hablan venido a ver la Superbowl en avión privado. Estaban en el Beverly Hills y se iban al día siguiente. Llegaron Simon Le Bon y Nick Rhodes (cena 240$).
Ah, estuve hablando por teléfono con Glenn O’Brien y comentamos que parecía que los sesenta volvían a ponerse de moda. Está escribiendo un artículo sobre eso para Elle. Estuvo muy gracioso.
Llegué a casa a las 12:00 y sonó el teléfono. Era Billy Name. No sé si he contado que me ha estado llamando. Vive en Poughkeepsie, organiza reuniones tipo sesenta, tiene algo así como tres trabajos, es ayudante del sheriff y todo. Estuvimos charlando en plan: «Ya sabes cuánto te quiero, querido». Comentamos cómo estaba subiendo Gerard, y hablamos de Ingrid Superstar, y me dijo que tendrían que venir a buscarme para ir a casa de Stephen Shore, que ahora trabaja en el Bard College, y cosas así. Pero voy a tener que decirle a Billy que no soporto hablar del pasado.
Entré en casa sin mirar dónde pisaba y mientras hablaba con Billy me di cuenta de que tenía los zapatos llenos de caca de perro.
Martes 27 de enero, 1987
Manson salió en el Today Show y explicó por qué había matado a tan poca gente, porque podría haber matado a muchos más. Se gastan un montón de dinero manteniéndolo vivo cuando tendrían que cargárselo.
Michelle Loud ha vuelto de vacaciones y trabaja encuadernando las fotos porno que he hecho últimamente. Pero tuve que llamar a la oficina para que las escondiese porque hay unos chicos nuevos. Trabajan en Interview, no les conozco muy bien y podrían denunciarme a la policía. Volvería a pasar lo que en los sesenta, estoy seguro de que si quieren, todavía pueden detenerte por hacer fotos pomo.
Miércoles 28 de enero, 1987
Howard Read me contó que Victor Bockris le había entrevistado para el libro que está haciendo sobre mí. Me sorprende que Howard pueda concederle una entrevista porque no sabe nada sobre mí.
He conocido a un chico llamado Cal y es muy mono, pero le faltan la mitad de los dientes. Es mensajero y los mensajeros en bicicleta son los que van mejor vestidos. Supongo que ya han estrenado la película de Kevin Bacon sobre un mensajero en bicicleta, pero no creo que nadie haya sacado todavía un reportaje fotográfico sobre ellos. A éste le ha atropellado un autobús un par de veces.
Jueves 29 de enero, 1987
A las 9:30 de la mañana tuve que salir corriendo de casa porque le había prometido a Phoebe Cates que estaría en el Hard Rock Café para asistir a un acto de la Covenant House, a beneficio de los niños abandonados. Fui con Ken. Es muy simpático, pero muy lento. Para ir andando es mejor que Tony porque encuentra gente de buena pinta para darles Interviews. Estaba Mathilda Cuomo.
Después fui a casa de Chris Makos a fotografiar más desnudos (4$, sueldo modelos 300$). Estuve desde la 1:00 a las 3:00 y, entretanto, oí que Chris hablaba con Paige. Me puse y le dije que quizá los de La Vie en Rose quisieran anunciarse, y ella me chilló, diciéndome que no me había presentado a una importante comida de publicidad. Era como tener una esposa gruñona. Luego me acusó de estar en casa de Chris para hacer fotos pomos masculinas, y era verdad, pero ¡era un trabajo! Yo sólo intento trabajar y ganar más dinero. En la oficina hay un montón de bocas hambrientas que alimentar y tengo un negocio que cuidar. Las fotos pomos son para una exposición. Son trabajo.
Sábado 31 de enero, 1987
Paige había montado una cena de publicidad en el Caffe Roma. Trabajé hasta las 8:00 (taxi 7$). Heather Watts quería conocer al chico más pobre de Nueva York porque se pasa demasiado tiempo con Anne Bass. Stephen Sprouse le llevó un mensajero muy mono que tenía un tatuaje de veinticinco centímetros. Nos juntaron dos mesas en la parte de delante y había un tío en la barra con pinta de mafioso que dijo algo sobre el peinado punk de Stephen. Stephen se asustó tanto que se marchó. Paige se acercó al tío y le empezó a poner verde y casi consigue pasar a la historia. Era un tipo grasiento, un toro de 1,90, enorme. Peter Martins se sintió obligado a defender a Paige y Jock Soto también se levantó. Lo único que se me ocurrió pensar fue que ese matón mañoso de la barra se iba a cargar a toda la compañía del New York City Ballet. Todo eran cosas como «cabrón». A Heather le encantó.
