Diarios. Edición de Pat Hackett

Andy Warhol · Capítulo 3 de 4 · parte 3/49

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Diarios. Edición de Pat Hackett

Diarios

Este capítulo es largo, así que está dividido en 49 partes.

 

Lunes 14 de marzo, 1977

Ayer llamó Brigid y dijo que había bajado a setenta y cinco kilos. Vendrá mañana a recoger su regalo de Navidad y su regalo de cumpleaños de septiembre pasado, porque no quiso recogerlos en su día. Llegaron las criticas de Inglaterra y las de Bad eran muy malas. Estúpidos como Frank Rich pueden escribir cuatro páginas sobre una mierda, pero con Bad se limitan a describir lo que es y ya está. ¿Pero es que no saben cuál es su trabajo? Explicar lo que significan las cosas. Me leí las críticas y parecía como si los censores no se hubieran decidido a cargársela como amenazaban.

Ahmet y Mica Ertegun llamaron para invitarme a cenar en casa de los Gallagher esa noche, en honor de los Traamps, un grupo de trece negros del Atlántico que iban a actuar en el Roseland. Fuimos y lo mejor del Roseland era una chica con uñas de oro auténtico de catorce quilates, que cogió mi número y me llamará para que la entrevistemos en el Interview. Es una cantante famosa.

 

Martes 15 de marzo, 1977

Llamó Esther Phillips, la cantante de las uñas de oro de la otra noche. Sé que es una buena cantante. Seguro. Dijo que se iba a California e intentaremos ir todos juntos.

Llegó Victor con un modelo. Hago que vengan chicos y les fotografío desnudos para los nuevos cuadros que estoy haciendo. Pero yo no lo llamaría desnudos, sino algo más artístico, como «paisajes». Paisajes.

Acompañé a Catherine y a Fred (4$). Me cambié y me vestí de etiqueta para la cena de Carrie Donovan en el «21». Me invitó Joseph Brooks, el presidente de Lord and Taylor (taxi al «21». 2,50$). Diana Vreeland era la acompañante de Fred esa noche. Estuvieron en el «21» y luego se fueron a la embajada iraní, donde yo iría más tarde. Lo del «21» estuvo bien (taxi 2,60$). Lo de los iranís era una cena en honor de Paulette Goddard, y Bob había hecho la lista de invitados y había colocado a la gente, pero todo estaba tal como quería Paulette, y yo me aburrí, porque sólo estaban sus amigos y no invitaron a ninguna belleza ni a nadie interesante. Pero había toneladas de caviar fresco. Yo estaba sentado entre Carroll Portago y Gisela Hoveyda, la mujer del embajador.

Bob no quería que los Lumet estuvieran en un lugar preferente, y encima se fueron una hora antes de la cena y él tuvo que volver a colocar a la gente.

Diana Vreeland lo estaba pasando muy bien hablando con un tal doctor Lucky, jefe del New York Hospital. Estaba también Anita Loos y yo le dije que llevaba un vestido muy bonito. Es tan pequeñita que le pregunté si iba a la sección de niños a comprarse los vestidos largos, pero ella me contestó que en las secciones de niños no hay trajes de noche. El suyo era de Madame Grès, y yo le pregunté si no le hacía rebaja por ser tan bajita. «No. Me compré un abrigo de visón y Kate Smith se compró otro y a las dos nos costó lo mismo».

Le pregunté a Anita cómo hacían las mujeres glamourosas para acostarse con hombres, qué hacían en la cama, y ella me contestó que sabía de cierta celebridad de Hollywood que cuando llegaba el momento, se arrodillaba en el suelo y le rezaba a Dios para que la perdonase. Y los tíos se quedaban tan disgustados y avergonzados que le regalaban joyas.

Anita me dijo que seguía siendo amiga de Paulette porque nunca le hacía preguntas directas. Le dije que yo había cometido un gran error preguntándole a Paulette cómo era su vida sexual con Chaplin.

 

Miércoles 16 de marzo, 1977

Tuve que salir de la oficina temprano e ir a casa a cambiarme porque tenía que estar en el apartamento de Aly Kaiser del U.N. Plaza. Tiene unos sesenta años, pero parece más joven. Era la enfermera del rey del aluminio y se casaron. Ella tenía una limusina y el enorme perro de lanas francés se sentaba delante con la gorra de chófer. Fuimos al local de Bergdorf Goodman. Halston hacía un pase en beneficio de Martha Graham. Estaba toda la gente que siempre va a las cosas benéficas de Martha Graham. No tuve que comprar la entrada de 100 dólares porque me la compró Aly. Me encontré a Andrew y a Mrs. Goodman, los propietarios del Bergdorf, que viven encima del local. Ella es cubana. Vi a Pat Cleveland con Esther Phillips. Mrs. Kaiser se enamoró de Esther.

Luego todos nos fuimos a Regine’s. Mrs. Kaiser, Esther y su novio peluquero. Fred vino con Suzie Frankfurt, que llevaba un vestido de Grès. C.Z. Guest estaba con el príncipe Rupert Loewenstein. Todo el mundo se quedó impresionado con Esther. Por primera vez, bailé en público. Esther me llevó a la pista y me enseñó a bailar música disco. A ella le pareció muy divertido y a mí también.

Los chicos querían fumar y Aly los llevó otra vez a su apartamento. Lo estaban pintando y estaba un tanto desordenado. Ella sacó una bolsita de marihuana. Empezaron a fumar. Me encanta Esther.

 

Viernes 18 de marzo, 1977

Envié a Ronnie a por carretes (19,31$, 12,78$, 7,94$). Lester Persky me llamó para invitarme a una cena en su casa en honor de Baryshnikov, pero yo iba a ir con Nureyev a la embajada iraní a celebrar su cumpleaños. Fui en taxi con Vincent al estudio de Frank Stella (2,75$). Había una fiesta en homenaje a los veinte años que Leo Castelli lleva en el mundo del arte. Fred me dijo que yo tenía que asistir. Es el tipo de fiesta que odio, porque todos ésos son como yo, muy parecidos y muy peculiares, pero ellos son tan artísticos y yo tan comercial que me siento raro. Supongo que si yo me considerase muy bueno, no me sentiría raro al verles. Todos los artistas que conozco desde hace años viven ahora con una segunda esposa o tienen novias. Claes Oldenburg tiene una novia nueva, y Rosenquist también. En la fiesta, Roy estaba con Dorothy, Ed Ruscha con Diane Keaton y Leo iba con su ex mujer Ileana Sonnabend, su esposa Toiny y Barbara Jakobson. No sé por qué, todas las chicas se enamoran de él. David Whitney estaba encantador, intentando ayudar. Una de las secretarias de Leo me prestó unos carretes.

