El bufete
Capítulo 17
—Siento molestarte. Sé que estás de sabático, pero creo que vale la pena —dijo Fernando Ruiz cuando recibió la llamada de Nicolás Verde.
—Espero que me vayas a ofrecer la presidencia de GlobalHerz porque si no es por ese motivo, no te voy a perdonar fácilmente esta llamada, que, por cierto, te voy a cobrar a ratio horario de Nueva York —dijo Nicolás con sarcasmo.
Aunque tenían buena relación, Nicolás no quería faltar al respeto a la persona que decidía qué bufete contratar para los asuntos de una multinacional como GlobalHerz.
—Mejor.
Nicolás estaba tumbado sobre la cama que hubiese preferido compartir con la rubia mejor que con la blackberry. Aunque el aire acondicionado funcionaba de maravilla, un ventilador daba vueltas sobre su cabeza. Era para dar ambiente más que para enfriar.
—¿Mejor?
—Mira, no puedo explicarte mucho por teléfono. ¿Podrías estar en nuestras oficinas mañana a las seis de la tarde?
—Fernando, por si no lo has pillado, estoy en República Dominicana. Hay gente en el despacho que puede atenderte en lo que necesites.
—Nicolás, quiero que seas tú. Si no lo puedes hacer, buscaré otro despacho. Pero no quiero que lo haga nadie más de tu bufete.
El abogado ya había captado que se trataba de un asunto de los gordos. De esos que copan las portadas de los periódicos. Una operación que podía dejar la de Eolo a la altura del betún.
—¿De qué se trata?
—De verdad, no puedo contarte nada. Eso sí, puede convertirse en la operación corporativa más grande realizada en España jamás. —El tono de voz alertó a Nicolás. Su mente empezó a funcionar a toda pastilla. «La operación más grande realizada en España jamás.» Sonaba a música celestial.
—Interpreto que me quedaría sin sabático.
—Si haces la operación, tu nombre quedará grabado con letras de fuego en la historia empresarial española. Y con lo que podéis ingresar, el despacho, probablemente, te premiará con dos años sabáticos. Nicolás…
—Dime.
—Ven o te arrepentirás el resto de tu vida.
No había nada como azuzar los más bajos instintos para conseguir la atención de un abogado de negocios. Fama, gloria, letras de oro en la Historia…, uf, era demasiado tentador.
—Tendré que decirlo en el despacho…
—No puedes dar ninguna información…
—No sonará muy normal que interrumpa mi sabático si no es por algo muy gordo.
—Quiero máxima discreción. Explica lo que quieras, pero no puedes nombrar nuestra compañía. Hay mucha gente en la empresa que hubiese preferido dárselo a otro despacho y yo he peleado por ti.
Nicolás estaba más que convencido, pero quería hacerse el importante.
—No sé si me va a dar tiempo a llegar. No hay un avión que vuele a Madrid hasta mañana a las…
—Nicolás, el avión de nuestra compañía va a aterrizar en Santo Domingo dentro de… una hora y media. Hay un Mercedes esperándote en la entrada del hotel. El chófer lleva un traje oscuro y un cartel con tu nombre. En once horas puedes estar en tu casa. Y a las seis de la tarde de mañana estarás en nuestras oficinas.
—Veo que confías en que acepte.
—Vas a aceptar… o no te lo perdonarías jamás.
El abogado suspiró, cerró los ojos y se dio cuenta de que la curiosidad podía más que sus ganas de descanso.
—¿Y si luego decido no coger el trabajo?
—Eso es imposible…