Peter se portó como un hombre y defendió a Paige, pero cuando se fue el matón, se quedó tan aliviado que se recostó en su silla y le dijo: «Paige, no pienso volver a salir contigo. Provocas demasiados problemas».
Wilfredo me acompañó a casa y me metí en la cama (taxi 6,50$).
Lunes 2 de febrero, 1987
Ken vino a recogerme. El amigo de Stuart, Christopher O’Riley, el pianista, recibió muy buenas críticas en un artículo del New York Times sobre virtuosos.
Liberace se ha muerto. El año pasado, cuando vino a la oficina, parecía muy saludable, ¿o no?
Llamé a Nell para pedirle que presentara nuestro programa de televisión de esa semana. Me dijo que estaba hablando con Australia por la otra línea y que me llamaría más tarde, pero no me llamó y fue un poco raro.
Llamaron un par de personas y dijeron que preparaban una biografía sobre mí. Fred les dijo que no nos interesaba nada, pero dijeron que lo harían de todas formas.
Estuve trabajando y luego vinieron a buscarme para la cena de etiqueta que daba Rado Watches en el Saint. Había un montaje con mis cuadros y cantó Sarah Vaughn. Todo el mundo parecía un tanto aprensivo a la hora de comer. El Saint tiene fama de gay porque antes era una discoteca gay. El sitio estaba muy oscuro y servían la comida en platos negros.
Sarah Vaughn cantó muy bien, fue formidable. Es gorda y sudaba, pero tiene muy buena voz. Luego quisieron que fuéramos a su camerino y tuvimos que pasar por todas esas habitaciones donde antes había aquellas orgías de sexo. No nos atrevíamos ni a respirar. Le dijimos a Sarah que había estado magnífica, pero ella sólo pensaba en una copa. Le dijo a alguien: «Sírveme un brandy», o algo así. En abril actuará en el Blue Note.
Nos entró hambre y Paige, Wilfredo y yo nos fuimos a la puerta de al lado, un sitio de la Segunda Avenida llamado el «103». Allí es donde tendríamos que llevar a cenar a la gente. Pagamos 11 dólares por tres tés, una Coca-Cola, un plato de chiles y dos sandwiches. Quizá se equivocaran. Dejé una buena propina (20$), y cogimos a un par de camareros para que Wilfredo los utilizase como modelos en las fotos que hace en Atlantic City para Interview.
Martes 3 de febrero, 1987
Ken vino a recogerme y está muy bien, porque como es grande y fuerte puede llevar todos los Interviews. Hacía un día precioso, daba pereza ir a trabajar y nos fuimos a comer (15$, teléfono 2$, periódicos 2$, taxi 7,50$). No me encontré a nadie.
Por fin me llamó Nell y cuando le pregunté si quería hacer lo de televisión, me dijo que tenía que consultarlo con sus partners. Creo que sólo quería pensárselo. Me da la sensación de que es como Ann Magnuson y por eso no ha triunfado. Quiero decir, en el mundo del espectáculo. Las dos son iguales. En el último momento se ponen raras y no quieren «implicarse», pero tampoco están haciendo ninguna otra cosa. Necesitan más rodaje.
Miércoles 4 de febrero, 1987
En el Post salía una foto de Ingrid Superstar y un gran artículo: «Una estrella de Warhol se desvanece». Creí que ella estaría en la reunión que estaba montando Billy Name. Me pregunto si Gerard contó eso en los periódicos para hacerse publicidad. Brigid no me dijo que habían llamado para contármelo. Yo me habría preocupado de que Ingrid hubiera desaparecido. Me llamaron los de la revista People porque estaban escribiendo un artículo sobre Ivy Nicholson y querían que yo hiciera una declaración. Y por ella le dije a Brigid que les dijera a los de People que «no sabíamos nada de ella», pero lo hice sólo porque era Ivy-Ingrid. Me apuesto lo que quieras a que le ha pasado algo. Decían que había salido a comprar tabaco y que no había vuelto. Esto pasó en el norte del estado de Nueva York. Los de People decían que Ivy estaba preparando su «regreso» y yo me pregunto cómo. ¿Podría seguir haciendo de modelo? No quiero ni pensar en el aspecto que tendrá.