Los artistas hicieron un «tú me firmas el mío y yo te firmo el tuyo» y yo me llevé un par de firmas, de Claes y de Keith Sonnier, que me gusta mucho. Estaba Nancy, la firmacheques de Leo. El sitio está en Jones Street, y me recordó la época en que vivía allí, y mi compañera de habitación, Lila Davies, trajo a casa a un chino pensando que era encantador y él sacó un cuchillo.

Fui a casa, dormí un poco y luego salí de la cama como pude para ir a buscar a Andrea Portago e ir a la embajada iraní. Andrea estaba muy guapa. De nuevo quiere ser estrella de cine, su mente lo olvida durante un tiempo y luego vuelve a la carga. Estaba Paulette, que ha vendido los derechos de la novela que Remarque escribió sobre el padre de Andrea, Heaven Has No Favorites, un título horrible, dijo Paulette. La Paramount le ha dado 100.000 dólares más el 10 por ciento de lo que saquen con la película. Se titulará Bobby Deerfield y Al Pacino hará de padre de Andrea, Fon de Portago, el corredor de coches.

Después de la cena, Andrea quería ir a la fiesta de Baryshnikov, en casa de Lester Persky. Pero cuando nos íbamos, llegaron Bianca y François Catroux y dijeron que venían de allí y que no fuéramos porque era horroroso. Así que volvimos a la fiesta de Nureyev y a los «¡hombre, has vuelto!» durante un rato. Pero luego, Andrea decidió que Bianca nos había dicho que la fiesta de Lester era una mierda para frenar su carrera de actriz y que seguro que era una fiesta fantástica, que a lo mejor estaba Milos Forman y eso sería magnífico para ella. Así que fuimos.

Taxi hasta Hampshire House (3$). Lester estaba muy colocado y mientras estábamos allí sentados hablando, la lámpara de araña empezó a moverse. Era enorme. Yo me puse nervioso, Baryshnikov estaba muy simpático. Milos fue un encanto. Me dijo que llevábamos el mismo tipo de zapatos. Estaba Brooke Hayward, me echó los brazos al cuello y dijo: «Tengo tanto éxito que no sé qué hacer». Creo que está como una cabra.

Lester tenía bastantes obras de Rosenquist y Rauschenberg, pero mías sólo una Cow que yo le había regalado y una Marilyn. Tendría que haber comprado cosas mías antes. De todas formas estoy intentando colocarle unos Dollars para sus paredes. La casa de Lester es muy acogedora. Acompañé a Andrea (taxi 3$).

 

Lunes 21 de marzo, 1977

Fred tenía problemas con Ileana Sonnabend, que se estaba portando fatal y no quería devolverle unos dibujos míos.

Bianca vino a comer a la oficina y Jamie le preguntó si era (risas) de Uganda, porque hablaba de los atentados a los derechos humanos y de los crímenes de la policía política en «mi país». Bianca estuvo a punto de asesinarle. Contestó: «Nicaragua, Nicaragua».

Por la tarde estuve trabajando. A las 6:00 me fui a casa de Adela Holzer (taxi 3,50$). Bob estaba muy nervioso y no quería ir. Dijo que ella ya no tenía dinero. Pero posee toda una casa de su propiedad en el 216 de la calle Setenta y dos Este, que me encanta. Adela tenía alojados a James Coco y a su novio.

Cuando volví sonó el teléfono. Era Philip Niarchos, que quería venir a ver mi casa. Pero como no me apetecía, le dije que estaba en la cama.

 

Martes 22 de marzo, 1977

Cuando salía por la puerta, sonó el teléfono. Era Brigid, que, después de tantas semanas, quería que fuese inmediatamente a casa de su madre a verla. Así que me fui andando hasta el 834 de la Quinta Avenida, a casa de Honey y Dick. Brigid bajó por las escaleras. Tenía un aspecto fantástico. Era como la réplica de Honey. Le ofrecí trabajo en la oficina. Estuvimos hablando durante veinte minutos sobre lo que había pasado con su culo. Ya no tiene. Le dije que no viera Bad, porque si se veía tan gorda y tirándose pedos se enfadaría con nosotros.

Fuimos al Mortimer, a la fiesta que daban con motivo de los cuadros que Edie Vonnegut había hecho de «Mortimer». ¿Existe realmente un Mr. Mortimer? No podía imaginarme que los cuadros fueran tan malos. Estaba Kurt Vonnegut, que hizo un discursito hablando del talento de su hija. ¿Te acuerdas de que estaba casada con Geraldo Rivera?

Ruth Kligman me dio un beso y yo no comprendí por qué lo hacía. Empezó a hablar de un asunto amoroso que había entre los dos, se disculpó por haberlo roto, y siguió besándome. Todo eran imaginaciones suyas. Pensé que si era capaz de imaginar algo así conmigo, probablemente lo de su historia de amor con Pollock también era pura fantasía. Tenía muy buen aspecto, llevaba un Halston de terciopelo. La acompañante de Fred era Edna O’Brien. También estaba Barbara Allen. Me dijo que le hubiera gustado llevar los pendientes de brillantes que Philip le había regalado, pero él le había obligado a dejarlos en la caja fuerte.

 

Miércoles 23 de marzo, 1977. Nueva York-Los Angeles

En el aeropuerto nos recogió Susan Pile con una limusina y un montón de material de promoción. El jueves pensaba dar una fiesta y proyectar Bad. Le contestamos que tendría que habernos avisado porque teníamos billetes reservados para el jueves.

Nos registramos en el Beverly Hills Hotel y nos dieron las peores habitaciones. Nos quedamos en la habitación de Suzie Frankfurt mientras Susan Pile y Fred discutían de negocios en otra habitación. Joan Quinn, la amiga de Suzie, vino a buscarnos en dos coches y nos invitó a cenar en un restaurante mexicano. La comida era buenísima. Nos encontramos a Jack, el abogado con el que está casada Joan.

Me fui a la cama alrededor de la 1:00.

 

Viernes 25 de marzo, 1977. Los Angeles

Me levanté a las 7:00. Llamó Todd Brassner y me contó que acababa de ver en el Polo Lounge a Muhammad Alí, y que también había visto a Charles Bronson en el vestíbulo. Fred y yo teníamos una reunión en la oficina de Roger Corman, fuimos en taxi (5$). Era un edificio totalmente nuevo. Conocimos a todos los jovencitos que trabajan para él. Fred había dicho que Roger «es muy tímido y nunca concede entrevistas». Pero en seguida me di cuenta de que no es tímido, y últimamente ha concedido un montón de entrevistas.

Diana Vreeland consiguió una limusina y nos fuimos a casa de George Cukor con ella. George no me dejó hacer fotos. Yo estaba muy disgustado. Dijo que le encantaba Bad, exageró a propósito. La había visto el día antes junto con Paul Morrisey, en el pase que organizó Susan Pile en el Picwood Theater. También fueron Jack Nicholson, Warren Beatty y Julie Christie. Había 750 personas.

Fred y yo volvimos al hotel a vestirnos para la fiesta que Sue Menger daba en Bel Air. Recogimos a Diana. En casa de Sue estaban Ryan y Tatum, y también Barbra Streisand y Jon Peters. Diana le comentó no sé qué a Barbra. Estaban también Candy Bergen y Roman Polanski. Era una fiesta en honor de Sidney Lumet. El me odia, y su mujer Gail no sabe qué hacer, pero al final sigue a su marido y siempre se muestra distante. Sidney iba de un lado a otro besando a todo el mundo, pero se detuvo al llegar a mí. Antes los directores de cine siempre eran muy machos, pero ahora hay muchos de esos tipos pequeños y amariconados que te dan dos besos al estilo francés pero se siguen creyendo muy machos.

Joanne Woodward y Paul Newman se sentaron al lado de Fred durante la cena, y le dijeron que les gustaría pasarse por la oficina. También estaba Lillian Hellman. Roman dijo que Gene Hackman quería conocerme, pero Diana no sabía quién era y no quería ir a verle. Ella le explicó a Roman que era Gene el que tenía que acercarse a saludar. Gene se acercó y me pareció un tipo encantador. Pero Diana no se acordaba de quién era, a pesar de que había visto The French Connection.

Marisa estaba con su maridito, decían las malas lenguas que habían tenido una gran pelea y se habían separado. Pero el gran acontecimiento de la noche se produjo cuando llegó la camarera con más comida, y se cayó redonda al suelo. Sue parecía preocupada, pero creo que lo único que le importaba era que la demandasen. Era como estar viendo una película. La comida cayó por encima de todos. La doncella se debió de hacer daño, pero se levantó como si no hubiera pasado nada. Tendría unos cincuenta años y llevaba gafas.

Luego fuimos a la fiesta que daba Alana Hamilton en honor de Mick Flick, que estaba llena de gente importante. Diana estaba cada vez más borracha y Fred también. Estaban Valerie Perrine, Tony Curtis y Nelson Lyon (sobrino). Ron Wood me invitó al Top of the Rox, pero yo me quería ir a casa. Diana se estaba poniendo celosa porque Fred estaba con Jacqueline Bisset; él no sabía que el novio francés de Jackie también estaba en la fiesta. Diana se enfadó muchísimo y se marchó. Yo la acompañé a casa, ella me pidió que subiera para discutir sobre lo de Fred y la bebida. Yo le dije que no y me largué. Ella cree que tiene un lío con Fred.

 

Sabado 26 de marzo, 1977. Los Angeles

Leí la crítica entusiasta que le habían hecho a Bad en Los Angeles Times.

Fui a la fiesta de Susan Tyrrell, fue fantástica. Estaban Tatum y su hermano pequeño, y el hermano de Ryan, Kevin O’Neal. Chu Chu Malave —el boxeador—, Tim Curry —del Rocky Horror Show,— Garfunkel, Art Murf —el que escribió la crítica en Variety,— Barry Diller, Buck Henry —al que le encanta Bad,— Arnold Schwarzenegger, Fred Williamson, Tere Te-reba, Corinne Calvert y su hijo, Ronee Blakley y su hermano, Sally Kirkland, Don Rugoff, Paul Morrissey, Thelma Houston, Ed Begley, Jr., Martin Mull —el hombre que maltrata a su mujer en Mary Hartman, — y así hasta 200 personas, todas famosas. Cuando no íbamos llegó Michael Bloomfield, el que hizo la banda sonora de Bad. Ron Galella hacía fotos.

Yo tuve que marcharme para asistir a la proyección de Bad. Lo fantástico de ver la proyección en Filmex, es que de repente todo tiene un significado distinto, y es porque la pantalla es mucho más grande. La película parece mucho más pop, como el Papá Noel que hay en la nevera de Carroll Baker. Pienso alquilar un gran cine para proyectarla en Nueva York. Volví al hotel a las 3:00.

 

Domingo 27 de marzo, 1977. Los Angeles

En el Polo Lounge, me encontré con Esther, la relaciones públicas de Doug Christmas, y nos invitó al consulado francés para ver el festival de cine, y yo invité a Doug Christmas y quedamos allí a las 7:30. Conocí a King Vidor, que dijo que había oído hablar mucho de mí. Estaba Bobby Neuwirth y hablé con él de su ex novia, Andrea Portago, y también de Edie Sedgwick. Viva estaba allí con su hija Alexandra, que se chupaba el pulgar. Era muy triste ver a Alexandra, como un especie de «postizo» colgando de Viva. Probablemente acabará fatal. Viva quiere tratarla al revés de como sus padres la trataron a ella, y eso también es un error.

Lunes 28 de marzo, 1977. Los Angeles

Me levanté a las 7:00. Vi el Today Show y me enteré de que había habido un accidente de aviación con más de 550 muertos. Habían chocado dos 747. Fred fue a ver el transplante de oreja que le hicieron a Paul Getty en el Cedars-Sinai Hospital. Llamó Peter Lester, que nos había conseguido una cita para entrevistar a William Katt, el protagonista de Carrie, y a su agente de prensa, en el Polo Lounge a la 1:00.

Hablé con William Kat. Su padre era Bill Williams, la estrella de cine, y su madre, Barbara Hale, era Della Street en la serie Perry Mason. Fue una buena entrevista.

Luego me senté un momento en el vestíbulo y me encontré a Liv Ullmann.

El sitio estaba literalmente lleno de estrellas, todos a punto de ir a los premios de la Academia. A las 4:00 fui a la habitación de Fred a fotografiar a Willie Shoemaker, el jockey. La agencia de Richard Weisman me había encargado hacer una serie de retratos de deportistas. Richard se iba a quedar algunos de los retratos, otros eran para vender y los deportistas se quedarían algunos. Willie era el primero. Tuve que comprar carretes (taxi a Schwab 3$, carretes 15,30$, perdí el resguardo). La mujer de Willie llamó desde el vestíbulo y subió con una amiga, pero sin Willie. El no apareció hasta las 5:00 y cuando la vio, no podía creerse que estuviera allí. El venía del juzgado para conseguir el divorcio, por eso había llegado tarde.

La (desde hacía una hora) ex esposa de Willie es una de las mujeres más altas que nunca haya visto. Estaba arreglando a Willie para la foto y él parecía un chico de dieciocho años. Y adivina lo que llevaba: ¡pantaloncitos de jockey! Pedí unos martinis y la mujer se puso a beber. Ella insistía en fijar una fecha para celebrar el divorcio y él seguía rechazándola; le dijo: «Si hubiera sabido que ibas a estar aquí, no habría venido».