Alba Clemente vino a que le hiciera una foto para su retrato. Es muy guapa, la fotografié desnuda.
Andre Balazs me invitó a la proyección que hacían los de Details de La viuda negra, Debra Winger y Teresa Russell. Fui en taxi (5$) a la esquina de la Cincuenta y ocho con la Tercera. La película no valía nada, era de lesbianas. Lo único que me preocupó era si el broche que la viuda negra recibía como regalo de bodas era de verdad o era bisutería. Miré a PH, que estaba al otro lado del patio de butacas, y ella se estaba preguntando lo mismo que yo.
Jueves 5 de febrero, 1987
Fuimos al E.A.T. y nuestra dependienta favorita nos puso comida de más (propina 15$). Me lo comí todo y fue un error (teléfono 0,50$, periódico 1$, taxi 5$).
En la oficina Sam estaba comiendo patatas fritas con sal y vinagre, y yo comí muchas porque era algo fuera de lo común. Vincent estaba haciendo el programa de televisión y no habíamos conseguido a ninguna famosa para que hiciera de presentadora, así que utilizamos a una modelo muy mona. Pero cuando rodábamos mis escenas con ella, me senté en una posición rara, me hice daño y ya no se me quitó el dolor.
Paige estaba en casa, enferma, y yo tenía la noche libre, sin cenas de publicidad. Sam y yo decidimos ir al cine. John Reinhold se unió a nosotros y durante la cena hablamos del negocio de las joyas. Fuimos al Nippon (6$). Hablamos y decidimos ir a ver la película de Bette Midler, Increíble suerte, que había sido la más taquillera de la semana. Pero al salir del restaurante sentí un dolor muy agudo y no pude seguir. Me asusté, dije que no iría al cine y me acompañaron a casa. Intenté ser positivo y sobreponerme y al llegar a la puerta de mi casa fue como un milagro, el dolor se había desvanecido. Pensé que tendría que haberme esperado unos minutos y me hubiera ahorrado explicar a nadie lo que me pasaba. Entré y encerré a los perros, que me estaban molestando. Se enfadaron, no entendían que yo estaba anímicamente inestable. Me quedé dormido y cuando me desperté Joan Rivers estaba haciendo algo muy raro en su programa, intentando resolver un misterioso asesinato. Parecía un juego.
Estoy vomitando todo lo que me sentó mal. Supongo que fue un ataque de vesícula. Me acordé de que tuve mi primer ataque cuando Fred me llevó al Waldorf a presentarme a Mrs. Woodward, que tenía unos noventa años —fue en el 73 o el 74—, y Fred tuvo que llevarme al hospital. Esta semana van a poner en televisión la adaptación de la novela que escribió Nick Dune, The Two Mrs. Grenvilles, que en realidad es la vida de Elsie Woodward. Pensé que había una cierta relación.
Viernes 6 de febrero, 1987
Ken vino a recogerme y paseamos por Madison repartiendo Interviews. Hacía un día precioso. Fuimos con Stuart a la parte baja de Broadway y estuvimos mirando cosas, luego él nos llevó en coche a la oficina. Rupert estaba cerrando su oficina y no vino a trabajar. Al final, ha vendido el edificio de Douane Street por un millón y medio de dólares. Los chicos que vivían allí se portaron fatal, se negaban a trasladarse. Rupert se ofreció a indemnizarles, pero dijeron que no. Ahora se lo ha vendido a unos israelíes y me juego lo que quieras a que ellos sí que les echarán.
Me pasé toda la tarde trabajando y decidí intentar por segunda vez ver Increíble suerte. Esta vez fui con Wilfredo, Lean y Sam. Primero estuvimos en el Nippon para discutir los artículos que estaban preparando para Interview (cena 175$).
No pudimos ver Increíble suerte porque había una cola larguísima, y fuimos a ver una película inglesa sobre la KGB. Me quedé dormido, era absolutamente aburrida (entradas 24$, palomitas 5$).