Alana Hamilton llamó para invitarnos a una fiesta de celebración de los Oscars en casa de Dani Janssen. Me perdí la invitación de Ronee Blackley para ir con ella a la ceremonia de los Oscars, porque cuando llamó yo estaba en la habitación de Fred.

A las 7:45 me recogió Alana Hamilton. Fuimos en coche a Century City. En la fiesta hacían apuestas a 10 dólares por cabeza sobre quién ganaría los Oscars y me costó 20 dólares. Nuevo y flamante edificio con vistas a Hollywood. Dani ha pedido el divorcio de David y Alana de George.

Jack Haley nos contó que Liza estaba en Detroit con su espectáculo, que volvería al día siguiente. Estaba Dick Sylbert. Valerie Perrine me contó su vida. Trabajaba de puta en Las Vegas y cuando estaba a punto de casarse con un tipo rico después de ocho años de relaciones, él se pegó un tiro accidentalmente. Valerie estaba llorando y parecía muy desdichada. Cuando entró Martin Scorsese, se acercó a él para pedirle trabajo.

Burgess Meredith se presentó con su acompañante. Le dieron el Oscar a la mejor película a Rocky. Peter Finch recibió el de mejor actor, pero está muerto. Nelson Lyon estaba entre el público como acompañante de Mrs. Finch, Eletha. Ella es negra como el carbón. La Academia le pidió a Paddy Chayevsky que recogiera el premio en lugar de Peter Finch. Burgess y yo hablamos de su ex mujer, Paulette.

Brenda Vaccaro estaba muy enfadada porque su ex novio Michael Douglas había ido con su flamante esposa, a la que había conocido en la inauguración. También estaba James Caan con su mujer, que tiene un aire a lo garçon y es una belleza. Todos se están casando con chicas más jóvenes que ellos y con aspecto de tener trece años, es típico de Hollywood. Estaba Roman, que todavía está bajo fianza por lo de la chica de trece años. Se tiró sobre el culo de Alana y dijo que la iba violar.

Martin Scorsese iba con su mujer, Julia. Jackie Bisset. Lee Grant. Burt Young, de Rocky. Una chica de Big Valley, Linda Evans, realmente guapa. Tony Curtis le iba pasando a la gente un porro de marihuana.

Julia Scorsese me dijo que Martin nos llevaría a Fred y a mí en su limusina. Estaba borracha, gritaba algo sobre amenazas de muerte, pero yo no sabía de qué estaba hablando.

Cuando llegamos al coche, Martin dijo que había recibido una amenaza de bomba. La nota decía que si Jodie Foster ganaba el Oscar, él moriría un minuto después de medianoche. Eran las 2:00 y él se iba a la MGM a trabajar en New York, New York, al oscuro y desierto estudio de la MGM, solo. Yo estaba paranoico. Esther Phillips me estuvo llamando al hotel, pero no contesté a las llamadas, porque ya empieza a darme miedo: una de sus llamadas fue a las 2 de la mañana.

 

Martes 29 de marzo, 1977. Los Angeles-Nueva York

Cogí el avión de la American de la 1:00 a Nueva York. Mientras nosotros íbamos andando, vi que a Paddy Chayevsky le transportaban en un carrito hasta el avión. Mucha gente de los Oscars cogió el mismo vuelo. La primera clase ocupaba prácticamente la mitad del aparato. Era la primera vez que la veía tan llena y me pareció muy interesante. Pasó John Travolta, de Welcome Back, Kotter, me dijo hola vagamente y se sentó frente a mí. Paddy Chayevsky le dijo a la azafata que quería dormir durante todo el viaje, que no le despertaran, pero se despertó cuando el avión llevaba cinco minutos en el aire.

John Travolta fue al lavabo y salió con los ojos muy colorados, bebiendo zumo de naranja con licor en un vaso de plástico; apoyó la cabeza en la almohada y empezó a llorar. Le vi leyendo un guión, y pensé que estaba actuando. Es una monada y con un aire muy sensible, muy alto, no parece afeminado, como tanta gente de su entorno, sino que tiene muy buen aspecto. Tiene algo mágico. Le pregunté a la azafata por qué lloraba y ella me dijo: «Una muerte en la familia». Pensé que sería su madre o su padre hasta que en casa cogí el periódico y leí que Diana Hyland, la reina de la comedia, su acompañante regular, se había muerto de cáncer a los cuarenta y un años.

Llevé a Fred y a Todd Brassner (taxi 27$). Al taxi se le habían estropeado los faros.

 

Jueves 31 de marzo, 1977

Comí con Victor (16$), luego fuimos andando a un edificio donde venden lofts, situado en la Diecinueve junto a la Quinta, y al que se traslada Maxime. Victor también está pensando en comprarse una planta. Yo intenté convencerle de que no, diciéndole que era demasido pequeño para él. Y lo era. No entiendo por qué Maxime se quiere meter ahí, no es más grande que su apartamento. Ella dice: «Sólo necesito una habitación grande», pero cuando traslade allí todos sus muebles ya no parecerá grande en absoluto. Y cuesta 32.000 dólares.

Victor y su novio me acompañaron andando a la oficina. Una echadora de cartas le dijo al novio de Victor que un taxi le iba a atropellar. Luego le dijo que quizá no fuese verdad, que era mejor consultar el tarot, y así lo hizo, y entonces dijo: «Va a ocurrirle incluso antes de lo que pensaba». Así que el chico está realmente preocupado. Ella le cobró 5 dólares, y primero él le dijo: «No voy a pagarle por decirme eso», y ella contestó que tenía que pagarle, así que le pagó. ¿Cómo puede alguien hacer una cosa así? Porque es el tipo de cosas que se te queda grabado para siempre. El fue a consultarle porque sus amigos le habían dicho que era muy buena. Para consolarle, lo único que se me ocurrió decirle fue que quizá ella se había dado cuenta de que él era un poco alocado y le dijo eso para que tuviera más cuidado.

Sue Mengers me había invitado a la comida de Diane Von Furstenberg. Fui a casa, me recompuse y cogí un taxi a casa de DVF (2,25$). Fue una comida de prensa muy aburrida. Mr. Grunwald de la revista Time, Nora Ephron (aunque no vi a su marido, Carl Bernstein), Helen Gurley Brown y su marido David, Irene Selznick y el novio de Diane Von Furstenberg, Barry Diller. Yo tenía ganas de hablar, así que hablé y hablé, pero nadie me escuchaba, simplemente me ignoraban. Sé que no le caigo bien a ese Diller, y me esforcé por hacerle cambiar de opinión, pero siguió siendo muy antipático.

Estaba Bianca. Yo pensaba que ya se había ido a París. Ella dijo en voz alta lo mismo que yo estaba pensando, que Diane Von Furstenberg y Sue Mengers eran unas perras, y añadió: «Al menos Sue es graciosa a veces». Sue estaba en Europa para encontrarse con su marido, que sólo la deja verle una vez cada dos meses, según creo.

Le dije a Irene Selznick que había visto una foto suya muy buena en casa de George Cukor. Hablé de California con tanto entusiasmo que todo el mundo se cree que me voy a vivir allí.

Helen Gurley Brown se sentó a mis pies y yo le hablé de California. Bianca estaba hablando con Mr. Grunwald de lo aburrida que era toda aquella gente. Ella no sabía quién era él, y cuando se fue, yo se lo dije. Allí todos eran unos hipócritas, y Diane sólo me había invitado para agradecerme la portada del Interview, ya lo sé, pero me da igual. Diane está muy delgada. Dino De Laurentiis vino más tarde con su mujer, Silvana Mangano, que llevaba un vestido blanco de Oscar de la Renta y que decía tener frío.

Egon Von Furstenberg se presentó con su novia, esa que venía por la Factory y a la que yo no tragaba. Creo que finalmente se ha dado cuenta de que la odio, porque ni me dirigió la palabra. Su nombre empieza por M., algo así como Marita. El nunca se casará con ella.

Bianca dijo que quería ir a bailar y llamó a su contestador, pero como no había nada se quedó en la fiesta. Llevaba un vestido que se había comprado en una tienda de ocasión de California y que era precioso. Cuando los De Laurentiis pasaron a nuestro lado para marcharse, Bianca dijo:

«Son un asco». La dejé sola. Lo pasé fatal.

 

Viernes 1 de abril, 1977

Fui a la cena que Halston organizaba en el Pearl’s para celebrar el cumpleaños de Victor. El no quería montar algo tan grande en su casa. Estaba Joe Eula. También Aly Kaiser, que tiene dos guardaespaldas desde que pidió el divorcio de su marido griego, uno le hace de chófer y el otro vigila la casa.

Aly le regaló a Victor una bolsa de marihuana de Hawai que un par de locas amigas suyas cultivaban en su rancho y que le enviaban por correo en cajas de camisas perfumadas para que nadie pudiera detectar la marihuana. Contó que le había dado un poco a uno de sus guardaespaldas y estaba en casa pasadísimo.

Me dijo que en cuanto se divorciase haría una sesión fotográfica conmigo. O sea, «en cuanto el doctor Orentreich me haga la cirugía plástica en la cara». Estuve hablando con el doctor Giller, me parece muy sensato. Dice que las únicas comidas saludables son el pollo y las verduras frescas, y eso que a él le encanta la comida china. Le dijo a Mrs. Kaiser dónde podía comprar pollo auténtico en el Lower East Side. Ella dijo que enviaría allí al guardaespaldas que se ocupa de hacerle la compra. Llevaba oro de veinte quilates en las orejas y también un brazalete de diamantes. Es encantadora. Tenía el coche aparcado enfrente, y el perro llevaba puesta la gorra de chófer.

 

Lunes 4 de abril, 1977

Vino Rod Gilbert, el jugador de hockey canadiense, para que le fotografiáramos para la serie de deportistas. Tenía cien cicatrices en la cara, aunque en realidad no pude vérselas. El me firmó un autógrafo en un palo de hockey y yo le dediqué mi Filosofía, pero me equivoqué y puse «Ron» en vez de «Rod». Compré bombillas (4,02$).

 

Martes 5 de abril, 1977

Estuve trabajando hasta las 7:45. A las 9:00 cogí un taxi hasta casa de Fred (2,25$). Estaba Rebecca Fraser. Es la hija de Antonia Fraser, que ahora sale con Harold Pinter. Rebecca trabaja probándose sombreros en One Fifth. Va a ser «View Girl» en Interview. Es una monada. Las pocas veces que Fred habló con ella, se limitó a asentir con la cabeza. Estaba Diana Vreeland. Llegó Mick Jagger. Vinieron Camilla y Earl McGrath, Jean Van den Huelvel, y Tom Hess, que hizo una buena crítica de mi Hammers & Sickles en el New York. Estaba Caroline Kennedy. De cara es muy guapa, pero se ha puesto muy gorda. Tiene el culo tan gordo como el de Brigid. En Radcliffe le habían dado vacaciones de Pascua. Fue la primera persona que se marchó, creo que tiene que estar en casa antes de medianoche, porque una vez se quedó en casa de Fred hasta las 4:00 y Jackie se enfadó muchísimo.

La cena era para despedir a Erskine Guiness y a su prima Miranda, que se van a Irlanda.

 

Miércoles 6 de abril, 1977

Hice fotos para mis «paisajes» a una antigua estrella del porno que trajo Victor y que resulta que tiene una tienda en Madison Avenue, donde vende cristales de Lalique. Les acompañé en taxi (3$).

En el Post de hoy salía algo sobre Adela Holzer, que tiene un juicio por haber ingresado el dinero de varios inversores en un banco de Yakarta y no habérselo devuelto.

En la tele hablaron de mí cuando Barbara Walters entrevistó a la emperatriz de Irán. Junto con otros cuadros, hicieron un primer plano de mi retrato de Mick, y Barbara dijo: «Es curioso que tengan el cuadro que Andy Warhol hizo de una estrella del rock, Mick Jagger», y la emperatriz contestó: «Me gusta ser moderna».

 

Jueves 7 de abril, 1977

Vinieron a cenar algunas personas de la empresa de Joseph Papp. Estábamos intentando que se anunciaran en Interview. Fui en taxi con Bob al Sherry Netherland para entrevistar a Sissy Spacek para Interview (4$). Llevamos algunos ejemplares del Interview en el que sale Carroll Baker. En la portada, el nombre de Carroll está mal escrito. Estaba la madre de Sissy, nos saludó y luego se fue a la otra habitación a leer el Interview. Entonces Bob se puso nervioso porque se creía que Sissy tenía quince años y que su madre vería el desnudo que habíamos publicado de Yul Brynner cuando era joven, aquella foto tan famosa. Pero en realidad, Sissy tiene veintisiete años y está casada. Su madre simplemente estaba con ella, no la estaba vigilando. La próxima vez nos tendremos que documentar mejor.

Ella es checa, de una ciudad checoslovaca de Texas de la que yo nunca había oído hablar. Me dijo que había hecho de extra en la escena de la «multitud» de nuestra película Women in Revolt, la escena del bar que filmamos en el sótano de casa de Paul Morrissey, en la calle Seis Este. Yo no podía creérmelo. Y me dijo que también había salido en la película Lonesome Cowboys, cantando con el coro el tema que había escrito Bob Goldstein y que cantaba Eric Emerson. Se sentaba en la silla sobre sus piernas dobladas. Tiene una piel muy bonita.