Wilfredo acompañó a todo el mundo (10$). Vi la MTV y esperé a que saliera el anuncio de nuestro programa del domingo. Vi que el programa parecía interesante. Tratará de los idilios.
Domingo 8 de febrero, 1987
Stuart vino a buscarme a la iglesia y me dio un poco de vergüenza bajar la escalinata y entrar en una gran limusina negra. Fuimos al mercado de las pulgas a comprar libros. Hay un tío que ha comprado la librería de no sé quién y tiene cuarenta cajas de libros para vender. Cada semana saca una caja y desde las 9:00 hay cola para comprar. Me compré varios libros, incluidos un catálogo del Museo de Arte Moderno, de 1962, cuando exponían los de Menil y yo ni siquiera les conocía.
Stuart siempre se compra un sombrero viejo y siempre lo pierde. Le encanta la ropa vieja, incluso le gusta cómo huele.
Ibamos a ver a Johnny Mathis y compramos entradas también para Alba Clemente y John Reinhold. Stuart me acompañó a casa. Más tarde, Paige llamó a la puerta. Venía con unas piñas. Tuve que dejarlas en la entrada porque ya había cerrado. Ella venía muy energética y me dijo: «¡Holaaaa!». Fue demasiado. Fuimos al Radio City (taxi 5$). Resultó que primero había dos horas de éxitos de Henry Mancini, que abría el concierto. Tocó La pantera rosa y todo lo demás. Y fue tannnn aburrido… Paige estaba todo el rato: «¡Es geeeniaaal!». Tendría que tranquilizarse. Me daban ganas de abofetearla, tenía los nervios de punta. Después salió Johnny Mathis. Todavía conserva su voz. Yo no me había fijado en que depende mucho de cómo coges el micrófono. Tuvo que salir a hacer un bis. Nos marchamos. Paige me acompañó a casa y vi la MTV.
Lunes 9 de febrero, 1987
Fui al dentista por la mañana temprano. El doctor Lyons y su perfecta familia americana se lo están montando muy bien. Ken vino a recogerme. La temperatura había bajado mucho desde que salí por la mañana. Fui en taxi al West Side para ir a ver a la doctora Li (4$, periódicos 3$).
Fui en taxi al centro (6$). Brigid tuvo que irse a casa a ponerle a su madre la inyección de morfina. Volvió al cabo de un par de horas, no tardó mucho. Está destrozada ante la idea de que su madre se muera en invierno y que tenga que haber otro entierro con la tierra helada. Ella preferiría que fuese en primavera. Yo no entiendo por qué le hicieron una autopsia a Liberace y no le incineraron en seguida.
Le pedí a Paige que viniera a lo del perfume de Dionne Warwick en el Stringfellow’s. Se llevó un número de Interview para que Dionne viera que el año pasado habíamos publicado una crítica, cuando salió su perfume. Pero Jacques Bellini se lo quitó a Paige antes de que pudiera enseñárselo a Dionne. Dionne se distribuye ella misma su perfume. El perfume huele a tarta de limón, es muy fuerte. Estaban Stringfellow y su hija. Todo fue muy rápido, nos hicimos una foto y nos marchamos. Le di una propina al portero (5$) porque pensé que era el mismo que siempre me consigue taxis en el Palladium y en el Studio 54, pero no era él. Fuimos al Nippon (taxi 6$). Cenamos, cantidad de comida gratis, pagó Paige. Hablamos de las exposiciones que voy a hacer este año, una exposición de fotos en la galería de Robert Miller y otra de cuadros nuevos en la de Mary Boone… Todavía no he pensado cómo serán.
Al fin pude ver Increíble suerte y no valía mucho. Bette Midler no tenía una sola escena buena.
Martes 10 de febrero, 1987
Por la mañana compré muchísimo material, unos enormes fondos pintados. Tendré que encontrar un sitio para almacenarlos. Fred se pondrá a chillar cuando vea la cantidad de espacio que ocupan, son enormes.
Llegué a la oficina temprano. Vincent me enseñó el vídeo de esta semana para el programa de la MTV. Parece interesante, distinto, un poco raro.