 

Viernes 8 de abril, 1977

Fui con Jed a ver a Sissy Spacek en Carrie (taxi 2,50, entradas 3$). Me encantó. Por fin alguien sabe usar la cámara lenta.

Sábado 9 de abril, 1977

Brigid llamó llorando porque se había enterado de que habían calificado de X a Bad ¡por la violencia que suponía arrojar a un niño por la ventana! ¡Pero si no se le veía chocar contra el suelo! Brigid me estaba gritando por «haberla metido en otra película clasificada X». No entiendo por qué el distribuidor, Corman, no intentó hacer algo. Es ridículo.

 

Domingo 10 de abril, 1977

Fui a misa temprano, hacía un día precioso, cálido y soleado (periódicos y revistas de la semana, 20$). Fui en taxi a casa de Kitty Miller para la comida de Pascua (2$).

Luego otro taxi con Fred al 135 de Central Park Oeste, a casa de Marsia Trinder y Lenny Holzer (3$). Marsia daba una fiesta de Pascua. Estaba Mick con Jade. Bianca no vino, dijo que Fred se lo contaría todo y que, además, estaría lleno de «una panda de putas inglesas». Y tenía razón. Había prostitutas inglesas masculinas y femeninas.

Rebecca estaba muy pasada. Estaba Earl McGrath. Jade me cogió la cámara e hizo fotos de la gente, sobre todo de su padre, Mick. Marsia había escondido huevos de Pascua por todo el apartamento. Había quitado una bombilla y en su lugar había puesto un huevo de Pascua, así como debajo de las almohadas. Y los niños los buscaban. Jade fue la que más encontró y los tiró al suelo. Eran huevos de verdad, no de chocolate. Estaba Andrea Portago y te diré un secreto, ella es la nueva chica de Nina Ricci. Han vuelto a sacar la idea esa de la «chica rica» para promocionar perfumes. Llevaban mucho tiempo buscando. ¿Te acuerdas que el año pasado se entrevistaron con Barbara Allen?

Andrea me contó que había estado fuera con Dennis Hopper y que luego se habían ido a Elaine’s y ella había empezado a jugar al backgammon con Elaine. Ella ganó una partida y Elaine otra. Luego empezaron una tercera partida y Andrea iba perdiendo, pero al final ganó. Elaine se enfadó muchísimo, la llamó «puta rica» y le pidió que no volviera a entrar allí. A Elaine no le gusta perder.

 

Lunes 11 de abril, 1977

Taxi hasta el Chembank y luego andando a la oficina (taxi 3,25$).

Ronnie y Gigi se habían vuelto a pelear y él le había hecho trizas sus vestidos. Recuerdo que René Ricard le hizo una vez eso a la chica con la que se había casado. Comí con Ronnie y le coloqué mi idea de que «siempre hay alguien esperando a la vuelta de la esquina», y Ronnie dijo que sí, y que ahora tenía seis novias. Dijo: «Ya no tomo coca, ya no estoy nervioso. Estoy bien, muy bien».

Trabajé hasta muy tarde, hasta un poco después de las 8:00. Iba a ir al cine pero se me hizo tarde. Acabé dando un largo paseo a los perros con Jed, hasta la calle Ochenta y vuelta. Estuvo bien.

 

Martes 12 de abril, 1977

Mick quiere que le haga la portada de su nuevo álbum. Estoy buscando ideas, cómo poner «Rolling Stones» con uno de esos jueguecitos de plástico en los que hay que hacer «rodar» las «piedras» hasta los agujeritos[1].

Me llamó Victor y me dijo que vivir en casa de Halston se le estaba haciendo muy difícil y que se trasladaba a un loft alquilado en la Diecinueve a la altura de la Quinta, con opción de compra. Me dijo que hasta que se trasladase en mayo dormiría aquí y allá.

 

Miércoles 13 de abril, 1977

Me fui a tomar unos cócteles y luego a cenar con Jean Stein, en el apartamento que tiene su hermana Susan Shiva en el Dakota. Pensaba que no iba a ser muy divertido y llegué tres cuartos de hora tarde (3$). La primera persona que vi al entrar fue Jackie O. Estaba muy guapa. Luego vi a Norman Mailer. Jackie estaba hablando con el novio de Jean, que trabaja para el Smithsonian. Estaba también Delfina Rattazzi, que sigue trabajando para Jackie en Viking y tenía un look tan distinto que no la reconocí. Llevaba el pelo rizado y un vestido muy sexy.

Estaba Sue Mengers, que se acercó a mí y me dijo que le temblaban las rodillas de emoción porque nunca había ido a una fiesta como aquélla. Llegaron Babe Paley y su marido, el presidente de la CBS. Y más tarde, cuando vi a Sue y Paley sentados juntos, recordé que, en California, Sue me había dicho que el único trabajo que le hubiera gustado tener era el de Paley.

Le dije a Norman Mailer que me había encantado cómo había recogido el Oscar y él me contestó que acababa de ver en vídeo lo rápido que bajó la rampa. Billy Friedkin le había aconsejado que lo hiciera así. Estaba Renata Adler, que escribe para el New Yorker, con Richard Avedon. Dijo que ahora está estudiando Derecho en Yale, pero que creía que la acabarían echando porque es muy difícil y ella no tiene mucha memoria.

Por primera vez mantuve una agradable conversación con Jackie O., aunque no me acuerdo muy bien de qué hablamos. La magia de la gente del cine, o algo así. Estaba Sue Mengers, dando vueltas por la fiesta, fanfarroneando de lo que siempre fanfarronea, de que si ella le ofreciera al presidente Carter salir en tres películas pagándole tres millones de dólares por cada una, él aceptaría porque todo el mundo quiere hacer cine. Yo señalé a Jackie y le dije a Sue que lo intentara con ella, pero Sue se asustó y no se atrevió a acercarse para hacerle la oferta. Estaban también Andrew Young y otro tipo negro de la ONU. Sue estaba emocionada de conocerles.

Dennis Hopper me contó que estaba dirigiendo Junkie, la biografía de William Burroughs, y yo metí la pata diciéndole que debería utilizar a Mick como protagonista, porque Dennis me contestó que el protagonista iba a ser él.

Estaba también un hijo de Nick Dunne que quiere ser actor. Luego Earl me llevó a la parte de atrás de la casa. Allí había unas diez chicas de diecisiete o dieciocho años, ya muy creciditas, de la edad de la hija de Jean que está en la universidad, y que tenían todo el aspecto de estar celebrando una fiestecita de adolescentes y preguntándose quién estaría en la fiesta de los mayores. Pero ya eran bastante mayorcitas y resultaba muy cómico. Estaban emocionadas de conocerme. Firmé autógrafos en la televisión, en el armario, en sus manos y en todas partes. Cada media hora, una de ellas entraba en la fiesta.

Dejé al hijo de Nick Dunne en la Noventa junto a Central Park Oeste (taxi 5$).

 

Viernes 15 de abril, 1977

Ayer tuvimos a nuestro primer chalado en el 860. Vino Diane Coffman. Antes habíamos tenido chalados, pero siempre desconocidos. Ella había actuado en nuestra película Pork en el 70 o el 71. Debió de descubrirla el director, Tony Ingrassia. Ella se pasó todo el rato diciendo: «¿Sabéis cómo se deletrea Coffman? C-O-F-F-M-A-N». Tuvimos que darle algo de dinero (10$).

La comida era en honor de Diana Vreeland y de una argentina, y Bob había invitado a Michael y Pat York. Carole Rogers y Sally de Interview habían invitado a una chica de equipos de alta fidelidad para que pusiera publicidad en la revista. La chica se quedó muy impresionada al ver a Diana y a los York. Debía de pensar que iba a comer sola con Carole y Sally. Diana nos contó que había descubierto que los del museo habían subido las luces y habían bajado la música en su exposición de los trajes rusos, alegando que alguna gente se había quejado de que no podía ver nada y de que la música estaba demasiado alta. Diana dijo que no se podía hacer las cosas sólo porque alguien las pida, y que ese es el problema de este país, que «se le da al público lo que quiere». «Bueno», dijo, «el público quiere lo que no puede conseguir y a los museos les corresponde enseñarles qué querer». Diana explicó que era el mismo problema de la revista Vogue y de la gran mayoría de revistas, a excepción de Interview.

 

Domingo 17 de abril, 1977

Fui a la iglesia y mientras estaba arrodillado, rezando para pedir más dinero, vino una señora con una bolsa de la compra y me pidió dinero. Primero me pidió 5 dólares y luego subió hasta 10 dólares. Era igual que Viva. Le di 5 centavos. Empezó a meterme la mano en el bolsillo. Era como una versión de Brigid en viejo, pero con el pelo tieso.

Firmé algunos autógrafos al salir de la iglesia. Fui en taxi a la oficina (4$). Mientras estaba trabajando llamó Diane Coffman, yo le dije que era el conserje y ella se lo creyó. El viernes le di 10 dólares, ella se compró un estúpido ramo de flores y luego volvió para enseñármelo.

Me leí un montón de Vanity Fair buscando ideas. Eran preciosos.

Fred ha estado mucho más ocupado que yo. Después de la gran fiesta que los de Menil dieron el sábado, fue a la fiesta de Lally Weymouth, en la que había muchos famosos, y cuando me quejé de que no me hubieran invitado, Fred me dijo: «Tú no te has acostado con ella».

 

Miércoles 20 de abril, 1977

Mientras iba al centro me encontré con Lewis Allen, que me invitó a la inauguración de Annie, y luego me encontré a Alian Bates, que va a estar un par de meses en la ciudad para trabajar en una película de Paul Mazursky. Siempre les digo que les llamaré y les haré una entrevista, pero tengo que dejar de decirlo porque es ridículo. Seguro que les encantaría que les entrevistase.

A las 8:15 fui a la embajada iraní (3$). Hoveyda parecía muy nervioso. Era una fiesta en honor del editor jefe del Newsweek, Osborn Elliott. Yo estaba sentado entre Mrs. Astor y Frank Perry. Mrs. Astor me dijo que le encantaría tener rabo, porque así podría darle la mano a la gente, sostener un cóctel y pintarse los labios al mismo tiempo.

 

Jueves 21 de abril, 1977

Fui con Bob a recoger a Bianca para ir a la cena que Sandy Milliken daba en su loft del Soho. Jade bajó por las escaleras y dijo: «Andy Warhol, ya nunca vienes a verme». Jade nos preguntó si queríamos beber algo. Le dijimos: «Dos vodkas on the rocks», y ella le dijo a la doncella española: «Dos vodkas con hielo.» Le pedí que nos cantase algo, y ella cantó el «Frère Jacques» y yo le pedí que cantara el «Satisfaction», pero no lo había oído nunca. Cantó el «Ring Around the Roses», pero se equivocó y dijo: «Tissue, tissue, all fall down». Le pedí que me cantara una canción contándome lo que había echo ese día y cantó: «Invité a una niña del colegio a cenar/ pero no vendrá/ se creen que estamos locos/ pero los locos son ellos.»

Bajó Bianca con una falda de algodón blanca y una blusa azul, pero como vio que nosotros íbamos tan arreglados, volvió a subir y se puso un vestido de lamé dorado y negro y unos zapatos dorados.

Cuando nos íbamos, Jade dijo: «Eh, Andy Warhol, tienes que venir a verme más a menudo». Luego los besó a todos, pero se olvidó de Bianca y Bianca dijo: «¿Y yo?», y Jade fue gateando por el suelo y le dio un beso a ella también. Fuimos en taxi al 141 de Prince Street. La casa era fantástica. Me puse celoso por no haberme comprado un edificio de ésos entero cuando eran tan baratos, o muchos.

 

Lunes 23 de mayo, 1977

Llamó Tina Fredericks y dijo que Tommy Schippers no alquilaría nuestra casa de Montauk. Su mujer se había muerto de cáncer y él tiene el mismo tipo de cáncer y eso me da miedo. Quizá se pueda contagiar.

 

Miércoles 25 de mayo, 1977. París

Llegué a París a las 9 de la mañana. Fui al apartamento de Fred en la rue du Cherche-Midi.

Las antigüedades chic de Fred cada vez tienen más aspecto de basura cubierta de andrajos.

Llegó William Burke con el desayuno.

Me entrevistaron los de Le Monde, Le Figaro y Elle. Nuestro editor francés, Flammarion, lo había preparado todo. Luego tuve que ir a la librería del Beaubourg a firmar ejemplares de mi Filosofía (taxi 5$).

Vino Shirley Goldfarb y también Daniel Templon, que presentará mi Hammer & Sickle el próximo martes. También había unos cien niñitos vestidos de punks.

El director del Beaubourg, Pontus Hulten, nos acompañó a visitarlo. Primero fuimos a ver la gran escultura de Tinguely que están construyendo en medio de la planta baja. Luego nos llevó a la despensa, que estaba llena de chocolate, y nos ofreció un poco. La habitación del chocolate olía fantásticamente bien.

Luego vimos la exposición de Kienholz, luego la exposición Paris/ New York que se inauguraba a la semana siguiente y, por último, la colección permanente. Tardamos dos horas y Bob estaba destrozado. Yo estaba lleno de energía y me hubiera gustado irme a casa, ponerme a pintar y olvidarme de los retratos de sociedad.