Fui en taxi a casa de Clemente (5$). Yo pensaba que estaban de fiestas todo el tiempo, pero me dijeron que la última cena había sido esa en la que estuve yo. Estaba Robert Mapplethorpe, más saludable que nunca. Tiene muy buen color. Creo que están probando un nuevo fármaco con él, ojalá funcione. Estuvimos hablando sobre la gente de los setenta. Le pregunté por su antigua novia, Patti Smith, y me dijo que acababa de hacerle unas fotos. Le dije que por qué no nos las daba para Interview y me contestó que ya se las habían quedado los de Vogue. Me acordé de que me había comprado la revista People en la que salía un artículo sobre Ivy Nicholson. Está de vagabunda en San Francisco y sus gemelos tienen ya veintiún años. Es la vagabunda más guapa del mundo. Dicen que tiene cincuenta y tres años. Salía fotografiada junto a una pared, con las piernas separadas y un corpiño ajustado. Es igual que Nico, cualquier cosa que haga queda bien. Llevaba una ropa harapienta y estaba fantástica. Tenía pinta de hippie, con tres cancanes y el lazo andrajoso perfecto (risas.) Me fui a las 11:00. Paige me acompañó a casa.
Miércoles 11 de febrero, 1987
Fred llamó para decirme que se había enterado de que Bob Colacello estaba escribiendo un libro «sobre los setenta» y eso era, hum, halagador.
Ah, Nancy Reagan salió en la tele leyendo una de las seis billones de cartas que recibe de drogadictos, y lloraba. Le caían lagrimones por las mejillas. Era la mejor actuación de su vida. Nunca lloraría por Ron Jr. o Doria. Ron Jr. aún no ha triunfado y es que no es muy guapo, si lo fuera ya lo habría conseguido. El príncipe Andrés se ha vuelto horroroso, se está volviendo como su madre. Y veamos qué más…
Ah sí, fui a ver al doctor Reese, que está en la ciudad. Parece más joven, como si estuviera usando la fórmula Grecian para que el pelo no se le vuelva gris.
Paige tenía una comida con unos anunciantes de condones. Sam la había llamado y le había dicho que no mezclase (risas) a sus sucios fabricantes de condones con mi fabricante de zapatos italiano, que quiere que le haga un retrato. Cuando llegué a la oficina (taxi 6$), les dije a los de los condones que quería una demostración (risas.) Sacaron las gomas y me enseñaron que el borde era adhesivo para que no resbalara. Y dije (risas:) «Ah, fantástico, así lo puedes usar tres o cuatro veces sin quitárselo».
Luego quedé para ir a cenar con Wilfredo, David LaChapelle, el fotógrafo de Interview, que es hijo de Sophie Xuerbe. Creo que David quiere hablar con nosotros porque se ha enterado de que vamos a hacer una película sobre el libro de Tama y quiere salir. Fuimos al Provence, que es el restaurante que ha montado el tipo ese que antes estaba en Le Cirque. Hablamos de la revista (taxi 6$, cena 180$).
Ah, llamó Dolly Fox y está en el Château Marmont porque ella y Charlie han roto.
Jueves 12 de febrero, 1987
Paige había montado una cena de Interview en el Texarkana y yo invité a Victor Love, de Native Son. También vinieron Kenny y Teresa Scharf, y Wilfredo. Keith se va a Sudamérica a pasar el invierno.
Ulrik vino a la oficina a hablar del telón que voy a hacer para el New York City Ballet. Tengo que empezar a trabajar en eso, me queda poco tiempo.
Fuimos al Texarkana (taxi 5$). Estaban Heatler Watts, Stephen Sprouse, T.T. Wachmeister, Richard Johnson, de Page Six, y Freddie Sutherland. También Jeff Slonin, de Interview. Es el primo de Tama, tiene una dentadura perfecta, una sonrisa preciosa. Ah, Howard Read, de la Miller Gallery, está viviendo en el hotel Gramercy Park porque se le quemó la casa y se le murió el gato.
Nos quedamos hasta la 1:00.
Viernes 13 de febrero, 1987
Ken vino a recogerme. Fuimos a Bloomingdale’s (teléfono 0,50$, periódicos 0,70$). En la oficina dábamos una comida para Pat Patterson y para el nuevo presidente de la Henry Bendel’s, que me trajo sopa.
Howard Read trajo a una señora para que le hiciera el retrato. Fue muy divertido, estuve trabajando en ello. Trabajé hasta las 8:00. La fiesta de cumpleaños de Barry Tubbs en el Raoul’s no empezaba hasta las 11:00. ¿Qué se podía hacer hasta entonces? Llamé a John Reinhold y a Wilfredo. John vino a recogerme y fuimos a cenar al Castellano’s (170$). Luego fuimos al Raoul’s. Barry había invitado a una gente muy rara, como Larry «Bud». Melman, Judd Nelson, Lynn Redgrave y la hermana de Tom Cruise, que es bastante mona. Se parece (risas) a la hermana de no sé quién. Nos quedamos hasta la 1:00.
Sábado 14 de febrero, 1987
Un día realmente corto. No pasó nada. Fui de compras, hice unos encargos, llegué a casa, hablé por teléfono… eso es todo. De verdad, fue un día muy corto.
Domingo 15 de febrero, 1987
La casa estaba helada. Me quedé en el piso de arriba viendo la tele. Stuart me estuvo llamando todo el día, hablé con él unas diez veces. Llamaron Sam y Wilfredo. Y John Reinhold. Fue un día de teléfono, pero nada más. No salí. Ni siquiera fui a misa. Hacía mucho frío. Vi Agnes de Dios tres veces y fue muy aburrido. Vi The Story of Will Rogers. Salían Will Rogers, Jr. y Jane Wyman. El hijo hacía de su padre. En los años cincuenta, cuando yo hacía los mapas del tiempo en la CBS, él trabajaba en el Today Show.
Me quedé despierto para ver Andy Warhol’s Fifteen Minutes en la MTV.
Lunes 16 de febrero, 1987
Estoy leyendo Dancing on My Grave, el libro de Gelsey Kirkland. Me ha decepcionado, pensé que contaría más trapos sucios.
En este momento veo en la tele Yankee Doodle Dandy y al ver esas grandes estatuas como la de Abraham Lincoln uno se pregunta si esos decorados de película se venderán en las tiendas de antigüedades, esas cosas que nunca sabes para qué son. Hasta que un día alguien las descubre al fin y resulta que valen 50 centavos y no 2 millones de dólares. Pero bueno, ése es el juego del arte. Cuando pienso en todas esas «antigüedades» francesas que he estado buscando y que seguramente no eran más que restos de escaparates…
Llegó Ken. Puedo adivinar la temperatura exterior por la temperatura que hay en mi cocina, donde hace tanto frío como en la calle. Fui al West Side a ver a la doctora Linda Li (taxi 4$).
Fui a la oficina y estaba Julian Schnabel. Está encantador con Fred, no sé qué querrá de él. Fue simpático con él una vez y ya no me acuerdo de qué quería. Está muy muy simpático. Va a salir su libro. ¿Quién se cree que es? Es muy insistente y vital. Eso es lo que hay que ser en la vida, insistente y vital. Acababa de estar en Miami y se había encontrado a Gael. La odia. Nos dijo que la despidiéramos y que contratásemos a su mujer como redactora, que Gael era estúpida, gorda y pretenciosa.
Se llevó a Fred a su estudio, me pregunto qué querrá de él.
Erigid ha desaparecido por una semana. El viernes se comió una tarta entera en un segundo y luego nos anunció que se iba a Londres a una granja de gordos. ¿Se iría a Londres para eso? Bueno, supongo que se lo puede permitir. Cobra 2.000 dólares por cada jersey que hace mientras tendría que estar contestando teléfonos, y vende muchos. Hasta Paige le compró uno.
Martes 17 de febrero, 1987
Por la mañana me estuve preparando para salir en el desfile de moda que Benjamin organizaba en el Tunnel. Me mandaron la ropa y al ponérmela parecía Liberace. ¿Tendría que empezar de nuevo y ser el nuevo Liberace? Pieles de serpiente y de conejo. A Julian Schnabel (risas) le impresionaría tanto esta ropa que se la pondría en seguida.
Ah, Brigid está realmente en esa granja de gordos inglesa y cuando vuelva la despediré. Le daré la liquidación. Les daré la liquidación a sus perros. ¡Fame y Fortune serán despedidos!