 

Jueves 26 de mayo, 1977. París-Bruselas

Fui a comer al Angelina con Clara Sant, de Yves Saint Laurent, y Paloma Picasso. Clara tenía muy buen aspecto y estaba más delgada. Paloma también. Clara lo está pasando mal porque su novio Thadée Klossowski se ha casado con Loulou de la Falaise. Se enteró por la nota de sociedad que habían puesto en Le Fígaro. Poco a poco, va recobrando el sentido del humor. Le dije a Clara que deberíamos anunciar nuestro matrimonio en Le Fígaro para darles en las narices.

Fui en taxi a la estación (8$). Teníamos un compartimento para nosotros solos. Me quedé dormido. Llegamos a Bruselas a las 7:00. Mr. LeBruin, el marchante que expone mis pinturas, nos vino a recibir con un par de hippies. Nos registramos en el Hotel Bruselas, que no es nada chic. Nuestras suites dúplex eran la locura. Cada vez que llamaban a la puerta, si estabas arriba bañándote tenías que bajar corriendo por la escalera.

Fuimos a la galería D. Escena multitudinaria. Apretado en una esquina firmando autógrafos y libros. Vendí 120.

Los chicos de este sitio eran una monada, una especie de hippies. Alrededor de las 9:00 hice una salida muy chic entre la multitud y entré en el Chevy con chófer. Pensé que arrancaría en seguida, pero de pronto vimos que el asiento del conductor estaba vacío. Un muchacho me ofreció un cucurucho de helado y yo le dije que no. Entonces lo aplastó sobre el techo del coche y el helado cayó por las ventanillas. Los chicos se empezaron a reír de nosotros. Estuvimos allí sentados unos veinte minutos. Por fin llegó el chófer y dijo que había ido a mear.

Nos detuvimos en casa de Leon Lambert. Vive en el ático de un edificio de diez pisos, y en la planta baja está su banco. El lugar es increíble, muy sencillo y a la vez lleno de obras de arte. Desde Van Goghs y Picassos hasta… Warhols. Vi su habitación, que está oculta detrás de la biblioteca. Un apartamento secreto de dos habitaciones, una para su novio habitual y otra para los de una noche. Después de cenar en un pequeño bistró de la Galleria, fuimos andando bajo las arcadas. Nos paramos en un bar gay y Bob le pidió al tío más guapo de Bélgica que bailase con él. El le dijo que sí, pero cuando Bob le dio un beso en la nuca y luego en los labios, Fred y yo nos avergonzamos, porque la gente nos explicó que eso no se hacía en público en Bruselas, ¡ni siquiera en los bares gay!

 

Viernes 27 de mayo, 1977. Bruselas-París

Dormimos en el tren. Alquilamos un coche (20$) para ir a la galería de William Burke, donde él había preparado una sesión de fotos y una firma de libros. Paloma nos estaba esperando en el callejón. Nico [véase Introducción] estaba con un chico muy joven, que llevaba el pantalón marcando paquete. Ella le pidió a Bob que fotografiara a su acompañante y Bob lo hizo. Parecía más vieja, más gorda y más triste. Dijo que lloraba porque la exposición le parecía preciosa. Quise darle dinero, pero no de una forma directa, así que le firmé un autógrafo en un billete de 500 francos (100$) y se lo di. Se puso aún más sentimental y me dijo: «Tendré que enmarcar esto. ¿Podrías darme otro sin firmar para que me lo gaste»? (100$, taxi a Regine’s 4$). Estaban Barbara y Philip, y también Regine y su marido. Luego llegó Maria Niarchos. Regine estaba muy excitada por el éxito que había tenido su fiesta punk de la noche anterior. Había servido mousse de chocolate en platos de comida para perros. Nos cansamos de esperar a Bianca y a las 11:00 nos pusimos a cenar. La cena consistía en cangrejo, pato y platos de fruta. Era muy buena. Una inglesa muy guapa tachó a Maria de «inmoral» porque estaba enseñando el escote, donde yo le había firmado un autógrafo. Fred estaba muy borracho y se puso a defender a Maria: «¿Pero qué es la moral?». Se pasaron toda la noche discutiendo. Típico francés.

A las 3 de la madrugada, cuando ya habíamos decidido marcharnos, llamó Bianca y dijo que la esperáramos. Llegó al cabo de un minuto con un aspecto fantástico, y la fiesta empezó otra vez. Llevaba una hermosa amatista de Fabergé. A las 6:00, cuando los camareros empezaron a barrer, nos fuimos.

 

Sábado 28 de mayo, 1977. París

Salimos a cenar a Monsieur Boeuf. Cuando llegó, Bianca nos pasó unos poppers tipo «olor a vestuario». Barbara Allen no quiso que Philip Niarchos lo probara y se los escondió. Y cuando a Bianca se le acabaron, le pidió a Barbara que se los devolviera. Una chica muy siniestra me reconoció. Estábamos cenando al fresco, porque hacía una noche muy bonita. El cielo estaba límpido y había una luna enorme. Ella empezó a gritar en francés que me adoraba, pero que yo había abandonado el underground, y que ella era una necrófila y acababan de soltarla de un manicomio. Nos estropeó la cena. Fred estaba cansado y nos fuimos a casa. Dejamos a Philip y a Barbara en el Ritz. Bianca tenía coche. En el coche, después de dejarles, Bianca dijo que no sabía qué hacer, porque Barbara le había preguntado si sabía si Philip se había acostado con otras mujeres la semana pasada cuando estuvo en el sur de Francia. Bianca nos contó que Philip había estado con la hija de Anouk Aimée, Manuela Papatakis, y Bianca no sabía si decirle la verdad a Barbara y hacerle daño, o arriesgarse a mentirle, que ella la descubriese y dejase de ser su amiga. Barbara no había querido ir al sur de Francia porque tenía una prueba cinematográfica con Jack Nicholson.

 

Lunes 30 de mayo, 1977. París

París estaba muerto, era Pentecostés. Fuimos a recoger a Bianca para ir a ver el tenis. Bob y Fred estaban de un humor de perros.

Fred llamó a Bianca y ella le dijo que aún tardaría un poco, así que esperamos un rato y aun así llegamos demasiado pronto al Plaza Athénée (taxi 4$). En el vestíbulo estaba James Masón.

Bajó Bianca con pantalones blancos y un corpiño negro con una amatista prendida. Nos dijo que había estado hasta las 5 de la mañana en el Sept hablando con un jugador de tenis que sólo lo hace con su mujer. Según Bianca, él quería hacerlo con ella, pero ella odia los líos por las complicaciones que traen. ¿A quién intentará engañar Bianca?

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