Vincent iba a rodar el desfile de moda y llamó para decir que a las 2:00 vendría a recogerme un coche en la oficina. Vino Ken a buscarme a casa y fuimos al centro (taxi 6$). Trabajé bastante en la oficina.
Luego nos fuimos al Tunnel y me dieron el mejor vestuario, pero aun así el sitio estaba absolutamente helado. Yo me había llevado todos mis productos de maquillaje. Estaba Miles Davis y tiene unos dedos tan delicados… Son igual de largos que los míos, pero la mitad de anchos. El año pasado fui con Jean Michel a ver su actuación en el Beacon. Le conocí en los sesenta, en aquella tienda de Christopher Street, Hernando’s, donde solíamos ir a comprar pantalones de cuero. Le recordé que nos habíamos conocido allí y él dijo que se acordaba. Miles es muy mirado con la ropa. Hicimos un trato según el cual él tocaría diez minutos para mí y yo le haría su retrato. Me dio su dirección y un dibujo; dibuja mientras le arreglan el pelo. Su peluquero le peina de esa forma, con las puntas trenzadas.
Le habían hecho un conjunto a medida a Miles que costaba 5.000 dólares, con notas musicales y de todo, y en cambio a mí no me hicieron nada, fueron muy mezquinos. Podían haberme hecho una buena paleta de pintor o algo. Yo parecía el hermanito pobre, y al final incluso se atrevieron a decirme (risas) que andaba demasiado despacio.
La ropa del desfile era un desastre. Cocodrilo, pieles y encaje. Yo curré como un cabrón. A los japoneses les interesaba más yo que Miles. Volvían a repetir el desfile a las 10:00, pero yo no tenía que volver a pasar. Yo sólo estaba en el de la prensa. Después Vincent me llamó un taxi.
Al llegar a casa llamé a Fred y le expliqué que estaba exhausto y que no podía ir a la cena de Fendi. El les llamó para decirles que yo no iría y que llevaría a una chica en mi lugar, pero ellos le dijeron que no se molestara, que no le querían a él sin mí.
Me fui a la cama y me llamó Wilfredo. También llamó Sam y luego me quedé dormido. Pero me desperté a las 6:30 y no pude volverme a dormir, así que me tomé unos Valiums, un Seconal y dos aspirinas, y me sumí en un sueño tan profundo que no me desperté cuando PH me llamó a las 9:00. Como no contesté, se asustó porqué nunca había pasado. Llamó por la otra línea y lo cogió Aurora desde la cocina. Y PH la hizo ir a mi habitación y despertarme. Yo hubiera preferido que me dejase dormir.
[Andy no lo contó en el Diario, pero el sábado 14 de febrero fue a ver a la doctora Karen Burke para hacerse un tratamiento de colágeno. Durante la visita, se quejó de dolor en la vesícula. El domingo Andy se quedó todo el día en la cama y el dolor remitió. El lunes quedó con la doctora Linda Li en el Li Chiropractic Healing Arts Center. Aquella noche la doctora Burke llamó a Andy para saber cómo estaba y, cuando él reconoció que volvía a tener dolores agudos, ella le urgió a que fuera a ver a su médico de cabecera, el doctor Denton Cox. Aunque el martes hizo su «aparición como famoso» en el desfile de moda japonés, durante el resto de la noche sufrió dolores. Al fin, a las 6:30 de la mañana se tomó un analgésico y una pastilla para dormir, que le hizo dormir hasta las 9 de la mañana del miércoles, hora de la llamada del Diario. El jueves a las 9 de la mañana, cuando cogió el teléfono, Andy respiraba con dificultad. Me dijo que había visto al doctor Cox y que se iba «allí» a que «se lo hicieran» (el miedo de Andy a los hospitales y las operaciones era tan grande que no podía siquiera pronunciar las palabras precisas), porque «me han dicho que si no me lo hacen me moriré.»
El viernes 20 de febrero Andy ingresó en el New York Hospital en urgencias. El sábado le extirparon la vesícula y parecía que se recobraba bien de la operación; vio la televisión y llamó por teléfono a sus amigos. Pero el domingo a primera hora de la mañana, por motivos que aún no se han esclarecido, murió.
Pocas semanas después, la mujer que le había hecho el ingreso en el hospital me contó que en toda su experiencia hospitalaria Andy era la única persona que había visto que recordaba de memoria su número de la seguridad social].